lunes, 23 de marzo de 2015

COMO LA PRIMERA VEZ, entrevista a Jorge Minissale



Siempre es un placer dialogar con Jorge Minissale. Porque es un artista apasionado por la música, al que le encanta hablar acerca del fino arte de hacer canciones. Algo de lo que Minissale sabe largo y tendido. Y es que ya lleva casi 40 años de carrera en el rock. Pero recién ahora se animó a lanzar su primer trabajo como solista: Justo y Necesario, editado en octubre de 2014. Un álbum apasionante y variado, con un repertorio de canciones que exploran por igual el pop y el rock. En este disco superlativo, Minissale se destaca por el alto nivel compositivo, así como por su magistral performance en las violas y sus vocalizaciones. Un álbum que cuenta con la participación de músicos de renombre como Ricardo Mollo (guitarra y voz), Pablo Sbaraglia (órgano y piano), Hernán Aramberri (batería), Juan Pollo Raffo (Órgano Hammond C 3 y piano Wurlitzer) Juan del Barrio (piano), Luis Cardoso (guitarras acústicas, eléctricas y slide), Fabián Aguiar (saxo y flauta traversa), Martín Paladino (batería), Mariano Escudero (bajo), y Gustavo Glusman (batería).

Justamente, la edición de Justo y Necesario (disponible en: https://minissale.bandcamp.com/album/justo-y-necesario) fue la excusa de esta charla que tuvo lugar en un café de Palermo, cerca de Plaza Italia. Jorge no solo nos habló de la cocina de este riquísimo álbum, sino también de muchos otros temas asociados a su actividad musical y su presente artístico. Sin dudas, una entrevista de alta musicalidad, que hoy tenemos el placer de presentarles.

ENTREVISTA > Contanos un poco acerca del nombre del disco. ¿Por qué Justo y Necesario?
La verdad que con algunas palabras me llevo bien, como que fui dándome cuenta de algunas cosas, y hace rato que había elegido ese nombre para el disco. Y además, para mí lo cierto es que ya está todo dicho. Nos reíamos la otra vez con (Sergio) Marchi porque decíamos que el próximo se tiene que llamar “Todo en su justa medida y armoniosamente” (risas)

¿Y la tapa?
Tiene una anécdota muy graciosa. En realidad me la regaló un amigo con el que me volví a encontrar y que es ex alumno mío. Lo conozco hace miles de años y como trabaja en una compañía de publicidad, al contarle lo del disco me dijo que me quería hacer la tapa. Así que empezamos a trabajar con la diseñadora gráfica y la idea, en sí, fue de Ezequiel Alchurrón. Y me gustó, porque yo no quería salir en la tapa ni loco, y el dibujo es bien raro. Es semi moderno, urbano… y a mí me parece que el disco va para ese lado. En realidad, (el productor) Pablo Sbaraglia lo llevó para ahí, y a pesar de no haber hablado una palabra, fue consensuado entre ambos. Pablo es muy expeditivo, ¿viste? Yo le iba dando las cosas y él se encargaba de mezclarlo, y a las 5 de la mañana me mandaba el material y me decía: “¿Te gusta?”  Y resulta que todo lo que te manda, te gusta… (risas)

¿Cómo fueron consensuando la producción del disco?
Yo ya tenía hechos los arreglos de los temas hace mucho tiempo. Y Pablo lo dirigió hacia una sonoridad que se relaciona con lo que yo quería hacer: un disco adulto, no un disco sintetizado. Si lo escuchás en realidad, hay mucha “maquinita” pero al margen de eso, mi interés era tratar de hacer algo que sea perdurable Porque, todo lo que es moderno hoy, mañana va a ser viejísimo. Siempre va a ser así. Sin embargo, uno tiene la fantasía de que ciertas cosas perduran. Por ejemplo, vos escuchás los Beatles y lo que dura es el bajo, la batería, la guitarra y el piano, y eso va a estar siempre. Ahora, capaz que escuchás un disco de Depeche Mode de los ´80, y te querés cortar los huevos, porque eso que sonaba súper moderno en un momento después quedó viejísimo. A mí lo que me interesa el concepto de la canción. Las tendencias musicales sonoras van variando. Volviendo a este disco, a mí no me interesaba hacer un disco “puro”, con sonidos de perfección, me gusta que tenga asperezas, si bien todos los músicos lo tocaron súper bien, la impronta de Pablo como productor quedó plasmada. Es decir, él es un tipo que te puede dar, a la vez, complejidad y un lugar medio espinoso. Hay discos de grandes artistas de acá que yo los siento demasiado depurados, y en búsqueda del Hi-Fi, y yo no quería eso…

¿Cómo fue el proceso de grabación?
Empezamos con la batería que se grabó arriba de mis demos. Yo no podía alquilar un estudio 6 meses para terminar un disco. Entonces, las violas y los coros los grabé directamente en mi casa, en mi habitación. Y con eso después fuimos al estudio de Pablo y lo re amplificamos, lo pasamos todo por mi (amplificador) Marshall, y le dimos rosqueta (sic).
El bajo lo grabamos con (Mariano) Escudero en el estudio. Lo que sí había que grabar en el estudio era la batería porque necesita un ambiente. Por suerte, lo tengo a Sbaraglia como productor, que es un verdadero arquitecto sonoro, un tipo con mucha experiencia en esto, que además es músico, tiene talento, y muy humilde…

El disco lo grabaste entre 2012 y 2014. ¿Todos los temas fueron compuestos durante esa época?                                   
No, son canciones que ya venía haciendo. En realidad, cuando terminamos de hacer el último disco que grabamos con Mamporro, yo veía que estábamos con la fuerza necesaria para hacer un disco nuevo. Al final el grupo no siguió, y yo me quedé con las ganas. Después, me puse a laburar en varios proyectos, y ahora me animé a hacer este disco solista. Yo laburé mucho estos temas, durante mucho tiempo. Por supuesto, la diferencia de trabajar en un grupo y hacer un disco solista es que ahora no tengo que rendirle cuentas a nadie, salvo a mi conciencia. Yo tenía como 30 canciones listas a la hora de grabar este álbum, y de ahí seleccioné las que quedaron. Últimamente, me di cuenta que sí me gusta el demo de una canción, me termina gustando 100 veces más cuando la grabo. Y ese es el criterio que adopté para elegir qué temas grabé. Ahora, como también me gustaría poder grabar de nuevo el año que viene, voy a seguir laburando mi material de esta forma, de cara a lo que vendrá.       

¿Cómo es tu forma de componer?
A la hora de componer, en verdad, tiro más a la basura de lo que dejo. Creo que hay que buscar algo, sin hacer música que sea sólo para entendidos. Yo no pretendo que lo que hago le guste a todo el mundo. Sí, pretendo que sea un disco honesto que represente lo que me propuse hacer. Cuando hago canciones de 3 minutos y medio, no las hago pensando en que tiene que ser un producto, las hago porque pienso que es lo que la gente tiene que escuchar. Ojo, quizás pueda estar equivocado. Intenté que este sea un disco que no caiga en los lugares comunes, después, puede salir bien o no, el público será el que lo juzgue.

¿Hubo algún artista o discos preferidos que tuviste como referencia a la hora de grabar este álbum?
Teniendo en cuenta que nadie es dueño de una secuencia de acordes, en lo que te podés diferenciar, al momento de componer, es en la melodía, que es lo propio de cada uno. Yo creo que cualquiera que lo escuche va encontrar en el disco un poco de lo que siempre he escuchado. Yo no podría detallarte puntualmente si tuve alguna música como referencia, porque lo que prima en este material es no estar atado a nada. Qué sé yo, hay canciones como “Como la Primera Vez”, que tienen un estribillo muy marcado, con gancho; pero también hay otras muy raras, que capaz que cortan la melodía que venía, y se terminan yendo para otro lado.

A mí, la canción “Ver para creer” me hizo acordar al sonido beatle o al primer material de Los Gatos, ¿coincidís?
Puede ser. Igual, difícilmente me ponga a escuchar eso a la hora de componer. Aunque, obviamente, esas influencias las llevo conmigo. Hay grandes canciones de toda esa época que son muy interesantes. De cualquier manera, creo que lo que sucede es que como este material mío son canciones tradicionales, que no se vuelan, que tienen un comienzo, un principio y un final, a vos te puede dar esa sensación. Ante todo, mi propósito es ser un compositor popular. Sin embargo, a pesar de que me gusta hacer composiciones populares, también me gusta meter un poco de “veneno” en mis temas. Eso es lo que a mí me interesa: envenenar la canción, o, mejor, engañar al oyente. ¿Cómo se hace eso? Bueno, cualquier canción mía por arriba tiene una superficie visible, mientras que por abajo yo te voy “ensuciando” un poco la cosa. Eso era algo que hacía Luis (Alberto Spinetta), por ejemplo. En muchas de sus canciones vos escuchás que hay un veneno por debajo. Otro caso paradigmático es el de las canciones de Charly (García). Sus obras son monumentales, porque empiezan en un lugar, pero nunca te enterás a donde van. Casi todo el mundo se queda con la costra, y no saben lo que pasa debajo de lo que están escuchando. Su música tiene resoluciones, las armonías viajan, hay mucho cambio de tonalidad. Para hacer eso, tenés que ser muy buen músico, y Charly lo es, sin dudas. Es un tipo que, sin perder su impronta de músico popular, en sus composiciones da cuenta de todo su bagaje, haciendo armonías propias de la música clásica, como las de (Gustav) Mahler, viste.

Es como ese axioma que me dijiste en otra entrevista que te hice: Los grandes músicos populares como Charly saben un montón “pero no se nota”…
Claro. Por ejemplo, actualmente estoy mi interesado en los clásicos del tango, en el material de grandes compositores, como Mariano Mores y otros. Me pongo a escucharlos y los analizo mucho. No me interesa tanto darle pelota a las letras o a los cantores, tan solo me interesa ver cómo está armada la música de esos tangos. Porque escuchás la armonía de esa música, como está construido el tema, y te das cuenta de que eran tipos que sabían muchísimo. Son todas construcciones de música clásica, hecha por tipos que se han pasado horas estudiando. ¿Pero qué pasa? Se morfaron un montón de estudio de música clásica, pero lo bajaron al pueblo. Hacer de ese bagaje temas populares. Eso me parece extraordinario. Me encantaría poder hacer algo parecido. Por lo menos eso es lo que intento, después vemos si sale o no sale. Te repito: Mi ideal es hacer temas populares, pero, obviamente, con el sonido de viola y los arreglos que a mí me gustan. Yo creo que como músico, uno tiene que, desde su obra, proponer algo al oyente; a partir de sus posibilidades.

¿Cómo hacés para cantar tan bien? ¿Estudiás canto?
Bueno, gracias… (risas) No, no hago nada. Simplemente, grito un poco antes de cantar, voy calentando la voz. No tengo técnica ni nada que se le parezca. Alguna vez, de chico, fui a aprender lírico con una profesora que me hacía cantar en latín. Estuvo bueno pero no fue determinante en mi forma de cantar, creo. Seguramente, el haber estado al lado de grandes cantantes como (Miguel) Zavaleta ya te hace aprender. Después está el tema de los timbres, vos podés moldear tu timbre de voz. Hay voces más puras, otras más fuertes. A mí las voces muy puras no me gustan. No me interesa poder llegar a cantar abarcando dos octavas enteras, eso no es lo mío. También, convengamos, que yo canto “pseudo bien” mis cosas, mi material; yo no me meto a cantar cosas de otros. Soy consciente de mis limitaciones. Eso es una de las pocas cosas que aprendí muy bien: uno tiene que hacer hasta donde sabe que puede llegar. Por ejemplo, seguramente que si me pusiera a cantar un tango, sonaría choto. Lo he visto en otros artistas, que hacen muy bien sus cosas, y, capaz que se ponen a cantar un tango y pasan vergüenza. Así que, como dice el refrán, zapatero a tus zapatos…

¿En qué te inspirás a la hora de escribir las letras de los temas?
Yo vengo trabajando mucho las letras, me gusta mucho eso. Antes, siempre dejaba las letras para el final, pero ahora no me viene pasando eso. Antes me costaba mucho escribir sobre temáticas cotidianas, siempre me salió bien hacer letras más introspectivas, más filosóficas. Porque  me salía mejor no exponer mis sensaciones, sino razonar sobre algo. Ahora estoy trabajando esa otra parte mía que antes me costaba mostrar. Estoy tratando de no tener vergüenza en decir ciertas cosas. Es muy  importante, y muy interesante para mí, aprender a escribir letras que sean más directas, si se quiere. Todo esto forma parte de un proceso en el que además de escribir, también me encuentro muy interesado en la lectura. Ahora estoy leyendo mucha poesía, y otros textos. Igual, siempre me acuerdo del hijo de puta de Capusotto, cuando en su programa ridiculiza la forma en que se escriben letras en el rock; entonces me termina dando mucha vergüenza cuando me sale alguna metáfora “spinettiana”… (risas) Por supuesto, soy muy obsesivo con lo que escribo, por eso lo termino revisando como 50 veces antes de dar por concluida una letra.

En letras de canciones como “Probaste alguna vez” parece que le hablás directo al oyente…
Sí. Igual, no quiero dar consejos con mis letras. “Probaste…”, en todo caso, se corresponde a eso que te decía de componer algunas letras bien introspectivas. Curiosamente, hace poco, un muchacho que se bajó el disco, me comentó en Facebook que le había llegado mucho el mensaje de esa canción. Después, otro chico, que estaba pasando un mal momento, me puso que se había sentido muy identificado con la letra de “Ver para creer”, que le había servido mucho. Por supuesto, esa recepción me sorprende y me halaga. Obviamente, en esas canciones no enfoqué las letras pensando en “lo que le pasa al oyente”, sino en mis propias percepciones. Sin embargo, cualquier persona puede tomar el mensaje y apropiárselo. Esa es la magia que tiene el arte, y está buenísimo que así sea. Dentro de lo posible, uno tiene que tratar de darle alegría a la gente. Creo que ahí está la clave de todo. Tan solo el hecho de que haya gente que me exprese tanto cariño por estas canciones que hice, me hace pensar que valió la pena.

¿Cómo se dio la participación de Mollo en “No me toques”?
Bueno, justamente, esa fue la canción que más rápida me salió. La hice en solo 10 minutos y enseguida sentí que era ideal para que la tocara Ricardo. Y así fue. Por supuesto, no fue tan sencillo lograr su participación. Tardamos como tres meses en concretarlo, porque Ricardo es un artista gigantesco que siempre está muy ocupado. Pero él me pidió que lo esperara, y valió la pena porque es uno de los grandes momentos del disco. Ver a Ricardo cantar una canción mía fue un honor. Incluso, él la terminó haciendo en su estilo, porque yo se lo pedí así. Él tuvo la bondad de regalarle su impronta en esa canción. Me puso muy contento el resultado final.

“No me toques” parece como una canción ideal para una banda sonora de Tarantino, por ese ritmo tan marcado que tiene…
(risas) Bueno, es un ritmo medio texano que mezcla a ZZ Top con ABBA… (más risas) En ese tema toca la batería Hernán Aramberri. A él se le ocurrió esa cosa de loop que tiene el ritmo de la canción, tan marcado y “machacante”. Por otra parte, la letra tiene que ver con eso que sucede con las relaciones amorosas que se terminan. Es acerca de un tipo que ya está harto de una relación, y así lo expresa. Esto se relaciona con lo que te decía antes de tratar de hablar en mis letras acerca de cuestiones que le pasan a la gente.

A mí me llamó la atención la contundencia del sonido del disco. ¿Hiciste muchas sobre grabaciones de guitarras?
Soy un arreglista por naturaleza. Pero no un arreglista de conservatorio, si no alguien que aprendió a hacerlo después de tantos años de estar metido en esta profesión. Por ejemplo, te puedo armar un arreglo de 10 guitarras, y toda una estructura por detrás, en cinco minutos. Me encanta hacerlo y lo disfruto mucho. Ya durante mi época en Suéter, aprendí que tenía que tocar poco pero preciso, que sonara muy bien. Esa fue mi escuela. Además, por supuesto, también tengo encima la escuela de Led Zeppelin, de Jimi Hendrix… De todo lo que aprendí escuchando la obra de esos monstruos. Porque todo el mundo habla de lo bien que tocaba la viola Hendrix, pero no muchos mencionan que, además de eso, era un gran arreglista. Cerati también hacía muy buenos arreglos. Bueno, a mí también me gusta mucho hacer los arreglos de viola, y es lo que más me interesa mostrar en mis temas, pero a diferencia de un arreglista como Cerati –que tenía un estilo muy prístino, limpio, elegante- lo mío es un poco más áspero. No me interesa meter muchos pedales, tampoco.

Sos un tipo que labura muchísimo, ¿qué otros proyectos tenés para este 2015?
Bueno, seguir tocando con Sbaraglia. Seguramente, este año él grabe su nuevo disco y yo voy a estar allí colaborando en ese trabajo. Además, de vez en cuando, voy a seguir tocando con Los Twist. Otro proyecto en el que estoy metido para que por fin se concrete, es con la edición del disco de Trigémino. Tenemos que terminar este proyecto con el Pollo (Juan Raffo). Por lo pronto, tenemos que terminar de editar y mezclar el disco, o los varios discos, porque ya hay como una hora y media de música grabada de Trigémino, el grupo de rock progresivo que formamos en los ’70. Este es un material que se grabó en los años 2005, 2006. Fue un proyecto impulsado por el Pollo, quien coordinó toda la grabación.

¿Es una reproducción del material original del grupo?                  
Es tocar nota por nota lo que tocamos a los 16 años, pero ahora tocarlo un poco mejor (risas) No se le agregó ni se le sacó nada a ese material original. El Pollo medio como que organizó todo, lo cual fue una tarea un poco titánica porque había que sacar todos los arreglos de grabaciones de casetes. Pero parece que la memoria cada tanto te da sorpresas. Porque cuando toqué todo eso no me resultó para nada ajeno.

¿Tenés proyectado sacar Justo y Necesario en cd, más allá de que esté disponible para que la gente lo baje online de internet?
Estaría buenísimo poder sacar el disco en formato físico, porque sé que hay mucha gente que le gustaría tener este álbum en cd para atesorarlo. Ya veremos cómo lo hacemos, ya sea acordando con una compañía o editándolo en forma independiente. Por lo pronto, veremos cómo sigue la repercusión del álbum online. Desde octubre, cuando lo pusimos online, hay mucha gente que ya se lo descargó, y otra que se va enterando y lo va a descargar… No me quita el sueño editarlo por una compañía discográfica pero estaría bueno, porque eso significa que si los tipos te lo editan es porque le ven algo. Las cosas han cambiado mucho. Las compañías ahora, también están con el tema de organizarte los shows también. Hay que pensar que quiere hacer uno. Si laburar solo o laburar con alguien que ya tiene una estructura armada.

Bueno, pero por ejemplo, Alfredo Rosso pasa tus temas en su programa de radio…
Bueno, sí, porque me conoce de toda la vida, él es un tipo muy generoso, y sabe lo que hago. Es como “nobleza obliga”, ahí no hay una intención comercial, viste. En las radios comerciales es otra cosa. De cualquier forma, entiendo el juego. Entiendo que son espacios que están rentados. Yo no vengo con la movida de “cambiar el mundo” porque los que quieren cambiar el mundo, también quieren cobrar. Si se da, será bien recibido, pero me tiene sin cuidado, realmente todo lo que orbita en derredor de la movida de haber hecho un disco. Igualmente fue bien recibido por la gente cercana al rock, desde Rosso, pasando por Marchi, Gillespi, Gloria Guerrero. Eso fue muy groso porque, en realidad, viene a caballo de lo que uno ha hecho; entonces, significa que uno no ha hecho las cosas tan mal. Por supuesto, mi idea es presentar el nuevo disco en vivo en un lugar adecuado. Noto que el disco a donde llega abre una puerta por su propio peso. Por eso hay mucho para hacer.

¿Cómo es la banda con la que estás tocando en vivo ahora?
Tengo la suerte de que toquen conmigo Martín (Paladino) en batería, Mariano (Escudero) en bajo y Emiliano Varela en guitarra. Con Martín y Mariano ya veníamos tocando, y son unos musicazos bárbaros, a los que conozco hace un rato largo y con los que nos entendemos muy bien a la hora de tocar en vivo. Emiliano, que se sumó ahora, es un joven talento que tiene en su espalda la difícil tarea de reproducir todos los arreglos de viola del disco. Porque siempre tratamos de reproducir fielmente al disco en vivo. Lo cual no es tan sencillo. Lleva tiempo de trabajo y ensayo. Hasta ahora, hemos hecho un par de tocadas en universidades, en la de la Matanza, por ejemplo. Y estuvo buenísimo…

¿Cómo hacés para organizar los shows?
Bueno, hay que armar la movida bien. Yo siento que ahora eso es una situación bastante más complicada. Sin embargo lo voy haciendo de a poco, tranquilo. Afortunadamente, tengo amigos que me ayudan a hacerlo, que hacen la gamba. Por supuesto, esto recién empieza. Mi idea es seguir tocando, todo lo que se pueda. Por lo pronto, está confirmada la presentación del disco, para el 3 de junio en Boris, el local de Palermo. Eso es lo que tenemos en mente hacer ahora, más otras presentaciones menores y prensa.

(Para descargar Justo y Necesario:
https://minissale.bandcamp.com/album/justo-y-necesario)

 
Emiliano Acevedo


jueves, 12 de marzo de 2015

EL PICNIC PALERMITANO DE RINGO STARR...



Fotos: Fabián Mattiazzi
Son las 15 hs. del domingo 1 de marzo de 2015. Una larga fila de personas se extiende desde la entrada del predio del Planetario hasta el viejo (y clausurado) Velódromo Municipal. Un verdadero ciempiés humano conformado por casi 50 mil almas que esperan poder ingresar para ocupar su lugar junto al escenario en donde, dentro de más de cinco horas, va a tocar Ringo Starr y sus All-Starr Band.

La espera larga y desesperante es humedecida por una permanente y molesta llovizna que cae de un cielo plomizo que amenaza convertir esta fiesta de la nostalgia beatle en un barroso Woodstock palermitano. Lentamente, la cola avanza, mientras prosigue el desfile de los vendedores que aprovechan la convocatoria de esta edición del Movistar Free Music, o en criollo: festival gratuito, para ofrecer remeras “arte-sanales” con los rostros de los fab four; además de calcos y/o ¡pines! de los Beatles que tienen pinta de ser los sobrantes de stock del merchandising que se vendió en la vereda de Canal 13, en 1988, durante un show de los Danger Four en Badia y Compañía

Hay muchísima gente y responden a un amplio rango etario. Muchísimos fans deseosos de ver o  volver a ver en vivo al que fuera el baterista de la banda más grande de la historia. Y este gran detalle hace que nada más importe cuando las puertas del predio finalmente se abren. La movilizada (en el amplio sentido de la palabra) muchedumbre se apresura a ocupar su lugar frente al escenario principal del festival, justo al lado del Observatorio Galileo Galilei.

Como tantas convocatorias masivas a espectáculos de este tipo, ésta cuenta con dos escenarios. El principal, en donde, además de Ringo, se luce (y desluce) un ecléctico conjunto de teloneros, entre los que se encuentran: Ella Es Tan Cargosa, Onda Vaga, y Catupecu Machu. 


Sin embargo, la mayor sorpresa de la tarde tiene lugar en el escenario dos con los músicos invitados durante la presentación de Los Durabets, banda de covers beatles: Charly García y David Lebon reunidos en el mismo escenario. El primero que sube es el Ruso, quien se destaca con su voz y su guitarra en “Something”. Y Luego, noqueando a propios y extraños, Charly –con buen humor y mucho entusiasmo- hace su inesperada aparición para regalarnos “And Your Bird Can Sing”, “Back in the URSS”; para finalizar este mini recital con una potente versión de “I Saw Her Standing There”, en donde, abrazado a su viejo compañero de Seru Giran, canta  con el candor de un pibe, para luego, como tantas otras veces, tirar un teclado y el pie del micrófono, al grito de “Kill Bachata” (Un “saludito” al inimputable Romeo Santos, quien, horas más tarde, toca en el Estadio Monumental)



Por suerte, la lluvia paró. Y mientras las horas trascurren, el público, además de escuchar a los teloneros, puede amenizar la espera comprando un choclo en el stand de comida “no transgénica” de Narda Lépez (si hay algo que saben las multinacionales es de comida y cultura light) o adquiriendo un pedazo del enorme mural de Liniers “dedicado a Ringo Starr”, y dibujado directamente en el predio durante la espera del show, en donde el artista, amigo y colaborador de Kevin Johansen, ¿jocosamente? comparó a los Beatles con Mozart, diciendo que Ringo vendría a ser “la cuarta parte de Mozart”. Plop. ¿Usted no entiende? Nosotros tampoco. Por supuesto, aquellos a los que no les interesan las artes culinarias y/o pictóricas poden disfrutar probando el 4G (no se olviden que todo esto no era más que una excelente excusa para auspiciar los “avances” de la tecnología), mandando ¿originales? tweets que aparecen al instante en las enormes pantallas al costado del escenario, o posando para que les saquen una foto levantando carteles con eslóganes pasados de moda (“Denle una oportunidad a la paz”) o insólitos (“Ringo, haceme tu Yoko”), para participar de varios sorteos por ubicaciones preferenciales en los improvisados palcos a ambos laterales del escenario. Sin dudas, un coctel postmodernista new age de difícil digestión, como el choclo.


Son las 20.30 hs. y la All Starr Band sube al escenario, con Ringo saltando de acá para allá, como desmintiendo sus casi 75 años de edad. Toda la algarabía del público beatle se hace realidad durante la interpretación de varios de los clásicos propios del batero, durante y post Beatles.

 
El repertorio contó con las infaltables "Matchbox" (original de Carl Perkins), "It Don't Come Easy" (su primer éxito solista), “Boys”, “Don´t Pass me By”, “I Wanna be Your Man”, o “Photograph” (viejo tema de 1973, compuesto en dupla con George Harrison). Sin embargo, y como para desmentir un ratito el carácter “nostálgico” del show, Starr también se da el lujo de interpretar dos temas de su material más reciente, como "Anthem" y “Wings” (un tema suyo de los ´70, regrabado en su último álbum, Ringo 2012). De más está decir que el nivel musical que alcanza “el grupo de Ringo” es excelso, como si sobraran el espectáculo siendo players consagrados que la juegan “de taco” y con la humildad de quien, simplemente, hace lo que ha venido a hacer a este mundo. Y es que, sin dudas, este lujoso conjunto sub-70 demuestra desde el minuto inicial todo su bagaje musical curtido en más de 40 años de rock. Incluso, a veces, la presencia de Ringo termina siendo la mera excusa para ver en acción a estos obreros destacados del rock y el pop que realmente fascinaron al público.

 
Justamente, uno de los músicos más destacados de la noche fue el guitarrista, ex Toto, Steve Lukather; un violero increíble, tan pirotécnico como sutil, que no solo la descose con su solvencia en las seis cuerdas, sino que da cátedra como cantante, a la hora de interpretar los tres mayores hits de su antiguo grupo: “Rosanna”, “Africa” y “Hold the Night”; todos muy festejados por el público. Por su parte, el hombre de los teclados, Gregg Rolie, antiguo colaborador de la primera formación de Santana y ex Journey, es un maestro del órgano Hammond y un extraordinario cantante, además de carismático maestro de ceremonias. Esto se nota de sobremanera en su interpretación magistral de clásicos como “Oye como Va” (tema original de Tito Puente, popularizado por la versión de Santana), “Black Magic Woman” (sin dudas, uno de los mejores momentos del show) y “Evil Ways” (tema histórico interpretado en el mismísimo Festival de Woodstock, e inmortalizado en el mítico documental del mismo) No faltó el humor argento y  aunque ninguno de los dos se lo imagine, tanto Rolie como Lukather, se disputaron entre el público asistente al show el concurso ad hoc de “parecidos a Caruso Lombardi” y ambos músicos recibieron sendas arengas de  “¡Grande Caruso!” de varios espectadores a lo largo del concierto.

 
Sin embargo, el tapado del concierto, es el “loquito” (según otro espectador) Todd Rundgren. Verdadera leyenda del rock norteamericano. Rundgren es un genio multi instrumentista, solista de culto consagrado, líder del inclasificable y camaleónico grupo Utopia, y productor legendario (de Meat Loaf, Cheap Trick, The Band, Pattie Smith, Badfinger, XTC, The New York Dolls, entre varios etc.); además de un ex niño prodigio, que a los 20 años se daba el lujo de el ser ingeniero de sonido de Janis Joplin, nada menos. Es una pena que una gloria como Rundgren (debido a su baja popularidad aquí, quizás) no pueda ofrecer en Argentina un show propio que dé cuenta de todo su repertorio. Así que, siguiendo la inmortal frase de María Antonieta de que “a falta de pan, buenas son las tortas”, no nos quedará otra más que conformarnos con los tres temas que Todd interpreta con la All Starr Band: el hitazo setentoso“I Saw the Light”, la poderosa balada grabada por Utopia, “Love is the Answer” (que Rundgren canta como los dioses, con su voz de falsete); y la alegre y ochentosa “Bang the Drum All Day”. Justamente, en el mismo álbum en que estaba incluida esta última canción había otra bastante conocida por estas costas llamada “Influenza”, ¿les suena? Hubo un espectador que sí la conoce, y así se lo hace saber a su amigo, a la salida del show: “Che, ¿viste al loquito de pantalones verdes? Es el que compuso el tema “Influencia” que hace Charly” “¡No! ¿En serio?” Sí, mi vida. Y ahora, me pregunto: teniendo en cuenta la presencia del Bicolor en el predio, ¿Se habrá producido el encuentro García y Rundgren? ¿Habrá aprovechado Todd para cobrar algún cheque de regalías impagas de la versión de Charly? En fin, hay enigmas en la vida que no se resuelven.

 
Los otros músicos que integran este seleccionado que acompaña a Ringo son: Mark Rivera (saxo y voz), el solvente Gregg Bissonette (batería, percusiones), y el gran vocalista Richard Page, que se luce en varios clásicos AOR (sí, el sonido “FM Aspen”) como “Broken Wings” o “Kyrie”.

Ninguno de los presentes olvidará esa noche, esos personajes, esa forma de hacer algo difícil tan fácilmente, aunque tal vez la mayoría no recuerde nunca más sus nombres y apellidos.


¿Y Ringo? Bueno, Ringo hace lo suyo y punto. Por momentos, hasta se hace desear. Aparece en el escenario luego de sus músicos, y se retira antes, sin participar del clásico saludo final de la banda. Por momentos, hasta parece un invitado a su propio show. Toca cuando se le da la gana. De cualquier forma, es entendible; Ringo es un señor mayor y aunque cuente con una vitalidad envidiable, a esta altura, toca y canta “en piloto automático”, como si estuviera más allá del bien y del mal. No decepciona porque, después de todo, nunca nadie le podrá quitar los bien ganados laureles como baterista de la mejor banda de todos los tiempos, algo que hace que su sola presencia emocione hasta las lágrimas.  

Por supuesto, con su interpretación de la inoxidable “Yellow Submarine”, Starr, hace cantar a los 80 mil espectadores presentes en un viaje colectivo hacia la infancia de cualquier seguidor del conjunto de Liverpool. Y aunque, increíblemente, en esta oportunidad no interpretó éxitos como "Octopus Garden" ni "You're Sixteen", no podía cerrar este concierto palermitano con otra canción que no fuera "With a Little Help From My Friends", y así fue. Con grandes y chicos divirtiéndose y cantando a los gritos. Un último tema que se engancha con una coda (homenaje a Lennon) de "Give Peace a Chance”. Punto final y despedida de un show irreprochable, de casi dos horas de duración, que seguramente hizo las delicias del fan del rock clásico, aunque también, seguramente, decepcionó a más de un acérrimo fan beatle que quería un show 100% beatlesco. Y bueno, nunca se puede conformar a todo el mundo. De última, si le no gustó al menos no lo pagó…

Emiliano Acevedo