miércoles, 1 de junio de 2016

LED ZEPPELIN, Houses of the Holy: Una ecléctica carta de amor al rock y sus fans...



Grandilocuentes, exagerados, desaforados, desbocados, engreídos, espectaculares, gloriosos... Todos, son adjetivos que le vienen bárbaro a la banda de la que vamos a hablar hoy: Led Zeppelin... “Cuanto más grande, mejor”, parecía ser el lema de este grupo, quizás el más impactante del rock setentoso. El 28 de marzo de 1973 – en el que es para muchos el año más brillante de la historia del rock-, Zep editó su quinto álbum (y primero al que se animaron a ponerle nombre): Houses of the Holy. Un disco que, en un principio, fue cuestionado por algunos fans y críticos (por ejemplo, la Rolling Stone lo llamó “pueril y rudimentario”). Por supuesto, con el correr de los años, el álbum envejeció muy bien, por eso hoy es considerado -junto con el doble Physical Graffiti (1975)- una de las producciones más eclécticas y originales de este cuarteto inglés. Como dijo Jimmy Page: “Hay muchas cosas en este disco. No es un álbum para escuchar de pasada, y eso está bueno. Tenés que sentarte a escuchar, a pensar un poco.”

Una producción que además contó con una de las mejores tapas de la historia, diseñada por el grupo Hipgnosis, a partir de un collage de fotos (sacadas por Audrey Powell en la Calzada del Gigante, en Irlanda del Norte) inspirándose en la última parte de Childhood´s End, una novela de Arthur C. Clarke, el famoso autor de ciencia ficción.

El disco empezaba con “The Song Remains the Same”, un extraordinario viaje vikingo devenido en potente rock. Por su parte la conmovedora balada “The Rain Song” se destacaba por su combinación de dulzura y fuerza, e incluía una destacada performance de John Paul Jones en el mellotrón. “Over the Hills and Far Away” era un tema que empezaba folk pero mutaba en un potente rock, con un original efecto sonoro de Jimmy Page, quien transformaba el sonido de su guitarra acústica haciéndola sonar como si fuera una eléctrica. “The Crunge” era un curioso experimento en la onda funk, medio bizarro, casi una parodia a la música de James Brown. Nada que ver con “Dancing Days”, un buen rock cancionero con un estribillo demoledor marca de la casa, que evocaba la época hippie: “Tengo mi flor/ Tengo mi poder”. Por su parte, “D´yer Mak´er”, desde su título –juego de palabras entre la frase “no lo hagas” y “Jamaica”- es una invitación a la diversión, con los Zeppelin jugando a hacer un reggae que no suena como tal sino, más bien, como su propia visión de este ritmo (en especial porque la potente batería de John Bonham poco tenía que ver con los sutiles juegos percusivos del reggae...). 

“No Quarter” era otra historia, más bien un oscuro tema de rock progresivo (con una gran labor de Jones en el Mini Moog) en el que se relataba la historia de unos guerreros que decidieron tomar ese camino por donde no va nadie (...) y sin descanso”. ¡Casi, casi, una metáfora de los propios Led Zeppelin! Y de ahí pasamos a "The Ocean", el final con tutti de este álbum. El título de esta última canción hacía referencia -y estaba dedicado- al “océano de fans”, ese que se contempla desde el escenario. La masa, o mejor, el famoso “mar de gente”, tal como dijo Gonzalo Farrugia, el baterista de Crucis: “Queremos ver un mar de cabezas bullendo, y no un mar de cuerpos moviéndose”. “The Ocean” empezaba con Bonham diciendo: "We've done four already but now we're steady, and then they went 1, 2, 3, 4!" ("Hemos hecho cuatro, pero ahora estamos estabilizados, y ahora se van, 1, 2, 3, 4!”). Justamente, esa fue la frase que cerró una charla que habían mantenido los integrantes del grupo y tenía que ver con que habían intentado grabar el tema cuatro veces antes, pero no habían podido conseguirlo... 

Luego de esa presentación de Bonham, llegaba la música asesina del grupo. La base monolítica formada por el yunque indestructible de Bonzo más la precisión y buen gusto de John Paul Jones en el bajo, sumados a la guitarra acaparadora de Page, capaz de demoler una casa... Por no hablar de la performance de Robert Plant, una de los vocalistas más carismáticos de la historia del rock. La intro y el riff principal de “The Ocean” estaban hechos sobre la base de una alternación entre los ritmos 4/4 y 7/8, pero la canción tiene bien marcado el  4/4 de compás en los versos y en su última parte. Una leyenda dice que en una parte de la canción (desde el 1.37 minuto hasta el 1.41) se escucha de fondo sonar dos veces un teléfono. No se sabe si esto fue grabado en forma intencional o si el sonido se coló en forma accidental durante la mezcla del disco. Y acerca de la ultima estrofa de la letra (“Now I'm singing all my songs to the girl who won my heart. She is only three years old and it's a real fine way to start” / “Ahora estoy cantando todas mis canciones a la chica que se ganó mi corazón...”) Se refería a la hija mayor de Robert Plant, Carmen Jane, que tenía tres años cuando grabaron la canción. Muchos años después, Carmen Jane Plant se convertiría en una apasionada por la danza árabe. Casi casi, una odalisca hecha y derecha...

Carmen Jane Plant, la hija de Robert...


Como dato adicional podemos decir que -a pesar de ser filmada durante las presentaciones realizadas por Zep en 1973, en el mítico Madison Square Garden de Nueva York- “The Ocean” se quedaría  afuera de The Song Remain the Same (1976), el exitosísimo documental del grupo que generaciones de fans argentos vieron en las trasnoches de sábado del Cine Lara, durante años y años, hasta que la copia quedó casi transparente... Por suerte, esa espectacular performance live de “The Ocean” sí sería incluida en Led Zeppelin, el fantástico DVD triple recopilatorio, editado en 2003.

Emiliano Acevedo
  



No hay comentarios:

Publicar un comentario