viernes, 30 de enero de 2015

NI ABURRIDO NI VENCIDO, entrevista a Alejandro Schanzenbach



Alguna vez, alguien dijo que en el Oeste está el agite… 
Bueno, viendo tocar a Alejandro el Alemán Schanzenbach, muchos se animarían a darle la razón a ese viejo adagio. Es que, desde hace muchos años, este músico inquieto viene forjando su propia leyenda del rock, construyendo canciones atemporales que llegan al corazón de sus fans. 

Su trayectoria empezó en los ´80, cuando integró la banda Autobús, uno de los primeros grupos denominados “modernos” del rock vernáculo. Luego de esa experiencia, Alejandro tocó el bajo en la banda de Andrés Calamaro, participando en las grabaciones de Por mirarte y Nadie sale vivo de aquí, dos de los mejores álbumes del Salmón. Otro mojón importante en la historia de Schanzenbach es su paso por la banda de Moris, una de las máximas leyendas del rock en castellano.   

Todas estas experiencias musicales terminarían desembocando en la fundación de un grupo denominado con su propio apellido: Schanzenbach. La presentación masiva de esta banda se daría en La TV Ataca, el recordado programa de televisión noventoso conducido por Mario Pergolini. Más tarde, el rápido éxito de la propuesta musical del grupo los haría tocar de teloneros en el show de los Guns ´n Roses en River, nada menos. 

Sin embargo, todo eso es pasado; y lo pasado, pisado. Son apenas meros datos biográficos para acercarnos en forma mínima a la historia musical de Ale Schanzenbach, porque lo más importante es resaltar que este músico sigue muy activo, tocando, componiendo y grabando… 

Un tipo que hasta se dio el lujo de tocar con su grupo, La Tolva, en la Antártida ¡dos años antes que Metallica! y sin tener un mega sponsor por detrás, como fue el caso del grupo norteamericano… En fin, sin dudas, algo debe tener este señor…
Por suerte, lo tenemos en esta nota en que nos cuenta todo. Un Schanzenbach 100% autentico y sin censura. Para disfrutar…
 

ENTREVISTA > ¿En qué proyectos estás en la actualidad?
Actualmente, mis proyectos son Schanzenbach, La Tolva; y también Brene, un grupo de country y folk américano en inglés, en donde toco con mi mujer. La formación actual de Schanzenbach es Luis Catalá, batería; Carlos Molina, guitarra; y yo, en bajo y voz. También, eventualmente, trabajo con grupos en la producción y preproducción de sus futuros álbumes.

¿Y cómo se planeó este regreso de Schanzenbach?
La vuelta de Schanzenbach se planteó a partir de la aparición de un repertorio con muchos temas nuevos que me fueron apareciendo, y por la necesidad de hacerlos sonar con un formato de banda. Las canciones son todas mías, y en estudio suelo tocar guitarras eléctricas y acústicas, órganos y demás. También arreglo y produzco todo el material del grupo. Creo que lo seguiré produciendo yo mismo hasta que aparezca Daniel Lanois, Don Was o algún otro “master” con ganas de reemplazarme… (risas) 


En este punto, ¿cuáles son las diferencias entre el material de La Tolva y Schanzenbach?
Bueno, con La Tolva trabajamos en conjunto, es decir, somos tres tipos los que decidimos que hacer y cómo. Eso me da libertad de hacer cosas que con Schanzenbach serían imposibles. Es más relajado en algunos aspectos, además que está muy bueno participar en un proyecto colectivo. Aparte La Tolva ya es un grupo muy aceitado, porque desde 2010 tenemos la misma formación: Fatiga (batería), Diego Boris (guitarra) y yo (voz, bajo, y demás instrumentos). Cuando grabamos, acá también me encargo de los arreglos y demás cuestiones musicales.


¿Cómo pensás el repertorio de tus discos?
El repertorio lo armo depende de con quien esté tocando. Hay bandas que rinden de una forma y otras de otra, y eso se refleja en las canciones, los estilos, etc. En mis tres discos solistas hice fusión de estilos, y no todos los músicos rindieron de la misma forma. También eso depende de si toco el bajo o la guitarra. Eso incide mucho en lo que va a sonar.

¿Tenés algún método en particular para componer?
Mirá, cuando agarrás cualquier instrumento, hay veces que salen cosas que se transforman en canciones enteras o en partes de canciones. También puede pasar que te viene una imagen y escribís acerca de eso, y se puede transformar en una letra… Hay días que no sale nada y otros que te ponés a escribir y no parás. Pasa lo mismo con las músicas. Ahora estoy trabajando, tratando de hacer músicas y letras. Es algo que me impongo a mí mismo para poder llegar a buen puerto. Es fija: cuanto más tiempo le dedicás, tenés una mayor posibilidad de que salga algo que esté bueno. Por supuesto que hay días que, por ahí, agarrás la viola y te salió algo buenísimo al toque… No tengo una única forma de hacerlo, tan solo dedicarle tiempo, y con suerte aparece algo nuevo y bueno. Eso nuevo que aparece puede ser una letra o una música, o las dos cosas juntas...

¿Hay otras artes que te sirvan como fuente de inspiración, a la hora de componer tus canciones?
A mí todo me sirve: el cine, la literatura… Todo. Las historias en general. Por ejemplo, en 2001 empecé a estudiar el Profesorado de Literatura, y eso me enriqueció mucho. El tema fue que no seguir cursando por cuestiones de tiempo. Por supuesto, aún estoy a tiempo de volver, pero, lamentablemente, todo no se puede hacer…

¿Tenés alguna canción preferida de todas las que hiciste hasta ahora?
No quiero pecar de soberbio, pero me gustan todas mis canciones, no tengo ninguna preferida en particular. Quizás, te podría decir que “Cuatro caras”, porque es la que más trascendió, y porque, por ahí, tengo algo especial con esa; pero me gustan todas.

¿Y qué canción de otro te hubiese gustado escribir a vos?
Me hubiera gustado escribir muchas canciones. Por ejemplo, “Es una nube, no hay dudas” (de Vox Dei); porque es bien simple pero muy linda. Creo que me tocó vivir una época en que las canciones eran más artesanales. Antes, los grupos hacían música sin pensar en vender, ni en la fama, ni nada… La onda era tocar y grabar. Muchas veces, el hecho de que les saliera una canción redonda que trascendiera era un accidente, o la mera excusa para seguir tocando. Esa inconciencia, me parece algo bueno de rescatar. La fuerza de la juventud, ese fuego sagrado del rock.

¿Aún hoy sos de escuchar música? ¿A qué artistas?
Mirá, escucho todo el tiempo música. De todo: música de los años ’30, los ´40, ´50, etc… Ahora mismo estuve leyendo El sonido de los Beatles, el libro que escribió Geoff Emerick, un tipo que fue técnico de grabación de muchas sesiones de ellos. Por supuesto, mientras iba leyendo el libro, volví a escuchar los temas de los Beatles de los que va hablando Geoff, acerca de cómo doblaban tal o cual solo, y esas cosas. Por supuesto, sigo escuchando mucho rock clásico. Me encanta Hendrix. A Clapton lo entendí después de mucho tiempo, y me parece muy bueno. También me gusta mucho la música negra, el soul, el funk, etc.

Entre tus preferidos, ¿qué artistas recomendarías para que escuchen los lectores de esta nota?
Si tuviera que recomendar algo para escuchar, empezaría por el principio: en rock nacional, Moris, Manal, Tanguito, Los Gatos, Almendra; y todo lo que vino después: Color Humano, Polifemo, Aquelarre, Pedro y Pablo, Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Pescado Rabioso, Invisible, El Reloj, Crucis, etc… Además de muchísimas bandas más de los ´80. Con respecto a rock internacional, bueno, hay muchísimos artistas que me gustan en todos los géneros y estilos, ya sea rock, rockabilly, pop, blues, country, folk, jazz, fusión… Todo lo que sea buena música, enriquece…
 
¿Te gusta el rock actual? ¿Qué opinás acerca de la dicotomía, entre los que piensan que el rock “está muerto” y los que ven un renacer en los últimos tiempos?
Siempre digo que después del disparo de Kurt Cobain se acabó una época y empezó otra… El rock no ha muerto, solo que se ha convertido en un gran negocio, al estilo McDonald´s. Y es esa la historia la historia de consumir lo que las discográficas tienen para consumir. Es como ir a ver a Roger Waters haciendo  The Wall en vivo, y que pase como una cosa más del montón, tipo: “ya está, ya pasó, estuvo buenísimo, un flash… Ahora vamos a ver al Indio a Mendoza o Tandil…” Es como una excursión, como ir a Mar del Plata y sacarse una foto con las focas, con la diferencia de que hay toda una industria por detrás de todo eso: micros, cerveza, y demás yerbas. Y la gente aprovecha para descomprimir. Pero, cuando se dieron cuenta, ya están, de nuevo, en su casa o rumbo al laburo, esperando una nueva salida… No digo que esté mal, solo que es un síntoma de esta época, y hay que vivirla así.

De acuerdo a tu óptica, ¿se podría hacer un paralelismo del rock nacional actual con la época en que empezaste y los ´90?
No creo que se pueda comparar el rock de los ’80 y los ´90 con lo que se hace hoy por lo que decía antes: las épocas cambian… Ahora mismo, que yo esté haciendo esta entrevista significa que sigo trabajando. Antes, yo no pensaba la música en función de trabajo. En esa época, me subía a un micro y me iba de gira, había gente que se ocupaba del resto de las cosas. Por ejemplo, en los primeros tiempos de mi grupo Autobús, salíamos a buscar boliches para tocar y conseguíamos muchos shows, cuando ya teníamos un disco editado y todo. Recíen después vinieron las giras, más discos y más giras, tocando en algunos recitales con varios grupos y solistas de esa época, como Sumo, Virus, Soda Stereo, David Lebon, Fito Páez, Charly García, y muchos más… En mi caso, más adelante, me surgió la posibilidad de tocar junto a Andrés Calamaro –desde el ´86 al ´90- , y seguí de gira, tocando en muchos recitales más, nuevamente, junto a todos los grupos que más sonaban en ese momento. En lo personal, vivir toda esa época fue muy lindo, pero siempre es muy difícil seguir en ese tren, estar “en la cresta de la ola”, como dicen. Incluso, después de todo eso, el hecho de tocar con Moris, fue sumamente enriquecedor para mí, más allá del status de estar trabajando con uno de los pilares del rock en castellano, era como ir a la fuente directa, y eso fue super groso. Para ese momento, yo ya estaba trabajando en mi proyecto, la banda Schanzenbach, y todo eso me dio seguridad para seguir trabajando en lo mío, exclusivamente, y ni hablar del hecho de que una discográfica me apoyara en ese momento. Eso fue algo inesperado pero buscado, y ahí empezaría la parte más importante de mi carrera…

¿Cómo hacés para mostrar tu material hoy?
Lo que sigo haciendo, como siempre, es mostrárselo a personas que conozco y a otras que no conozco. Algunos te dan bola y otros no, el tema es insistir y estar seguro de lo que estás ofreciendo, el no ya está desde el vamos. Algo muy importante también es tratar de estar tocando lo más que se pueda en vivo, para que la gente tenga posibilidad de escuchar en persona lo que estás haciendo. Sin embargo, tocar en vivo hoy es cada vez más complicado, porque hay mucha oferta y pocos lugares nuevos para hacerlo, Además, la tendencia es escuchar lo que ya se conoce; incluyendo varias bandas onda tributo, que nunca dejaran de hacer “una que sepamos todos…” Por eso hay que armar un combo potente y usar todos los medios al alcance para poder presentar de la mejor manera posible lo de uno. 

¿Cuándo grabás tu material nuevo, seguís teniendo en mente la idea de sacarlo en formato físico (cd) o ya lo encarás pensando que va a ser difundido por la net en forma online, o mediante el mp3 u otro soporte digital?
Hoy en día, por lo menos para mí, grabar un demo ya es todo un tema. El ideal sigue siendo editar en soporte físico, en cd, y también estaría buenísimo hacerlo en vinilo. Sin embargo, el mp3 es también una posibilidad que no podemos dejar de lado. Creo que lo mejor es siempre tratar de hacer algo que supere lo que ya hice, y en las mejores condiciones tecnológicas y de producción.

¿Y qué opinás de la caída de las discográficas, y el avance de las descargas por internet?
Mirá, lo de la caída de las discográficas es un tema viejo, porque, además, el mercado siempre está cambiando y los discos, cuando pegan, se venden. No hay otra. El tema es tener, como te decía hace un rato, producción. Eso significa: prensa, manager y todo un equipo por detrás. Todo eso, en la actualidad, solo se puede mantener con dinero. Por supuesto, no hace falta tampoco tener demasiado dinero si se sabe cómo invertirlo, pero sin dinero es casi una utopía poder hacer algo. Las descargas se hacen cada vez más difícil, pero también es una posibilidad clara para que el público escuche lo que hacés. Si se bajan tu música es porque se supone que estás haciendo ruido y eso va generar más ruido…

En relación a esto, ¿cómo vislumbrás el futuro de la música rock, y la profesión?
En mi caso, lo de la profesión pasa por seguir activo. Hace 20 años vivía por y para la música. Hoy tengo que hacer otras actividades para seguir. Por supuesto, en lo posible, trato de que estas actividades estén relacionadas con la música. Por eso doy clases, además de producir y pre producir grupos, y seguir trabajando en mis canciones. En resumen, hacer todo lo que sume…

¿Te gustaría que hubiera más programas de tv, como los que había en los 90, o pensás que con la visualización on line en internet alcanza?
En la actualidad, creo que hay varios programas para tocar, el tema es que hay que tener apoyo, lo que hablábamos antes: logística. Así si se puede tocar en cualquier programa. Por supuesto que es difícil, pero se puede.

De acuerdo a tu opinión, en la actualidad, ¿se puede vivir de la música?
Sí, se puede. No nos olvidemos que si metés un tema, tenés la posibilidad de vender remeras, bolitas, figuritas, aparte de cobrar en SADAIC, AADI-CAPIF, regalías, dar shows y todos los demás etcéteras relacionados con la industria… Eso es algo que no existía hace 30 años. Antes era impensado vender remeras, gorritas, y todo ese merchandising asociado al rock, que hoy está en todas partes…

Y, con respecto a esto, ¿qué significa para vos ser un músico independiente?
El hecho de ser independiente te da la posibilidad de hacer lo que vos querés, cualquier cosa, pero, en verdad, tener una compañía por detrás siempre puede ser una buena opción. Un artista que vende también hace lo que se le ocurre, y la discográfica lo banca. Aunque no esté demasiado de acuerdo con la estética o la ética, si el artista al que tienen contratado factura, está todo bien. Yo viví la época de estar tocando con Calamaro y que la discográfica le devuelva el contrato, después de haber grabado Nadie sale vivo de aquí (1989), al que los críticos de rock habían elegido como el mejor disco del año, y, al poco tiempo, Andrés decidió irse a España. También en esa época, otra multinacional había hecho lo mismo con Fito Páez; y resulta que, tanto Andrés como Fito fueron de los artistas más vendedores en Argentina, en España, y en un montón de países más… Quiero decir con esto, que nadie tiene la vaca atada. 

¿Pensas que desde el Estado se le podría dar más apoyo a las bandas, o que ese no es un problema principal del rock en la actualidad?
Bueno, de hecho, el Estado está aportando, en la actualidad, con la Ley de la Música. Es un porcentaje mínimo de pasadas, que, por ahora, no se ha hecho visible, pero creo que dentro de unos años le va a dar la posibilidad a unos cuantos grupos o solistas para que se los escuche por radio y tv. Todo eso va llevar tiempo, pero puede que sea una buena posibilidad…

¿Qué proyectos tenés ganas de hacer en un futuro inmediato?
Todos son proyectos inmediatos, el tema es que no cualquiera puede generar trabajo, algo que no es seguro por más que tengas 10.000 proyectos a la vez. Como siempre, lo más importante es estar en movimiento…

Emiliano Acevedo






viernes, 23 de enero de 2015

LA DESTREZA DE MIGRAR, entrevista a Facu Disturbio



 Hace más de 10 años que Facundo Cariaga (35) pisa con fuerza la escena callejera de Las Grutas (Río Negro), con un humor desopilante como aliado, deleitando y provocando la concentración de un amplio público que espera con ansias El chow de Disturbio. Un espectáculo donde el clown hace foco en la participación de los espectadores.

Facundo nació en Capital Federal y a los tres años su familia se mudó a San Carlos de Bariloche, ciudad que considera su lugar porque allí vivió durante los años en los que se formó como persona en su paso de la niñez a la adolescencia. Actualmente reside en Cipolletti, aunque su alma inquieta lo ha conducido a lo largo de todos estos años a diferentes ciudades de nuestro país, e incluso, a otros de Latinoamérica, llegando a vivir un tiempo en España, donde nació su hija. Como él mismo lo define en su perfil de Facebook (https://www.facebook.com/facu.disturbio), su trabajo consiste en ser “Colaborador humorístico de plaza en cualquier plaza de por ahí”, y estudió “En la calle”. Un curriculum vitae desechable, por cierto, para cualquier CEO de empresa multinacional.

La guitarra, compañera inseparable desde los 12, es el “vicio” al que le dedica varias horas de sus días y, como noctámbulo, de sus noches. Además de ser el nexo principal entre su sensibilidad y la experimentación. Aunque ha sabido hacer lugar, también, para varios instrumentos más que maneja como autodidacta.

Un buscador incesante al que no le quita el sueño soltar amarras e irse tras los proyectos que van surgiendo sin planificación alguna. Porque este hombre sencillo, tal vez ha entendido muy bien las palabras de John Lennon: “La vida es eso que te pasa cuando estás ocupado haciendo otros planes”. Definitivamente, Facundo morirá, viviendo.

Así, aunque él no lo aclare, ni declare (porque ni falta hace), conocerlo, nos pone cara a cara con un soberano absoluto de su propia vida que, en la medida en que pueda, siempre preferirá quedarse del otro lado del sistema, en ese suelo que le permita la fusión de ritmos, de equilibrio y canciones, de miradas del mundo, de latitudes, de la adultez y la infancia.

Casi dos horas de charla, que dieron gusto, y en las que comprobamos su popularidad entre varios niños que se acercaron a saludarlo disputándose el título de ser su fan número uno, nos dejaron entrever quién es este artista que hoy les presentamos.

ENTREVISTA > ¿Cómo fue tu adolescencia, en cuanto a influencias artísticas?
En Bariloche había mucha movida cultural, no callejera, pero muchos músicos, mucha diversidad. Algo que ahora se perdió. Fue un momento de muchas influencias. Mi viejo escuchaba buena música. Por ejemplo, el primer disco de Jaco Pastorius o de los Beatles, que me encantan, los escuché porque él los tenía. Mis padres son artistas plásticos y si bien nunca me dijeron “hacé esto o aquello”, en casa lo artístico siempre estuvo presente. Hasta el día de hoy mi viejo trabaja en cultura.

¿Cuánto hace que te dedicás a esto?
Empecé a los 16 en Mar de Ajó haciendo temporada. Tengo 35 así que hace casi 20 años que hago esto. En realidad, nunca me gustó actuar. Fue una casualidad. Había un amigo de mi viejo que hacía obras de clown, y un día me pidió si le podía ir a cobrar las entradas al teatro, y después me pidió si le hacía las luces, y un día me dijo: “¿No te animás a hacer un numerito?”. Y con lo que más me enganché fue con los malabares. Al punto que vivo de eso (risas) Igualmente antes que eso mi pasión siempre fue la música.

Claro porque también te dedicás a la música, ¿no?
Sí, tengo una banda. Toco todo el año, por lo general. Aunque ahora no lo estoy haciendo tanto, también vivo de la música. Tenía una banda de salsa, otra de rock, otra de funk y tengo una banda de temas propios que armo y desarmo. Siempre estoy investigando.

Y ¿cómo empezaste en la calle?
Alrededor de los 16 ya hacía temporada. En ese momento no había muchos espectáculos callejeros como ahora. Yo veía a un tipo que se ponía en medio de la calle, juntaba gente y hacía un teatro espontáneo, y eso me impactó mucho, y me dije: “yo quiero hacer esto”. La primer formación de calle fue una banda compuesta por batería, guitarra y bajo. Hacíamos música y malabares. Éramos los Margarita Disturbio. Al principio no nos escuchaba nadie. Era bastante desastroso. Estábamos aprendiendo. Y desde 2001 estoy en Las Grutas. Se disolvió la banda y seguí solo. Haciendo ambas cosas, porque el espectáculo de malabares que hago tiene una base musical grabada. Lo que pasa es que yo estoy de los dos lados. De hecho durante muchos años, este año todavía no lo definí, salía de hacer los dos shows callejeros, y me iba a tocar covers de rock nacional en un bar de dos a seis de la mañana más o menos. Era duro.

Sos bastante ecléctico…
Lo que pasa es que tengo un vicio por los instrumentos. Ahora estoy aprendiendo a tocar el stick. Tengo varias guitarras, una trompeta, un trombón, una batería, un tres cubano y un Theremin (o aertéfono). Me gusta aprender a tocarlos aunque sea mínimamente porque si bien soy rockero, me gusta la fusión con otros estilos, como la salsa o el funk. En realidad el rock tiene su raíz en la cultura negra… Tengo que ir a Cuba (risas)

¿Cómo son tus temas?
Y bueno, partiendo del rock, tengo canciones con aires de guajira, candombe, funk.

¿Tenés un grupo preferido?
Nunca tuve héroes. Pero me gusta Santana, los Beatles; sus armonías son la base de todo lo que escuchamos hoy; Yusa, Habana Abierta, un grupo cubano que ya se disolvió y que mezclaba rock con música cubana, Rubén Blades, por decirte algo más fuera de lo común para un rockero, porque obvio también me gusta Spinetta, Charly, Fito Páez, Divididos. Tengo bien claro que salí del rock, pero por ejemplo, en la banda de salsa tocaba el tres cubano, una vez tocamos con Eliadez Ochoa, una leyenda de la música cubana que cayó en Cipolleti, de la nada, a tocar y que creo que no voy a volver a ver nunca más. Algo increíble (risas) Un copado que me dijo tenés que hacer esto y aquello. Una experiencia re linda.

Y ¿cómo nace el personaje Disturbio?
Una noche todos los artistas callejeros que estábamos actuando en Las Grutas, fuimos juntos al bar “El Gitano”, y subí al escenario a cantar un tema, y los artistas, abajo, empezaron a joder haciendo “pogo”, vino un patovica y me sacó del escenario diciendo: “acá no entrás más”. Ahí todos me empezaron a llamar Disturbio, sin Margarita (risas)

¿Cómo fuiste puliendo el show con el tema de los malabares?
Lleva mucho tiempo. Pero más que todo creo que el punto es qué hacés con los malabares. Porque si vos practicás 25 horas los sacás. De hecho, me llevó un par de años poder andar en monociclo en la cuerda. Me costó horas y golpes. Y siempre hay un margen de error.

¿Cómo es tu año?
Estoy toda la temporada de verano en Las Grutas, y durante el resto del año, salvo que salgan viajes, trabajo todos los fines de semana en la Av. Argentina en Neuquén, porque de Cipolletti, donde vivo, ir a Neuquén es como cruzar de un barrio a otro en Buenos Aires. Los miércoles y jueves toco en dos bares distintos, con los Innombrables, una banda de covers de clásicos del rock nacional, y los sábados, también, tal vez toco en eventos en los que me contratan, o en pueblitos varios de Cipolletti y Neuquén o en otras provincias cercanas. El año pasado fui, contratado por la Provincia, a tocar a Esquel y, también, viajé a Ecuador, Colombia y Venezuela. He viajado mucho a España. En un momento lo que hacía es terminar la temporada acá y en junio me iba a hacer temporada en el sur de España hasta que en 2007 me quedé todo un año allá porque conocía a una chica, me enamoré y tuve una hija, que es española. Nunca me casé, ni lo voy a hacer (risas) Y ahora por suerte, ella está en Bariloche porque antes era un bondi traerla todos los años. Viajo mucho.

Y ¿cómo era la vida en España?
Uh, hice cosas re locas para sobrevivir (risas) Yo estaba en un pueblito llamado Cádiz, y terminó la temporada y yo seguí gastando plata hasta que me quedé sin nada. En un momento me contrató una compañía que hace paseos históricos y actué de extra como esclavo. Después actué de extra en una película en la que me fusilaban. El director vio que si ponían dos sobrecitos de pólvora el disparo sonaba más real, entonces, si bien apuntaban para arriba, como la pólvora no se quemaba totalmente algo te impactaba. Hicieron como 25 tomas de esas, así que en las últimas, estábamos todos diciendo: “no por favor, otra vez no” (risas) Nunca vi la película pero debe haber salido muy real la parte del fusilamiento.


¿Qué genios del humor te gustan?
Chaplin y Groucho Marx, de los históricos. Chaplin tiene algo de contestatario, algo social que no lo hizo nadie. Buster Keaton tiene cosas parecidas pero nunca llega al punto de Chaplin. Y, de acá, Les Luthiers.

Y ¿ves algo de ellos en tu personaje?
No, no sé. Ojalá fuera Chaplin (risas) Tal vez tengo algo de la acidez de Groucho pero mi humor es bastante familiar. Siempre me planteo hacer algo para todo público, en realidad. Porque te ven los chicos pero la plata te la dan los adultos. De hecho, tengo uno o dos números que son para niños después trabajo mucho con los grandes. Incluso los chistes son a los grandes para que se rían los chicos.

¿Trabajaste de otra cosa?
No, la verdad que siempre laburé de esto. El día que no lo pueda hacer no sé qué voy a hacer. Yo vivo de esto.

¿Por qué la calle?
Porque es un lugar de mucha libertad donde no tenés que explicarle nada a nadie. Aunque, lamentablemente, cada vez es menos así, porque se está sectorizando. Ahora tenés que pagar cánones, tenés horarios, tenés que hacer trámites. Están incluyendo en un sistema algo que no estaba adentro de él. Pasan los años y voy viendo que cada vez nos acorralan más, y lamentablemente, vamos a terminar tocando en un lugar que no elegimos. La cosa parece ser poder encontrarte, que seas ubicable. El mundo viene bastante catastrófico.

El tema del canon ¿cuándo empezó?
En 2003 ó 2004. Antes no había problema con los espacios. Lo que pasa, también, es que cada vez hay más artistas callejeros.

¿Nunca fuiste a Buenos Aires?
Sí, estuve viviendo un año porque me fui a estudiar música al Conservatorio Superior de Música Juan Manuel de Falla. Y, aparte, hacía funciones en el Rosedal con un grupo de chicos. Pero no me gustan las cosas académicas, así que dije: “no quiero estar más acá”. Ahí aprendí que no quería estudiar música clásica. Lo he hecho y, en realidad, me sirvió porque la técnica queda en algún lado de la cabeza y a cualquier guitarrista le sirve saber cómo van los dedos. Aunque no lo uses, por lo menos sabés qué es lo que está mal  (risas)

¿Cómo componés?
No tengo un único método. A veces pienso una frase primero, y voy buscando la música con la guitarra. A veces sale rítmicamente, empiezo con un sonido, un acorde y lo voy completando. Ahora trabajo mucho con la computadora, también. Escribo, y escucho, la música directo de ahí. Generalmente, los primeros acordes de un tema me salen tocando la guitarra. Habitualmente toco desde la una a hasta las cinco o seis de la mañana. Me gusta la noche, siento que soy más creativo. Incluso, el espectáculo de malabares, lo hago  de noche.   

Y con la música ¿de acá en más?
A mí me gusta tocar. Dónde me llaman voy. Y aunque a veces haga cosas que no me gustan tanto siempre pienso que son recursos que me pueden servir para mis propios temas. En 2013 tenía una banda armada que se llamaba Krockante, con teclado, bajo, batería, guitarra, percusión y trompeta. Me gustaría volver a formar ese conjunto de recursos rítmicos. Lo que pasa es que el hecho de que yo haga temporada, lo cual implica dejar colgada a una banda casi cuatro meses, hace imposible sostener y tener una continuidad con la misma formación.

Si tuvieras que decidir ¿dejarías a Disturbio por la música?
Sí. No hay nada que me apasione más que la música.

¿Planes en lo inmediato?
Seguir siendo Disturbio, el personaje de la calle que hace reír a la gente y Facundo, el músico. Aprender a tocar más instrumentos y volver a conformar una banda para poder grabar algo nuevo. Ahora estoy escuchando algo de música latinoamericana, especialmente de Perú. En fin, voy a seguir en esta búsqueda, viendo que puedo hacer con todas las cosas que voy aprendiendo, viendo cómo se pueden juntar y qué produce mi cabeza… capaz que muera en eso.

Emiliano Acevedo y Silvia Tapia