domingo, 14 de febrero de 2016

JUAN RODRIGUEZ: "Me hubiese encantado tocar con el Flaco Spinetta, es lo único que me faltó"



Foto: Hugo Panzarasa
Baterista versátil como pocos, se metió en casi todos los géneros de la música popular: folclore, pop, rock, blues, jazz, salsa, melódico… Además, tocó con todos y para todos. Estuvo en La Pesada del Rock and Roll, grabó con Sui Generis, Porsuigieco y Polifemo. Acompañó a Botafogo y también a Pappo en una de las versiones de Pappo´s  Blues. Por no hablar de sus colaboraciones con Miguel Cantilo, JAF, Hilda Lizarazu, y su participación más reciente en Los Romeos y el trío El Adoquín. En la actualidad enseña su pasión por los parches, mientras continúa en activo –atravesando sus jóvenes 72 años- tocando junto al gran Kubero Díaz en el KubeDíaz Trío y ocasionalmente con muchos músicos amigos más. También tocó en la banda del programa de TV de Roberto Pettinato. Su nombre es Juan Rodríguez y es uno de los más renombrados bateristas de la historia del rock argentino. Se destaca por su humildad y sinceridad a la hora de hablar de sí mismo, algo que noté desde un principio en la amena charla que compartimos en la sala de ensayo de su casa en el barrio de Palermo donde me mostró varios recuerdos de su carrera como fotos enmarcadas al mejor estilo museo histórico. En ese marco fue relatándome, una a una, decenas de anécdotas jugosas, sin caretaje, sin casete; con gracia y estilo. Algunas de ellas están acá, en esta entrevista que hoy les ofrecemos.

DEL BOMBO A LA BATA 

¿Cómo fue tu inicio en la música? ¿Empezaste haciendo folclore?
Claro. Yo tocaba con mi viejo y con mi hermano. Nosotros somos santiagueños y veníamos de tocar en el medio del campo, viste. Teníamos un grupo con bombo, guitarra y bandoneón, parecido a lo que hacen ahora Los Carabajal. Al principio, tocaba solo el bombo, porque ni noción tenía de la batería. Recién a los 17 años empecé a aprender a tocarla, porque estaba re copado con los discos de los grupos ingleses que escuchaba, además de varios grupos instrumentales de rock que habían empezado a tocar acá y que iba a ver tocar en los carnavales. Mi hermano –que ahora hace un tributo a Elvis Presley-, en esa época tocaba la guitarra, junto a Billy Bond, cuando éste recién empezaba.

¿Cuándo Billy tocaba en el programa de TV La Escala Musical?
Antes de eso. En ese programa ya había formado Los Guantes Negros. Yo te estoy hablando de cuando Billy estaba en Los Bobby Cats. Ahí, Billy Bond cantaba, mi hermano tocaba la guitarra, yo la batería, y otro tipo tocaba el piano. Nada más. No teníamos bajo, pero tocábamos muchos rocks, por ejemplo “La Plaga”, “Popotitos”, etc. Las versiones en castellano de los grupos mexicanos como Los Teen Tops. Yo todavía ni sabía tocar la batería del todo, pero ya estaba tocando con Billy Bond, que aún no se llamaba así, sino que usaba su verdadero nombre Julio (Giuliano) Canterini. Mi hermano le enseñaba a tocar la guitarra, y Billy se la sacaba y se iba tocar  paseando por la calle Corrientes, para que lo vieran, y llamar la atención con sus pelos, las patillas y demás. Esa era la onda de ese momento, si tenías un grupo, te vestías de gala y salías a mostrarte. Me acuerdo que Billy Bond era flaquito en ese momento, chiquitito como mi hermano…

¿Ah, sí? ¿Y qué le pasó después?
Bueno, después empezó a engordar (risas). Lo que sí te puedo decir es que Billy es el tipo que más me ayudó, porque yo venía tocando, estudiando la batería como podía, y él fue el que me llamó para que tocara con ellos, justo cuando yo estaba tocando en un grupo comercial que se llamaba Séptima Brigada. En ese grupo tocábamos de número vivo en los cines, reproduciendo un tema que habíamos grabado en una película de Sandrini. Una cosa de locos… Bueno, yo hacía un montón que no lo veía a Billy hasta que un día me llamó y me dijo que me fuera a tocar con ellos. Así, empecé a grabar con La Pesada, en el disco solista de Claudio Gabis, y también con Medina, Kubero Díaz, con Pinchevsky -con Black (Amaya) grabé todos los temas de ahí…  Hasta que un día Billy me dice: “Juancito, ¿por qué no te venís a grabar con estos pibes nuevos que se van para arriba?” Ahí fue que los conocí a Charly y Nito. De movida nomás me dijeron que iban a tocar un tema medio jazzero, “Un hada, un cisne”; y un rock and roll, “Mr. Jones”; y me los pasaron ahí, de una, y los grabamos.  Así era como se grababan los temas en esa época, medio improvisado, pero en la forma en que se tocaban. Por ejemplo, en La Pesada podían estar toda la noche fumando y se tocaban un blues que duraba media hora, pero de ese blues largo sacaban cinco o seis blues. Uno para el disco de Medina, otro para el de Gabis, otro para Pinchevsky, y así. 

Era como la operita Tontos
Claro, hacían un rock and roll largo y ahí grababan todos los músicos, y encima ponían la letra que querían, le cambiaban de título y demás. Bueno, es en esa época que me empiezo a conectar con el rock, porque antes de eso no me daban bola porque yo tocaba en grupos de música comercial.

Porque era laburo…
Por supuesto. Yo tocaba lo que venía, podía llegar a tocar con Leo Dan, Sergio Denis o Cacho Castaña. Yo estuve dos años tocando con Cacho, en la primera época de su carrera, viste. También toqué con Silvestre en su mejor época. Porque soy músico. Inclusive ahora, que me llaman del (Hotel) Faena para que toque con un trío de jazz. En una palabra: me llaman a tocar y voy. Lo hago porque no estoy todo el tiempo pensando que soy músico de rock y nada más. Antes que nada, yo soy baterista, no solo de rock. Pergolini, una vez me dijo: “Vos tocás de todo, y con todos, ¿pero qué te gusta?” ¿Qué me gusta? Tocar la batería, así de simple…

¿Quién te enseñó a tocar la batería?
El baterista de una orquesta característica de jazz, al que veía siempre tocar en los bailes cuando yo tenía 16 años. En esa época no había bateristas que enseñaran los diferentes estilos, como pasa ahora. Justo este tipo tocaba de todo, por eso lo elegí para que me enseñara. Yo lo seguía a muerte. Me decía: “Traete un lápiz y una goma, practicá esto, y venite tal día a tal dirección…”; y cuando iba el tipo estaba acostado con una mina, con una sábana tapándolos a los dos, porque estaban en un hotel. Ahí mismo me tomaba lección, para ver que había aprendido, y ahí estaba yo con mi libro de música y los palillos, y me daba vergüenza tocar en medio de esa situación; pero el tipo me tomaba lección lo mismo. Una cosa de locos. Capaz que se levantaba para ir al baño a lavarse la cara, y sin mirarme, me decía que levantara más la mano derecha, porque se daba cuenta por la intensidad de los golpes que no estaba tocando bien. ¡Qué personaje! En cada clase a la que me citaba estaba con una mina diferente, porque era muy mujeriego. Tenía mucho éxito con las minas, hasta salió con Susana Giménez, cuando ella era una modelo que no conocía nadie. Bueno, ese tipo fue el que me enseñó todos los ritmos. Realmente era un capo, pero después desapareció, y hace poco más de tres años murió. Lo busqué, pero al final no pude llegar a tiempo para volver a verlo. Se llamaba Luis Avendaño, ese fue mi profesor… 

Antes me decías que, hasta que Billy te llamó grabar en los discos de él, te marginaban en el rock por venir de tocar en grupos de música comercial. Sin embargo, vos ya había formado parte en 1970 de Los Mentales, un grupo pionero del rock argentino. ¿Cómo fue eso?
Los Mentales era un grupo de rock pesado. Laburábamos mucho, siempre éramos soportes de Los Gatos, porque el cantante, Daniel Irigoyen, era amigo de Litto Nebbia. Hacíamos covers de Led Zeppelin y los temas propios, que estaban en los discos, que eran compuestos por Litto Nebbia. Litto nos apadrinaba, pero el que más nos daba bola era Ciro Fogliatta. Tal es así que hasta el día de hoy nos seguimos viendo con Ciro, y siempre viene a ensayar acá, es un gran amigo. En Los Mentales hacíamos puro rock and roll. Esa fue una época bárbara, pero al grupo le faltó constancia como para durar. Antes de eso, con mi hermano, también grabé dos simples para Phonogram, con Los Shimmys. En ese grupo también hacíamos rock, salíamos en las revistas, nos hacían notas, pero nadie nos daba bola. Ni siquiera nos daba pelota el técnico de grabación, que escuchaba el partido mientras estábamos en el estudio. En una de esas, se daba vuelta y nos preguntaba: “¿Ya terminaron de grabar?” (risas) 

LA ERA DEL ROCK: HISTORIAS DE LA PESADA Y SUI

¿Cómo era tocar en La Pesada?
Una locura. Ni siquiera importaba si había plata o no, lo único que importaba era tocar, ir de acá para allá. Un despelote. La Pesada se peleaba con la gente, el Negro Medina se peleaba con todos. Capaz que le gritaban: “Dale Negro, tocá”; y el tipo se bajaba del escenario a agarrarse a trompadas. Una anécdota insólita que me acuerdo siempre es de cuando fuimos a tocar a Uruguay en un festival con otras bandas y tardamos toda la noche en llegar, porque íbamos en el vapor de la carrera. Imaginate: doce horas arriba de un barco con estos tipos que eran inbancables. Para colmo llegamos y no nos dejaron entrar a tocar porque decían que el lugar ya estaba lleno de gente. Queríamos entrar por otra puerta, no sabíamos qué hacer… Una cosa de locos. Estábamos todos sentados en la vereda: Billy Bond, Pinchevsky, Claudio Gabis, Medina, Isa Portugheis y yo. Nadie podía entrar. Pinchevsky había querido entrar a la fuerza y lo revolearon a la mierda. En resumen, viajamos al pedo, porque no nos dejaron tocar en ningún lado, no nos pagaron nada, y nos quedamos esperando toda la noche para poder volver a Buenos Aires. Bueno, esa demencia también formaba parte del quilombo que era La Pesada.

¿Esa locura se debía a que se potenciaban uno a otro?
Claro. Por ejemplo, Medina y Pinchevsky eran dos locos del carajo. Se fumaban un faso y terminaban hablando toda la noche pelotudeces. Yo ni sabía de qué hablaban, pero no paraban. Decí que en esa época no había cocaína, solo faso, y a veces ácido, alguna que otra pepa.  

¿Cómo era  trabajar con Charly cuando estabas en Sui Generis?
En esa época ellos (Charly y Nito) eran unos pibes.  No te olvidés que yo soy el tipo de mayor edad de la mayoría de los rockeros de acá. Yo les llevaba como ocho años. Cuando ellos eran unos pibes de 21, 22 años, yo tenía casi 30. Por eso para ellos era todo joda, jugaban a la música, todo les daba lo mismo. Pero tenían suerte, porque a veces ganábamos mucha plata y ni sabíamos que comprar, y menos Charly.  

Todavía no se les había subido la fama a la cabeza…
Me acuerdo que salía con la plata, con un pantalón roto en el orto, a comprarse discos, cosas. Aparte, todavía no había aparecido la cocaína. Esa droga es una perdición, mirá los años que le costó a él recuperarse después. Yo siempre tuve una excelente relación con Charly, es el día de hoy que cada vez que me ve me abraza y se pone a llorar de la emoción. 

¿Qué recordás de la grabación de Instituciones (1974), el tercer disco de Sui?
Ahí hubo un salto musical enorme porque hubo mucho ensayo previo. Ese es el disco en donde Charly comenzó a crear otros ritmos, otras composiciones con arreglos más elaborados. Además, para esa época Sui Generis no era más simplemente un dúo, se había convertido en un grupo.  Porque ya había entrado al grupo (Rinaldo) Rafanelli, que es un muy buen músico. Él también aportó sus propias ideas. Instituciones era un disco complejo con muchas variaciones de ritmos y con unas letras más jugadas, con un mayor vuelo lírico.  

¿Qué pensás que lo inspiró a Charly a hacer un disco tan progresivo?
A él le cambió mucho la cabeza cuando empezó a comprarse el Piano Fender, los sintetizadores, el Moog y el Mellotrón. Justo era la época de Yes, Emerson, Lake & Palmer, Premiata Forneria Marconi, y los otros grupos del rock sinfónico; y Charly se empezó a copar mucho con esa onda, por eso comenzó a escribir temas más elaborados. 

Siempre me acuerdo de cómo empezaba el primer tema del lado dos, “Pequeñas delicias de la vida conyugal”, con un sutil trabajo percusivo tuyo, además de ese cencerro tan característico…
Bueno, ahí está puesta toda mi escuela de baterista, ¿no? Porque, aparte, ¿quién usaba un cencerro en ese momento? Y eso que tenía un único cencerro de mierda, que sonaba para el ojete.  Hacía “tic”, “tic”, “tic”…  (risas) Nada que ver con ahora que tengo diez cencerros de diferentes medidas. En Instituciones tenía ese único cencerro y por ahí también la mujer de Lebon me prestaba unas campanitas para que las tocase. 

Fue un disco con muchas sobre grabaciones, ¿no?
Sí, siempre Charly y Rafanelli se quedaban en el estudio y metían muchas cosas. En mi caso, nada que ver, porque una vez que grababa las baterías me iba a la mierda. Pero, como te decía antes, esto pasaba porque ellos querían experimentar con todos esos nuevos equipos. Lo mejor que tenía Sui Generis era que ensayábamos mucho. Eso estaba buenísimo, viste. Por ejemplo, antes de tocar en el Luna Park, estuvimos ensayando un mes seguido, tocando todos los días. 

¿Y la vuelta de Sui Generis en el 2000 como la viviste?
Bien. Yo hubiese tenido ganas de haber tocado más, de tener mayor participación, pero solo alcancé a participar de invitado en un par de temas en el concierto que dieron en la cancha de Boca. Me había llamado por teléfono el manager de Charly, porque éste quería que estuviera yo de invitado. El tema era que yo ni me acordaba donde quedaba la casa de la calle Fitz Roy, en donde Charly tiene la sala de ensayo. Por eso le pedí al manager que me pasara directamente con Charly para preguntarle.  Ahí me dice que fuera el sábado y que ni me preocupara por la dirección porque iba a dejar una media colgada afuera para que me diera cuenta en donde era. Fui allá y me avivé de la dirección porque estaba todo pintarrajeado con grafitis como los que hacía el loco. Ahí me di cuenta de que los ensayos eran un quilombo, porque estaban los músicos solos y Charly ni apareció. Así que me fui y al otro día me llamaron de nuevo, ahí si apareció Charly y nos pusimos a ensayar de una “Pequeñas delicias (De la vida conyugal)” y un par más. El día del show en la Bombonera, hasta dos horas antes, Charly aún no había aparecido, porque estaba buscando a la novia. Estábamos todos en un camarín, junto a los músicos invitados –Mercedes Sosa, Gieco, Fito, Pedro Aznar y Cerati-, y Charly ni daba señales de vida. Bueno, al final vino y subimos a tocar. Yo toqué en “Para quién canto yo entonces” y en “Bienvenidos al tren”. De ese show me quedaron de recuerdo unos anteojos que Charly tiró para atrás y me cayeron encima. Después que terminó el concierto volvimos al camarín, porque Charly quería que estuviera con él, pero como se empezó a llenar de gente yo me fui al carajo a comer un choripán con mi familia y chau. Si yo fuera otro me hubiese quedado, quizás para enganchar otros laburos con él, pero a mí no me va hacer eso, porque no me gusta romper las bolas. 

Viéndolo a la distancia, ¿qué balance hacés de ese retorno?
Para mí tendría que haber sido mejor, tendríamos que haber tocado todos los mismos integrantes originales. En realidad casi que fue un show solista de Charly haciendo temas de Sui Generis con invitados. Fue muy caótico. A mí me hubiese gustado que hubiese vuelto el grupo, pero no se dieron las circunstancias. Aparte era imposible porque Rino le había hecho un juicio laboral a Charly y ellos habían quedado re peleados a muerte. 

POLIFEMO, LOS MOLLO, PAPPO, ANTES Y DESPUÉS… 

Luego de tu paso por Sui Generis arranca tu historia en Polifemo, junto a David, Rinaldo y Ciro Fogliatta. Un grupo muy recordado pero que no duró mucho…
Sí, porque a Polifemo le pasó lo mismo que a la mayoría de los grupos de esa época: cuando estaba todo bien armado como para empezar a ganar buena plata, se separó. Me acuerdo cuando empezamos con la grabación de “Suéltate Rock and Roll” y en una semana se vendieron todas las copias. Era un éxito bárbaro. Tendríamos que haber seguido dándole a eso, a ese estilo rockero y simple, pero después la música del grupo se complicó un montón, por la influencia jazz rock de Rafanelli. Hasta el día de hoy él es así con los temas. Capaz que el tema está bien, pero él no está conforme y empieza a cambiarle todos los ritmos, te vuelve loco… Pero, ¿para qué? Si a la gente siempre le gustan las propuestas más contundentes. Fíjate porque triunfan grupos como Los Ratones Paranoicos, porque son más simples, más directos. Al público de rock le gusta eso, porque si empezás a complicar demasiado todo, se aburren. Me acuerdo cuando tocaba con Botafogo y hacíamos blues que duraban como quince minutos, y yo le decía: “Miguel, escuchá a la gente, como empiezan a hablar, a distraerse  ¡Pará de tocar esto...!” Capaz que nos poníamos a tocar bajito y se escuchaba más al público que lo que estábamos tocando nosotros… 

¿Cómo sigue tu carrera luego de Polifemo?
Después de Polifemo, seguí con Lebón tocando en Seleste, hasta que apareció Charly –justo cuando estábamos por entrar a grabar- y lo convenció a David para que armaran Serú Girán. Ahí entré a Pappo´s Blues. Luego me fui a tocar salsa con Willy Toledo, un gordo que siempre aparecía en los programas de Sofovich. Arrancamos en Salta y terminamos tocando en Venezuela, Perú, Centroamérica… En esa época, 1986, justo había nacido mi hijo y acá estábamos para la mierda con la economía, así que por supuesto acepté su propuesta de trabajo. Cuando vuelvo de ese viaje empiezo a tocar otra vez con los rockeros, con Botafogo, JAF. Con JAF toqué en la Banda Marrón, antes de que él saltara a la fama. En esa época tocábamos en boliches y JAF hacía temas de Serrat, Deep Purple y Pink Floyd

¿Cómo fue que empezaste a tocar con Ricardo y Omar Mollo?
Porque yo le había enseñado a tocar la batería al hijo de Violeta Carballo –mi pareja de entonces-, y él tocaba con los Mollo, en la época en que yo estaba en Sui Generis. Así, por intermedio de él, cuando terminé con Polifemo me empiezo a contactar con Omar Mollo, que era el tipo que organizaba todo en el grupo. Finalmente, Omar me pregunta si yo quería formar parte. En ese momento, él estaba muy entusiasmado con ese proyecto y se encargaba de publicitarlo en todos lados, para que mucha gente fuera al Oeste a verlos tocar. Yo me iba en tren todos los días, de acá, de la estación Pacífico hasta El Palomar, para ensayar con ellos. Yo venía de conocer el éxito y la fama en Sui Generis, pero no me hacía ningún problema, y si me iba hasta allá para tocar con ellos era porque me encantaba la onda del grupo. Tengo un par de casetes con grabaciones de algunos ensayos, pero no hicimos mucho más. Incluso hay grabaciones de ensayos en las que están tocando la viola Alambre González, Omar y Ricardo; los tres a la vez. Todo eso lo tiene guardado Ricardo, porque grababa todos los ensayos en casete en un JVC grandote que él tenía. Tocábamos en Palomar, Hurlingham y Ramos Mejía. Estaba bueno, pero como no teníamos mucho trabajo no pude seguir. Tuve que empezar a laburar con otra gente y ya no seguí más con ellos. 

¿Cómo fue tocar en Pappo´s Blues?
Estábamos con Pappo y Medina, pero ellos dos estaban siempre metidos en peleas.  Me acuerdo de estar en un boliche en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, y Pappo estaba en un garaje tirando botellas contra una pared, mientras que Medina estaba en la barra hablando boludeces, y recién cuando se les cantaba las pelotas, venían y tocábamos. Cosas como esas pasaban siempre. También cargábamos nosotros mismos los equipos en el colectivo de Pappo. Íbamos por la ruta, hasta que Pappo paraba el colectivo, bajaba, y se ponía a gritar como loco en el medio de la ruta. Recién cuando paraba de gritar, subía de nuevo al colectivo y seguía manejando. Después, en una de esas, íbamos a tocar a otro lado y venía Medina y me decía: “Juancito, me tocaron el culo. ¿Qué hacemos?” Y yo le contestaba: “¡Pedazo de animal! ¿Justo a vos te van a tocar el culo? ¿Qué querés, pelearte con todos? Son como 500 personas, ¡nos van a matar…!”

¿Te gustaba tocar con Pappo?
Bueno, esa fue una época bárbara, pero con Pappo uno no podía contar para nada. Sin embargo, siempre nos seguimos viendo, y siempre me llamaba para tocar. Acá venía seguido. Yo viví siempre en esa casa, desde que nací. Por ejemplo, mi viejo dormía acá, en donde ahora está esta sala de ensayo. Él siempre tenía una damajuana  de vino a los pies de la cama, y siempre venía Pappo y se la llevaba. Hasta que un día mi viejo me preguntó: “¿Quién es ese hijo de re mil puta que me lleva la damajuana...?” En esa época, Pappo venía, se quedaba a bañar y se iba, porque tenía quilombos por todos lados. Cuando estábamos en la casa de él, ensayando con Medina, capaz que venía la madre de Pappo y le decía: “Norberto, son las seis. Está la leche…” Imaginate como lo cargábamos nosotros, porque siendo semejante pedazo de animal la madre lo trataba como a un nene… Pappo era un hijo de puta que se hacía el malo, pero se hacía más el malo de lo que era en realidad. Él sabía bien con quien hacerse el malo, viste. Pero era terrible. Capaz que yo estaba con una chica y me decía: “Que lindas tetas que tiene tu novia…” No le importaba un carajo nada.  

UN BATERO EN PRIMERA PERSONA 

Foto: Hugo Panzarasa
¿Qué música te gusta escuchar ahora?
Escucho de todo. Bueno, porque mi hijo es un apasionado por la historia del rock y tiene cientos de CDs y DVDs y me pasa un montón de cosas para que escuche. Ahora escucho mucho rock y funk. Me gustan Robben Ford, Scott Henderson, esos violeros geniales. También me encanta el jazz latino. De acá, me gustan Luis Salinas, Dino Saluzzi, el acordeonista Raúl Barboza. También se me da por ver los festivales de folclore, para ver que hacen en materia de percusión ahora, y me di cuenta de que todos tocan la batería igual: la misma chacarera, el mismo ritmo, pero con diferente letra. No hay demasiada variedad ahí… 

¿Qué bateristas de rock te gustan?
De afuera me gusta mucho Vinnie Colaiuta, Dennis Chambers, Steve Smith… Acá también hay varios pibes que tocan bárbaro, pero también tienen mucho ego. Incluso, también los que veo medio desesperados para tocar, pero todavía les faltan muchos años de experiencia para que bajen los niveles. Porque cuando vos bajás los niveles recién empezás a mostrar tu personalidad y tu estilo. Sino es como que hay otra persona que está tocando, no sos vos.  

¿Están desesperados por sonar fuerte y rápido?
Claro. Desesperados por mostrar todo lo que saben, pero eso se demuestra recién cuando sos más grande, cuando tenés más experiencia. Por eso siento que no hay referentes. Hay algunos que me gustan, como Oscar Giunta, porque toca de todo, pero él es de otro palo, toca jazz. Un baterista que me gustó siempre fue (Osvaldo) Fattoruso, porque era canchero y tenía oficio. Él era el símbolo de todo eso que me gusta a mí y que son cosas que ya no se enseñan en ninguna escuela de música. 

Y de los bateros del viejo rock nacional, ¿cuál era tu preferido?
Pomo. Porque era un adelantado, un genio, tenía unas ideas bárbaras. 

¿Cuándo empezaste con esto de tener tu sala de ensayo?
Cuando empecé a tocar con Gady Pampillón, luego de estar tocando con Miguel Cantilo y Botafogo. Porque, hasta entonces, ellos dos me llamaban a tocar y me iba todos los fines de semana a tocar en un montón de lados. Luego, empecé a comprar equipos  y a alquilarlos. Llegué a tener tres salas, pero era un quilombo, porque yo me iba a tocar los fines de semana y tenía que dejar todos los equipos.  Así que, finalmente, me quedé con lo que tengo acá, que lo uso y lo alquilo cuando yo quiero, y listo. Además me sirve para ganarme la vida cuando no tengo mucho laburo como batero. Aparte tengo bastantes alumnos a los que les enseño. 

¿Y cuándo te decidiste  a dar clases de batería?
Bueno, eso empezó antes, en mi peor época, cuando estuve medio jodido por andar tomando merca. Ahí tuve que parar como seis meses en los que no pude ni tocar y tuve que hacer un tratamiento. Justo después de eso empiezo a dar clases. Me acuerdo que yo siempre le decía al psiquiatra que ya no me quedaba más plata para seguir con el tratamiento, porque me había quedado seco con el costo de las sesiones. Entonces, como yo no podía tocar porque estaba mal, él me sugirió que diera clases.  Yo nunca había tomado merca –salvo una vez en Sui Generis- y por eso, cuando me agarró la tentación de grande, soné. Justo cuando tenía 50 años, toqué fondo. Por suerte me puede recuperar gracias al aguante de mi familia –especialmente mi mujer, que me ayudó un montón con los medicamentos- y con el tratamiento. Ahora estoy bien y me cuido mucho. No tomo ni siquiera alcohol ni nada. Eso hace que toque mejor y más tranquilo. 

Tocaste con todos, ¿te quedaste con las ganas de tocar con alguien?
Con Spinetta. Él fue el único con el que no pude tocar, pero me hubiese encantado, porque era mi ideal tocar con el Flaco. Hasta ahora escucho siempre sus temas porque me encantan.

Emiliano Acevedo


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