miércoles, 30 de noviembre de 2016

UN DYLAN PARA EL NOBEL...

Todos sabemos que estos últimos días Bob Dylan fue noticia mundial. La Academia Sueca lo eligió como premio Nobel. Y los medios comenzaron a hablar de él, pero la sorpresa fue su inesperada respuesta. Dejó a más de uno sin palabras.

Primero sepamos, ¿Quién fue Nobel? Vale la pena aprenderlo.  Nobel, fue el apellido de Alfred. Él nació en Estocolmo, Suecia el 21 de octubre de 1833. Se destacó por ser un reconocido químico e ingeniero.  A partir del año 1901, comenzó a ganar fama, pero esta vez no por sus inventos, sino por los premios anuales que llevaban su nombre. ¿Y por qué?  Porque antes de morir, el 10 de diciembre de 1896, dejó testamentado que parte de la fortuna heredada por su propia inventiva, sea para premiar a los mejores exponentes de la Literatura, la Fisiología, la Medicina, la Física, la Química e incluso para los merecedores luchadores por la Paz. 

Ahora, veamos la historia de Bob. Su nombre real es Robert Allen Zimmerman. Nació el 24 de mayo de 1941 en Duluh, Minessota en el seno de una familia judía. El cantautor cultivó una larga trayectoria. Lo ameritan sus 500 canciones. Recorramos parte de su vida.   

En la zona rural, donde transitó la niñez y adolescencia, conoció la música tradicional americana de origen europeo. En 1959, ingresó a la Universidad de Minnesota. Y en los bares de la ciudad, se conectó con la música folk y las canciones de protesta. Pasaba largas horas tocando la guitarra y la armónica. En ese ambiente bohemio, descubrió al poeta y cuentista galés Dylan Thomas. Y decidió llevar utilizar su nombre como apellido. Al poco tiempo abandonó los estudios y se trasladó a Nueva York.

Allí comenzó a cantar en las de cafeterías de Greenwich Village, lugares concurridos por los fanáticos del folk. Grabó su primer disco en 1962, a través de Columbia Records. Dándose a conocer. Y conociendo a músicos como Pete Seeger; Peter; Paul and Mary o Joan Baez. Involucrándose en los acontecimientos que sucedían en la época, compuso  “Blowin' in the Wind”, considerada un himno contra la Guerra de Vietnam. Al igual que “A Hard Rain's Gonna Fall”, otros de sus temas renombrados de esta primera etapa de su carrera, perteneciente al disco The Freewheelin. En 1963  participó de la Marcha de Washington; organizada por Martin Luther King.

Las canciones demostraban una fuerte influencia literaria, de figuras como Arthur Rimbaud o William Blake, propia de una contracultura liderada por la Beat Generation, que tenía como exponentes a Allen Ginberg; Jack Kerouac; William Burroughs, que junto a otros escritores manifestaban expresiones literarias al mejor estilo post guerra. El ritmo tenía ese sello propio de folk inspirado en el músico Woody Guthrie.


En 1965 salió Highway 61 Revisited, que incluye el tema “Like a Rolling Stone”, en donde aparece un Dylan más rockero.  Al año siguiente ingresó a Europa por la puerta principal del Olympia de París, un importante teatro de la época, reconocido por su acústica.  Meses después sufrió un accidente en moto, volviendo a los escenarios luego de dos años de recuperación.

Y es ahí que el séptimo arte le abre los brazos con El precio del fracaso, película dirigida por Sidney J. Furie. Incluyendo su banda sonora. Tres años después, salió Pat Garrett y Billy The Kid, de Sam Peckinpah, retrato cinematográfico de dos bandidos reales del western. En esta oportunidad, el viejo Bob, incluso, tuvo una pequeña participación en el film, en el que, por supuesto, tambien se ocupó de la banda sonora. Esto lo animó a rodar su primera película, llamada Renaldo y Clara. Bajo una trama surrealista, donde fue protagonista junto a su esposa Sara Dylan; y su ex pareja, Joan Baez. Fue filmada en la gira de Rolling Thunder Revue. Y publicada en 1978. Tambien participó en el documental de la despedida de The Band, El último vals (1976), dirigido por Martin Scorsese. Material que fue presentado el Día de Acción de Gracias en Winterland, en la ciudad de San Francisco, donde estuvieron músicos notables como Eric Clapton, Neil Young y Ringo Starr


En las Letras, también dejó huellas. Con un primer libro de nombre Tarántula, que es un compilado de poesías surrealistas, publicado en 1966. Y el segundo, Crónicas. Volumen 1, bajo el formato de autobiografía, que cuenta los primeros años de su formación en Nueva York; y cómo ingresó al folk hasta el disco Oh Mercy, de 1989.  A esto se suma, la fluida edición de material discográfico, que año a año fue editando de una manera voraz, propia de un artista que nunca se detiene. Incursionando en diferentes géneros musicales,  como  el country; el rock and roll; el rockabilly; el blues; el góspel; el jazz y el swing; en donde con su guitarra, el teclado y la armónica, dibujó una trayectoria impecable. Sigue dibujando.

Tuvo una extensa lista de premios. En el 2000 ganó el primer Oscar a la Mejor Canción y un Globo de Oro por el tema “Things Have Changed”.  Al año siguiente salió  Love and Theft, material que incluyó rockabilly; swing; jazz y baladas, galardonándolo con el Grammy al Mejor Álbum de Folk  Contemporáneo.  Recibió el Premio Polar de la Real Academia Sueca de Música, el Premio Príncipe de Asturias de Las Artes y el Premio Pulitzer. En el 2012, Obama en la Casa Blanca, lo condecoró con la Medalla de la Libertad, renómbralo como uno de sus poetas favoritos.


Parece ser que después de tanto camino andado, Bob con sus creativos 75 años de experiencia vital, siente que la vida ya lo premió. Y ante tanto silencio generado luego de la nominación del Nobel, es recurrente pensar que la respuesta, mi amigo, está soplando en el viento…

Carol Calcagno


martes, 29 de noviembre de 2016

LE JURÓ OBEDIENCIA SOLO AL ROCK, entrevista a Gabriel Conejo Jolivet

Foto: Hugo Panzarasa
Gabriel Conejo Jolivet es un enamorado del rock. La suya es la historia de un laburante de la música que desde siempre quiso hacer lo que más le gustaba: tocar, mucho y con todos. Con su guitarra como compañera ha recorrido muchos kilómetros, en forma incansable, sin bajar los brazos jamás. Porque la suya es una vida de sacrificio y trabajo, y nunca tuvo ningún reparo en decir y hacer lo que sentía. Caiga quien caiga, y le guste a quien le guste.

Quizás por eso aún hoy se mantiene en carrera, haciéndole frente a los obstáculos del camino, por su decisión de nunca abandonar su pasión por el rock. La suya es una carrera que arrancó temprano, a mediados de los 70, cuando se unió a la Blusbanda, en donde empezó a tocar a los 17 años, junto al gran Ciro Fogliatta y el Blusero León Vanela; luego llegaría su paso por los Redondos, acompañando al Indio Solari, Skay y la Negra Poly en los primeros tiempos de esta leyenda del rock nacional. También, el Conejo es muy recordado por integrar Dulces 16, un potente grupo con sonido de rock sureño –algo inédito en la escena del rock local-, que agitó muchas cabezas a principios de los 80, durante los años de plomo de la última Dictadura Militar.

Luego de su salida de Dulces 16, en 1983, Jolivet se animó y se fue a España, en donde se reencontró y tocó con Miguel Botafogo, un viejo amigo del Bajo Belgrano, el barrio de su infancia. De vuelta en Argentina, el Conejo tocaría con Nylon, un grupo new wave, y cuando regresa a España estuvo en Los Pistones. Luego, también viviría un tiempo en los Estados Unidos, hasta que los Redondos lo convocan para que participe como músico invitado en dos shows multitudinarios en la cancha de Huracán. Además de esto, a lo largo de los años, el Conejo ha tocado con el legendario Pajarito Zaguri, junto a Pappo, Durazno de Gala, la Mississippi Blues Band, Heroicos Sobrevivientes, Claudio Gabis, y Plus; entre varios etcéteras…

En el año 2000 se fue nuevamente a España, en donde residió durante siete años. Allí fundó el grupo Tao de King, antes de regresar a Argentina, en 2007. Y aquí está ahora, de nuevo formando parte de los reformados Dulces 16 –que ya promete disco nuevo y todo-, además de acompañar, en los estudios de grabación y sobre el escenario, a viejos amigos de toda la vida como Edelmiro Molinari. Estos son, en forma muy puntual, algunos de los hitos de la historia de este hombre, de este viejo rockero argentino. Por supuesto que este recorrido no se agota en esta introducción, porque detrás de estos hechos el Conejo ha vivido grandes y pequeñas anécdotas, a lo largo de sus casi 45 años de carrera. Y algunas de ellas están acá, en esta entrevista que hoy tenemos el placer de acercarles…

ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus inicios en la música?
Me inicié en la música debido a la influencia de mi padrastro, Eduardo Rodrigo, un folclorista sanjuanino, bastante conocido en los años 60. Yo siempre estaba en los ensayos y ahí me hice amigo de Lupia, que era el guitarrista que punteaba. Realmente me fascinaba como hacía sonar su guitarra, aparte de que era macanudo. Me la pasaba viéndolos afinar y tocar zambas, malambos, cuecas, chacareras, vidalitas, etc.

¿Cuál es tu formación como músico y cuando empezás a interesarte con el rock?
¿Me preguntás si me formé como músico? Bueno, eso no termina nunca... Cada día tu atención es atrapada por la obra de alguien, ya sea un músico o un pajarito, y te das cuenta que siempre seguís aprendiendo. Pero dejando la retórica de lado, me empecé a interesar mucho el rock and roll a partir de Creedence Clearwater Revival, los Beatles, y música diversa como la de Sandro y Los Del Fuego, que hacían rock inspirado en Elvis Presley. De cualquier forma, también me enganché de pibe con la carrera posterior de Sandro, cuando empezó a hacer su repertorio más melódico; y también con lo que hacía Leonardo Favio, en esa onda tan polifacética que tenía como músico, director de cine y actor. Creo que en esa época teníamos genios, en calidad y cantidad, que se caracterizaban por sus obras y no por el dinero que tuviesen…

¿Qué artistas del rock argentino eran tus preferidos en esas épocas iniciales?
Bueno, por supuesto, Manal y Almendra fueron mis grupos de cabecera, como luego lo serían Los Gatos y Pappo's Blues; junto a Héctor Starc, a quién tuve la suerte de conocer hace 52 años en una pizzería del Bajo Belgrano, y a quién volví a encontrar mucho tiempo después. En aquella oportunidad estaba acompañado por los que serían, de allí en adelante, mis modelos de músicos más cercanos a seguir: Luis Alberto Spinetta, Emilio Del Guercio, Rodolfo García, el Negro Black Amaya y Edelmiro Molinari. Me acuerdo que tanto Luis como sus amigos, eran sindicados como “hippies”, por mi abuelo y los mozos asturianos que atendían el lugar. En ese momento, Luis, como nos veía siempre en la pizzería, nos compraba una Coca-Cola a mi hermano y mí. Por supuesto, a partir de ahí, siempre íbamos a manguearle cuando lo veíamos caminando por la calle, ya fuera que lo encontráramos con Anita o con la vietnamita, las dos chicas con las que él andaba siempre del brazo caminando por la calle Corrientes o en las barrancas de Belgrano… En lo que respecta a Emilio Del Guercio, él ya estaba en Aquelarre, junto a Starc, (Hugo) González Neira y Rodolfo García. Rodolfo siempre fue un tipazo, dispuesto a transmitir toda su buena onda, tanto a mi hermano Fabián -luego baterista y productor- como a mí. De Héctor Starc, ¿qué te puedo decir? ¡Es un tipo de primera! Esa vez que lo volví a encontrar, me contó que iban a tocar en un colegio con Aquelarre, así que lo fuimos a ver. Por supuesto, nos encantó la música del grupo. Cuando terminó el show, fuimos a hablar con él y nos mostró el equipo que usaba para tocar: una Gibson Les Paul Negra y un pedal Wah Wah Vox, ¡con un amplificador Fender Dual Showman! Siempre fue una verdadera escuela ambulante, Héctor… el Negro Black Amaya, en ese momento ya estaba tocando la batería en Pescado Rabioso, acompañando a Spinetta. Me acuerdo una vez los fuimos a ver tocar en la Rural. En ese show de Pescado Rabioso, el Negro rompió el parche del redoblante, ¡por la polenta con que le daba! Por su parte, Edelmiro, genio total, ya estaba en Color Humano. Ahí también vi a Pappo –acompañado por Machi-, que entró pateando sillas.... Hasta que, de repente, alguien grito: “¡Cuidado! ¡Ahí viene Pappo!” Por supuesto, siempre me llamó la atención esa energía casi maligna que desbordaba el Golem de La Paternal…

MIENTRAS LA BANDA SUENA

¿Cómo fue la génesis de Dulces 16?
El grupo fue un desprendimiento de la Blusbanda, en donde yo tocaba con León Vanela. El nombre Dulces 16 se le ocurrió a Ciro (Fogliatta), quien le puso así al grupo inspirado por los temas homónimos de B.B King y Chuck Berry. Luego, seguimos con Gustavo Pérez (voz y guitarra) y Rudy Marcolongo (segunda guitarra y voz). En ese momento, ya con tres violas, ¡éramos como los Skyners!

Claro, porque Dulces 16 siempre tuvo una impronta muy fuerte de rock sureño. ¿Cuándo te empezaste a copar con ese estilo de Allman Brothers, Lynyrd Skynyrd y ZZ Top?
¡Me copó desde siempre! Desde el primer momento en que empecé a escuchar sus discos con mis amigos…

¿Qué te acordás de la aparición de los Dulces en el Festival (y la posterior película) Prima Rock, en septiembre de 1981?
Bueno, ¡fue una lucha! De movida nomás, llegué y vi como el público le tiraba un naranjazo en la cabeza a la ex mujer de Charly García, María Rosa Yorio, cuando ésta estaba cantando arriba del escenario. Además, no se escuchaba nada....
Por eso, me fui atrás y vi que las potencias de amplificación estaban apagadas en un 80%... Debido a esto me agarré a las piñas con el socio de Starc, que estaba a cargo del sonido… Si te fijás bien, en la película –o ahora en YouTube-, verás que lo único que se escuchaba era mi guitarra, porque yo me había ido con un equipo de 200 watts de potencia, con el Marshall y Ampeg, con 4 bafles y 16 parlantes de 12 pulgadas... Por supuesto, ¡mi sonido se metía por todas partes! Además, cuando venía la parte de los solos, ni levantaban el volumen... Por eso, los pibes de las primeras filas escuchaban mi equipo, y los de atrás muy poco sonido, casi nada... De cualquier forma, siempre quedábamos bien parados, por ser los únicos que teníamos polenta entre tanto músico “azota” jazz-rockero y el resto de los cantautores de rock blando....

¿Y por qué se separó esa primera formación de Dulces 16?
Simplemente, porque la banda se prendió más de (el manager) Daniel Grinbank que de mí...

¿Qué recuerdos te quedan de aquellos años del rock nacional, cuando lo comparás con la movida actual?
Recuerdos maravillosos. Porque con tan poco se hacía mucho. Actualmente, todo está vació y zombie.

RECUERDOS EN LA RUTA

¿Qué recordás de tu colaboración con Pajarito Zaguri? ¿Cómo era trabajar junto a él?
Era un tipo macanudo. Un blusero con mayúsculas y todo un adelantado. En su momento, junto a León Vanela y Julio Candia, Pajarito, indirectamente, me metió en La Blusbanda, con quienes también estuvimos en los Redondos, en Pappo's Blues y en Dulces 16, en los 70. Años más tarde, también hicimos con Pájaro un cd -producido por Alejandro Medina-, que se llamó Y en el 2000, también... Venía con una tapa muy simpática que tenía forma de caja de pizza, ¡y el cd mismo es una pizza…!


¿Cómo fue tocar con Pappo?
Bueno, ¡el sueño del pibe! Imaginate, lo acompañé en una gira cuando yo tenía 18 años, y luego compartimos el escenario, tocando junto a B.B. King, siete noches en el Gran Rex, con más de 21.000 personas; además de tocar en el estadio Obras; y luego en una gira por Argentina... Con Pappo recorrí muchos kilómetros, muchos shows...Fue un verdadero honor, porque él fue el más grande de las seis cuerdas. Y mi amigo...

¿Cuál es tu opinión acerca de El Soldado? ¿Por qué crees que su obra no tiene el suficiente reconocimiento y difusión?
Bueno, creo que, al principio, El Soldado hizo un lindo material, después le perdí la pista...Mi opinión es que se subió al caballo de mala manera... Nosotros lo quisimos ayudar y él se creyó Neil Young... Pobre, ¡cayó víctima de un espejismo! Era el plomo de los Redondos y todos le dimos una mano... En su primer disco grabamos todos los Redondos. Luego, Skay y la Negra Poly se rayaron, y lo querían hacer grabar de nuevo sin los Redondos, acusándolo de haber utilizado a Patricio Rey... Incluso, ¡le retiraron el saludo por un año! Yo fui quien los amigué con El Soldado. Ese primer cd vendió mucho, unas 25.000 copias. Sin embargo, él solo me pagó $500. Ahora, bien, si calculo a ojo de buen cubero: 25.000 x $10 -que eran dólares en los 90- darían: U$S 250.000... Imaginate, ahora parece increíble. Me acuerdo que yo seguí tocando con él, y en el primer show, ¡metimos 800 personas! Los temas sonaban en la Rock & Pop muy seguido... Mismo, el Indio grabó dos temas en ese disco, que era un boom del under… Así que seguimos tocando, sobre la base acordada de dividir en un 50% entre él y yo la guita de los shows... Una condición que se vino abajo enseguida por la locura de sobredimensionar la seguridad y los gastos de los shows. Luego, hicimos su segundo disco en medio de esa pelea, de la que hablé antes, de El Soldado con Skay y Poly; y por eso ese álbum se llamó Alas Rotas, ¿no? Incluso, una compañía le había ofrecido U$S 100.000 por los derechos del primer álbum, Tren de Fugitivos, ofreciéndole difusión y propaganda radial al mango... En ese momento, yo le dije: “Cacho agarrá, porque ya vendiste mucho el primero, y a éste te lo va a catapultar esta publicidad; y, además, ¡te quedás con 100 lucas!" Bueh, no me dio bola... En resumen, vendió poco del segundo disco, y empezó a pagarnos $30 pesos a mí, $15 al bajista, y nada a los demás... Sin embargo, como la gente suele ser idiota, no reaccionó nadie, excepto yo... Y lo mandé a la mierda, por chorro. Porque yo lo había amigado con Poly y Skay, le habían comprado 2.000 cd con DBN, y él cobra los 20.000 dólares y se va de viaje por España, Alemania, Checoeslovaquia, Londres, Tailandia, y New York... Mientras que a los de la banda les dice que se sacó la quiniela... ¡Deben ser débiles mentales! En resumen, su obra tiene lo que merece ¡por ser tan descuidado!

NUNCA FUE SIMPLE VIVIR…

¿Por qué decidiste radicarte en España en el año 2000? ¿Cómo fue tu paso por allí?
Bueno, antes de irme, yo había pasado de cobrar 100 dólares por alumno de viola a 10 dólares, y, mientras tanto, las cuentas seguían apilándose...Además, los músicos de Argentina me habían cagado, la gente estaba limada... En fin. Así que me dije: “¡vámonos!” En resumen, mi paso por España tuvo sus traspiés. No tuvo nada que ver con la primera vez que me había ido en los 80. Porque, en realidad, cuando estás allá y sos pendex te dicen: “todavía sos pendex para estar acá”, pero cuando tenés más edad, ¡te dicen que ya se te pasó el tren…! En España, ¡a los 25 años ya sos casi un jubilado! Además, la música de rock no existe allí, o lo que hay ¡es horrible! El pop es el amo y señor de la escena musical y todo lo que suena no dura nada...Allá, tipos como Calamaro, lo mismo que Sabina, son una excepción, ya que consiguen seguir en el tope a pesar del paso del tiempo. Porque, en general, no hay nivel. El flamenco es lo suyo, quizás no el rock...Sin embargo, fui, y al rato ya toqué con Claudio Gabis, el día de su cumpleaños, y Calamaro me pidió que grabara con él, ya que nos había visto tocando “Jugo de Tomate Frío” y otras canciones más con Luisito Mayol en la voz y el bajo... Ese día, en ese show con Claudio, ¡dejamos un tendal! Toda la gente estaba enloquecida. Pero, por supuesto, Calamaro, como está más loco que una cabra -o porque estaba muy mal en esa época-, ¡me olvidó rápidamente! Así que sobreviví tocando con muchas bandas de blues, hice la producción de las guitarras en un cd de mi genial amigo ya fallecido, Tito Larregui (ex guitarrista de varias bandas buenísimas de acá en los 70, como Avalancha y Cisko Kid). También toqué el bajo con Tonki De La Peña, un blusero; y conocí a Buddy Miles (ex baterista de Jimi Hendrix), quien me invitó a grabar. Pero Tonky, como era el productor y violero en esa grabación, no quiso saber nada con respecto a que yo participara… (risas) Además, toqué con Velma Powell, la sobrina de John Lee Hooker, en unos shows memorables, en un par de festivales...También toqué en bandas que hacían éxitos del Top 40 en la calle... En fin, ¡sobreviví como pude! Grabé e hice gira con Ciro Fogliatta, con Fernando Lupano en el contrabajo. De esas sesiones de grabación salió un CD, que Ciro sacó en 2013 ¡y suena bárbaro! Finalmente, en 2007, me dije, mientras hablaba con mi señora: “Mejor, nos volvemos. ¡España se va hundir!” Y aquí estamos...

¿Cómo surge tu grupo Tao de King? ¿Te sentís atraído por la filosofía del Tao?
Yo tocaba la guitarra en el Metro de Madrid y una vez se me apareció Walter Sidotti, mi compañero baterista de los Redondos. Me contó que estaba tocando con Luís Mayol y Oscar Kaminomosky, otros dos argentinos. Bueno, nos empezamos a ver, porque dio la casualidad que Walter estaba viviendo a solamente 300 metros de mi casa en Madrid. Más tarde, cuando Walter y Oscar se volvieron a Buenos Aires, yo seguí tocando con Luís Mayol, quien sumó a Peter Kunst, un excelente músico holandés multi instrumentista e ingeniero de grabación, con quién ya había tocado en algunos shows. Él había estado viviendo en el sur de Argentina y había tocado en Pappo's Blues en los 90, durante una gira del Carpo por la Patagonia. Como él estaba viviendo en un pueblo llamado Ambite, a unos 80 km de Madrid, nos desplazábamos a menudo hasta allá para grabar el material que luego quedó plasmado. Entonces el nombre del grupo dejó de ser Flor De Mambo, y Peter propuso ponerle “Tao”, y yo dije: “The King...” Lo castellanizamos a De y quedó Tao De King...Tocamos algunos shows como trío en Bilbao y en Alcalá de Henares, aunque en el cd participaron más músicos: El Gonzo Palacios, que había tocado saxo barítono; y Luca Frasca, en teclados. En los shows tocábamos temas propios y algunos clásicos como “El Viejo” de Pappo, o “Tarea Fina” de los Redondos. Sin embargo, como me ofrecieron tan poca guita en las compañías de aquí para editarlo, lo dejé colgado en internet un tiempo y lo terminaron bajando unos 5.000 pibes. Incluso, Rocambole hizo el arte de portada. Pienso editarlo en un futuro no muy lejano....Con respecto a lo que me preguntabas, no, la filosofía del Tao no cuenta mucho para mí, aunque si me atrae el nudismo... Perdón, ¡el budismo! (risas)

¿Cómo fue tocar junto a Edelmiro Molinari en el 2012?
Como te decía al comienzo de la nota, Edelmiro siempre fue un referente muy fuerte mío. Él fue mi profesor de viola a los 13 años. Luego, me lo encontré de nuevo en La Falda en los 80, cuando volvieron Almendra y Manal. Yo ya estaba con Dulces 16 y Edelmiro se sorprendió de que sonáramos como una banda de rock americano, pero en Argentina... En los 90 él regresó desde California -donde había residido más de 20 años-, y se quedó viviendo acá. Así fue que nos empezamos a ver seguido en el Roxy, donde me invitó a zapar un par de veces. Ahí nos juntamos a tocar con los guitarristas Eduardo Rogatti (del grupo de León Gieco) y Héctor Starc (aunque, éste último luego desistió). Luego formamos una banda con el Negro González y el baterista de León Gieco, y tocamos material diverso, temas de Edelmiro y clásicos como “Summertime” Ese show se llamó "Noches de Guitarras Eléctricas". Ahí hicimos algunas presentaciones muy lindas. Incluso, yo tengo un material grabado en vivo muy bueno de esa época... Ahora, Edelmiro viene de superar una enfermedad muy jodida, pero como es fuerte ya tiene su material pensado... Ya hace un tiempo que se mudó a San Luís, pero nos vemos esporádicamente... Hace poco grabó su nuevo cd, Contacto 2012, con mucho esfuerzo y con la colaboración de varios músicos amigos como Chizzo Nápoli, de La Renga; o Skay, quien puso una viola muy buena en uno de los temas. Justamente, fue Uki Tolosa -un antiguo amigo mío del grupo La Fuente-, al que conozco desde los 13 o 14 años, quien me llamó para que participara yo y así fuimos a lo del hijo de Pappo en Tigre a grabar un tema, ¡en el que mi guitarra sonó en el antiguo Marshall del Carpo!

A CONFESIÓN DE PARTE…

¿Cómo definirías el hecho de ser músico? ¿Qué significa esta profesión en tu vida?
El hecho de ser músico es un don y un karma que tenés que cumplir, ¡un destino! Está bueno por lo que te deja ver y sentir, pero también estás apartado de los canales normales de la vida social, y más en la Argentina de la época de los milicos, en los 70… Por ejemplo, yo decidí no tener hijos por la inconstancia del dinero que ganaba mes a mes... Fijate, por ejemplo, durante ese año cuando toqué con los Redondos, incluyendo los shows en Huracán, ¡igual no me daba ni para el bondi y el sanguchito! Después, toqué con ellos en Racing, porque me vinieron a buscar cuando yo me había alejado del grupo por su falta de compartija, pero solo daba como para que viviera sin alquiler durante ese año... O sea: la Argentina se fue a la mierda a comienzos del siglo XXI por el egoísmo, y la locura individualista de los argentinos... ¡Había miles de excluidos! Villas miserias, jubilados que cobraban dos mangos, mientras Patricia Bullrich y Cavallo pedían un mínimo de $450 y les restaban más los ingresos en vez de aumentarles. Mientras tanto, yo también estaba en el medio de esa exclusión social, porque al mismo tiempo que mis camaradas eran ricos, yo era pobre. Uno no es un profesional, porque siempre hice las cosas solo, nadie me enseñó a tocar lo que sé. Edelmiro me enseñó a poner los dedos arqueados, pero lo demás salió de mis oídos y mi alma. Sin embargo, ¡no me arrepiento de nada! Porque tuve la suerte de tocar, en shows y/o zapadas, con gente que siempre admiré como Pappo's Blues, David Lebón, Javier Martínez, Alejo Medina, León el Blusero, Pajarito, Spinetta, Rinaldo Rafanelli, Albert Collins, B.B. King, James Cotton, Larry McCray, Jimi Rogers, Taj Mahal, Magic Slim... ¡y los Redondos!

¿Cómo fue que los conociste a Los Redondos?
Bueno, en 1977 yo compré una Gibson SG Special, porque yo ya tenía un micrófono que me había comprado mi abuela Tita en lo de Lorenzo, un famoso lutier, de los primeros que hubo acá. Justamente, en la película Mundo Grúa, el bajo era un Lorenzo. Su hijo Eduardo fue quien me envió la viola. Yo le había pedido que tuviera dos micrófonos Gibson doble bobina, y fue Lorenzo padre quien me los instaló. Yo estaba contento, hasta que mi amigo Julio Soto, quién sabía un montón de violas, me dice: “Los tornillos son argentinos. Son dos micros Lorenzo, ¡salame!” Bueno, así que volví a lo de Lorenzo, y después de amenazarlo, me da finalmente la viola, ahora sí con su micro P90. Era una guitarra que estaba buena, con una palanca de vibrato Gibson de acero. Realmente, ¡un violón! Al final, me termino haciendo amigo de Lorenzo. Fue así que un día, mientras estaba en su taller de la calle Lima, entre Alsina e Hipólito Yrigoyen, me dice que había unos tipos de La Plata que necesitaban un guitarrista que tocara la primera viola. Se ve que, como yo tocaba slide y siempre me quedaba punteando en el equipo del sótano del taller, Lorenzo ya me venía pispeando… Bueno, así fue que los llamé por teléfono a Skay y la Negra Poly, acordamos una cita, y voy a verlos, cerquita, en un depto. de la calle Hipólito Yrigoyen. Siempre me acuerdo del ambiente del lugar: con el mate, las sillas de paja; todo bien austero, como siempre fueron ellos dos, de alguna manera... En seguida, me hablaron del personaje imaginario: “Patricio esto” y “Patricio lo otro...” Yo me decía, ¡que locura! (risas) Bueno, ahí nomás, empezamos a ensayar con Fenton (bajo) y Migoya (batería). Estuvimos ensayando unos 20 días en El Tubo, en la Calle Corrientes, a metros del Obelisco...
Todo bien, hasta que un día le pregunto a Skay: “¿Y el cantante?” Ahí me dijo que era el Astronauta Italiano y que ya lo íbamos a conocer la semana siguiente, y así fue... De movida nomás, me sorprendió el aspecto que tenía el Indio, ya que parecía poco o nada rockero, más bien se parecía a Don Nicola, ese portero del conventillo de La Boca que aparecía en las historietas: ¡dolape y con un cepillo de bigote que no ganaba ni a placé! Imaginate, nada que ver con otros vocalistas como Robert Plant. Sin, embargo, me gustó lo suyo, porque su voz era aguda, rasposa y personal… Eso fue, más o menos, en 1977 o 78, no me acuerdo bien. Recuerdo que yo les preguntaba sobre sus influencias musicales, ¡y Fenton me decía que le gustaban Carmen Miranda y Harry Belafonte! ¡Una locura!

¿Cómo fueron los primeros conciertos que compartiste con ellos?
Bueno, en esa época, nos disfrazamos para tocar: Skay, con una campera rocker, gastada y marroncita, como la que usaba Marlon Brando en la película Salvaje, más antiparras y gorro de cuero de aviador; yo usaba un frac de alquiler y una flor de papel muy grande en el ojal; el Indio, con un atuendo normal, como siempre; Fenton, de Mosquetero... En fin. Siempre me acuerdo de la primera actuación de los Redondos en Capital Federal. Habíamos instalado una piñata en medio del escenario, que creo rompió Skay, con caramelos y otras cositas... Unos efebos en taparrabos con una canasta se encargaban de repartir los redonditos de ricota, mientras corrían por la sala del Centro de Artes y Música, acompañados por El Sultán (El Doce), un gordo maravilloso...Incluso, David Lebón, que me conocía del barrio del Bajo Belgrano, se acercó al concierto con (el manager) Oscar López. Sergio Martínez hacía de presentador... El grupo no sonaba muy bien que digamos, y el desparpajo teatral era demasiado para la época de Videla, por eso el dueño nos prohibió tocar el día siguiente, por temor a la cana. Pensá que hasta teníamos chicas haciendo strip tease en escena. Luego, nos hicieron una entrevista a Poly, Skay y a mí para la revista Pelo. En ese momento, Juan Manuel Cibeira era el director editorial, y le dejamos una vieja foto de la troupe disfrazada -con el Sultán, Los Efebos, y Monona-, que era anterior a mi entrada en el grupo.

¿Pensás que luego influyo de alguna forma en la música del grupo el cambio de su público, el hecho de pasar de la bohemia, de los años 70 y primeros 80, a la masividad posterior?
Me parece que el éxito del grupo, en parte, está bueno como ejemplo de perseverancia y obstinación, debido a la superación musical del dúo dinámico formado por el Indio y Skay, más una base buena de músicos, como la que consiguieron luego. La masividad fue un arruinador en este caso, porque ya ves que al final se terminaron separando, por más que hablen de camelos como “evolución” y otros bla, bla... Terminó muy feo el asunto entre ellos. Tanto hablar de la unión de las bandas, que no a los solistas, etc... ¡Tanta remera de la Unión Soviética y colgamos los trapos! (risas) Como dice siempre Semilla: "Si nos agarra Patricio, ¡nos caga a patadas en el culo!" La entrada masiva de público, con orientación lumpen, tampoco me gustó demasiado. Me acuerdo de cuando toqué como músico invitado de ellos en Huracán, en 1993, y ya era un delirio incontrolable, demasiado fuerte… Mirá lo que pasó después en el 98 en Racing, y mirá como terminaron con el quilombo que se armó en el show que dieron en River. Ese día yo lo estaba viendo a Calamaro hablando de mí en una nota en televisión, de que me conocía de esa época de la sala el Tubo, y trasca... Ahí mismo, estaba la cana disparando y le volaron el pie a un tipo que iba caminado al concierto... Ese show había sido organizado por la Rock & Pop y Página/12, es decir, ya se había perdido la autogestión del grupo...Y mirá lo que pasó después en Mar del Plata, en donde también todo terminó mal. En fin…


DEFINICIONES PROPIAS, ¿POR QUÉ NO?

¿Cómo pensás tus discos, la música, los temas que van a estar incluidos en ellos?
No los pienso. Aparecen de alguna zona de sueños….

¿Qué canción de otro músico te hubiese gustado componer a vos?
¡”Avellaneda Blues”!

¿Tenés alguna guitarra y equipos preferidos?
En guitarra, las Fender, tanto la Stratocaster como la Telecaster; Gibson SG Special, y la Les Paul Standard. En cuanto a equipos, elijo Fender De Luxe Reverb, el Super Reverb y Bassman Black Face de los años 60.

¿Cuál es tu opinión del ranking de mejores violeros del rock argentino que sacó la revista Rolling Stone hace un par de años?
Bueno, prefiero no opinar. Ese es un ranking de una revista especializada...

¿Cómo ves el mundo de la industria discográfica hoy en día, con el advenimiento de las descargas online?
¡Horrible! Ya el cd fue un retroceso en cuanto a calidad sonora porque los discos de vinilo suenan mejor, por no hablar del arte de portada e interior que se redujo a la nada. ¡Una estafa total! Las descargas online ya pasan a tomarle el pelo a la nueva generación con sonidos más comprimidos, como el mp3 y el mp4, que suenan como el orto... El WAV, que es el formato de los cd normales, es mejor, aunque nunca va a sonar como un vinilo. Además, las compañías han optado por chupar la sangre en los shows a muchos de sus artistas con la excusa de la caída de las ganancias en las ventas de las grabaciones... Se dedicaron a robar con márgenes de ganancia increíbles durante toda la vida y ahora la tienen adentro, Pasman…

¿Estas al tanto de lo que pasa en el rock nacional? ¿Hay alguna banda nueva que te atraiga de forma particular?
No hay ninguna banda nueva en general que me atraiga. La escena del rock en Argentina es lamentable. Solo me gustan Viticus, y La Renga, quienes me parecen geniales por su forma de ser entre ellos y con sus colaboradores. Ellos sí son tipos de fierro. Lamentablemente, ahora pasa que cualquier estilo es rock y no creo que sea así...Hay grupos impuestos por las corporaciones y los pibes se tragan cualquier cosa. También hay violeros que no saben ni llegar a la nota y mucho menos hacer bien un vibrato. Además, las letras de los temas no me dicen nada... En resumen, el rock está lleno de actitudes ridículas de estrellita. En fin…

¿Cuál es tu opinión del devenir de la música rock y pop internacional?
En general, a mí siempre me gustó la música popular norteamericana de los 40 y 50 -blues, jazz, la música negra, el country y el rocanrol- y la música que surgió en Inglaterra en los 60: el blues rock, con John Mayall & The Bluesbreackers, más la saga de guitarristas que nos enseñaron a tocar: Eric Clapton, Peter Green y Mick Taylor; los primeros Fleetwood Mac de Peter Green, The Beatles, The Rolling Stones, Pink Floyd, Deep Purple, Led Zeppelin… También en los 60 se siguió gestando una amalgama de estilos de los dos lados del atlántico, en inglés y luego en castellano con el surgimiento de nuestro rock argentino. Acá, grupos como Manal, Los Gatos, Almendra y Pappo's Blues dieron cátedra. Tampoco me quiero olvidar de la psicodelia que habían iniciado los Beatles, The Rolling Stones, Jimi Hendrix, Pink Floyd, o The Who, quienes marcaron una diferencia en la percepción, esa cosa mancomunada del viaje, entre el público y esa música maravillosa, con toda esa movida del flower power que desembocaría en el Festival de Monterrey Pop en California, y luego en Woodstock, con Santana, Ten Years After, Creedence Clearwater Revival -quienes me gustaban tanto o más que los Beatles de la primera época rocanrolera- Janis Joplin, Johnny Winter, B. B. King, Freddy King, y Albert King. Luego, el estadio de los 70 fue maravilloso en calidad de sonido y bandas... Los 80 me parecen más berretas, aunque también hubo un par de bandas rescatables. La new wave, en general, nunca me pareció una cosa seria, sino un subterfugio para encajar en la gente y darles algo que pudieran sentir como propio y rebelarse otra vez. Porque tenían que destronar a monstruos del pasado como Hendrix, Zeppelin, etc. Solo la protesta era lo que funcionaba en un principio con el punk, con los Sex Pistols, Iggy Pop y otros ideólogos letristas como Pattie Smith. De esa movida, solo rescato a The Clash -que fue un grupo excelente, con su genial Joe Strummer- y a un par de bandas más que parecían tener un sonido nuevo, como los U2 en sus primeros álbumes, quienes, luego, a mi gusto no se superaron a sí mismos y ahora son demasiado famosos. U2 es el ejemplo de banda clásica que se anquilosó, aunque igualmente tenga muy buenos himnos hechos canción. Por su parte, David Bowie es una muestra de lo que un camaleón del pop puede lograr, ya que atravesó todas las épocas y en los 80 me parece que se convirtió en un ícono a seguir por su virtuosismo histriónico, no solo como músico sino también como un artista más completo, con el advenimiento del video clip como formato. Los ZZ Top -con su blues, country rock pesutti y sus videos kitsch clase "B"- son otros sobrevivientes que marcaron un rumbo preciso. También, Tom Petty me gustaba mucho, y Bruce Springsteen.

Foto: Hugo Panzarasa
De lo que pasó con el rock acá, los Redondos son para mí una expresión propia de los años 80, más que del rock anterior, porque desarrollaron sus habilidades musicales en esa década. El rock de los primeros Redondos –a fines de los 70- era una cosa más difusa, aunque tenía su propia creatividad, como se ve en temas, que se reeditaron o grabaron mucho después, como por ejemplo “El Blues del Noticiero”. A esas canciones yo las veo más enroladas en conservar cierta psicodelia rockera criolla original, pero entreverada con el combat rock y con sonidos que me recuerdan a Men At Work, al Television de Tom Verlaine y muchos otros popes de la década de los 80. Por su parte, en el rock argentino también salieron cosas buenas como Riff, Serú Girán –quienes no son santos de mi devoción, pero son del gusto de mucha gente-, Fito Páez, Virus, Soda Stereo, Sumo, etc. Luego hubo una melange fruto de esa época que desembocó en un rock argento muy diverso, que incluía a grupos como Los Auténticos Decadentes, Divididos, Las Pelotas, los Ratones Paranoicos, los Cadillac o… ¿La Mosca? Bueh, lo que pasó es que cualquier cosa empezó a ser llamada “rock”. Como que se empezaron a mezclar demasiado los tantos en los 90. No sé, hoy en día me suenan muy estériles grupos como Catupecu, quienes no me parece que toquen bien (sobre todo la guitarra, que es espantosa). Lamentablemente, Pappo se fue y ahora no hay ningún referente violero tan fuerte como él. Esto colabora con el espanto actual, ya que no se distingue lo bueno. Es como que el neoliberalismo mundial fritó cabezas y oídos; y ahora los pibes new age terminan concheteando en un departamento con calefacción central. Todo me parece mentira y de plástico. Porque aunque la computadora es útil también es demasiado conducente y atrapante. Por ejemplo, el sonido de YouTube es muy pobre, ¡pero la info es copiosa! Eso es lo que ocurre en la actualidad, pero no solo aquí. Tampoco en Europa y Estados Unidos hay bandas nuevas que me gusten...

¿Cuáles son tus proyectos actuales?
Como siempre, ¡grabar, producir y tocar! También sigo con los Dulces 16, mi antigua banda, grabando y ensayando con Franco, un cantante nuevo. Y te comento que estamos perfilando un material que ya grabamos en parte en El Cielito para la edición de un nuevo cd.


Emiliano Acevedo


domingo, 20 de noviembre de 2016

SERU GIRAN: Érase una vez...



Un disco criticado, luego revalorizado; eso fue lo que sucedió con el primer trabajo de Serú Girán. Cancionero pero progresivo, continuaba la senda iniciada por Charly García en La Máquina de Hacer Pájaros, pero dándole otra vuelta de tuerca a la cosa. Es que Serú era un supergrupo, y en la suma de sus partes se apoyaba un entramado musical que, a la larga, devino en un repertorio inolvidable.

Y es que este primer álbum homónimo, producido por el gran Billy Bond, incluía a “Eitileda”, una hermosísima canción, con una música compleja, bien en la onda del rock sinfónico, y una letra melancólica, muy pop, que Charly le escribió a María Rosa Yorio. Esa lírica fantasmal, de fantasía e inspiración adolescente, era (casi) una auténtica “sinfonía para adolescentes” -cómo decía Phil Spector-, en donde se destacaba el sonido acaparador del (sintetizador) Mini Moog de Charly, el ritmo preciso de Oscar Moro, el impecable solo de guitarra de David Lebón, y ese bajo magistral de Pedrito Aznar, quién (¡con tan sólo 18 años!) dibujaba complicadísimos juegos melódicos.

Sin embargo, "Eitileda" no era un tema nuevo, ya que su núcleo, la parte que dice "no ves mi capa azul, mi pelo hasta los hombros", había sido sacada de una ópera rock frustrada llamada Theo, que Charly intentó escribir en su adolescencia; incluso, una proto versión de la canción, casi idéntica a ésta final de Serú, había sido interpretada por el bicolor durante los últimos tiempos de Sui Generis, junto a Nito Mestre; y se llamaba "Nena" (como aparece intitulada en el volumen 3 del registro vivo del show del Luna Park del Adiós Sui Generis). Finalmente, “Nena” se quedaría afuera de Ácido, el frustrado cuarto álbum de estudio de Sui, para luego transformarse en esta “Eitileda”, el gran tema del primer disco de los Beatles argentinos.

Por supuesto, no fue el único clásico de este disco, ya que esta producción también traía gemas como el homónimo “Serú Giran”; otra sinfonía pop, que incluía ese increíble idioma inventado por Charly y David, durante su estadía en las playas de Buzios (en donde deliraron el proyecto Serú): “Cosmigonón, gisofanía / Serú Giran, Serú Giran paralía...” ¿Y qué era Lirán Marino?” Según Charly, ese era el nombre de uno de los perros de Zoca Pederneiras, su novia brasileña de aquellos años.

En “El Mendigo en el Andén” se contaba una curiosa historia de amor, cantada como los dioses por Lebón, y rematada por un impecable cierre instrumental. La letra de “Voy a Mil”, a pesar de tener un ritmo cuasi alegre, era otra visión descarnada de la realidad, en la que su protagonista trataba de abstraerse de todo lo que pasaba en el durísimo devenir cotidiano. Algo de eso también estaba plasmado en “Autos, Jets, Aviones”, otra canción que hablaba del clima tenso de la época, en donde casi todos buscaban huir del hostil, sangriento, y represivo gobierno militar de Videla. Sin dudas, tanto por su ritmo –mezcla de batucada brasileña con un dejo tanguero- como por su letra, este debe ser uno de los mejores temas de toda la historia del grupo.

Pero, si vamos a hablar de clásicos temazos... Señores, de pie: aquí está “Seminare”. Sin dudas, un encadenamiento lírico de tal magnitud, que hoy resulta imposible de concebir una canción de amor con semejante envergadura. “Seminare” -que también fue compuesta por Charly inspirado por su primera musa, María Rosa Yorio, cuando ambos tortolitos vivían en una pensión en la calle Aráoz- es la historia de un chico común, con los pies sobre la tierra, quizás un mero loser outsider, pero que se animaba a decirle a la chica de sus sueños que dejara de mirar a esos chetos, amantes de la velocidad, que se paseaban en motos, y le prestara atención a él. Seguramente, uno de los más hermosos temas jamás compuestos por Charly (aunque muchas personas –debido a la su gran interpretación vocal- piensan que su autor es David). Sin dudas, “Seminare” simboliza la perfecta unión entre música y letra. Por eso, resulta extraño recordar que Serú Girán haya sido un álbum tan criticado. “Voces hermafroditas”, decían algunas de las crónicas de la época, categorizando el estilo musical del grupo como mero “engendro”, a secas. Por suerte el tiempo pondría las cosas en su lugar...


Muchos años después, en su último show en el Monumental, cuando se volvieron a juntar en diciembre del 92, esa magia imperecedera de Serú Giran sería recobrada por un instante, luego de una noche caótica, cuando Charly -con su camisa floreada, roja y blanca, tres talles más grande- le dio manija al viejo Mini Moog, sacando de nuevo ese añorado sonido híper reconocible; mientras que David dejaba de lado por un rato esa cara de orto, que lo había acompañado casi toda la noche; y Pedro, junto a Moro, edificaba, otra vez, esa monolítica base musical de 14 años atrás. Ese es el recuerdo que hoy, casi veinticinco años después, me viene de esa última performance de “Eitileda”. Un instante irrepetible, a pesar de los pifies y el mal sonido, con ese final de fuegos artificiales, en el que quizás haya sido uno de los momentos más emotivos de todos los conciertos de la historia del rock nacional. Ocurrió una noche, hace mucho, mientras la ciudad se seguía meando de risa, y tus piernas no paraban de ser, cada vez, un poco más largas...


Emiliano Acevedo


martes, 15 de noviembre de 2016

DUNA: Contundente show en el Gregon Bar (29/10/2016)


Con un show contundente, Duna volvió a sonar en los escenarios porteños, el sábado 29 de octubre, en el Gregon Bar. Fueron bastante más de dos horas con lo mejor de su repertorio, incluyendo varios temas de Abejorros, el proyecto que estos músicos llevaron a cabo en los 90. Por supuesto, con la excusa de presentar Claroscuro, su último disco en vivo de reunión editado el año pasado, el grupo liderado por Alejandro Villa Villanueva recorrió toda su historia, desde aquellos lejanos 80 pospunk que los vieron nacer. Y vaya que la rompieron…

Sin dudas, Villa es un rockstar con mayúscula, destila carisma y humildad al mismo tiempo. Es capaz de meterse a tocar un solo con la viola entre la gente, y sacarse fotos con todo sus fans al mismo tiempo. En ese momento no es descabellado pensar que tanto los músicos como su público, los Duneros que abarrotaron este bar rockero de Almagro, conforman una verdadera familia, que canta todo el repertorio de la banda con emoción. En verdad, fue una noche inolvidable, en donde no faltó el despliegue, buen gusto y eclecticismo de Raúl Abelbide en la viola; ni la solvencia y esa máquina de tirar palos que es Marcos Marafiotti en la batería; ellos, junto a Villa conforman el núcleo clásico del grupo y una verdadera aplanadora sónica. Por supuesto, también hay que hablar del aporte del bajista Nico Infante, quien se destaca con su instrumento y haciendo coros y segunda voz de Villa en un par de temas.



A lo largo del concierto sonaron todos los éxitos de Duna: “Final Marruecos”, “Mente moderna”, “El primero de tu lista”, “Cambiará la suerte”, “Velas y banderas” y “Psicológico”, entre varios temazos más. Y sobre el final la banda enloqueció a su público tocando dos covers impresionantes: “Demoliendo Hoteles” (Charly García) y “Roundhouse Blues” (The Doors), y la fiesta fue completa. Mención aparte se merece Agus Voltta, la sorprendente cantautora trenque láuquense, que maravilló a propios y extraños con su voz y guitarra, entonando sus temas, poco antes de que los Duna subieran al escenario, y que luego, también se daría el gusto de acompañarlos en varios momentos de su show, en especial en ese final con tutti con el clásico de Abejorros “Calle Abajo”, cantado a coro por todo el mundo. Sin dudas, una noche para el recuerdo… ¡Qué se repita!


Emiliano Acevedo


lunes, 14 de noviembre de 2016

YES, Tales From Topographic Oceans: La obra maestra más discutida del rock sinfónico...

En 1973, mientras transcurría el momento cumbre de su carrera, luego de editar Close to the Edge un año antes, Yes decide redoblar la apuesta y grabar su disco más ambicioso: Tales From Topographic Oceans, un álbum doble con solo cuatro temas, uno por cada cara de los vinilos. Una obra que dividió aguas, porque mientras la mayoría de los fans la amó, la crítica la destrozó, acusándola de auto indulgente y pretenciosa. ¿Acaso Anderson-Howe-Squire-Wakeman-White quisieron cagar más alto del culo y les salió mal? ¿Era tan malo este disco, o, simplemente, estábamos en presencia de una desbocada obra cumbre del rock sinfónico? Preguntas que se han hecho varios durante los últimos cuarenta años. Quizás, en este artículo, que funciona a la vez como recordatorio y homenaje, encontremos las claves para sacar nuestras propias conclusiones…

EL CONTEXTO

Luego de la realización de su quinto álbum en estudio (Close to the Edge), Yes emprendió una larga gira norteamericana destinada a cimentar el prestigio musical del grupo. Pero en ese preciso momento, una crisis sacudió a la banda cuando el batero Bill Bruford –luego de que el grupo grabara un cover del tema “America” (del dúo Simon & Garfunkel), para un compilado del sello Atlantic- se fue para tocar en King Crimson.

Disconforme con los caminos musicales que estaba tomando Yes y debido también a su mala relación personal con el bajista Chris Squire, Bill había decidido irse hacía tiempo. De esta forma, al irse a tocar en la banda de Robert Fripp, el baterista concretaba una ambición musical que hacía tiempo que le quitaba el sueño. Esto se debía al hecho de que Bruford encontraba en Crimson la posibilidad de ahondar su interés por el jazz y la vanguardia, algo que no encajaba con los proyectos de Yes. En resumen, Bruford sentía que ya había dado todo lo que podía a Yes y viceversa.

Sin embargo, el momento que eligió para contar su decisión fue muy poco propicio y causó gran malestar en el seno de Yes. De cualquier forma, ni su cantante Jon Anderson, ni Squire se sorprendieron. Por algo, desde hacía mucho tiempo, tenían en la mira a Alan White como reemplazante. White era un veterano baterista que venía de participar en varios proyectos, tocando como sesionista junto a luminarias como John Lennon, Dave Mason, Eric Clapton y George Harrison.

Sin dudas, uno de los más afectados en el seno del grupo por la ida de Bruford fue el tecladista Rick Wakeman. Una noche, el manager del grupo, Brian Lane, le dijo a Rick que Bill se iba. Todos, en Yes, tenían miedo de decírselo, porque Bruford era el mejor amigo de Wakeman y por eso nadie descartaba la posibilidad que a Rick le agarrara una crisis nerviosa cuando se enterara, decidiendo él también dejar a la banda. Pero Wakeman tomó el asunto bastante mejor que lo que se podría esperar. Sin embargo, detrás de esa aparente tranquilidad, se dice que el rubio tecladista lloró, al enterarse de la ida del grupo de su amigo, ya que (según contó mucho después) esto fue "la primera grieta en la pared" en esa fantasía personal que se había construido acerca de la “leyenda” de Yes.

Quizás ésta sea también una de las razones esgrimidas cuando, cerca de un año y medio después, a mediados del 74, Wakeman decide irse del grupo declarando "que ya había dado todo lo que podía para Yes". Según Wakeman: "Bruford era algo grande, un artista total. Nos compenetramos tan rápidamente que cuando él se fue, las cosas ya no resultaron las mismas. Él era el baterista ideal de Yes y uno de los mejores músicos que jamás he conocido. Golpeaba la batería como pocos. Estábamos habituados a hacernos vibrar, musicalmente, el uno al otro y me pareció que (sin él) yo iba a estar muy perdido en el grupo de ahora en adelante..."

En medio de esta situación, se editó (el 4 de mayo de 1973) Yessongs, álbum triple en vivo. En este disco, White toca en la mayor parte de los temas, aunque también se incluyen un par de canciones grabadas poco antes de que Bill se fuera. Luego de la edición de Yessongs, Yes comienza a grabar el doble Tales From Topographic Oceans, un polémico álbum doble que rompería el idilio que la banda había cimentado con los críticos especializados a partir de Fragile (1972) y (muy especialmente) con el aclamado Close to the Edge. Por eso, a partir de Tales…, el grupo empezó a ser acusado de "pretencioso" o "auto indulgente".


Esto ocurrió debido a que las sesiones de composición de los temas que iban a integrar esta nueva producción se comenzaron a alargar, más y más, hasta terminar desarrollando una obra compuesta por temas que excedían los 20 minutos de duración. Como asevera el periodista, crítico musical y catedrático Norberto Cambiasso, en su brillante ensayo Vendiendo Inglaterra por una libra. Una historia social del rock progresivo británico, durante la grabación de Tales…, el productor Eddie Offord (hasta ahí, casi el sexto integrante de Yes, debido a su importantísima participación en los dos discos de estudio previos) estaba totalmente fuera de control: “Tiraba a la basura los pedazos de cinta útiles y editaba los inservibles. Y en el master, cada 15 centímetros había un edit. Mientras tanto, Wakeman, asqueado de todo el asunto se dedicaba a beber y a jugar a los dardos en un pub cercano. Reinaba una confusión indescriptible y nadie tenía la menor idea de a donde llevaba semejante orgía de autocomplacencia”.  

Sin embargo, a pesar de lo anárquicas que parecían las sesiones de grabación, la banda estaba en la cumbre de la perfección musical e instrumental. Como dijo Jon Anderson: "Quizás, en algún lado, estaba escrito que nosotros teníamos que escribir la versión musical de la Biblia. Lo que yo quise fue demostrarle, a quien había escrito eso, era que sí lo haríamos y creo que con este disco estuvimos cerca de lograrlo... De movida, siempre pensábamos nuestros trabajos a gran escala. Yo nunca quise rendirme ante lo imposible y tener que dedicarme a hacer canciones pop.”

Según Steve Howe: “(Tales…) fue como el álbum de nuestras vidas, el racconto de lo que habíamos sido hasta allí. Se convirtió en una auténtica experiencia. Gradualmente nos dimos cuenta de que (desarrollar una producción tan compleja) no era imposible y se podía trabajar de maneras diferentes, escenificando el material en el estudio."

Como decíamos, Tales from Topographic Oceans (editado el 9/1/74, en Estados Unidos) era un álbum complejo, porque se encargaba de elevar la fantasía cósmica y mística del grupo hacia una nueva dimensión un poco más "espiritual", si se puede decir. El caso fue que a pesar de que los fans amaron al disco desde el comienzo, los críticos no estaban para nada conformes con este álbum, al que consideraban como demasiado largo, aburrido y pretencioso por demás.

La fascinación de Jon Anderson por las religiones de oriente nunca se había manifestado en una forma tan clara como fueron explayadas en esta producción, y esto llevó a la música del grupo a un nivel poético y filosófico casi incomprensible para muchos, incluido el propio Rick Wakeman. El tecladista estaba claramente disconforme con el giro musical que había tomado Yes y así lo explicaba: "No podes tocar lo que no entendés, y yo no entendía nada de este disco, no entendía su música. Pasó que al llegar al estudio no teníamos nada escrito y lo que hicimos allí debió hacerse en los ensayos. Había muchas melodías fuertes pero también muchos detalles que se exageraron mucho. Entonces, yo decidí que no me gustaba el disco, decidí que no era bueno y, es más, cada vez me parecía peor…"

Por supuesto, con tantos conflictos la química entre los integrantes del grupo parecía resentirse. Por un lado, el tándem de mutuo entendimiento entre Anderson y Howe propiciaba una guerra fría entre el cantante y el bajista Chris Squire, acerca del curso que tenía que tomar el nuevo disco, lo que llevó a la banda al borde de la separación, que, afortunadamente, no se concretó. Pero además de los egos, había diferencias culinarias y religiosas, como señala Cambiasso: “Los integrantes de la banda (a excepción, claro, de Wakeman) profesaban el vegetarianismo y la comida macrobiótica. Howe mantenía una sesión de meditación antes de cada concierto y se interesaba por brumosas disciplinas como la reflexología y la psicosintesis. Jon trataba de desentrañar los misterios de la vida a través de los sueños. Inveterado creyente de la energía positiva, estaba convencido de que en los shows uno sintonizaba con las fuerzas que lo rodeaban, una manera, decía, de conectar con Dios.”


Y sería, justamente, la dupla creativa formada por Anderson y el guitarrista Steve Howe los principales compositores e impulsores de esta nueva obra, a la que consideraban como "el disco de sus vidas". Ellos encontraron la inspiración para realizar este álbum estando en gira. En efecto, la idea inicial para este proyecto se le ocurre a Anderson durante un tour en Japón, mientras leía, en sus momentos de ocio, la Autobiografía de un Yogui, de Paramhansa Yogananda, un libro que le había regalado Jamie Muir, el excéntrico y brillante percusionista de King Crimson, durante el casamiento de Bill Bruford. En esta obra del maestro espiritual indio se hablaba de los Vedas y las escrituras shantricas, textos sagrados de la religión hindú que cubren todos los aspectos de la religión y la vida social; así como también los campos de la medicina, la música, el arte y la arquitectura. Estos textos también contienen códigos políticos, legales y morales. Inspirado por estas lecturas, Anderson concibió entonces esta composición a gran escala llamada Tales from Topographic Oceans, que iba a tener cuatros partes musicales interrelacionadas.

LOS TEMAS:

El primer movimiento se llama "The Revealing Science of God" - Dance of Dawn ("La reveladora ciencia de Dios" - "Danza del Alba"). La base de este tema son los shrutis, textos religiosos sagrados transmitidos de generación en generación. La letra ofrece una explicación acerca de la "Ciencia Reveladora de Dios", entendida como "una flor que siempre se está abriendo". El movimiento se desarrolla con una descripción de la grandeza de la vida y el mundo y del conocimiento de Dios por los hombres. En el centro tenemos al protagonista que busca a través de las doctrinas y los mandamientos tener un acercamiento a la "Ciencia Reveladora de Dios"; y a través de los cambios musicales nos podemos dar idea de sus cuestionamientos internos, sus dudas e incertidumbres, pero por sobre todo su constante afán de búsqueda. Según Jon Anderson, este tema (simplemente) "habla del 'amanecer de la luz', del poder y del amor". En lo que respecta a lo musical, este movimiento contiene bellas melodías encadenadas, que generan el complemento ideal para el alto ideal lírico de la obra.

El segundo movimiento llamado "The Remembering" - "High the Memory" ("El Recordar" - "La Alta Memoria"), basado en los Surutis, muestra el desarrollo de los pensamientos de la humanidad y también de sus miedos. Se narra aquí como el hombre tiene presente a Dios a pesar de su ausencia y de la retención de ideas por la mente. La música ayuda a recordar las experiencias que se han sumado hasta formar la memoria acumulativa (y colectiva) de la raza humana. La letra dice: "La alta memoria continua, los momentos permanecen... navega por entre tus sueños... y la fortaleza los recupera en nuestros propios tiempos. La historia es nuestra, continuaremos y buscaremos en el bosque del sol. Soñamos al soñar y soñamos al unísono... y pienso sinceramente que el sol te tomara silenciosamente." Esta es el tema en que más se destaca Rick Wakeman, realizando una muy buena performance con sus sintetizadores sobre el final del movimiento.

El tercer movimiento, "The Ancient" - "Giants Under the Sun" ("Los Antiguos" - "Gigantes Bajo el Sol"), está basado en los Puranas (18 colecciones de leyendas con gran influencia aborigen) y describe la "memoria comunal" desarrollada por los estudiosos y los hombres sabios. También se recrea el sabor de las grandes civilizaciones perdidas que contribuyeron a la formación de la humanidad; y como para afirmar el recuerdo de esas pasadas tradiciones, Los Antiguos recitan los nombres de primitivas divinidades del sol (desde las romanas hasta las aztecas). Los cambiantes estilos musicales reflejan también las cambiantes culturas. El contraste estilístico de la música incluida en “The Ancient” estaba bastante bien marcado ya que este movimiento se componía de dos partes bien determinadas: La primera con ritmos complejos y entrecortados, que recorría la “memoria cultural”, y contrarrestaba con una segunda parte más melódica y acústica (en la que se luce la guitarra de Howe) en donde la voz de Anderson da vida a una lírica repleta de momentos plenos de fantasía ensoñadora. Sin dudas este era uno de los momentos más desarrollados del disco, en donde el grupo se animaba a desarrollar patrones rítmicos irregulares, solos de guitarra angulares y “arranques de electrónica abstracta, en donde Yes comulgaba con lo mejor del avant-rock europeo, aún a riesgo de desilusionar a sus cientos de miles de seguidores o de irritar a la prensa que no toleraba ningún antídoto contra el populismo reinante”, concluye Cambiasso. En una constante y chocante indagación étnica, Yes alcanzaba la cumbre en cuanto a experimentación sonora se refiere, igualándose a grupos como Magma o Egg.

Finalmente, el álbum llega a su "clímax" con su cuarto movimiento llamado "Ritual" - "Nous Sommes du Soleil" ("Ritual" - "Nosotros Somos del Sol"). El concepto incluido en este movimiento está basado en los Tantras y habla acerca de la sabiduría de la vida y lo positivo del puro amor. Según la letra, la vida es una lucha entre el mal y el amor puro. El movimiento empieza con una introducción soberbia de Howe, que recorre buena parte de los leitmotiv musicales desarrollados en los tres partes previas, a la vez que hace un guiño cómplice a los fans del grupo con la citando al riff principal de Close to the Edge. La letra de “Ritual” comienza con el optimismo extremo de haber alcanzado una utopía. Jon Anderson declaró al respecto: "Al final de Tales From Topoghaphic Oceans pusimos una canción de amor, algo muy personal. Creo que mucha gente necesita amor, fortaleza y una especie de energía que los acaricie. Recuerdo, alguna vez, haberme sentido totalmente perdido, y tras escuchar a los Beatles cantar 'All You Need is Love´, pensé: '¡Eso es...! De eso se trata.' Eso me produjo un rejuvenecimiento instantáneo."

En lo que respecta a su contenido musical, este último movimiento pasaba del caos a la calma, primero con un desbocado paseo rítmico y melódico que era proseguido por una desaforada improvisación rítmica (llevada a cabo, principalmente, con instrumentos de percusión y efectos del sintetizador); para desembocar en un final melódico que cerraba, sintetizando, todo el conjunto de melodías desarrollado en cada una de las partes de la obra. Sin dudas, un hermoso final, ideal para un disco de semejante factura y ambición.

Resumiendo, a pesar de las críticas negativas, el disco fue un suceso comercial, ya que alcanzo el primer puesto en Inglaterra y el sexto lugar en los Estados Unidos. Además fue el primer disco en obtener el galardón de ser disco de oro antes de su salida, debido a la gran cantidad de pedidos anticipados que registraron las disquerías. Sin dudas, Tales... fue una obra musical y filosófica descomunal, que aún hoy sigue maravillando a millones de fans que la reconocen como una producción musical única y súper original, ligada tanto a la mente como al alma humana. Y hasta el propio Cambiasso coincide desde su análisis crítico en encontrarle un lado positivo al disco, señalando que “pese a la incontinencia verbal de Anderson, la dudosa relación entre los océanos y la topografía, o los desvaríos que guiaron el proyecto de principio a fin, el tiempo ha sido benévolo con Tales. Lo que a fines de 1973 pudo parecer una monstruosidad resulta a la distancia de una innovación ejemplar. (Después de todo) Pocos estaban dispuestos en aquel entonces a afrontar los riesgos de un grupo en la cima de su popularidad. Hasta en eso puede rastrarse la asociación con los Beatles, siempre ávidos de superarse en su propio juego.”

Tales from Topographic Oceans. El disco más discutido del rock sinfónico. Por supuesto, la última palabra la tiene usted, el oyente, cada vez que la púa (o el láser) recorren la superficie del disco y… ¡Amén!


(Bibliografía: Gracias a Alfredo Rosso, Claudio Kleiman, Jordi Sierra i Fabra y el documental Yesyears)