lunes, 9 de octubre de 2017

GUALICHO TURBIO, Gato Negro: Alta Fidelidad por los blues



Con otro dibujo de comic blanco y negro de los años treinta, cortesía del genial artista gráfico Nico Foti, se presenta uno de los álbumes menos tradicionales que puedan encontrarse en el rock argentino de la actualidad: Gato Negro, la segunda producción de Gualicho Turbio. Tan poco convencional es su música, que muchos aún se preguntan de dónde salió este inusual power trio blusero formado por Zelmar Garín, un hombre orquesta que toca bombo, redoblante, guitarra, kazoo y además canta; Juanjo Harervack, uno de los frontman más personales del rock, en voz y maracas; y la armónica sin par de Hernán Balbuena. Y como si esto fuera poco, están acompañados por esa musa y sacerdotisa, además de espectacular cantante, que se llama Bárbara Aguirre.

Y es que Gualicho no es una simple banda. Cada vez que toca hace exorcismos sonoros para sus fieles seguidores, que cada vez son más. Fiestas paganas en la que la música es una mera excusa para dar rienda suelta a la esencia de la danza, en mágicos rituales en donde priman los ritmos negros, bailar y escuchar, agitarse durante toda la noche, como posesos. Su primer vinilo homónimo apareció a finales de 2015, editado por el sello artesanal de rock experimental Noseso Records. Si aquella primera obra era imperdible, podemos decir que este Gato Negro (co-producido por Carlos Acconcia) es aún mejor, y así y todo, nos estaríamos quedando cortos. En su continua búsqueda sonora, Gualicho utilizó para la grabación los ambientes naturales de un estudio de Florida, a través de sus diferentes espacios; los efectos utilizados fueron analógicos, armados y tocados desde pedales y re-amplificación, lo que generó un sonido orgánico y áspero. Y es que la búsqueda poética y blusera del grupo ronda en lo mundano desde la conexión urbana con lo mágico ritual. Sin dudas, un álbum inusual, que tuvimos la suerte de escuchar antes de su publicación, y en esta nota te contamos que nos pareció.

Así que vayamos a este futuro LP: ¿Qué hay de nuevo en estos surcos?

El brazo cae, la púa empieza a recorrerlo.

Como no podía ser de otra manera, este álbum empieza con una paradoja: un canto de libertad, pero que da cuenta de todas las trabas que el sistema te pone en el camino, a modo de toscas piedras. Eso es “Estando acá”, una road movie hecha canción. Un racconto vertiginoso de lo que pasó después de Cromañón, y una sentencia para todas las bandas emergentes que luchan por seguir adelante, a pesar de los inconvenientes con los que tienen que luchar para hacer rock desde el under y la autogestión: “Estando acá, hay que luchar, la estupidez no va a ganar. No tengas miedo, hay que luchar, la libertad no es un juego…”

Luego de esa introducción, el disco sigue embebido en furibundos riffs que se van intercalando con voces bañadas en reverberación. Es el turno de la denuncia a los indeseables. A los de siempre, a los enemigos del rock: la cana, los Blue Meanies, los protagonistas del añejo “Blues del Terror Azul”, incluido en aquel clásico álbum de Claudio Gabis y la Pesada. Y es eso lo que encontramos, justamente, en esta “Los Hombres de Azul”, la segunda canción del álbum: la cachiporra que reprime las manifestaciones, el celular que espera al salir del show. Y de eso se da cuenta en esta, la segunda canción del álbum: “Solo quiero caminar, sin temor a los vallados, ni en los palos que nos dan…” Otra canción en la que notamos que Gualicho Turbio es una máquina blusera, cada vez más y mejor aceitada.

Riffs hipnóticos de guitarra fuzz, cortesía de Zelmar Garín. Cuando suenan estos boogies oxidados, parece que estamos ante outtakes del Exile On Main Street stoniano, sacados de la bodega de Keith Richards en su casa de Nellcote, Francia. Pero no, estos son los Gualicho Turbio en su esencia misma, pibes del Conurbano Bonaerense, que han curtido mucha calle durante años, y ahora plasman eso en sus geniales canciones. Esa misma magia lirica se hace presente en la demoledora “El Brujo”, una historia atrapante, repleto de mágicas intuiciones y presagios, un ritmo machacante, encantador y climas musicales cambiantes. Que los Gualicho saben contar historias se nota en “(Desde que me mordió) Serpiente”, en dónde un embrujo de amor, convierte a un pobre mortal en un ser desesperado y perdido, en este boogie demoledor, imperdible, con una de las mejores performances vocales de Harervack, quien dialoga con un Garín intrigante y perturbador.

Por su parte, en “Sin Mí” se luce la increíble Bárbara Aguirre, cuya hermosa voz protagoniza este soul monumental, de lujo;  con el formidable Sergio Merce, invitado especial en saxos alto y tenor. Una historia en la que se cuenta la vida de una femme fatale. Un exquisito tema que produce adicción; sin dudas, uno de los mejores momentos del disco.

En la senda del Billy Bond más lisérgico, “Ácidas Tardes en Atalaya” es un bluesazo aterrador, y su resultado es poco menos que espeluznante. La cámara acentúa la psicodelia y el efecto “caverna” logrando uno de los momentos más singulares que se puedan escuchar en este disco nada convencional. Con sus versos casi telegrafiados, en donde un vagabundo, embebido en acido, como si estuviera en la continuación de una “Avellaneda Blues”, fuera descubriendo (y describiendo) el paisaje que contempla en sus habituales paseos por el Barrio Atalaya, en La Matanza. Pánico y locura en el oeste del Conurbano Bonaerense. El resultado es difícil de describir pero es de una extrañeza admirable.

Por su parte, escuchando la metafórica y alienada canción “Gato Negro”, uno se pregunta: ¿De dónde salen esos riff maravillosos? Porque la mágica comunicación telepática que llevan a cabo la guitarra de Zelmar y la armónica de Hernán penetra la sesera del oyente de forma súbita y contundente. Este tema, sin dudas, es uno de los más extremos y encantadores de toda la producción. En donde las liricas se potencian llegando hasta niveles insospechados. Mientras suena una música machacante e irresistible, la voz de Juanjo se entrelaza con la de Garín, pasando de la primera a la tercera persona, volviendo en el estribillo a la segunda persona, para terminar el relato en la primera: “Un Gato Negro, soy…”, como diciendo: “esto me pasó a mí”. Aquí, el protagonista asume como propia la infortunada vida de un felino en la ciudad.

En “La Montaña” hay sonido garagero, y una hermosa historia hecha canción. Otra road movie, de redención. Un relato en el que se habla de tomar la ruta para huir de la ciudad, para ir a buscar esas “flores miles, que nos van a salvar, en la montaña”. Este es otro tema de climas variados, psicodélicos, volados, letárgicos. Sonidos que pasan de una dimensión a otra. Una canción que se entrelaza con la estimulante e irresistible “Lucifer y la Gitana”, otro blues machacante de amores brujos, una hermosa página musical de letra singular e inesperada.


“Buey” encarna la herencia blusera y rural de un Led Zeppelin III (y a todos los bluseros a los que les robaron estos descarados ingleses…) Una canción en la que se relata la triste vida de un hombre que trabaja como un buey (quizás, un jornalero o un triste obrero asalariado en la ciudad), matándose por “los centavos que el señor le da”. Suerte de buey… En “Desierto” nos encontramos con un ambiente pleno de bluegrass, de resonancias campiranas, en donde el sonido inconfundible del banjo de Zelmar Garín viaja al galope, espoleando a todos nuestros muertos. Una canción sobrecogedora, en donde las voces de los músicos se conjugan en forma magistral e hipnótica. Sumado a esta constante aparición de voces inusitadas, las melodías se entrelazan en forma de himno, ascendiendo hasta el infinito, en donde el tema va llegando a su clímax. Con todo esto en movimiento, no es tan descabellado aseverar que Gualicho Turbio está indagando, tal vez sin proponérselo, el estilo space folk.

A pesar de que en un principio este material va a ser publicado en forma digital, el plan de Gualicho Turbio, por supuesto, es editar Gato Negro en vinilo (lo mismo que hicieron con su primer opus, hace dos años), y esta producción es ideal para ese formato. Si hasta parece que en varios temas resuena de fondo la fritura de la pasta, dando vuelta en la bandeja, mientras una vítrola nos reproduce los sucios surcos que la púa va recorriendo en ese plástico negro. Y es que este es otro disco imperdible de Gualicho, una producción que no se parece a nada en la actualidad del rock argentino, que recoge las influencias del impresionante background que traen en la mochila estos increíbles músicos, pero procesándolas en una forma singular, única. En este sentido su inventiva estética, sumada a la variedad de e imaginación de las letras, le garantizan al grupo una autonomía y autenticidad que muy pocos tienen. 


Originalidad sin par. Ese parece ser el legado de obras como ésta, cuando el rock mainstream aparece aletargado entre festivales pagados por multinacionales, descargas on line de archivos de baja calidad sonora, streamings rutinarios y cierta apatía en los oyentes. Es difícil saber que se viene en el rock argentino. En cualquier caso, esperemos que el futuro nos depare algo más que esto, algo más de creatividad y arrojo, de ganas de romper con los estribillos jingleros y las formulas repetidas hasta el cansancio. Por eso, sin dudas, en este contexto, grupos como Gualicho Turbio, si no existieran habría que inventarlos. En músicos como éstos, aún existe la posibilidad de que haya un rock que valga la pena escuchar en este país. Amen, bro…

Ahora me parece ver el brazo del tocadiscos llegar al final de su recorrido de este camino en espiral. Y aquí, en el final del disco. Y aquí, en el final del disco. Y aquí, en el final del disco. El brazo se levanta. Click.

(La presentación en vivo de Gato Negro será el  viernes 10 de noviembre, a las 23.30hs, en El Emergente Bar Club, Francisco Acuña de Figueroa 1030 (CABA). Entrada $ 200. Anticipadas con descarga gratuita del disco $ 150. (Desde el 02/10 hasta el 08/11), a la venta a través de www.nosesorecords.com)

Emiliano Acevedo



martes, 3 de octubre de 2017

DESDE EL ALMA: LA VOZ Y EL ARTE DE DEBORAH DIXON



Aunque parezca que llegó a la música casi sin quererlo, el canto fue siempre lo suyo. De ahí que tenga esa voz que la hace inconfundible. Ya sea cantando sola o acompañando a otros artistas, Deborah Dixon es siempre sinónimo de calidad y amor por brindar lo mejor que tiene. Haciendo versiones de jazz, blues -alma soulera también-, da cátedra de sobriedad, pasión y buen gusto, cada vez que canta, y por eso se convirtió en una de las mejores intérpretes de nuestro país, e, inevitablemente, una de las vocalistas más codiciadas y reconocidas por muchos colegas, que siempre la invitan a participar de sus trabajos.

Esta es la historia de una profesora de francés, que un día vino desde su Costa Rica natal, a vivir con su esposo argentino a nuestro país, y ya forma parte de nuestra cultura, de lo mejor de nuestra música popular. Desde aquellos primeros años en la década del 90, cuando comenzó, formando parte de las inolvidables Blacanblus –junto a Viviana Scaliza, Cristina Dall y Mona Freiman-, hasta la actualidad, en donde sigue a full, cantando y dando clases, enseñando un poco de su arte musical.

Tuvimos el placer de conocer a Deborah, no hace mucho, un lunes al mediodía, y nos fuimos a tomar un café con ella, a un barcito de las Cañitas, en Palermo, su barrio, y así charlar distendidamente sobre su carrera, sus sueños ya concretados y los que vendrán… Pasado, presente y futuro de esta artista única, resumidos en esta nota.


ENTREVISTA: ¿De chiquita ya te gustaba la música, y cantar?
Sí, pero no tenía una clara definición acerca de que eso era lo que iba a hacer más adelante. En mi casa siempre se escuchó mucha música, de todo un poco, jazz, etc.… Yo soy de Costa Rica, y ahí se escucha mucha música norteamericana, pero a su vez, también, música latina, a eso sumale los gustos particulares de mis padres; así que era una linda mezcla. Obviamente, luego comencé a comprarme mis primeros discos, y empecé con Jimi Hendrix. Después, me puse a cantar en guitarreadas en el colegio, pero nunca pensando en hacerlo profesionalmente, sino tipo hobby. Es más, empecé cantando canciones de protesta latinoamericanas, cualquier cosa… Pero cuando vine a la Argentina, me dieron ganas de hacer algo con eso, porque la gente que me conocía siempre me había alentado a que cantara, pero hasta ahí nunca les había dado bola…

¿Y en qué momento te animas a largarte a cantar?
Como mi marido es argentino, me vine a vivir a Argentina en 1984, y en el 90 decidí tomar clases de canto negro, y ahí conocí a las chicas con las que más adelante formaríamos las Blacanblus.

El grupo se formó rápidamente…
Así es, el debut como grupo fue en el 92 –si no recuerdo mal-, con Luis Robinson, en un boliche –que ya no existe más- que estaba en Córdoba y 9 de Julio y se llamaba The Loft. Ese fue nuestro primer concierto como Blacanblus; antes, habíamos incursionado haciendo (a fines del 91) un par de experiencias musicales con varios de los músicos de La Mississippi, tocando en un sótano en donde normalmente se hacían conciertos de tango. Así que La Mississippi –por medio de Luis Robinson- fueron nuestros padrinos musicales ya que con ellos, por primera vez, tocamos en frente a un público, haciendo un par de temas góspel, que no sabíamos cómo iban a ser recibidos pero por suerte a la gente le encantó. Luego, nos escuchó Pappo, le gustamos, y nos llevó a Obras…

¿Cómo fue eso?
Pappo era un divino, aparte estaba loco… (risas) Nos quería mucho, nos trató siempre bárbaro, y nosotras adorábamos trabajar junto a él. A mí me dolió muchísimo su muerte, me acuerdo que me avisó mi hija, contándome lo que había pasado, mientras yo estaba de vacaciones. Ahí empecé a acordarme de cosas que viví con él. Siempre me acuerdo mucho de una anécdota, de las primeras épocas que tocamos juntos. Un día que fuimos a ensayar, y él estaba acostado, con gripe; y mientras la mamá le llevaba un tecito, las cuatro –alrededor de él- nos quedamos sentadas en la cama, ensayando, trabajando nuevos temas para hacer juntos. Pappo era amoroso, por eso momentos como ese no me los voy a olvidar nunca… Qué sé yo, tengo millones de anécdotas, como lo de Obras, cuando nos presentó por primera vez. Pappo después nos contó, como fue que se enteró de nosotras, por medio de una novia que tenía que siempre le rompía las pelotas, insistiéndole acerca de unas chicas que cantaban, hasta que logró que escuchara nuestro disco, y le encantó, por eso nos llamó. En ese primer Obras, junto a él, hicimos dos o tres spirituals. Me acuerdo de que, antes de eso, paró el concierto, y le dijo a la gente: “Bueno, ahora voy a presentar a unas chicas, que me hicieron llorar” Como diciéndoles, presten atención, y nadie se vaya a zarpar porque los mato… (más risas)

DE TONO NEGRO Y AZUL

Ahí llegan a la grabación del primer disco (Cuatro Mujeres y un Maldito Piano, 1994)…
Sí, también se dio muy rápido, y ahí nos ayudó mucho la Negra Poli (de los Redonditos), ella nos había visto en un recital de La Mississippi, y le gustó mucho lo que hacíamos, así que se convirtió en nuestra consejera y nos presenta a Gustavo Gauvry (de El Cielito Records). Con él hicimos nuestro primer disco, con una mitad del material en castellano y la otra en inglés, y fue un boom. Esto fue así porque, primero, no había un grupo así en Argentina, y segundo, le dieron muchísima manija todos en la Rock & Pop: Bobby Flores, el Ruso VereaBobby, incluso, nos puso en la cortina de (su programa) Guardias a Mí.

También coincidieron con el boom del blues
Tal cual, tuvimos esa suerte, también. Se conjugaron las dos cosas: por un lado, lo novedoso de nuestra propuesta, sumado a un entorno que favorecía nuestro desarrollo musical.

Después llega el segundo disco del grupo (Rituales, 1997), ya saliendo de ese auge del blues. ¿Cómo lo vivieron?
Bueno, ese segundo disco –con la producción de Alfredo Toth- salió con bombos y platillos, ya que la compañía gastó muchísimo dinero en esa grabación, y yo creo que es un álbum espectacular, pero no tuvo tanta repercusión. Me parece que se debió a que coincidió con una época de crisis del país y, además, nuestro grupo no era una cosa dedicada a un determinado target, no era un producto marketinero, para nada. Lo nuestro siempre se basó en el boca en boca, incluso, nosotras pegamos los carteles, los afiches en la calle… Creo que la compañía no le dio el suficiente apoyo, a nivel publicidad, y la crisis económica –que ya se avizoraba- nos tiró para abajo. Tampoco pudimos acceder a poder difundir lo nuestro internacionalmente. Después hicimos un disco en vivo (en 1998), pero no alcanzó… Así que, en fin, a pesar de grabar, luego, otro disco que está buenísimo (Suena en Mí, 2005) –como trío, después de que se fue Mona-, creo que toda la suerte que tuvimos al principio, después se diluyó. Quizás hubiésemos precisado tener algún manager groso, porque nosotras hacíamos todo a pulmón, hicimos lo que podíamos –y nos fue bastante bien-, pero, en esto siempre necesitás la mano de alguien que esté todo el tiempo craneando que hacer, donde y como.
Bueno, viste que ahora está la moda de los grupos que vuelven, por eso hasta en Facebook se forman grupos de fans pidiéndonos que nos juntemos. Creo que la gente jamás se olvidó de nosotras, y en especial de nuestro primer disco que gustó muchísimo; y por eso piden que volvamos. A mí me encantaba, y me sigue gustando, lo que hacíamos, por eso, si algún día se da una reunión del grupo, seguro que sería una gran emoción para todas nosotras, pero eso no es algo acerca de lo que estemos pensando ni tampoco especulando

Se podría dar, con el tiempo, de una manera natural…
Y… Eso nunca se sabe, nosotras nos llevamos muy bien, ahora que cada una está en lo suyo. Aparte, en su momento, cuando nos separamos –luego de estar como 15 años juntas- hubo como una necesidad de respirar y hacer, cada una, algo diferente. Yo siempre fui de salir del grupo y hacer colaboraciones, etcétera; pero quizás la Negra (Cristina Dall, que es la autora de la mayoría de las canciones), por ahí, veía un poquito reducida su parte creativa, compositiva, porque ella estaba circunscripta a lo que era el material de nuestro grupo y su estilo.

Componía en base al grupo…
Claro, ella venía y te decía: “Este tema lo hice pensando en vos, es para vos…” Obvio, que después lo trabajábamos entre todas, pero creo que ella necesitaba su propio espectro musical para explotar su creatividad sola. Creo que ahora ella ya está amigada con eso y sabe que puede hacer lo que quiera; porque es una diosa, una divina muy grosa. Y las demás, cada una de nosotras, estamos buscando nuestro camino… Nadie reniega de lo que hicimos, porque, claro, todos nos conocen por lo que hicimos en Las Blancablus.

TODO DE MÍ

¿Cómo es colaborar con otros músicos?
Como te decía, eso se me empezó a dar estando aun en el grupo. Desde ese momento, ya elegíamos con que artista colaborar, porque si no corríamos el riesgo de convertirnos en “el coro de todo el mundo”, y eso no nos interesaba. Yo siempre tuve la suerte de que me llamara mucha gente para participar de sus discos –no solo haciendo coros, sino también como artista invitada-, en trabajos muy variadas en lo estilístico, y eso es algo que me gusta mucho porque no me gusta encasillarme. Por ejemplo, grabar con el Indio Solari, porque me encanta lo que hace y tiene muy buena onda, por eso es muy groso conocerlo y participar en lo que hace. Así como mucha gente –con la que colaboro-, de la que nunca olvidaré que alguna vez me ayudó, y por eso está muy bueno ser agradecida con ellos…

¿Cómo fue esa colaboración con el Indio?
De movida, él te dice exactamente lo que quiere que hagas. Una vez que sacó lo que esperaba, ahí sí te dice: “Hacé lo que quieras”. En un tema como “La Piba del Blockbuster”, él elige las tomas que le parecen mejores, o las mezclas que quiere hacer; y en lo que tiene que ver con los coros puntuales, te hace laburar hasta que obtiene la sonoridad que está buscando. El Indio es un tipo que la tiene clarísima, y el trabajar así (como lo hace él) está buenísimo, porque, aunque a mí me encanta improvisar -y lo hago siempre-, me encanta que me dirijan para hacer un trabajo específico, porque si no pasa lo que ocurre en un montón de grabaciones, en las cuales termina sonando todo igual…

Ahora estás trabajando con Patán Vidal…
Entre un montón de proyectos… Sí, con Patán, nos presentamos a dúo o con una banda que armamos, en la que incluimos batería, guitarra. A veces, tocan con nosotros Baltasar Comotto en guitarra y Gustavo Cámara en saxo; prácticamente siempre está Mauro Cevielo en bajo, y a veces nos acompaña mi hijo Alejandro en batería, o El Bolsa (Gustavo González). Con este grupo tocamos en el Festival de jazz que se hizo en La Recoleta (en donde fuimos el único grupo que hizo blues), y estuvo buenísimo. También trabajo con Willy Crook, en su banda; y suelo colaborar bastante con Dancing Mood y con un pianista de jazz muy groso que se llama Ángel Sucheras. Me invitan de muchos lados. Aparte doy clases de canto, así que tengo mucha actividad, por suerte… 

Deborah y Angel Sucheras


¿Qué cantantes femeninas te gustan?
De acá, amo a Celeste Carballo, Claudita Puyó... En tango, a la única que conozco y me gusta es Adriana Varela; y también hay en el folklore mucha gente que hace cosas buenísimas, aunque no conozco sus nombres porque no soy una especialista en ese género. Hay una chica rosarina que se llama Sandra Corizzo, y es una talentosísima pianista y cantante. En el jazz, me encanta Barbie Martínez, una pendejita que se canta la vida; y me gusta mucho Paula Shocron, también. Y amo a Roxana Amed. Ella tiene un estilo distinto, hace de todo y todo bien; Roxana tiene una voz y una onda increíble. De afuera me gusta Amy Winehouse, en donde también era casi una copia de Billy Holiday-, me encantaba todo lo que hacía, tenía una onda buenísima para hacer soul. Joss Stone me gustaba mucho –en especial en su primer disco- pero luego medio que me aburrió. Por otro lado, me gustan mucho Erykah Badu, Beyoncé; y, obvio, Aretha Franklin… Y también Diana Krall, que, aunque no posee una voz enorme, tiene un swing para tocar el piano y cantar de una forma mortal; y Alicia Keys y Sandra Wilson también me fascinan…

¿Cuáles son tus proyectos actuales?
Tengo varias posibilidades hacia dónde dirigirme artísticamente, puedo hacer un disco de blues, de jazz, un disco con temas en castellano… Todo el mundo me insiste en que haga tal cosa o tal otra, pero ahora me calmé un poco porque si me la paso dándole bola a todos los que me aconsejan me pongo loca. Me pasa que mucha gente se me acerca en los shows y me preguntan si tengo editado un disco mío, y no hay nada. Por eso sé que tengo que hacer un disco solista, y también lo deseo, porque no quiero pasar y no dejar una huella, un registro mío; aunque el disco como formato se haya devaluado tanto en los últimos tiempos. Creo que seguramente sería una producción que incluya blues, soul, alguna cosa del jazz, funk; toda esa mezcla, y después que salga lo que quiera…

¿Te gustaría hacerlo sola o con banda?
Me gustaría hacerlo con banda, aunque hay algunas cosas que me gustaría hacer, a dúo, con Patán, solos.

Siempre versiones…
Sí, porque yo no tengo temas míos, y Patán tampoco. A veces, él se sienta al piano y toca algunas cosas propias buenísimas, y yo le digo “grabalas, por favor…” Yo he compuesto en Las Blancanblus algunas cosas, un par de temitas, pero eso no era lo mío. Por ahí, musicalmente, me gusta componer, pero no sé cómo escribir letras, si me sale algo se da porque sí. Por eso, de grabar algo, tendrían que ser versiones de temas de otros, esa es mi idea.

(Esta entrevista se realizó en agosto de 2011. En octubre de 2012 editó un disco a dúo con el pianista Ángel Sucheras, registrado en vivo.)

Emiliano Acevedo y Leandro Ruano

viernes, 29 de septiembre de 2017

BALANCE Y DELIRIOS DEL MARISCAL: Entrevista a Crucis en la revista Pelo, octubre de 1976



Crucis. Nombre inmortal que resuena en el fondo de la historia del rock progresivo argentino. Tan solo dos álbumes y un par de simples le alcanzaron a este efímero cuarteto para quedar en el recuerdo de los miles de jóvenes que los siguieron en los queridos setenta, y cuyas canciones aún incentivan la imaginación de decenas de melómanos y músicos que los admiran, sin haberlos podido ver en vivo por haber nacido mucho después. Y es que cuarenta años más tarde, su leyenda sigue creciendo, como si fuera un gigante en la distancia, que sigue y sigue avanzando y no deja de acercarse. Aníbal Kerpel (teclados), Gustavo Montesano (bajo y voz), Pino Marrone (guitarra) y Gonzalo Farrugia (batería) fueron los protagonistas de esta saga, los hacedores de una música sin igual. A pesar que rápidamente sus caminos se bifurcaron, siguen juntos en esos temas largos y elaborados, en esos discos. Por eso, en este nuevo rescate emotivo de nuestra sección Decíamos Ayer, viajamos hasta fines de 1976, cuando el grupo se aprestaba a editar su histórico segundo álbum Los Delirios del Mariscal, y hacía un rápido balance de su meteórica carrera hasta ahí, en esta entrevista en la Pelo. ¿Preparados? Entonces, ajústense los cinturones que allí vamos…

BALANCE Y DELIRIOS DEL MARISCAL

A casi un año de su debut, los integrantes de Crucis se plantean un análisis de lo realizado. Con claridad opinan sobre el apoyo que la banda recibió y el riesgo que ello implica.

Es particularmente difícil reunir a los cuatro integrantes de Crucis, porque están en plena grabación de su segundo álbum. Este nuevo disco es otro de los hechos de importancia de este conjunto meteóricamente consagrado. Exactamente en noviembre del año pasado (1975) la renovada formación de Crucis, intentaba hacer sus primeras armas con un concierto en el teatro Astral; un gran recital, muy poco público, entre ellos el productor Jorge Álvarez y el músico Charly García, que los descubrieron. El resto es historia conocida.
“Balance” no sólo es el nombre del próximo simple de Crucis, sino un término que invita a la reflexión de todo lo sucedido durante el año.

COLISEO / DEFORMACIÓN

Pino Marrone: “Toda la actividad de este año comenzó para nosotros con el recital del Teatro Coliseo, un evento de gran trascendencia que significaba el primer contacto con el público a nivel masivo. Tratamos de hacer las cosas lo mejor posible y, a la vez, de volcar nuestras primeras ideas. Precisamente, una de las cosas que se nos ocurrió fue realizar una puesta teatral; nos parecía que podía ser algo interesante como complemento de la música. Entonces hablamos con Roberto Villanueva que, según los comentarios, era la persona indicada. Él escuchó el material del Long Play y realizó una puesta, directamente en el Teatro Coliseo. Villanueva es, supongo, un tipo muy bueno en lo suyo, pero evidentemente no pudo captar nuestra idea, y el producto salió completamente deformado”.

Gustavo Montesano: “Realmente pienso que lo del Coliseo, no fue bueno en cuanto a la faz escénica. Pero –y creo que todos lo compartimos- nos gustó en la forma en que salió todo lo demás: el sonido, nuestra interpretación y la respuesta del público”.
Pino Marrone: “Lo peor fue la repercusión que tuvo el concierto. Todo el mundo habló de la puesta en escena como algo horrible y se olvidaron de nosotros, que estuvimos tocando. Eso pasó porque la escenografía no tenía nada que ver con la música, entonces la gente estaba tratando de ver que era lo que sucedía. Pienso que fue un error de nuestra parte, pero siempre hay que pagar tributo a la inexperiencia.

INTERIOR / LUNA PARK

Pino Marrone: “Después de Coliseo intensificamos bastante el trabajo en los shows, que es una cosa válida para poder hacerte conocer en lugares habitualmente vedados a este tipo de música. También es muy importante presentarse en el Interior; hace muy poco hicimos dos nuevas presentaciones en Córdoba, donde nos fue estupendamente. Tocar en Córdoba es un placer porque el público cordobés tiene un respeto y una sensibilidad impresionantes.”
“La verdadera consagración de Crucis en Buenos Aires llegó con el recital en el Luna Park. Nosotros estábamos esperando con muchas ansias el momento de tocar, porque sabíamos que era la oportunidad de resarcirnos de lo sucedido en el Coliseo. Además estábamos seguros de que el público nos iba a apoyar. A pesar de eso, reconozco que me sorprendió que las cosas sucedieran de esa manera, a ese nivel emocional. Por momentos miraba  que los reflectores iluminaban las gradas y veía bailar a toda esa gente. Fue la primera vez que tocamos tan libres, sin ningún condicionamiento”.
Gonzalo Farrugia: “Mucha gente pregunta si nuestro primer disco se vendió mucho o poco. Yo no sé bien que responder porque este no es un gran momento para vender discos de rock argentino. Existen varias causas: por ejemplo, que los chicos prefieren gastar su dinero en álbumes importados, escuchando a los tipos que difícilmente puedan ver algún día, mientras que a los grupos locales pueden verlos en vivo. El costo que tiene hoy un disco hace que el comprador piense dos veces en lo que va a comprar, y este año se ha editado una enorme cantidad de material importado de óptima calidad”.

ÁLBUM / ASCENSO

Pino Marrone: “El nuevo álbum se titula Los delirios del Mariscal, y estoy seguro que a la gente le va a gustar. Este disco representa el trabajo más logrado, más homogéneo de Crucis hasta el momento. El primero está bueno, pero parecía no tener una dirección musical demasiado definida; eran cuatro identidades musicales diferentes. Esto ocurrió porque nosotros lo grabamos muy rápido, y esta formación –la actual- tenía poco tiempo. En cierta medida este disco tiene el trabajo constante y coherente de los cuatro, por eso representa más a Crucis que el anterior”.
Gustavo Montesano: “Creo que este disco es marcadamente diferente del anterior, lo que se debe en parte a que tenemos menos presiones a nuestro alrededor. Cuando uno empieza es lógico que se rodee de gente que lo lleva de la mano. Ahora eso ya no pasa.
“Muchas veces me he puesto a pensar en cómo todas las cosas se dieron rápidamente. Y eso me hace recapacitar en la necesidad de que cada cosa que se haga sea coherente, porque los grupos suben y bajan, desaparecen con igual velocidad. Creo que todos nosotros somos bastante conscientes de eso, es parte de lo que dije antes respecto de las presiones y manejos. A medida que uno va teniendo experiencia puede desenvolverse solo.”
Gonzalo Farrugia: “Nosotros ya sabemos toda esa historia de la manija y lo rápido que llegamos. Eso no hace más que alegrarnos, porque yo –y los demás- somos plenamente conscientes de nuestra capacidad como músicos. Entonces, todo el apoyo que venga es bienvenido. Sobre ese particular tengo las ideas absolutamente claras y definidas. Lo único que puedo decir es que ojalá hubiera muchos grupos como el nuestro, que tengan un gran apoyo para poder romper todo, y que además, toquen bien. ¿Qué más se puede pedir?”

(Publicado originalmente en la revista Pelo, número 79, octubre de 1976)