domingo, 31 de julio de 2016

SIMON & GARFUNKEL, Bridge Over Troubled Water: Canciones neoyorquinas de fogón...




Justo cuando los multicolores 60 terminaban y se transformaban en los problemáticos 70, casi al mismo tiempo que se separaban los Beatles, llegaba a su fin la trayectoria de un dúo emblemático de la música folk rock norteamericana: Simon & Garfunkel. Sí, se separaba la sociedad musical ideada por estos dos jovencitos de los suburbios de Nueva York, quienes habían encontrado el éxito recién con Sound of Silence (1965), luego de intentarlo infructuosamente durante largos años. Un suceso luego capitalizado por la realización de varios albumes clásicos como Parsley, Sage, Rosemary & Thyme (1966) y Bookends (1968), además de la banda sonora de la película El Graduado (1967). Sin embargo, nada evitaría que la comunión artística entre estos dos amigos se empezara a resquebrajar, y que finalmente el telón cayera luego de Bridge Over Troubled Water (1970), su quinto y último álbum de estudio.

Por un lado, estaba presente el nuevo viraje artístico / ideológico de Simon –genio creativo y compositor de todos los temas del dúo-, quién ya empezaba a interesarse por explorar los diferentes sonidos provenientes de las culturas de los países subdesarrollados, como los de Latinoamérica y Africa; además de darse cuenta de que el formato de dúo le quedaba corto. Por el otro, Garfunkel quería apostar a una carrera como cantante solista, a la vez de cultivar su hobbie como actor (cristalizado, más tarde, en sendas interpretaciones en películas como Catch 22 o Conocimiento Carnal). En resumen, he aquí dos visiones artísticas contrastantes que chocaban permanentemente a la hora de producir un nuevo álbum.

Un ejemplo de esto sería el proceso de grabación de su última producción conjunta, cuando Garfunkel no le dio el visto bueno a una canción de protesta de Simon llamada “Cuba Sí, Nixon No”; y éste a su vez rechazó la idea de Garfunkel de que el dúo realizara una versión libre de un coral de Bach. A pesar de todo, estas desavenencias no conspiraron contra la realización de Bridge Over Troubled Water. Un disco lujoso y complejo, que demandaría más de 800 horas de grabación, pero que una vez editado se convertiría en un hit de ventas, hasta llegar a la cifra -hoy inconcebible- de más de 25 millones de copias vendidas en todo el mundo. 

Bridge Over Trouble Water arrancaba con el tema homónimo, una de las canciones más reconocibles y recordadas de la música popular del último siglo. Sin lugar a dudas, un comienzo con tutti en donde Garfunkel realiza la mejor perfomance vocal de su carrera, sobre un fondo símil gospel que empieza con un simple acompañamiento de piano que luego estalla cuando entra una orquesta, en uno de los finales más apoteósicos que haya tenido jamás una canción pop. No por nada, muchas veces, hasta el mismísimo Simon dijo que se arrepintió de no haberla cantado él, porque sin lugar a dudas esta debe ser, junto a “Sound of Silence”, la composición más paradigmática de su carrera, y un verdadero tributo a su “turbulenta” amistad con Garfunkel.

Luego de un comienzo tan prominente no quedaba otra que seguir por esta veta grandiosa. Por eso, la segunda canción del disco es la versión del clásico del Antiplano (y de cualquier músico callejero...) “El Cóndor Pasa” (rebautizado aquí como “If I Could”), quizás la primera incursión de Simon en la world music. Este cover incluye una grabación original del grupo Los Incas, dirigido por el argentino Jorge Milchberg. El tercer tema era otro caramelo popular: “Cecilia”, una explosiva canción acústica, casi de fogón; con frenético ritmo. Inolvidable, hasta aquí, el disco no da respiro con este arrebatador comienzo que desembocaba en la impresionante “Keep the Custumer Satisfied”, una canción que mixtura el folk rock del dúo con el soul de la Motown e incluye un wall of sound formado por una multitud de bronces y percusiones. “So Long, Frank Lloyd Wright”, por el contrario, era una hermosa bosanova, mansa y tranquila, que evocaba la figura de uno de los mayores arquitectos del siglo XX. Luego, llegaba la inmortal “The Boxer”, con sus líricas repleta de ironía y dolor; terminaría siendo una de las canciones del dúo que más versiones tuvo, incluido una de Bob Dylan. “The Only Living Boy in New York” es un tema raro, con una rítmica que semeja casi un proto reggae. De ahí pasamos a “Why Don´t You Write Me”, otra canción desbocadamente alegre; “Bye Bye Love”, un cover dedicado a sus ídolos y maestros inspiradores Los Everly Brothers; y el final del álbum con la delicada “Song for Asking”.

Punto final para una época, y para una propuesta artística que se volvería histórica con el paso de los años. Quizás por eso –y por haber intentado en vano escapar del legado de esta obra inicial-, luego, Simon y Garfunkel se reunirían en varias oportunidades. Comenzando por su histórico concierto multitudinario celebrado al aire libre en Nueva York en septiembre de 1981 -en un Central Park todavía conmocionado por el reciente asesinato de John Lennon-, cuya grabación daría lugar a la edición de un exitoso álbum doble en vivo. Para luego volverse a reunir en 1983 (en un intento frustrado de grabar un nuevo álbum), 1993, y en 2003... Quien sabe, quizá ahora estén pensando volvernos a deleitar con sus viejas melodías de juventud, antes de que se cumplan las profecías, y este viejo y podrido mundo empiece a caerse a pedazos...

Emiliano Acevedo


miércoles, 27 de julio de 2016

COLOR HUMANO: Humanoides Psicobluseros...




Estamos en 1973. En una oficina de Microfón Argentina, el Sr. Mario Kaminsky, uno de los jefes de esta discográfica, les comunica a los tres miembros de Color Humano, que su segundo disco no va a poder ser editado como un álbum doble. "Es por cuestiones presupuestarias", dice Kaminsky. De esta manera, los dos discos saldrán por separado, y serán conocidos como Color Humano 2 y Color Humano 3. Sin embargo, para cuando sea editada la segunda parte de la obra, en 1974, el grupo ya no existía. Y es que Color Humano no iba a poder sobrevivir a la llamada “maldición del segundo disco”. Su caso se sumaría al de varias bandas de la época como Pescado Rabioso, Manal, Almendra, y posteriores como La Máquina de Hacer Pájaros, Crucis, Ave Rock, Espíritu o Alas, que también se terminaron separando luego de editar su segundo álbum. En el caso puntual de Color Humano, su separación ponía fin a una de las agrupaciones más originales del rock argentino de todas las épocas.

"Las cuestiones presupuestarias" que evitaron que su segunda producción fuera editada como un álbum doble eran consecuencia de la Crisis del Petróleo desatada en 1973, cuando los países árabes productores de petróleo triplicaron el precio del barril de crudo. Esta sería la mayor crisis económica de los últimos 50 años y el final de la edad dorada del capitalismo. En lo que respecta a la industria discográfica, la crisis petrolera la afectaría en forma directa, resintiendo la producción del vinilo. Y aunque Supertramp se burlaba de esta situación intitulando a su cuarto disco Crisis, What Crisis?, la crisis, en efecto, era una realidad palpable que conspiró a nivel mundial en contra de la aparición de nuevos artistas y la edición de discos.

Color Humano había nacido como una invención del guitarrista, cantante y compositor Edelmiro Molinari. Justamente, el nombre de este nuevo grupo había surgido de una larga y brillante composición suya incluida en el histórico primer disco de Almendra. Molinari había fundado Color Humano junto a Rinaldo Rafanelli (bajo) y David Lebón (batería) a fines de 1971, luego de la separación de Almendra. Más tarde, este nuevo power trio editaría su álbum homónimo en 1972, que fue una impresionante demostración de principios y le voló la cabeza a propios y extraños con su sonido psicodélico. En resumen, un debut histórico que incluyó temazos como “Padre Sol, Madre Sol”, “Sílbame cabeza”, “Larga vida al sol”, “El hachazo” o “Humberto”; todas, canciones que  erigieron a Color Humano como uno de los principales exponentes de la música progresiva argentina.

Molinari cantaba las canciones de una manera inimitable, casi "hablando" las letras, sobre una poderosa base formada por Rafanelli y Lebón, quien tocaba la batería “al revés” imitando a su ídolo Ginger Baker. Poco después de editar su primer álbum, Lebón abandona Color Humano para irse a tocar el bajo en Pescado Rabioso y es sustituido por Oscar Moro. Con esta nueva formación, el grupo se presentaría en el tercer Festival B.A. Rock de 1972. Un evento que sería registrado en la película Rock hasta que se ponga el sol, casi la “Woodstock argentina". Este film incluía lo mejor del rock autóctono de la época con grupos y solistas como Billy Bond y la Pesada del Rock, León Gieco, Vox Dei, Orion´s Beethoven, Pappo´s Blues, Pescado Rabioso, Arco Iris, Litto Nebbia y (nada menos que) el debut de Sui Generis. Justamente, Color Humano abría la película tocando en un bosque "Larga Vida al Sol", un tema que había formado parte de su primer disco, al que seguía “Cosas Rusticas”.

Luego de esta participación en Rock Hasta Que Se Ponga el Sol, entre marzo y junio de 1973 en los estudios Phonalex, el grupo se dispone a grabar su segundo álbum. Un proyecto faraónico en el cual Molinari se autoerigió como líder indiscutido de la banda. Esta situación resentiría las relaciones personales del guitarrista con respecto a los otros dos integrantes del grupo: "Era un dictador. Nos trataba como si fuéramos meros 'samplers' humanos", declararía Rafanelli muchos años después. A pesar de estos desacuerdos, la grabación progresaría dando lugar a uno de los discos dobles más impresionantes que se hayan editado jamás en la historia del rock nacional. De principio a fin, esta es una producción fundamental para comprender como fue el rock argentino de los 70.

La primera parte (Color Humano 2) arrancaba con "La Sangre del Sol", un tema psicodélico y potente que contaba con un entramado rítmico y musical muy original y sofisticado. Esta impronta psicodélica prosigue en "La Tierra del Gitano", una pieza que mezcla la sutileza del jazz con el rock progresivo. Por su parte, "Pascual Tal Cual" se relacionaba con la música del universo paralelo de esa otra gran agrupación argentina que se llamó Aquelarre. Con su cadencia cansina, "Humanoides" -tema compuesto por Rafanelli- se acercaba a las maravillosas letanías lisérgicas del Pink Floyd de Meddle o A Saucerful of Secrets. Luego llega el sutil "Blues de Adelina", una compleja pieza que excede al blues tradicional y cuadrado. Así llegamos a "Va a Salir un Lugar", una descomunal y excesiva improvisación de casi 15 minutos en la que Molinari les dejaba, casi como si fuera una tregua, lugar de sobra a sus dos compañeros para que desarrollen sus propios solos. Este tema, a pesar de ser un tanto repetitivo, contenía una lírica excelente. Más tarde, “Va a Salir un Lugar” sería incluido, junto a otros temas de sendos grupos argentinos, en un álbum recopilatorio de un programa de radio de la época llamado Rock Para Mis Amigos (Vol. 1).

La “segunda parte” de este álbum doble comenzaba con "Hombre de las Cumbres", una muestra contundente de la poesía surrealista de Edelmiro. Pero si hay un tema de Color Humano que quedaría en el recuerdo del público rockero ese fue "Mañana Por la Noche". Un blues cuadrado que incluía una letra desopilante, exagerada e irónica que se burlaba de las líricas tristes del blues tradicional. Por el contrario, "A Través de los Inviernos", con la participación de Egle Martin en las percusiones, era una potente e impresionante pieza de rock pesado que funcionaba como la réplica (literal) a "Haz tu mente al invierno del sur", un tema compuesto por Gabriela y Litto Nebbia. Gabriela, pareja de Edelmiro en esa época, fue (junto a Carola Cutaia) una de las primeras mujeres que se animó a hacer rock en nuestro país. Esta cantante de rock y folk venía de editar un álbum solista y también de participar en Rock Hasta Que Se Ponga el Sol, además de haber cantado a dúo con Molinari en el primer tema del primer disco de Color Humano (“Padre Sol, Madre Sol”). En la letra de "Haz tu mente al invierno del sur", Gabriela parecía aconsejar a Molinari para que se quedase viviendo en el país y dejara de pensar en emigrar. La feroz respuesta de Molinari llegaría luego con "A través de los inviernos", una pieza que sepultaba con toda su potencia a aquella otra que le dio origen. En la práctica, el resultado final (casi paradigmático) fue que Molinari se saldría con la suya, llevándose a Gabriela a vivir con él a Estados Unidos, no mucho tiempo después, escapando (como varios de sus colegas del rock) del clima social y político enrarecido de nuestro país.
  
Siguiendo con este álbum de Color Humano es tiempo de hablar de otra brillante página musical intitulada "Hace casi 2000 años". Un tema maravilloso que con sus monumentales cambios climáticos se acerca a las ensoñaciones de Hendrix en el disco Electric Ladyland. Sin dudas, ésta es una de las piezas más descomunales de Color Humano, en donde se destacaba la participacion de la cantante lírica Alicia Varadi.

El final de “Hace Casi 2000 Años” se enganchaba a "Cosas Rusticas (Coto de caza)", otra de las canciones más recordadas del trío. Un tema que pasó a la historia del rock argentino por ser uno de los más originales de su época debido a sus contrapuntos rítmicos. Comenzaba con una elaborada introducción que daba lugar a una de las mejores y más imaginativas letras de Edelmiro. Así llegamos a "La Historia que Tengo", otra pieza sutil y poderosa. Un canto de libertad y locura psicodélica. A continuación, el álbum finalizaba con "Vestidos de Agua", una agradable y delicada pieza acústica. Casi un cuento infantil y volado, que contaba con la participación del talentoso Jorge Cutello en flauta traversa. En esta última canción, Molinari nos invitaba a un último viaje sonoro por un maravilloso país de niños lisérgicos, sumergido en el fondo del mar. El final de esta canción es conmovedor e inolvidable, con Molinari y Rafanelli cantando a dúo "cada vez que te miro, aumenta mi ilusión". Una frase que se repetía una y otra vez hasta ser abruptamente cortada en seco.


Así de abrupto sería también el final de la historia de Color Humano. Nos quedan sus dos (o tres, mejor dicho) discos como legado. Una herencia musical corta pero muy rica que nos proporciona la oportunidad para seguir dejándose hipnotizar por aquellas ensoñaciones que seguirán, por siempre, aumentando las ilusiones y fantasías de muchos amantes del mejor rock argentino...

Emiliano Acevedo