jueves, 28 de enero de 2016

EL ROCK DEL PRINCIPIO, entrevista a Poli Martínez



Encontrarse a charlar con Gabriel Poli Martínez es empezar a entender y conocer varias de las historias que fueron nutriendo los primeros tiempos de nuestro querido rock argentino. Y es que este pionero, protagonista y testigo de los albores de este género musical, se paseó, guitarra al hombro, por varios de los recovecos en donde explotaba esta música ruidosa que le metía el dedo en el culo a la rígida moralina de la Argentina de la Dictadura de Ongania, perturbando las obtusas mentes de las autoridades y los adultos, y revolucionando la vida de muchos jóvenes. Entre esos náufragos de entonces, navegó Poli también. Y se dio el lujo de tocar con varios referentes, que luego pasarían a la historia, en grupos míticos como Los Abuelos de la Nada, Conexión Número Cinco, La Pesada del Rock n´ Roll y La Banda del Oeste.

Esa fue la primera parte de esta historia. Luego, como tantos otros, a mitad de los 70, Poli Martínez se escapó de la represión socio-político-cultural que ya se venía con todo, radicándose en Europa. Allí sigue aún. Y aún queda mucho de aquel jovencito soñador y bohemio en este adulto de hoy, maestro de música y baile, que vive en el sur de Alemania. Quizás, muchos menores de 40 años, no conozcan su nombre e historia personal. Pero la suya es una de las tantas que nutrieron y dieron forma a esta música rock que amamos, creando nuevos sonidos cuando aún no había nada.

ENTREVISTA> ¿Cuáles son tus primeros recuerdos asociados a la música?
Si encuentro el botón de playback tendría una cantidad bastante grande para rebobinar en mi disco duro. Originalmente, esos recuerdos también están asociados con el baile. De pibe me gustaba escuchar los discos que ya estaban olvidados en algún rincón de la casa, y que todavía sobrevivían al polvo y los antiguos recuerdos. Eran de 78 revoluciones por minuto, bien grandes y pesados, aquellos de las décadas del 40 y 50. Después aparecerían los que llamaban comúnmente de acetato o acrílico.

En Conexión Nro. 5
¿Y cómo fue tu formación como músico? ¿Autodidacta o estudiaste con profesores?
Fui autodidacta, me lo enseñé todo yo. Lo que deseaba aprender en aquella época no lo enseñaba ningún maestro de música.

¿Por qué elegiste tocar la guitarra?
Quizás porque al principio no quise tocar el piano, me dio miedo que un profesor viniera a la casa. Me gustaba ser libre.

¿Y qué músicos te influenciaron en ese momento?
Originalmente fueron los artistas de la época de mis viejos, más adelante fueron los Beatles, The Who y también películas como A Hard Day’s Night, Help, Woodstock.

¿Qué discos e intérpretes te volaron la cabeza?
¡Muchos!, la lista sería muy extensa. The Who, Hendrix, Cream, Led Zeppelin, Jeff Beck, Deep Purple, Frank Zappa, Jethro Tull, Billy Cobham, Weather Report, Mahavishnu Orchestra, ¡Piazzolla! Música clásica, Jazz, pero como ves, éstos solo son los más conocidos…

¿Y cuándo fue que empezaste a componer tu propio material?
El sentimiento y la idea nació de poco a poco, al experimentar deseos de expresar a través de mi instrumento, ciertos estados mentales y emocionales de la situación por la cual nuestra vida atravesaba en aquella época.

¿Cómo era la movida rockera en tu barrio en esos primeros tiempos del rock argentino?
Nací en Floresta, así que mi pódium fue el Parque Avellaneda, Me movía también por Flores y hacia el Centro. En mi barrio hubo buenos músicos conocidos y algunos no tanto, también. Por ejemplo, justo enfrente mío tenia a un amigo de infancia; Rubén Biscione con Los Mentales, que, como muchos otros, ya ha emprendido su viaje al más allá.
En Ramos Mejía tenia a Willy Gardi, que era el violero de El Reloj, y éramos primos. Él se fue también. Fuimos muy amigos desde los 14 años. Cuando tocó por primera vez adelante mío con su viola criolla “Ticket to Ride”, me quedé encantado. Por aquella época yo no tenía idea de lo que era una guitarra. Después todo fue cambiando.
Y en Caballito conocí a Cacho Lafalce, que se fue también. Originalmente teníamos un trio no oficial con el Negro Black (Amaya). Mucho después Cacho participó en Huinca, con Rinaldo Rafanelli y Litto Nebbia.

¿Llegaste a frecuentar La Cueva?
No. Creo que ya la habían cerrado y además eso ya era tabú, y un punto imán ideal para que te transportaran “los extraterrestres regresivos de azul” hacia lugares no deseados. Hubiera sido un necio ignorante si hubiera querido parar en la puerta para experimentar algo o querer encontrarme con algún músico.

Los Abuelos
¿Y cómo te empezás a contactar con la movida, los músicos y managers, del rock porteño de esos años?
Una parte de aquella experiencia se desenvolvió de un modo bastante caótico. En un periodo me encontraba con Los Abuelos de la Nada (Pomo, Alberto Abuelo, Micky Lara, Mayoneso y yo). Esto fue después que Miguel (Abuelo) había grabado su “Diana Divaga”, abandonando el grupo, y yéndose a España. Para colmo, después Pappo también termina abandonando esta nueva formación de los Abuelos. Ahí entré yo. Lamentablemente, no pudimos participar del lanzamiento del sello Mandioca, de Jorge Álvarez, que se hizo el 12 de noviembre de 1968 en el Teatro Apolo, que quedaba en la Calle Corrientes. Ese día se produjo debut de Manal, nada menos. Nosotros no pudimos tocar, ¡por la simple causa que nos faltaban los equipos!, imagínate.
Con aquellos nuevos Abuelos fuimos al primer histórico recital organizado por Mandioca en Mar del Plata, dirigido por Jorge Álvarez y compañía, también juntos con Manal y otros. Algunos se acuerdan todavía muy bien de aquello. De ahí surgió también esa fotito con Bonavena escuchando música en el suelo. Tanguito no estaba permitido en el programa, pero se había auto invitado él solo. Como ves, todo eso fue lo que antes solíamos llamar los comienzos de “el circo”.

¿Y qué opinas del desarrollo posterior del género en nuestro país?
Mejoró, pero todavía hay mucho que pulir. Me refiero a que hay que abolir toda creencia obsoleta y dejar de adorar a cualquier grupo extranjero como si fueran dioses, porque esto es solo desconocimiento. La publicidad que te injertan en tu disco duro es la que te convierte en un zombi sin entendimiento y sin propia experiencia.
Todos sabemos que el blues fue negro y nació de los esclavos. Así como tampoco existió un genuino tango finlandés o canadiense. También es muy lindo que los japoneses vengan a Europa y se pongan a tocar, todos en masa, música clásica, como si fueran robots blancos, si ellos así lo sienten y les gusta. Pero creo que sería bueno crear música con raíz nueva y personal, y, sobre todo, dejar la adoración y el fanatismo. Por lo que concierne al sonido, claro que mejoró el rock en nuestro país, puesto que la técnica tuvo 40 años más de desarrollo. Antes era todo a válvula y banda celuloide.

Sol
¿Después que se termina lo de los Abuelos, qué hacés?
Toqué en un grupo pop llamado Sol; también en Conexión Número Cinco, el conjunto que acompañaba al cantante Carlos Bisso, también después que se fue Pappo. Por supuesto, en Los Gatos no quise tocar, para que no dijeran que le seguía los pasos al Carpo… jajá.

¿Cómo te juntás con la Pesada del Rock n Roll?
¡Por desgracia! Me atrapó Billy (Bond) para que grabe en su disco y no supe como negarme.

¿Y qué recordás de tu participación en ese primer disco de la Pesada?
Recuerdo que no tenía ganas de llevar mi Gibson Les Paul al estudio, y como estaba la guitarra blanca de Kubero (Díaz) tirada en una esquina, me fue más fácil grabar con ella. Las grabaciones con Billy están hechas con mi Gibson.

¿Cómo era tu relación con otros músicos del rock argentino de esos primeros tiempos?
Conocí a muchos músicos, mejor dicho a aquellos que empezaban a convertirse en músicos, y que hoy, quizás, tienen nombres de calle o estatuas por algún lugar, cuando apenas eran reconocidos por su mamá y algunos otros pocos más de su barrio.
La relación entre los músicos siempre fue muy compleja, o por lo menos así se hacía captar. Había momentos de gloria y momentos tristes. Muchos vivian en su creencia del estrellato, pero así mismo en su pobreza espiritual o mejor dicho musical. Otros eran muy buenos músicos, pero no tenían buenos instrumentos, y para colmo hasta faltaban los equipos. Rondaba mucho el fanatismo, la adoración, y, por supuesto, una concurrencia egocéntrica total. Desgraciadamente, todo esto lo acentuaba y lo alimentaba el público que seguía, ciegamente y como embobados, a estos seres tan especiales como si fueran los mismos dioses.

¿Cómo surge La Banda del Oeste?
Con muchos obstáculos y desencantos, por aquellos tiempos en que se acercaba la gran dictadura.

¿Cómo fueron desarrollando el sonido de la banda? ¿Cómo lograron ese sonido de rock pesado tan visceral, que no se parecía a ningún otro grupo argentino de la época?
Simplemente porque Diego Villanueva (batería) y Alejandro Marassi (bajo) sabían muy bien lo que querían, y lo tenían ya todo pensado y bien dibujado. Entré al grupo para reemplazar a Claudio Ravecca, pero ellos ya venían tocando, hasta habían participado del primer BaRock en 1970. Yo era la pieza que necesitaban para completar aquel power trío que estaban ambicionando.

¿Qué recordás de la participación de La Banda del Oeste en el Festival de la Jotapé, en marzo de 1973?
Es medio difuso eso. Lo cierto es que fue organizado por la Juventud Peronista, en la cancha de Argentinos Juniors. Había gente por todos lados, en las tribunas, el campo. Todo iba bien hasta que subió a dar un discurso Solano Lima, el vicepresidente de Cámpora. Ahí medio que se pudrió todo, porque que se politizó del todo el clima del Festival. El grupo empezó a tocar, se largó a llover, después del tercer tema, y se suspendió todo.

¿Y cómo surge la posibilidad de grabar un simple (con los temas “Rock del principio” y “Tema de la banda”) en Talent, la compañía de Jorge Álvarez?
El que se acuerda de eso es Alejandro Marassi. La otra vez le pregunté y él, por mail, por supuesto, porque hace 20 años que vive en Paris, me contaba que el simple lo grabamos en los estudios Phonalex, que quedaban enfrente del Instituto del Lisiado. Me hizo acordar que cuando salimos de la grabación, ¡nos llevaron presos! Nosotros solo estábamos parados en la parada del colectivo, cuando cayó la cana. Talent era un apéndice de Microfón, como si fuera la parte rock de Microfón, digamos…

¿Por qué no pudieron grabar un larga duración?
Por varios motivos. Según la opinión de Alejandro Marassi, si Diego (Villanueva) no se hubiera peleado con Jorge Álvarez, hoy tendríamos un lugar serio en el rock nacional. Lo cierto es que la Banda mataba, nos elogiaban los otros músicos. Varios, como Luis (Alberto Spinetta), los Vox Dei, los Manal, etc.; todos decían que el grupo mataba. Cuando yo entro al grupo, conseguimos el aval de Billy Bond, quien hacía de nexo con Álvarez para que empezáramos a grabar. Después no seguimos porque hubo una pelea con Álvarez, que quería que el grupo adoptara una imagen más “sexy”, en especial Diego. Bueno, ahí se pudrió todo porque él lo mandó al carajo. Claro, como me decía Alejandro, la relación con Álvarez y Billy fue muy buena hasta esa pelea, que nos corta la posibilidad de entrar a grabar el larga duración que ya estaba programado. Y, la verdad, no entiendo que querían, porque Billy no tenia nada de sexy, siempre con su camiseta, panza, pelo largo y barba, en fin... Por otro lado, era una época muy complicada para ser rockero, dos por tres nos metían en cana, apenas salíamos a la calle. Después de la ruptura con Álvarez, Diego y Alejandro se van al sur, al Bolsón, y graban el disco de Miguel Cantilo y Grupo Sur

La Banda del Oeste: Poli, Daniel y Alejandro.
 
¿Y por qué crees que La Banda del Oeste no duró más en el tiempo, aunque luego fueron reconocidos como un grupo de culto, y ahora ese simple es objeto de colección?
Después no estuve más al tanto de nada. No sabía que fuimos reconocidos de esa forma, pero doy gracias a la gente que nos escucharon a través del tiempo y también del espacio.

Grabando con La Pesada.
¿Alguna vez fantaseaste hasta adonde hubiesen llegado si el grupo hubiese seguido tocando?
Creo que hoy hubiésemos tenido 3000 amigos en Facebook y hubiéramos hecho una Banda del Oeste II, para aceptar todavía a mas amigos… (risas)

¿Cuándo y por qué decidís irte del país?
En sí, decidimos irnos todos. La razón principal venía de las ganas de conocer otros lugares, pero sobre todo nos vamos por la Dictadura que ya se venía. Me acuerdo que el batero Luis Gambolini me decía, ya en el 73: “los militares van a dar con todo”. Así que nos vamos. Yo decidí viajar a Europa. Luego, el Negro Black se enteró de esto y se anotó también en la lista del barco. Diego y Alejandro ya se habían desplazado hacia el sur de la Argentina, antes de grabar algo más con Cantilo.   

¿Cómo sigue tu carrera en Alemania? ¿Por qué decidís radicarte en ese país?
Fue el destino. Por los 80 conocí muchos alemanes y me dieron ganas.

¿Y porque nunca tuviste ganas de volver a vivir en Argentina?
Porque me acostumbre a Europa, al Viejo Mundo.

¿Cómo es para vos ser un argentino “anclao en Alemania”, desde hace tantos años? 
A veces me siento como un viajero intergaláctico en Marte o quizás en Saturno, sabiendo que la Tierra existió alguna vez y que sigo perteneciendo a ella.
Aquí también se baila tango y se toma mate, comen helados en invierno y al mismo tiempo se pueden vestir también de blanco o amarillo, lo que queda bien con la nieve, que se pone también amarilla. Toman cerveza hasta cuando hace frio, lo que lógicamente te da calor. Suben a los trenes o los tranvías y buses, cuando la gente todavía no bajo. Bloquean las veredas para hablar y tenés que seguir caminado por la calle. Caminan derecho hasta que si no los esquivas te chocan, pero después te piden perdón. Si se te cae algo, lo recogen y te lo dan. No roban, por lo menos cualquier tontería que se encuentran por la calle, como lo harían algunos en Sudamérica. Te devuelven la guita si la perdés, ¡a mí me pasó! Te prestan guita y te la devuelven si la prestaste. A veces hasta te la pueden regalar, como también otras cosas. En resumen, vivir acá tiene muchos lados positivos, y también otros de los cuales nosotros no acostumbramos a ver, pero no solo en lo material. Quizás porque es el Viejo Mundo y pasaron muchos años.   

¿Y qué te sorprende de nuestro país, cada vez que venís de visita?
Que a pesar de estar más lleno de edificios, casas, calles cambiadas y millones de nuevos seres, la cultura no cambió demasiado. Todo cambia pero sigue siendo todo igual. Siguen afanando, odiándose los unos a los otros, matándose entre ellos y no respetando a nadie y ni siquiera a ellos mismos. Están desgraciadamente divididos y a causa de algo que va más allá de nuestro entendimiento.
Algunos de los comentarios que hace cierta gente por Facebook dan asco, por estar llenos de arrogancia, discriminación y falta de respeto.  
Los años pasaron pero la distorsión o la ignorancia siempre persisten para seguir creciendo de nuevo. Es una raíz muy dura de arrancar pero esto no lo sufren solo los argentinos.  

¿Qué músicas escuchás y te gustan en la actualidad?
Muy variada: Clásica, Jazz, Rock, músicas de diferentes culturas y épocas. Funk, Soul, Rhythm and Blues... No lo podría nombrar todo, ¡porque la gente se cansaría de leer!

¿Estás al tanto  del rock argentino actual? ¿Te gusta algo?
Todavía no me tomé el tiempo de indagar mucho, pero adelantando diría; El Reloj me sigue gustando, y también los Robertones con Black. El grupo de Pomo, El Don, también me gusta.

Y en relación a esto, ¿cuál es tu opinión acerca del presente de la música popular argentina?
Hay mucha gente desconocida, músicos geniales que viajan al extranjero, exportando y trayendo consigo sus propias composiciones y arreglos. Escucho bastantes emisoras de radio de Francia y Alemania, programas culturales y por supuesto cultura musical. Ahora con internet llegás a cualquier lado y te quedás con la boca abierta, descubriendo videos de tantos talentos que andan por ahí, conciertos de todo estilo y tiempos, de los cuales antes nosotros solamente los podíamos ver en sueños o con nuestra propia imaginación. Pero puede pasar también que de repente te encuentres con un video de alguien sentado sobre un inodoro y te quieran convencer que no es solo un asco.

¿Qué intérpretes de nuestra música popular te gustan?
Lo típico del Tango y del Folklore: Piazzolla, D'Arienzo, Edmundo Rivero, Goyeneche, Los Chalchaleros, Atahualpa, Mercedes Sosa… Esos son tan solo algunos, la lista sería infinita.

¿Cuál es tu opinión acerca del presente de la música, con respecto a la caída de la Industria Discográfica y el advenimiento de las nuevas formas de difusión y el tema de las descargas ilegales por medio del uso de Internet?
Ese es un fenómeno que ha pasado con la televisión, gracias a Dios, pero desgraciadamente con los libros también. Ahora se ve todo por internet, no necesitás ir a la cancha o al cine, tampoco ir a un concierto o a una escuela de música o de cocina, esta todo ahí. Hay mucha gente que le gusta lo virtual. El teléfono móvil se apodera de toda tu concentración. Se producen inmensas cantidades de plástico y los océanos están llenos. Ahora muchos músicos tocan solos acompañados de bandas virtuales, por un lado se ahorra pero por otro se pierde encanto. 

¿Y en qué actividad profesional de todas las que fuiste desarrollando te sentís más cómodo?
En música y baile. Soy profesor de guitarra y de baile. Es más, en el año 2007 conseguí un primer puesto en la competición de baile, en la disciplina Latin, en el torneo perteneciente a la región de Baden Württemberg, Alemania.

Una pregunta que le hacemos a todos nuestros entrevistados: ¿Qué canción de otro artista te hubiese gustado componer a vos?
Al desear algo así me sentiría extrañamente como robándole el mérito que lograron ellos. Pero confieso que me hubiera gustado participar en varias bandas famosas, no por vivir solo su fama y todo lo demás, sino por su música en sí. Sin ser arrogante o naif, pienso que hubiera podido, sin obstáculos y con un indescriptible placer, participar en las nuevas formaciones que algunos músicos grosos fueron creando, casi siempre después de su gran apogeo.
Por ejemplo, en los 80, me encontré con Jack Bruce en Ámsterdam, en el bar de “Melkeweg” (traducido como Milky Way o Vía Láctea), estaba tomando algo justo antes de empezar el concierto. Esta persona era humilde. Intercambiamos algunas pocas palabras, y se me pasó como un rayo por la cabeza, ofrecerme como guitarrista para su banda. Puede que esto hubiese sido parte de un viaje psicodélico, pero también algo natural y algo concreto, si Bruce hubiese estado de acuerdo. Soñar se puede de diferentes formas, solo que uno mismo decide, si el sueño se convierte en realidad.

¿Cuáles son tus proyectos actuales y a futuro, Poli?
Ser feliz, seguir aprendiendo.
Espero que en mi próxima vuelta a la Argentina haya músicos que se interesen en compartir nuevas experiencias conmigo. A todos aquellos que tengan algún motivo y que vean algo positivo en todo esto, por favor conéctense conmigo. Estoy abierto a nuevas ideas y buenos momentos.
¡Les envío mucha vibración positiva! Y que triunfen con lo que estén haciendo.

(Para contactar a Gabriel Poli Martínez: polinez@onlinehome.de)

Emiliano Acevedo


martes, 26 de enero de 2016

ROQUE NARVAJA, Octubre: Rock para la liberación



Mucho antes de emprender su exitosa carrera como cantautor pop en la España de los 80, con una serie de hits memorables como “Amante de Cartón”, “Santa Lucía”, “Menta y Limón” y “Yo Quería ser Mayor”, Roque Narvaja editó una trilogía de álbumes memorables y malditos: Octubre (Mes de Cambios) (1972), Primavera para un valle de lágrimas (1973) y Chimango (1974). Hermosos discos repletos de canciones que reflejaban una época de plena convulsión política, social y cultural.

Por supuesto, Narvaja es uno de los cantautores que más discos ha vendido en la Argentina. Ya que no hay que olvidar que, además de su éxito español, tuvo una primera etapa muy popular a fines de los 60, siendo adolescente, al frente de La Joven Guardia, cuando compuso temas fundamentales del beat argentino como “El extraño del pelo largo”, “La extraña de las botas rosas” y “La reina de la canción “. Melodías que llegaron hasta a ser adoptadas por las hinchadas en las canchas (incluso, mucho después, la hinchada de Boca se apropiaría de “Ni una palabra de más”, una canción de los años españoles de Narvaja, para dedicarles triunfos xeneises a sus rivales riverplatenses...)

Por el contrario, sus tres primeros discos como solista permanecieron casi como un objeto de culto. Aunque fueron bien recibidas por la crítica y el público, estas obras tuvieron la desgracia de ser catalogadas como discos panfletarios, “de protesta”, en un contexto político convulsivo. Esto explicaría el destino maldito de Octubre y su sucesor, Primavera para un Valle de Lágrimas, dos producciones demasiado expuestas por el contenido de sus letras. Por eso, debido a las persecuciones y la censura, en 1977, Roque, amenazado, tuvo que irse del país. Su destino lo depositaría en España. Allí, luego de una etapa llena de incertidumbre, consigue triunfar cuando Miguel Ríos le versiona su tema “Santa Lucía”. Entonces, a partir de 1981, Narvaja comenzará a paladear las mieles del éxito masivo con una carrera solista pop repleta de hits radiales. Una nueva carrera, bastante diferente de su magistral trilogía de álbumes realizados a comienzos de los convulsionados años 70.

Hoy nos vamos a ocupar del primer opus de esta trilogía seminal perfecta: Octubre (Mes de Cambios), elegido por la revista Rolling Stone como uno de “los mejores 100 álbumes de los primeros 40 años del rock nacional”. Esta obra es mucho más que un disco políticamente radicalizado o de protesta, categorizaciones simplistas que no dan cuenta de la labor artística llevada a cabo por Narvaja. Sus letras mezclan lo personal y lo social, y su amor por el folk y el rock junto a pioneras exploraciones de ritmos folklóricos argentinos y latinoamericanos.

Para grabar un disco tan jugado, Narvaja debió dejar la multinacional RCA (con la que había editado sus éxitos de la Joven Guardia) y pasarse a Trova, precursor sello independiente artesanal, dirigido por Alfredo Radoszynski. En esa recordada discográfica también grababan Piazzolla, Vinicius de Moraes (junto a Toquinho y María Creuza), Les Luthiers, Aquelarre, Litto Nebbia y Pedro y Pablo, entre otros artistas. Precisamente con éstos últimos había colaborado Roque en la grabación de Conesa, otro de los grandes discos de la época, y luego Narvaja llamaría al dúo formado por Miguel Cantilo y Jorge Durietz para que colaboraran en la grabación de Octubre. Además de Pedro y Pablo, también participan en el álbum de Narvaja: Litto Nebbia, Domingo Cura y el quenista Uña Ramos.

Narvaja, quien ya había empezado a interpretar y componer en una veta más comprometida en los últimos tiempos de la Joven Guardia (por ejemplo en el tema “Tu Libertad”), incrementaría esta tendencia en Octubre. No por nada, estas canciones reflejaban, ya desde los títulos, el clima de una época en donde la revolución parecía estar ahí a la vuelta, como algo posible e inminente: “Octubre (mes de cambios)”, “Revolución mi amor”, “Camilo y Ernesto”. Por ejemplo, “Balada para Luis” estaba dedicada a la memoria de Luis Pujals, dirigente del PRT-ERP en Rosario, que fue secuestrado el 17 de septiembre de 1971. El cuerpo de Pujals nunca apareció y sus asesinos quedaron impunes. Octubre también traía canciones que celebraban la vida en comunidad como “Traigan Vino” o el amor libre en “De Leche y Miel”. Por otro lado, “Sobre la Confusión” estaba en la misma línea que “Revolución mi amor”. Su letra decía: “Sobre la confusión, avanza la revolución. Desde nuestro panteón, brindamos por la nación...

Ya para esa época Roque, quién se definía como “peronista y progresista”, se había puesto a militar en la Juventud Peronista. Por eso el título de la canción “Octubre (mes de cambios)” no sólo hacía mención al mes de la Revolución Rusa, sino también al mes del asesinato del Che Guevara y el Día de la Lealtad Peronista. Precisamente, la figura del Che es homenajeada, junto a la de Camilo Cienfuegos, en la hermosa canción (de plena inspiración cubana) llamada “Camilo y Ernesto”: “Camilo y Ernesto fueron a rescatar una cruz, la antorcha de los caídos en una guerra sin luz.” Por otra parte en “A Través de los Andes” se retrataba la imagen idílica que el progresismo tenía del Chile gobernado por Salvador Allende. El sueño realizado de establecer una patria socialista en Sudamérica, un espejismo que sería destruido en forma abrupta en poco tiempo, por el golpe asesino de Pinochet. Octubre finalizaba con “Dame el Sol”, un alegato en contra de la explotación de los trabajadores de la zafra, recolectores “de mil cañas y una más”. Una canción potente, compuesta a medias entre Litto Nebbia y Roque, que concluye con un impresionante solo de guitarra eléctrica de Narvaja; mixturando en forma muy atractiva el rock con el folklore latinoamericano (con un sonido que recuerda a los Jaivas). El final acorde para un disco comprometido y espectacular.

E.A.


sábado, 23 de enero de 2016

ÁNIMA BENDITA: Luis Alberto Spinetta



Ilustración: Ariel Tenorio (http://ccelrock.blogspot.com.ar)
Ir a ver a un show de Spinetta era como concurrir a una ceremonia, un rito. Todos los que alguna vez fueron a verlo en vivo lo saben. Yo recuerdo especialmente un concierto que dio al aire libre en Palermo, en el verano de 1996. Se presentaban Los Socios del Desierto y ahí Luis iba a ofrecer un repertorio en su mayoría inédito, porque aún no había salido el disco de este nuevo power trío. Me acuerdo que, de tan temprano que fui, hasta vi la prueba de sonido. Allí, un Spinetta en bermudas probaba el volumen del sonido y mostraba un poquito las canciones que cantaría más tarde, a la noche. Mientras tanto, varias personas –incrédulas o no-, ajenas a tan magno evento, pasaban caminando por el parque, y lo saludaban. Como de costumbre, alguien le decía: “Flaco, ¡tocá Muchacha…!”; y él amagaba cantarla: “Muchacha…”, para después agregar: “No, esa no la canto ni en pedo…”

Ese era Luis, un tipo sencillo, simple; bien alejado del rockstar pomelomizado o de los delirios del show business. Por eso no era raro de que siempre fuera Spinetta alguien con el que te gustaba identificarte. Lo sentías cercano. Si hasta podías delirar pensando que era un tío lejano o un hermano mayor cuando tiraba la frase "¡¿Y para esto me operé?!", describiendo con humor lo que significaba realizar un esfuerzo en vano. Por otro lado, escuchando sus discos uno podía aprehender (y aprender, también) bastante de su esencia artística, a partir de su poesía e iluminaciones. Era un artista con todas las letras, único; indescifrable. Un tipo que mutó todo el tiempo, y que hizo casi todo bien. Quizás, el único artista que se le parezca (a nivel internacional, y salvando las distancias) sea David Bowie, otro camaleón que se paseó con soltura por innumerables estilos. Sin embargo, lo de Luis no tiene parangón, y está más allá de cualquier comparación caprichosa. Por eso uno se sentía parte de una elite escuchando sus álbumes. Hiciese el estilo que fuera (la psicodelia de Spinettalandia, el jazz rock de A 18´ del Sol, o el rock pesado de Pescado), la suya, no era una música para cualquiera, aunque, a veces, hubiese escrito muchos temas exitosos que sonaban en la radio.

Los discos de Spinetta se digerían de a poco, degustándolos como un buen vino, apreciando nuevas maravillas musicales y líricas en cada escucha sucesiva. Así, uno se daba porte de ser fan acérrimo de su música, como diciendo: “Sí, yo escucho a Spinetta…”; aunque él (como cantó en “No Seas Fanática”) odiaba los fanatismos. Todos te van a decir lo mismo: “La primera vez que lo escuché, me cambio la vida…”, o cosas parecidas; y parece verso, pero algo de eso hay. En mi caso, la primera vez se dio escuchando “Poseído del Alba”, mortal canción incluida en el segundo disco de Pescado Rabioso. Yo no la escuché ahí sino en un compilado de vinilo (hecho pelota) de mi hermano llamado Alternativa, que traía varios temas de los pioneros del rock de acá. Me acuerdo de escuchar esa letra increíble que decía “Hoy te quiero proponer, que mires en tu mar, mar cerebral…”; y no entender nada. ¿De dónde salía tanta belleza, tanta fuerza? Yo ya había escuchado temas de Almendra en la radio, pero nada se comparó a ese momento único, en que la voz del Flaco empezó a salir por los parlantes de mi Grundig valvular. Fue un mazazo, lo reconozco. Después, lo de siempre: tratar de conseguir todas las demás canciones (y discos) de ese marciano; hasta que un día te encontrabas con un tema de Invisible llamado “Jugo de Lúcuma”, que te partía el cerebro: “Jugo de lúcuma, chorreando en mí. Patas de mueble de bronce, caminan ya…”; antes de terminar preguntándote “¿Qué será lúcuma?”.

Para los que tenemos más de 35 años -y crecimos entre los 80 (plena época casetera) y los 90 (auge del CD)- tratar de completar la discografía de un artista preferido, durante esos años pre Internet, era algo bastante complicado. En resumen, los discos que más te interesaban los comprabas originales; y los que no podías conseguir, alguien te los grababa en un casete. Por supuesto, en el caso de Spinetta, con tantos álbumes ya editados, era inevitable morir en esa disyuntiva, porque, aunque hoy parezca increíble, varios de sus mejores álbumes -como Artaud, Alma de Diamante, Kamikaze o El Valle Interior- tardaron años en ser reeditados en CD. Entonces, te los tenías que grabar en un TDK negrito de 60 o 90 minutos, no había otra. Y así terminabas escuchando, por ejemplo, la extraordinaria “Cantata de Puentes Amarillos” en una cinta ruidosa que amplificaba la fritura del vinilo original -de donde te habían grabado el casete-. Más tarde, la cinta se rompía de tanto escucharla -o el disco terminaba más rayado que la camiseta de Los Andes-, mientras que Luis siempre estaba allí, omnipresente en la fantasía popular rockera argentina.

Bravura, dignidad, admiración… Él siempre fue el emblema, el tipo a imitar. Como esa vez que se puso un guardapolvo blanco y cantó para los maestros que acampaban en protesta frente al Congreso, o esa otra oportunidad en Parque Chacabuco, en otro show, cuando donó su cachet a una institución educativa; para después cambiar la letra de “Despiértate Nena”, diciendo: “Y así verás, lo bueno y dulce que es educar…” Maestro y símbolo, y, por supuesto, divismo: cero. Y ahora que estoy acá escribiendo esto que vos estás leyendo, me parece verlo de nuevo, tocando con Los Socios, con esa potencia rock indestructible. Sus conciertos se volvían un ritual, por eso era fácil encontrar caras familiares entre los asistentes, de tanto verlas, de show en show. Por eso tenías la plena seguridad de que en un momento determinado alguien (el eterno desconocido de siempre) iba a gritar: “¡Flaco, no te mueras nuncaaa…!” (como si eso fuera a pasar alguna vez…); o, también, antes de tocar “Tony”: “Flaco, que Dios te bendiga…” Y siempre habría veteranos que te contaban viejas anécdotas como la de esa vez que subió a tocar con unos guantes verdes, o la otra (durante un concierto de Almendra) cuando se olvidó la guitarra (¡y tuvo que volver a su casa a buscarla…!), o cuando salió al escenario vestido de humanoide…

Y algo de eso había, porque si no era extraterrestre, casi… Sino uno no explicaría la magnitud de semejante obra. Ya lo sabrán -y el que no, se embroma, escucha y aprende-, ni hace falta que te lo diga, pero su discografía es casi toda imperdible, y hasta en sus poquísimos álbumes “discutidos”, como (su disco en inglés) Solo el Amor Puede Sostener o Fuego Gris, hay hermosas canciones que merecen ser escuchadas. Por otra parte, como tantos otros, reconozco también haberme encerrado muchas veces a tratar de descifrar varias de las tapas de sus discos, como esa demencia violenta e impresionante de colores que es la de Desatormentándonos o el collage de Téster de Violencia, en donde se veía la cabeza de Luis iluminada de rojo, luego de haber sido “sacrificada” en algún extraño ritual vudú… Por supuesto, al final, te terminaban gustando todas: desde la del arlequín del primer disco de Almendra hasta su versión computadorizada, 20 años después, (a partir de una vieja PC Amiga) en Don Lucero; pasando por los “patacones” de la portada de Silver Sorgo. Pero para tapas, me quedo con la de Artaud, con esa extraña simbiosis de verde y amarillo, y su forma deforme que no entraba en las bateas; una tapa caprichosa y difícil; pero irresistible, al igual que el contenido musical del disco (más tarde, considerado por muchos como el mejor de la historia del rock argentino).

Aun hoy no pasa un día sin que me resuene alguna de sus canciones, en la distancia; como me pasó aquel lejano 21 de septiembre de 1998, cuando fui a ver un show que dio con León Gieco en Costanera Sur; en donde el viento movía las hojas y te acercaba el sonido distante, a medida que uno iba llegando al escenario, caminando por la calle Vera Peñaloza. Después, llegaría momento del pogo, mientras Luis -junto a Marcelo Torres y el inolvidable Tuerto Wirtz- te partía el bocho con “Sucia Estrella”, “Estás acá” o “Piluso y Coquito”, para terminar con la inmortal “Rutas Argentinas”, en donde todos los pibes cantábamos como locos (y uno sentía que ahí cerquita, arriba del escenario, Luis nos miraba y se reía…) Locura por doquier, y mucho ¡rock! Aun éramos jóvenes y nos comíamos el mundo. ¡Emoción plena! Y ahora que lo pienso me doy cuenta de que solo una vez lo vi debajo de un escenario (en 2003), pero no me animé a saludarlo. Él había ido a ver un show de su hijo Dante, y estaba ahí nomás, a pasitos míos, en el hall del ND Ateneo. Qué sé yo porque, pero no atiné a nada… Quizás, no quería molestarlo con mis cholulismos baratos. Así que, simplemente, lo miré, y me miró (¿Se habrá dado cuenta de cuánto lo admiro?). Pero no le pude decir ni “hola”, ni darle la mano. Luego me arrepentí muchísimo, por muchísimo tiempo. Ahora ya no importa, porque él está acá, en este mismo instante, y seguirá estando: vos ya sabés...

Emiliano Acevedo