viernes, 24 de julio de 2015

¡FUSIONADO CON EL ROCK!, entrevista a Machy Madco



Su nombre en el DNI es Raúl Francisco Lococo (1959), pero en el mundillo del rock todos lo conocen como Machy Madco. Desde hace casi 30 años este sacrificado y talentoso bajista ha venido desarrollando una interesantísima labor musical, tocando todo tipo de géneros y estilos: jazz, fusión, funk, rock progresivo, soul, blues y hasta heavy metal. Ya sea en calidad de solista o acompañando a artistas de renombre como Jorge Pinchevsky, Black Amaya, León Gieco, Lito Vitale, Edelmiro Molinari o Héctor Starc; la sobriedad y buen gusto de Machy hace que se destaque con su bajo –y ahora también con el Stick Bass- en cualquier escenario en que se presente. No por nada fue uno de los bajistas que más veces tocó con el Carpo en Pappo´s Blues. Y es que Machy pudo hacer realidad varios de esos sueños que tenía cuando era pibe, en ese tiempo en donde imaginarse siendo un músico profesional era casi una utopía. Hasta que un día se animó a largar todo para ir detrás de esa ilusión, aunque el camino en el rock nunca es tan fácil como lo pintan. Nada fácil. Y justamente, esta es una de esas historias vitales de mucho sacrificio y amor vocacional. Por eso nos interesó convocarlo a Intersticio para que nos contara algunas de sus anécdotas en la ruta del rock así como su presente, prestando especial atención a su interesante visión acerca de la escena actual del rock. Y casi todo eso está aquí, en esta nota. Sin dudas, una entrevista 100% Madco. Para disfrutar desde la primera oración hasta la última…

ENTREVISTA > ¿Cuáles fueron tus inicios en la música?
Cuando tenía once años, antes de terminar el primario, me copé mucho con un bajo que vi en una vidriera. Como mi familia era muy humilde, me metí en un bar a trabajar de lavacopas, todo un verano, para comprármelo. Así, cuando terminé de trabajar, en marzo, finalmente, me pude comprar el bajo. Como mi viejo laburaba arreglando televisores, me regaló un amplificador Robertone que había reparado y nadie vino a buscar. Ahí empiezo a full a tocar. Aprendí solo. Ponía los discos de Creedence, los de Deep Purple, tocaba encima y practicaba. Mi viejo tenía una disquería y en el fondo del local arreglaba los televisores. Por eso era él el que me pasaba discos como Dark Side of the Moon, Led Zeppelin II, Machine Head y demás. Soy autodidacta. No sé nada de teoría musical, lamentablemente. Eso es algo, que si pudiera lo revertiría. Por eso, ahora estoy estudiando música. Estudio armonía y otras cosas teóricas que antes las sabía directamente por la práctica.

Y no paraste más luego de enamorarte del bajo.
No fue así. A los 20 años dejé de tocar para dedicarme a otros asuntos personales. Después de 10 años, a fines de los ‘80, cuando tenía 30 años me decidí y volví a la música. Busque dedicarme con todo a eso para vivir de mi actividad musical. Así muy pronto, en los primeros años ‘90, ya estaba tocando con figuras como Black Amaya o Jorge Pinchevsky.

¿Cómo era trabajar con Pin?
Con Pinchevsky aprendí muchos recursos. Aprendí un montón de improvisación. Fue una experiencia re valiosa que me nutrió un montón como interprete. Eso es súper importante, imagínate que hay muchos músicos actuales que si sufren un percance en vivo no saben qué hacer. Chantas a los que si se les desenchufa un cable de la guitarra dicen que no pueden seguir y cancelan el show.

¿Cómo se desarrolló tu labor solista?
Mis primeros tres discos, registrados en los años 1997, 2000 y 2001, eran de bajas tiradas, con copias –generalmente- grabadas por mí y distribuidas entre amigos y conocidos. En el año 2005, edito mi cuarto disco solista, Manuscritos desde Musmell, en donde la mayoría eran temas que compuse en mi adolescencia. Porque aunque ahí está más actualizado, ese era –inicialmente- un material muy simple. Ese álbum está enmarcado en la world music, jazz, el blues y la fusión latina; y fue bastante exitoso. Yo se lo había dado a una distribuidora de rock progresivo llamada Viajero Inmóvil, que vende discos afuera, y se vendieron muchas copias en Rusia, Alemania, Italia, etc. El disco también tuvo muy buenas reseñas en algunos medios de rock progresivo europeo. Luego, me fui a vivir a México, en donde se edita una recopilación de mis tres primeros discos llamada Sueño Azul. Estando en México grabé mi sexta producción. Luego, en 2009, volví a la Argentina y como acá no había posibilidades de editarlo, decidí colgar este álbum en Internet para que la gente lo descargue gratis.

En México estuviste viviendo tres años, ¿cómo decidiste este viaje?
Fue raro. Me habían llamado para tocar en un proyecto que luego -cuando llegué allá- me enteré que no existía. Todo fue obra de un delirante que nos había engañado sin ningún rédito particular porque tampoco me sacó plata ni nada. Simplemente me hizo vender la mitad de mis cosas, mis instrumentos, al pedo. Por suerte en México tenía gente conocida y en un mes ya estaba tocando en una banda y había conseguido alquilar una casa para vivir. Al final salió bien.

Luego de volver de México, ¿qué hiciste?
Hice tres proyectos. Uno es una banda de covers, con la que tocamos en bares y fiestas; haciendo clásicos de funk, soul e incluso temas de Genesis, Rush o Pink Floyd. También mi proyecto solista llamado Manuscritos, que realicé con casi los mismos músicos con los que hacíamos los covers. Otro proyecto musical en el que estuve fue el grupo de rock progresivo Nexus, no muy conocido acá pero con mucho éxito en el exterior, en México, EEUU, Brasil y otros países. Eso me sorprendió mucho. Porque, incluso, antes de editar el disco que habíamos grabado, ya tenía -para que te des una idea- casi 5000 pedidos anticipados en Rusia. Parece increíble, pero en esos países hay muchos fans de rock progresivo y sinfónico en la actualidad. Y justamente, la música de Nexus está muy influenciada por grupos como Emerson Lake & Palmer, Focus, Crucis, etc.

¿Cuál es tu balance de esta experiencia y porque te fuiste de Nexus?
No me gustó como se manejaban de forma tan rígida y poco creativa en los arreglos. Al principio me parecieron músicos más abiertos, sin embargo, mi tarea en el bajo terminó siendo, simplemente, copiar la mano izquierda del teclado. Aburridísimo.

¿Y qué te pareció el disco Aire (2012) que grabaste con ellos?
No me gusta ya que se editó muchísimo, es un disco collage y las partes de bajo que grabé terminaron siendo irreconocibles, pero bueno, ellos trabajan así, cortando y pegando.

También participaste de la grabación del primer disco solista de Héctor Starc, ¿no?
Sí. Y eso fue lo más destacable que hice en estos últimos años, porque, además, en ese disco del Héctor Starc Trio hay tres temas de mi autoría, y toca Lito Vitale, entre otros. Fue un muy lindo álbum. Bueno, luego de eso –el año pasado- tuve un fugaz paso de seis meses por Lovorne, la banda de Luciano Napolitano, junto a Juan Expósito, el histórico ex batero de El Reloj. En Lovorne hicimos varias giras y un DVD en vivo que no salió, ya que dejé la banda porque no me gustaba el ambiente laboral y creativo que había en ese momento.

¿Y cuáles son tus proyectos musicales actuales?
Ahora estoy armando una producción de temas nuevos, pero no para editarlos sino para hacer videos en vivo y subirlos a YouTube y otras redes, ya que no creo más en la edición del disco físico, como formato, así como de su llegada al público. En este punto, me gustó mucho la idea de Snarky Puppy y sus videos “Family Dinner”…

Bueno, seguramente, esa caída del disco como formato que nombrás se relaciona en forma directa con las nuevas tecnologías y las descargas online, ¿no? ¿Qué opinás?
Ese es un tema al que no encuentro explicación. Yo me críe disfrutando del ritual de comprar un disco, sacarlo de la funda, escucharlo. Siempre habíamos tenido el ideal de que, al ser músico, había que conseguir que una discográfica te contratara, te pagara, para grabar un disco, editarlo... Y, de repente, todo ese mundo no existe más. Actualmente los discos se regalan, la gente se los baja gratis. Al mismo tiempo, los músicos quieren cobrar por la música que graban. Es un tema muy complejo y es difícil saber quién tiene la razón. Parecería que las dos partes la tienen al mismo tiempo. Yo lo que hago es vender mis discos en mis shows, no tengo trato con discográficas. También cuelgo mucho material mío en Internet. Eso también me sirve para difundir mi música y que mucha más gente me conozca y venga a verme.

Fuiste músico y amigo de Pappo, ¿cómo lo conociste?
Fue por intermedio de su hijo, que es muy amigo mío. Yo a Luciano lo conozco desde que tenía 13 años, incluso antes de que supiera que era hijo del Carpo. Luego Luciano me presentó a Pappo y así terminé tocando en Pappo’s Blues.

Así de directo, nomás…
Sí. Es más, el primer show en que toqué con Pappo fue en Obras con B B King, y lo conocí ahí mismo. Fue en el ‘94, luego de que él hiciera el disco Blues Local. Justo estaba buscando bajista. Yo en esa época estaba tocando con Black Amaya en una banda que se llamaba Los Robertones. Un día, mientras me estaba tatuando, me llaman por teléfono para avisarme que pasara por Obras, a saludar no se a quién. Todo muy raro. Cuando llego a Obras, aparece Pappo, me da la mano, y me dice: “¿Vos sos Machy?” Sí, le digo. “Vamos a tocar”. Entonces me dan un bajo y subí a tocar seis temas con él. Estuvo bárbaro. Recién lo había conocido y ya estábamos tocando en un escenario sin siquiera haber ensayado. Al otro día me dicen que vaya a tocar de nuevo. Así empezó todo. Al final, estuve cuatro años tocando con Pappo en más de 300 shows. Fui uno de los bajistas que más duró tocando con él.

Pappo cambiaba mucho de músicos, ¿era una persona complicada para tratar?
No, lo que pasa es que había mucho descontrol en su entorno, muchos excesos. Con él sólo me pelee una vez, en el ‘97, y me fui seis meses pero, me llamó de nuevo porque había probado con ocho bajistas y ninguno le gustaba. Conmigo Pappo se divertía mucho tocando. Me acuerdo que en los ensayos hacíamos temas de Satriani, los Stones, Jeff Beck, etc. En el escenario improvisábamos un montón, estaba buenísimo. Por ejemplo, en 300 shows no tocamos casi nunca “Desconfio”, que es uno de los temas más conocidos de él.

¿Cómo fue la experiencia de grabar junto a Pappo el disco Caso Cerrado (1995) y tocar con grandes de la música como Carmine Appice, Tim Bogert y John Lee Hooker?
En realidad, con las tecnologías modernas, me es muy común el caso de compartir grabaciones con músicos a los cuales nunca vi en persona (risas). Esos temas ya los trajo Pappo grabados de Estados Unidos. Yo grabé seis temas en Buenos Aires, entre ellos "Ruta 66", en el cual, por un error de producción, figura en los créditos que toca el bajo el Zorrito Von Quintiero. Pero esto no es cierto, ya que yo borré el bajo del Zorrito por orden de Pappo, y quedo mi línea de bajo en la grabación final. De hecho, yo cobro por mi participación en ese tema en AADI (Asociación Argentina de Interpretes.)

Luego de su muerte, la figura de Pappo se revalorizó un montón, ¿qué opinás de eso?
Mi opinión es bien clara. Yo no quiero hacer tributo a Pappo, no me gusta estar metido en eso. Sí bien estan buenos los homenajes, no está bueno dedicar una carrera artística a ello. Y siempre veo gente que lucra con su figura. Tipos que no lo querían, gente que habló mal de él durante años, y que ahora le hacen homenaje. Continuamente me llaman para tocar en varios tributos pero yo me niego. Yo fui amigo de Pappo y muchos tipos que dicen que fueron amigos de él, cuando estaba vivo no lo podían ni ver. Está todo muy manoseado y esto es algo que viene de larga data. Por ejemplo, con el disco Pappo y Amigos. Ahí no vas a encontrar muchos “amigos” de Pappo, incluso no participaron verdaderos amigos de Pappo como Black Amaya y otros. Sólo fue una movida comercial. En un tema aparece Andrés Ciro cantando y Pappo nunca escuchó a Los Piojos en su casa. El Carpo escuchaba blues, Jethro Tull, Metallica; nada que ver con eso.

Con Pappo’s Blues también tocaron como teloneros de los Rolling Stones, la primera vez que vinieron en febrero de 1995. ¿Cómo viviste esa experiencia?
Eso no fue especial para mí, porque su música nunca me interesó demasiado. Con el único que llegué a tener contacto fue con el bajista Darryl Jones, que debutaba en esa gira como reemplazante de Bill Wyman. Podría haber conocido personalmente a los miembros del grupo, porque estábamos invitados al lugar en que estaban ellos, pero yo nunca fui porque recién aparecía por el estadio un rato antes de salir a tocar. En cambio Juanse tenía que estar a las 5 de la tarde y ya estaba a las 10 de la mañana en River. Los seguía por todos lados. ¡Hasta se alquiló una habitación en el hotel para estar al lado de la de Jagger! (risas) En mi caso, yo no tengo ídolos. Siendo bajista me gusta Jaco Pastorius, pero sólo un par de discos. Me gusta mucho Led Zeppelin, pero sólo cinco discos. Lo mismo con Yes o King Crimson, de los que me gustan cuatro o cinco discos, o con los Beatles, de los que me gusta solo un disco, etc. Yo veo que muchos fans de los grupos del rock a sus ídolos le perdonan todo. No es mi caso. De Genesis, por ejemplo, me gusta muchísimo todo lo que hicieron en los ‘70; de lo que hicieron después no me gusta casi nada. Con Rush me pasó lo mismo, después de Moving Pictures no me gustó lo que hicieron.

Además, en un mega show como ese de los Stones; la música pasa a un segundo plano. Lo que más importa es el espectáculo, ¿no?
Claro, yo lo vi de costado y no entendía porque la gente se volvía tan loca. Al otro día, me fui al medio del campo y me di cuenta de lo espectacular que era el show, con las explosiones y todo eso. Algo que sólo se puede apreciar de lejos, nada que ver con lo que yo estaba acostumbrado. Imagínate que cuando yo era chico quería estar cerca del escenario para ver los pequeños detalles, todo lo relacionado con lo musical. Ver cuando al guitarrista se le caía la púa y cosas por el estilo. Eso ahora a nadie le interesa. Agarrás un suplemento de rock y lees que toca Oasis y lo único que se comenta es el color de los pantalones del cantante. Ya no importa la parte artística, se comentan boludeces.

¿Qué te gusta del rock internacional actual?
¿Qué me gusta? ¡Nada! (se ríe) Bueno, me gustó un poco algo de Muse, nada más… Lo que sí me gustaría escuchar es la formación nueva de King Crimson con tres baterías…

¿Pensás que esto tiene que ver con una degradación en la calidad de los grupos que fueron surgiendo en comparación con la música que escuchabas de pibe en los ´70?
Bueno, es que en los ´70 se creaban cosas todo el tiempo en el rock… Hoy, lamentablemente, solo se copia y recicla los sonidos del pasado… No hay nada creativo.

Del rock argentino actual, ¿te gusta algo?
En realidad, no hay rock argentino… Todo es un pop latinoamericanizado con Marshalls… La única banda de la actualidad que me gusta se llama Vudú. Son unos pibes de Santa Fe que tocan bárbaro y que deberían ser escuchados mucho más. Su música me hace acordar a Zeppelin. Si viniera un rumano y me preguntara como es el rock argentino yo le haría escuchar a Vudú, no a Pity o a Calamaro.

¿Qué referentes tenés en el bajo?
No muchos. De acá, Alejandro Medina, Willy Quiroga, Eduardo Frezza (El Reloj) y Alex Zucker (ex Alas) fueron mis influencias; y de afuera Stanley Clarke, Chris Squire, John Wetton, Roger Glover, Geddy Lee, entre otros...

¿Cuáles son tus marcas preferidas de bajos y equipos?
Por supuesto, me gustan los buenos instrumentos: bajos Alembic, más que nada... Y en amplis, Trace Elliot y Hartke, sin duda... De acá, me gustan los amplificadores Wenstone y los bajos DOH Series, que son los que uso.

 
Ahora estás tocando mucho el Stick Bass en vivo, ¿no?
Sí, estoy tocando poco el bajo, trato de tocar más el Stick, según los laburos que tenga. En realidad, estoy tocando Stick Bass por necesidad, porque tengo un serio problemas en las manos, y me cuesta mucho tocar el bajo, entonces estoy haciendo bajos con el Stick, que es mucho más blando y cómodo...

¿Cómo hacés para auto gestionarte? ¿Se puede vivir de la música en la actualidad sin tener el patrocinio de nadie?
Toco en vivo todo el tiempo, genero proyectos y movidas… Como en la vida, si te quedás quieto te pasan por arriba.

¿Qué opinás de la difusión que se le da al rock en los medios masivos?
Solo es interesante y creativa en los medios under. los medios oficiales, prensa masiva, tele y radio, son muy superficiales y banales.

Tocaste fusión, rock progresivo, hard rock, blues… ¿En qué estilo te sentís más cómodo?
Me gusta mucho la música de raíz afroamericana: jazz, blues, rock, soul, ahí me siento más cómodo… Por supuesto, como señalás, también me gusta mucho la música inglesa de los ´70. Me encanta esa mixtura con la música clásica y la tradición europea, que se hizo en el rock británico clásico de esos años.

Para terminar, una pregunta que le hacemos a todos nuestros entrevistados: Nombrame un tema de otro artista que te hubiese gustado componer a vos.
¿Uno solo? Ok. (piensa) ¡¡"Black Dog”, de Led Zeppelin!!

Emiliano Acevedo


domingo, 19 de julio de 2015

Una velada con SALGADO & ASOCIADOS, en vivo en Roseti



Camino, largo camino. Es sábado a la noche, y parece que es imposible llegar al show de Salgado & Asociados en el Centro Cultural Roseti. Mañana hay un acto eleccionario y por eso este concierto hoy arranca temprano. Pero la ciudad es un infierno, y los medios de transporte parecen conjugarse en contra de este redactor, que lo único que desea es sentarse a escuchar la música de este grupo inusual. Un combo de jóvenes y talentosos músicos dispuestos a romper con cualquier límite rítmico y sonoro, en ese complicado arte sin igual de la improvisación.

Por fin, llegamos. Roseti queda en la calle ídem a metros de Federico Lacroze, en pleno barrio de Chacarita. Desde afuera parece una puerta más, pero un timbre no da lugar a engaños, estamos aquí listos para el show. Adentro, mucha gente cool se distiende tomando tragos y charlando, quizás apurando un vaso de cerveza, mientras aguardan los primeros sonidos de la noche. Espíritus sensibles, desperdigados en un amplio salón repleto de sillas, mesitas, almohadones, cómodos sillones, sofás y cojines. Un mobiliario variopinto de diferentes décadas y lugares de procedencia. Mientras tanto, una iluminación modesta, proyectada a través de varias lentes y prismas, atraviesa gelatinas de colores diversos, alumbrando el fondo de la escena y los músicos que van ocupando sus lugares. Sin dudas, el marco ideal para este concierto de Salgado & Asociados que está a punto de empezar. Una psicodelia de claroscuros, rojos y azules, que hacen que los espectadores se sientan teletransportados a uno de esos clubes londinenses de la escena contracultural de fines de los ´60. Ni más, ni menos. Un viaje sensorial de luces y sonidos.


Como ya dijimos en nuestra introducción a la entrevista que le dio a este blog, Francisco Salgado es un músico talentoso e inquieto, un artista que sabe bien como deformar sonidos, creando un repertorio de composiciones propias extrañas y originalísimas. Y la música de su grupo… ¿Es blues? ¿Es jazz? Es y no es, a la vez, ambos géneros; o mejor, su música no es más que la perfecta hibridación de la herencia negra de los ritmos afroamericanos, mixturados con la vanguardia europea, se podría decir… Bueh, ni yo lo sé bien, para que te voy a camelear. Y es que, como ya sabemos, todo lo referente a la experiencia musical es intransferible en palabras, por lo que tratar de describir la música de Salgado & Asociados parece ser una tarea tan vana como poco probable. Porque solamente asistiendo en vivo a esta experiencia se podría captar como esos sonidos te van carcomiendo el cerebelo, y como eso que al principio parecía disonante, termina convirtiéndose en el sonido más armónico del mundo. Por supuesto, para realizar esta operación audio sensorial es necesario estar desnudo de cualquier complejo, y tener los oídos bien abiertos, más allá del cuadrado sonido FM. Porque solo algunos privilegiados serian capaces de percibir los grandes detalles de este arte, así como la grandeza sutil y profunda de lo que significa la improvisación musical. Una práctica que pone a prueba nuestra capacidad espiritual, intelectual y nuestro arco sensible porque se trata de cuestiones que, partiendo desde el alma y la mente de aquellos que lo inventan, llegan a lo más profundo de nuestra existencia sensorial.


Y es que, indudablemente, Francisco Salgado es un joven portador de un sonido sumamente revolucionario y extremo. Pienso, por ejemplo, en “Tren”, el primer tema de la noche, que arranca –valga la redundancia- como un viejo convoy a punto de la defunción, en medio de esos sonidos de armónica y saxos que van encontrando su lugar de a poco. Sin mediar palabra, estos músicos arrancaron con un trio ensamblado de vientos que fue una locomotora de potencia libre y soberana, en donde Salgado tomó la escena y la hizo suya desde el primer berrido de su armónica hasta el último acorde soplado por este conjunto en esta comunión de dos géneros que representa un código que parece pertenecer solo a uno. La música suena lúgubre, como si fuera el acompañamiento de un entierro en el lejano oeste. Sin embargo, presentimos que esta calma aparente no va a durar… y teníamos razón, porque de repente todo explota, y esa bola hipersónica hace saltar por el aire a más de un distraído, con una intensidad  soberbia, un agudo ronco que te remueve el esfínter y te provoca un aullido contenido de placer e instintos profundos. Una aplanadora que te golpea brutalmente directo en el mentón. Un concatenamiento de ritmos y sonidos extraños pero poderosos. El ritmo va creciendo en intensidad hasta acabar en un desmayo. Y algo nos dice que este “tren” del título va llegando a su destino final. Fantasmales sonidos van apagándose con la armónica de Salgado en ese solo definitivo, que, a la vez, prepara el camino para lo que vendrá. Sin dudas, este primer número fue un despliegue de potencia musical insólita.


Que tanto el blues como el jazz sigan evolucionando sin perder su mística sigue pareciendo un milagro que ocurre frente a nuestras narices, de la mano de Francisco Salgado y sus secuaces. Y es que nada en esta noche son escalas habituales, ni estándares convencionales; todo es intenso, rugoso y anárquico. Y yo, espectador impávido, nunca me esperé un arranque con semejante potencia, con un vuelo musical que tan solo algunos afortunados pueden percibir. Una expresión humana pura y salvaje, silvestre, arrancando desde el alma y las mentes brillantes de los que pueden, los que saben y los que quieren. Y que esta noche estos seres tienen nombre y apellido: Francisco Salgado (trombón y armónica),  Bárbara Togander  (voz), Wenchi Lazo (guitarra), Pablo Moser (saxo barítono y soprano), Hernán Samá (saxo tenor), Guillermo Roldán (bajo) y Sebastián Groshaus (batería).

Imagine estar viendo a Frank Zappa y Captain Beefheart en el Filmore East, a principios de los ´70; o haber sido uno de los santificados espectadores que asistieron a alguna de las primeras presentaciones de King Crimson. Bueno, ese nivel de Knock Out Sonoro es el que exhibe Francisco Salgado y su agrupación en esta noche de mayo. Ahora es el turno de "Hoochie Coochie Woman",  un tema que empieza sigiloso, y va aumentando en intensidad, mientras Bárbara Togander canta, en forma sexy y demencial, unos versos en donde parece que su alma ha sido poseída por los espíritus de legendarios bluseros del Mississippi.  Y este segundo tema, sin dudas, es otra composición que también cuenta con solos de una base rítmica y armónica de alta categoría y verdad pura.


Si, alguna vez, alguien le pregunta cómo suena "Blues Invocado", dígale: “es como estar chapoteando en un pantano”. Un pantano bien verde, de aguas podridas, en donde se aprecia ese embrujo de blues invocado por la armónica y el trombón de Salgado y el saxo de Pablo Moser. Un conjunto de que aquí rozó lo indescifrable; y es que semejantes sonidos soplados desde un saxo soprano no recuerdo haber escuchado antes… Una dupla de lujo, esta de Salgado y Moser, a los que acompañan esa máquina de tirar notas que es el bajista Guille Roldan y el incansable Sebastián Groshaus en la batería. Wenchi Lazo, como casi toda la noche, se destaca en la viola no por ser un exhibicionista de las seis cuerdas, sino por tocar exactamente lo que le pide cada sección de los diferentes temas, ni más ni menos.

"Klaus Shuffle" comienza con un largo solo de armónica de Salgado, que es el preámbulo a un impromptu desbocado de todos los músicos, quienes construyen, destruyen y vuelven a construir catedrales sónicas, sobre una base de groove impresionante. Un gran tema que se presta para el lucimiento de todos los músicos, en especial Wenchi Lazo, con su guitarra filosa como navaja. Mientras que en "Trátala bien", el necesario bis final de la noche, ese sonido  potente y constante de este ensamble de jazz-blues satánico, toca con dulzura una balada, rompiendo la música en mil diferentes posibilidades de sonido que escapan a la imaginación más fértil, como si estuvieran grabando un disco en vivo delante de nuestro ojos, eso que Salgado & Asociados suele hacer, como en su primer opus registrado en Thelonius en diciembre de 2013. Una música vivaz, en constante transformación, que tiene que ser grabada en vivo, como ya nos explicó Francisco, en la entrevista que le hicimos alguna vez.  


Pero volvamos nomás a este bis, “Trátala bien”.  Con su apertura lánguida y melancólica, en donde los tambores se conjugan brillantemente con el trio de vientos, se abre este tema sutil en donde Wenchi Lazo te estruja el cuore con el conmovedor sonido de su guitarra. Con un encadenamiento de solos muy sentidos pero sin nada  de sentimentalismo al dope, sino emoción en estado puro, que –paulatinamente- va dando paso al lucimiento de Guillermo Roldan, quien demuestra  –una vez más- que es un bajista preciso y con buen gusto. Al final, el tema se va como empezó, cerrando ese perfecto círculo de sonidos, melodías y ritmos varios que nos acompañaron en esta velada.

En resumen, llegué a Roseti pensando que en los años sesenta de la contracultura psicodélica inglesa del Swinging London hubiéramos estado viendo a Pink Floyd, Family o Traffic en el mítico Club UFO, y no tardé demasiado en darme cuenta que la música contracultural, free, y experimental está intacta en grupos porteños como Salgado & Asociados  y otros.

Curiosa noche, una vez más, ojalá se repita…

E. A.



viernes, 10 de julio de 2015

ROCK N´ ROLL SIN PARAR, entrevista a Boff Serafine




Sin dudas, Héctor Boff Serafine (1957) es un laburante del rock, un tipo que hizo de su vocación una forma de vivir y sentir ese género musical que lo apasiona. La suya es una vida en la que el sacrificio y las ganas de seguir adelante, manteniendo bien arriba las banderas del rock, fue (es) todo un manifiesto existencial. 

Como guitarrista se ganó un lugar destacado siendo el ladero fiel del gran Norberto Pappo Napolitano en Riff, el mítico grupo rockero, así como en Hoy No Es Hoy y en varias formaciones de Pappo´s Blues. Pero lo suyo no se agota ahí, ya que Boff también tiene una larga trayectoria personal que desemboca en su labor solista, que lo encuentra en la actualidad tocando, en gira casi permanente por todo el país, y proyectando su cuarto solista, que promete será el mejor de su carrera. Por eso, para charlar de todo esto y más, hoy nos tomamos el Expreso General San Martín, en un viaje sin escalas hasta Pilar, para visitar a este musicazo, quien en esta nota nos cuenta cómo fueron sus comienzos y como pulió ese sonido de viola rockera inoxidable. Por supuesto, también se hablará de su paso por Riff y su amistad eterna con el Carpo, así como de su actividad solista, y de que le gusta y disgusta del rock actual. ¿Algo más? Bueno, lee la nota y seguro lo encontrarás. Porque es Boff en primera, que digo, en primerísima persona…


ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus inicios en la música y cuando empezás a interesarte con el rock?
Mis inicios en la música fueron a muy temprana edad, ya que mi interés por lo musical me llega por herencia de mi padre, el cual fue músico de conservatorio, y llegó a tener a su cargo una escuela de música, allá por los años ´50, antes de que yo naciera. Por tal motivo hay en mis genes música, melodías. Mi padre era un acordeonista, muy melómano, y entre su colección de discos, había álbumes de (el guitarrista) Les Paul y Elvis Presley, y también de Oscar Alemán. Bueno, también había discos de tango y folklore, los cuales escuchaba desde que era muy chico. Luego, al ir creciendo, me di cuenta que lo que más me interesaba era el jazz o el hot jazz; como por ejemplo los discos de Washington Bertolin. Recién en los ´70 empecé, cada vez más, a escuchar música rock, todo tipo de grupos entre los Beatles y Creedence; y me volví un fanático total de este género…

¿Arrancaste estudiando guitarra de una?
No. Mi primer instrumento fue el teclado, que me dio la posibilidad de entender y apreciar melodías. Después me despertaron interés la batería y el bajo. La guitarra creo que llega a mí por descarte… (risas)

¿Y eso cuando fue?
Mi pasión por la guitarra nace a principios de los ´70, cuando yo ya tenía definido qué tipo de música realmente me interesaba. Por supuesto, en esos primeros tiempos, cuando escuchaba a monstruos como Clapton, Peter Green, u Oscar Alemán, me acobardaba pensando que jamás iba a tocar como esos tipos. Luego, con el correr del tiempo, esa percepción en mí fue cambiando, porque ya no se trataba de tocar como tal o cual violero sino más bien tener mi propio sentido; y eso lo fui formateando mediante las escuchas sucesivas de Pappo´s Blues Vol 1, 2 y 3. Y es que ahí fue cuando descubrí a un detonado como Pappo, y que me dije: "¡ffffaaaaaaa, ahiiii vooooyyyy!"

¿Qué otros artistas eran tus preferidos en esas épocas?
Varios de esos músicos preferidos los mencione antes: Oscar Alemán, Les Paul, Elvis, Creedence Clearwater Revival, en especial su guitarrista John Fogerty… Bueno, también me encanta la primera época de los Rolling Stones con Mick Taylor en la viola, Clapton, Jeff Beck, Jimmy Page, y lo que hacía Peter Green en Fleetwood Mac. También me mataba la música de ese pianista genial que fue el Mono Villegas. Otros que siempre me gustaron fueron Hernán Oliva, el violinista reconocido por el Hot Club de Francia, y, por supuesto, el tremendo Django Reinhardt.

Nota en la revista Pelo, 1984
¿Cómo puliste tu estilo en la viola?
Mi estilo lo fui puliendo con esfuerzo y con mucha dedicación, fueron muchos años, hasta que conseguí no tratar de imitar a nadie, pero el hecho de haber crecido junto al gran Pappo, me dio grandes ventajas, sin dudas…


Justamente, con el Carpo formaste parte de Riff, un grupo que redefinió el rock argentino. Ahora, luego de tantos años, te pregunto: ¿Qué es Riff para vos?
Simplemente, Riff fue una gran banda de rock que marco un estilo, el cual fue la sumatoria de personalidades y estilos. Para mí, Riff significó mi crecimiento musical, estando al lado del mejor maestro que pude tener.

¿Y cómo hiciste para ir moldeando tu estilo en Riff, en tu afán por buscar nuevos sonidos, para aportarle a la música del grupo ese arsenal de efectos y pedales que sorprendió y marcó una tendencia, ya desde los comienzos del grupo con Ruedas de Metal?
Mirá, lo que te puedo decir, es que mi estilo fue mutando con el correr de los años. Al principio, solo eran la viola, el cable y el Marshall. Después vendrían algunos efectos adicionales, con pedales Boss, distorsion, delay y chorus. En los ´90 fui por más, porque ya tenía racks Roland; y a partir de finales de los ´90, ya tenía todo el set en racks, una potencia Rivera Stereo, con jmp1, Marshall y la nueva Roland GP100 con las dos cajas Rivera 4 x 12. Me acuerdo que, al principio, tenía cuatro cajas igual que Pappo. O mejor dicho Pappo tenía cuatro como yo… (risas) Porque cuando me vio con los Rivera, tildó mal y se cambió de marca de una.

En una entrevista que le hice, Michel Peyronel se quejaba de los “pseudo periodistas” que definen a Riff como “una banda más de Pappo”, cuando el grupo no tiene nada que ver con eso. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Comparto lo que dice Michel, porque, a ver, si bien el ideólogo de armar una banda con el nombre Riff fue Pappo; en este caso, cada cual dentro de la banda puso su sello, y personalidad. De hecho, cada integrante tomó notoriedad ante el público, y ya no solo se hablaba de Pappo, el gran guitarrista, sino de una banda con mayúscula, que podía sostenerse en su propio repertorio. El tema es cuando aparecen esos que son más “pappistas” que Pappo, y ponen a su figura por encima de la de Riff, como si el resto de los integrantes hubiésemos sido solamente meros músicos acompañantes...

¿Qué te acordás de la aparición de Riff en el Festival (y posterior película) BaRock de 1982?
Lo de Riff en BaRock fue algo tremendo y único. Creo que fue la gran revelación de la banda. Y la película fue otro momento tremendo, gracias a un director que se la jugó: el gran Héctor Olivera.

¿Cómo era esa escena del rock de los ´80 en la que estaban metidos, había tanto descontrol como parecía?
Lo de los ´80 fue todo raro. Recordá que vivíamos en una democracia incipiente, y todos aun estábamos muy susceptibles por todo el daño moral y psicológico que había sufrido el país. Creo que la música ayudó a liberar energías acumuladas. Y esto, por momentos, se fue de control. Algo normal para la época.

¿Y cómo se llevaban con el hecho de ser catalogados por la prensa como un grupo que promovía la violencia?
Eso que decía la prensa en esa época era su lectura simplista y cobarde de criticar a algo que no sabían como encuadrarlo. La misma historia de siempre: como no saben de qué se trata, seguro deber ser malo...(risas) 
Era más fácil criticar a una banda de rock que hablar de los verdaderos violentos del país: los militares…


¿Qué recuerdos te quedan de aquellos años del rock nacional, cuando lo comparás con la movida actual?
Aquel rock era más directo y, creo, con un mayor contenido; fue una movida muy interesante en la que empezaron a salir muchos músicos. Otra de las diferencias fundamentales es que en aquella época la escena del rock argentino era más artesanal; mientras que hoy, lamentablemente, todo es más mercenario. Ahora ya no importa tanto el estilo del artista, sino más bien el dinero. Y si no fijate, José Palazzo, director del Cosquín Rock, me discriminó siempre; mi amigo Carlos Tortola amagó, trajo docenas de bandas internacionales, pero me dejo afuera; y así muchas empresas productoras, que en su momento no eran nada en el ´80, y el hoy se dan el lujo de negarte cualquier posibilidad de laburo. Esa es la típica falta de respeto por los artistas que hicieron punta, o patria, y que, aun hoy, lo siguen haciendo.

¿Por qué se separa Riff en el ´84, a pesar del éxito que venían teniendo?
Riff se separa por una sumatoria de hechos, algunos externos –relacionados con estas problemáticas de las que hablamos recién-, pero sobre todo por problemas internos. Creo que la estructura del grupo ya estaba muy resentida. Por otro lado, la llegada de un quinto integrante, Danny Peyronel, no fue una buena idea para esa época, y menos en un grupo donde el líder era Pappo.

¿Cómo era trabajar con Pappo?
¿Cómo fue trabajar con Pappo? ¡¡Lo más!! Sin dudas, lo mejor que me pasó en mi carrera de músico. Por algo me llevó a formar parte de la banda histórica del país, y luego también de Hoy No Es Hoy y Pappo´s Blues. Toqué más de veinte años con él, ¿por qué habrá sido?

Él era una especie de nene grande, ¿no?
Mirá, te lo resumo así: Pappo siempre te sorprendía, con temas nuevos o con alguna historia de terror… (risas)

¿Y por qué Riff tuvo tantas idas y vueltas? ¿Por el propio Pappo, por las relaciones personales entre ustedes cuatro, o por factores externos?
Las idas y vueltas fueron simplemente por temas de personalidad, quien era el más poronga, quien era la cara visible, o quien dirigía… Simplemente, la gran boludez argenta. Ahí Pappo corría con ventajas.

¿Cuál pensás que es el mejor disco de Riff y cuál es el que menos te gusta?
Para mí, los mejores, seguro, son Contenidos y Que Sea Rock. Zona de Nadie es impecable, pero si no hubiera sido por las precarias condiciones técnicas y de grabación de los ´80, hubiese sido aún mejor. Por otra parte, si se hubiera logrado un sonido tal vez semejante al del Pappo´s Blues Vol.3, hoy Ruedas de Metal sería una patada.

Nota en la revista Humor: "Riff salva al país", 1990.
Justo recién nombraste a Que Sea Rock, un álbum que no tuvo demasiada difusión en su momento y hoy es considerado casi de culto por varios fans. ¿Qué opinás al respecto?
¿Que sea Rock revalorizado? Y, bueh, como siempre, tarde; pero es como todo lo que no tiene sentido. Y este es un fenómeno común en nuestro país. Por ejemplo, Pappo en vida, capaz que metía no más de 1000 personas en algunos shows en Capital, y, cuando murió, se calcularon mucho más de 15000 personas en su entierro en La Chacarita… Lo que lleva a preguntarme: ¿Dónde estaba toda esa gente cuando el Carpo estaba vivo? Por supuesto, no hay respuesta, pero el sentimiento es (y será) siempre más fuerte…

Justamente, Que Sea Rock parece que fue el disco en donde estuvo más repartida la labor de composición, ¿no? ¿Compusieron todos a la par?
Ni ahí. Se decidió que firmemos todo los cuatro, nada más.  Por ejemplo, “Reza duro”,  “Estamos hartos” y  “En un harém de Agadir” tienen música mía y letra de Pappo.  En “Que sea rock”  y “Sátiros sueltos”, escribió la letra y la música Pappo. “Es tarde” es de  Vitico; y “Bienvenida a mi lado oscuro” tiene música de Pappo y letra de Michel.
 
¿Cuál es para vos el legado de Riff? ¿Ves a algún grupo de la actualidad que siga esa veta rockera?
Con respecto al legado de Riff, no sé si alguien lo tiene, pero si tenemos muchos representantes de nuestra música en todo el país y eso es más que suficiente.

Hoy No Es Hoy
¿Cuál es el balance que hacés de tu paso por Boxer (en 1984) y Hoy No Es Hoy (1987)?
Boxer podría haber sido una gran banda, pero ahí cometí un gran error de principiante. Hoy No Es Hoy es un grupo que quedó para la historia; una experiencia única, inolvidable. En ese grupo, los temas, las letras, todo el laburo de composición, lo teníamos repartido con el Carpo.

Siempre te mantuviste más allá del mainstream, ¿te considerás un artista de culto?
(se ríe) ¿Artista de culto? ¿Yo? No sé, si sé que soy algo especial, un tipo con un estilo personal, y que no traiciona sus orígenes.

¿Cómo pensás tus discos, la música, los temas que van a estar incluidos en ellos?
Bueno, por ejemplo, los nuevos temas de mi próximo CD ya están hechos, solo falta grabarlos. Como siempre, y este no va a ser la excepción, me interesa mantenerme haciendo heavy y canciones con mucho rock n´ roll… Así soy yo, otra no hay.

Los títulos de tus álbumes solistas (Harto de esperar, Recargado o Un hombre hostil) parecen definir diferentes estados de ánimo tuyos. ¿Fue pensado con esa intención?
Tal cual. Por ejemplo, Harto de esperar, el titulo lo define todo; de hecho, me sigue pasando eso ahora mismo… (risas) Recargado tiene que ver, más bien, con la filosofía (de la película) Matrix; porque siempre algo de ciencia ficción hay en nosotros. Un hombre hostil ya tiene que ver con algo personal mío, la letra lo define muy bien.

¿Y cuál de tus discos solistas te dejó más conforme y por qué?
Aun no llego ese disco que me llene del todo y ahora voy por eso, con esta banda maravillosa que tengo con Germán Bobbera en la batería, el Colo Denis en viola y voz, y la divina de Ana Laura en bajo y coros. 


¿Cómo hiciste para animarte a empezar a escribir letras y que temáticas te convocan e inspiran a la hora de escribirlas?
Por supuesto, componer es algo que vengo haciendo desde hace años. Con respecto a escribir letras, eso no estuvo tan marcado en mí de entrada. Seguramente, tras la desaparición física de Pappo, no me quedó otra que ponerme a escribirlas. No tengo una temática definida, por ahí me pega lo político, como es el caso del tema “Dado de baja”; o también puede haber canciones como “Canción de Septiembre”, que habla de una mujer solitaria. 


Acá va una pregunta que hacemos a todos nuestros entrevistados: ¿Qué canción de otro músico te hubiese gustado componer?
Del rock de acá, alguna de ese grande que es Ricardo Mollo; “Nene de Antes”, tal vez.... Por supuesto, también me hubiese encantado componer “Sucio y Desprolijo”, del Carpo.


¿Cuáles son tus guitarras y equipos preferidos?
Me gustan Gibson; y Hamer, del cual soy endorser; y Rivera Amp.

¿Cómo es tu labor como productor, que evalúas y aportás a los artistas con los que toca trabajar a la hora de hacer un disco?
Como productor trato de sacar de los nuevos talentos lo mejor que tienen, sin llegar a lastimar y dañar sus sentimientos, o sea, mostrarles algo que no está bien, marcarles algo que no es correcto, pero con pruebas y experiencia propia. Y eso se valora, porque la crítica o la corrección no vienen de un tipo que recién empieza.

¿Estás al tanto de lo que pasa en el rock de acá? ¿Hay alguna banda nueva que te atraiga de forma particular?
Bueno, Eruca Sativa es una banda tremenda. La Naranja no es nueva, pero mantiene la bandera del rock bien en alto. También hay algunas otras que me gustan, pero no recuerdo sus nombres ahora.

¿Y del rock internacional de hoy, quienes te gustan?
Halestorm.

¿Cuál es tu opinión de que haya tantos shows de rock internacional?
Lo internacional es bueno o contraproducente. De repente programás una fecha y te meten algo grande de afuera y te la metiste en el culo. Y es que no hay tanto dinero para que la gente vaya a todos lados ni tiempo, creo. Por ejemplo, en Brasil hay una ley que protege a los músicos locales en estos casos. ¿Y aquí? Aquí solo tocan los elegidos.

¿Qué opinás de la cobertura que le dan al rock en los diferentes medios masivos (prensa especializada, radios, tv)?
La cobertura es limitada, solo los eventos internacionales tienen esa posibilidad. Por suerte está CM Rock, que es una muy buena alternativa para mostrarte.

Y teniendo en cuenta esta situación, ¿crees que desde el área de Cultura, el Estado podría incentivar la promoción de nuevas bandas mediante la realización de festivales, o programas en la radio y tv pública?
Creo que es más que fundamental que el Estado se involucre en la música, porque es una manera de que muchos artistas puedan mostrar su `producto, ya que muchos no tienen la posibilidad de hacerlo con las empresas que organizan los eventos de rock a gran escala. Hoy el Ministerio de Cultura es fundamental para este fin.

Por último, ¿cuáles son tus proyectos actuales?
Bueno, como te dije antes, estoy por cerrar mi nuevo CD, Un maldito pecador, que va a incluir 10 temas, pero que se demora por una cuestión de producción, porque quiero que sea el mejor de mi carrera. Con respecto a otros proyectos, de momento, mi intención es seguir haciendo giras por mi país y apuntar al exterior.

Emiliano Acevedo