lunes, 22 de diciembre de 2014

SPINETTA Y LAS BANDAS ETERNAS, CINCO AÑOS DESPUÉS...


El viernes 4 de diciembre de 2009, fue una noche única e inolvidable que quedó para siempre grabada a fuego en el recuerdo de todos los fans de Luis Alberto Spinetta. Ese día en la cancha de Vélez, con la realización del Concierto de Las Bandas Eternas, se celebró la vida y obra del Flaco. Sin dudas, tanto para el público como para los músicos participantes, aquella fue una velada plagada de emociones, y uno de los mejores shows de la historia del rock argentino.


En mi camino de melómano que juega, en serio, a ser periodista, tuve la oportunidad de entrevistar a varios de los músicos que acompañaron a Luis en ese maravilloso concierto. Hoy, cinco años más tarde, en esta nota les propongo recordar, desde sus propios testimonios, ese momento mítico de la escena rockera que ellos supieron conseguir.

La planificación de este monumental show comienza gracias a una iniciativa del productor Pablo Mangone, quien le acercó la idea a Spinetta. Mangone fue el gestor del evento, y quien llevó adelante este proyecto junto al Flaco y su manager. Gustavo, hermano del Flaco y baterista de Amel, me confirmó que: “a Luis el proyecto le gustó de entrada porque (Mangone) también es músico, él es un guitarrista. Además, si bien Pablo es un empresario, con esto nunca puso por delante el interés económico. Estaba más que claro que iba mucho más allá de eso. Y Mangone es un tipo muy valioso. Él organizó este show por el arte, no por el negocio. Sin dudas, Luis lo hizo contando con esa base.” 

En sí, la propuesta que le presentó Mangone a Luis Alberto fue la realización de un show multitudinario en el que estuvieran todos (o casi todos) los músicos que tocaron con él. Un concierto en donde, partiendo desde el presente, se revisaran todas las bandas que fueron emblemáticas en su carrera. Un show que también le sirvió al Flaco para hacer un balance de toda su vida artística, 40 años de carrera, casi 60 de vida, y, de paso, “terminar con todos los balances, porque estaba más que claro que iba a ser imposible superar a este concierto-celebración tan inmenso”, como dijo en una entrevista radial el prestigioso periodista Alfredo Rosso, uno de los tantos asistentes a ese inolvidable show.

Por otra parte, este recital también iba a ser muy especial porque Spinetta volvía a interpretar un repertorio extenso de canciones que hacía muchos años no tocaba. Es bien sabido que a Luis Alberto no le gustaba demasiado revisar su historia. Debido a esto, por más que en sus recitales él pusiera siempre algún que otro tema histórico, siempre priorizó su presente artístico. Influenciado por las lecturas de los libros del Carlos Castaneda, autor Las enseñanzas de Don Juan, aconsejaba “borrar la historia personal”. Además, es bien conocida su frase “aunque me fuercen yo nunca voy a decir, que todo tiempo por pasado fue mejor, mañana es mejor…”, que cantó en la soberbia “Cantata de los puentes amarillos”, uno de los temas más impactantes de Artaud, su recordado álbum de 1973,  acreditado a Pescado Rabioso aunque en realidad fuera un trabajo solista. Sin embargo, más allá de estos principios (o quizás, debido precisamente a ellos) el concierto de las Bandas Eternas fue para Spinetta una muy buena manera de redondear su vida musical, además de una buena oportunidad de darle las gracias a todos esos músicos que lo habían acompañado a lo largo de su trayectoria.

Según Rosso: “(Spinetta) Siempre fue un tipo que tuvo una gran convicción acerca de lo que quería hacer con su arte, nunca hizo concesiones. Grabó lo que quiso grabar, siempre, con el tipo de arte de tapa que le quiso dar a sus discos. Trabajó con los músicos que quiso trabajar, y nunca hizo un disco igual al anterior, para complacer ningún tipo de expectativa que se tuviera sobre él. Seguramente, debe ser la síntesis del artista integro.” Justamente, la noche de Las Bandas Eternas iba a ser otra muestra acabada de la grandeza de este artista sin parangón. Ya que se bancó todo el concierto, de principio a fin, cantando y tocando como los dioses durante bastante más de 5 horas. Una maratón tremenda, en la que el Flaco dejó toda su alma de diamante, brindando lo mejor de sí a una audiencia que terminó exhausta, pero pletórica de emoción y felicidad.

Por supuesto, la realización de semejante evento también supuso largas jornadas de ensayos y preparativos. Según Gustavo Spinetta, no fue nada fácil porque a Luis le costó un esfuerzo tremendo hacerlo. Fue un proceso muy agotador con ensayos interminables. A veces me pasaba a buscar y yo me terminaba viendo todo el ensayo. Eran ensayos de 10 horas, una cosa de locos, con Luis siempre en piloto automático, tocando con todos los músicos. Como un “master” en un estado zen, bancándose todo lo que venía.” Otro que me contó cómo recordaba aquellas increíbles jornadas previas al recital fue Pomo, el baterista de Invisible: “Me acuerdo que estuvimos ensayando 1 o 2 veces por semana, durante un mes y medio, para tocar en ese show. Igual, él se repartía para ensayar, al mismo tiempo, con todas las demás bandas que lo acompañaron. No sé cómo hizo…”

Los ensayos tuvieron lugar en una sala enorme, en donde se armaron los sets de las diferentes bandas participantes, uno al lado del otro: “Estaban todas las bandas armadas en círculo. Yo ya soy un tipo grande, pero ver todas esas bandas me emocionaba como cuando era pibe. Ver a Almendra, Pescado Rabioso, Invisible… Qué sé yo. Por eso, yo me quedaba todo lo que podía en los ensayos. Hacía mi parte, cuando ensayábamos los temas de los Socios, y luego me quedaba escuchando a esas bandas históricas. Luis ensayaba todo el día, pasaba de una banda a otra”, me comentó Marcelo Torres, ex bajista de Spinetta y los Socios del Desierto.  

Sin dudas, la magia imperecedera esparcida en toda la obra del Flaco hacía efecto en el ánimo de los músicos participantes. Tanto en la previa, o durante los ensayos, así como en la prueba de sonido en Vélez, se adivinaba en el aire que nadie se iba a olvidar jamás de este show. Según Lito Epumer, ex guitarrista de la última formación de Spinetta Jade: Yo, como tocaba solamente en un tema (junto a Invisible), fui recién la última semana, pero ellos ya venían ensayando desde hacía dos meses. También, la prueba de sonido fue una cosa de locos. Probamos sonido el día anterior y el mismo día del show. Mientras lo estaba viendo pensaba que era un concierto que iba a pasar a la historia, sin dudas. Lo sabíamos todos los músicos que estuvimos ahí. Pero no tuvo nada que ver con lo que pasó después. Ahora estoy convencido que fue el concierto más emocionante que vi en la Argentina, lejos.”

Gustavo Spinetta recuerda: “Eso fue realmente increíble. Estabas en el camarín de Vélez y veías a todos los monstruos del rock de acá, estaban todos. Además, el clima que había era súper especial. Eso es algo que yo no volví a ver nunca más. Se vivía una cosa muy especial. No había “divismos” ni nada de eso, se vivía una gran comunión entre todos los músicos participantes, con todo el mundo extasiado.” Una apreciación con la que coincide Marcelo Torres: “Ese concierto fue una celebración, y era un sentimiento reciproco. Cuando me llamaron yo me sentí muy feliz, porque me sentí reconocido. Pienso que la mayoría de los músicos que tocamos ese día debe sentir lo mismo. Por otra parte, el show tuvo un nivel técnico impresionante. Además, nadie reclamó nada, porque se trató a todo el mundo con mucho respeto. Bueno, por eso salió tan bien todo, ¿no?”

El primer tema del concierto fue “Mi elemento”, que Luis interpretó junto a su banda estable (Nerina Nicotra, bajo; Claudio Cardone, teclados; Sergio Verdinelli, batería; Guillermo Vadalá, guitarra). Así dio comienzo esta recorrida que incluyó además de temas propios, sobrevuelos por otros autores del rock argentino tanto influyentes en su obra como influidos por ella, mediante la interpretación de canciones como “Las cosas tienen movimiento” (Fito Páez), “Mariposas de madera” (Miguel Abuelo), “El rey lloró” (un tema original de Los Gatos, compuesto por Litto Nebbia), “¿A dónde está la libertad?” (Pappo), “Té para tres” (de Soda Stereo, por Gustavo Cerati), “Necesito un amor” (grabada por Manal, compuesta por Javier Martínez), y “Filosofía barata y zapatos de goma” (Charly García).

Si bien todo el show mantuvo un alto nivel de calidad y emotividad, sin dudas, varios de los momentos más significativos se vivieron cuando el Flaco hizo dueto con algunos de sus ex colaboradores, como el recordado Diego Rapoport  (teclados en “Ella también” y “No te busques ya en el umbral”), o junto a Leo Sujatovich, Juan del Barrio y el Mono Fontana, los otros tecladistas de Spinetta Jade. Por supuesto, nadie podrá olvidar los duetos junto a músicos de la talla de Fito Páez (en la mencionada “Las cosas tienen movimiento”), Juanse (“¿A dónde está la libertad?”), o Charly García, en la emocionadísima versión del recordado “Rezo por vos”, ese clásico inmortal co-compuesto por García y Spinetta para su frustrado proyecto a dúo de 1985.

Sin embargo –y teniendo en cuenta el revés de la vida sucedido poco tiempo después- si hubo un momento especialmente emotivo dentro del concierto de las Bandas Eternas, ese fue cuando se juntaron en un mismo escenario Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati para interpretar “Té para tres” y “Bajan”. Gustavo Spinetta, quien fue el encargado de tocar la batería en “Bajan” y “Cementerio Club”, me contó: “Me acuerdo que cuando me tocó salir a tocar, no pensé en nada. Porque el clima era tan lindo que no me dio ni para preocuparme, en realidad. Yo me sentía en el cielo, ¿viste? Cuando me puse a tocar la bata, el primer tema fue “Bajan” y ya estaba Cerati arriba del escenario. Imaginate, de un lado del escenario lo tenía a Cerati y del otro lo tenía a Luis. Mirara para donde mirara, yo sentía que estaba en la gloria.” Por supuesto, cuando terminó ese set de dos temas, Cerati se fundió en un abrazo del alma con Luis. Una imagen, cuyo recuerdo ahora, seguramente, hace lagrimear a más de uno, entre los que, obviamente, me incluyo.

Otro de los sueños más grandes del fan spinettiano promedio se cumplió ese viernes mágico cuando se juntó Invisible para tocar impecablemente los temazos “Durazno sangrando”, “Jugo de Lúcuma”, “Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”, “Niño condenado”, y “Amor de primavera”. Sí, no era una alucinación colectiva. Spinetta – Machi – Pomo, uno de los tríos más power de la historia del rock argentino, estaban otra vez volando la cabeza de propios y ajenos.  Dice Lito Epumer: “(A mí) Me quedó muy grabado el momento en que yo tenía que salir a tocar en ´Amor de primavera´, el último tema que hizo Invisible, porque cuando ellos estaban tocando ´Durazno Sangrando´, uno podía ver a todos estos músicos tan grosos del rock argentino, mirando la canción desde el costado del escenario y llorando. Todos, ¿eh? Cerati, Fito, Charly, el Negro García Lopez, Black Amaya, David Lebon… Todos llorando, desbordados con la emoción de ese instante.”

Otro regreso muy esperado fue el de Pescado Rabioso, 36 años después de su separación, con Spinetta, Black Amaya (batería), David Lebón (guitarra y voz),  Carlos Cutaia (teclados), más la participación de Guillermo Vadalá (bajo), en calidad de invitado; y del legendario Osvaldo Bocón Frascino (guitarra en “Me gusta ese tajo”). Sin dudas, uno de los segmentos del show más intensamente rockero, con un repertorio que incluyó “Poseído del alba”, “Hola dulce viento”, “Serpiente viaja por la sal”, “Credulidad”, “Despiértate nena”, y “Post crucifixión”.  Según Black Amaya, al que se le nota la adrenalina al contarlo: “Me la pase todo el tiempo muy emocionado y excitado, estaba a full con mi cabeza, ya que se estaba por cumplir mi otro sueño: volver al escenario, y, nada menos que en Vélez, con Pescado Rabioso, junto a mis queridos amigos. Fue impresionante, tal como lo habíamos soñado. El grupo sonó súper bien, y lo más maravilloso y tierno que me pasó con esto fue la repercusión que tuvo entre el público joven, los pibes que me mandaron un montón de mails – a los que yo trataba de contestar, a todos lo que podía-, aparte de los fans veteranos, y todos ellos muy emocionados con cómo había sido el show. Esa noche fue una gran fiesta para celebrar la carrera del Flaco, donde demostró porque era el único que llevaba la bandera del rock nacional.”

Luego de Pescado, llegó el turno de Almendra, el mítico grupo iniciático en donde Spinetta empezó a desandar su historia personal en la música rock, junto a Edelmiro Molinari, Emilio del Güercio, y Rodolfo García. Este fue el primer reencuentro de estos monstruos, luego de casi 29 años.  Otro sueño realizado, este set incluyó clásicos como “Color humano”, “Fermín”, “A estos hombres tristes”, y “Hermano Perro”. Por supuesto, el cierre fue con “Muchacha ojos de papel”, una de las canciones más significativas del rock argentino, y un tema que muchas veces Luis se negó a volver a tocar. Seguramente, será muy difícil olvidar cuando Spinetta empuñó una guitarra acústica, mientras el resto de sus compañeros lo rodeaban en semicírculo para cantarle –ya todos presentían que por última vez- a esa muchacha voz de gorrión, a la que alguna vez le robaron un color… Rodolfo García aún no tiene palabras para explicar lo que sintió esa noche: “Si tuviera que mencionar una, diría Emoción. Me costó varios días ´bajar de ese viaje´. Sin dudas, un homenaje muy merecido para el Flaco y su obra. Y de paso, para todo el rock argentino y quienes lo generaron.”

Pero eso no fue todo, ya que en la coda del concierto el Flaco interpretó “8 de Octubre”, con Ricardo Mollo de invitado, un tema que daba testimonio de la tragedia de los pibes del Colegio Ecos, una causa en la que Spinetta se había puesto al frente, como una de las caras más visibles, con el lema “conduciendo a conciencia”.  Así, luego de un par de temas más que incluyeron “Seguir viviendo sin tu amor” y “Yo quiero ver un tren”, el concierto finalizó con “No te alejes tanto de mí”, uno de los pocos hits radiales que se permitió tener el Flaco a lo largo de su carrera.

Frank Ojstersek, bajista de Spinetta Jade desde el ´80 al ´83, no tocó en el concierto de las Bandas Eternas, pero igual estuvo presente entre el público, disfrutando de este espectáculo de principio a fin. Por supuesto fue nombrado por el Flaco, junto al resto de los músicos que alguna vez lo acompañaron y que no participaron del show. Y él asegura: “Yo le agradezco muchísimo que me haya nombrado, junto a los otros músicos que no participamos del concierto. Es más, después que pasó el show, una vez nos encontramos y Spinetta me explicó porque no había estado yo en el concierto. Sin dudas, él era un tipo muy considerado hacía las otras personas, y por eso me lo quiso explicar, aunque yo ni le había preguntado nada al respecto. Él me dijo que Jade era imposible de armar. Es entendible. Pensá que habían pasado tantos músicos por el grupo que ¿con que formación hubiese tocado? Se tocaron un par de temas de la etapa de Jade, pero estaba claro que era imposible hacer una síntesis que diera cuenta de todas las distintas formaciones que tuvo el grupo. Si hubiese sido por Luis, él hubiese organizado un show en el que hubiesen estado todos los músicos que lo acompañaron. Sin embargo, en un comienzo, este proyecto era una cosa aún más restringida. Al principio, la idea, creo que fue armar solamente los grupos básicos. Si se hubiese implementado esto, el concierto hubiese durado dos horas y media. Pero luego todo se fue ampliando, paulatinamente. Imagínate que el show terminó durando, aproximadamente, cinco horas y veinte…”

Y así fue, e, increíblemente, pasó. El sueño había terminado, pero viviría por siempre en la memoria popular. Lo que estaba más que claro era que no habría otro show de las Bandas Eternas, fue una burbuja única en el tiempo, que alumbró esa fría noche de diciembre de 2009. Con respecto a esto, Gustavo Spinetta me contó, que, más allá de cualquier especulación, “si Luis aceptó la propuesta de Mangone de hacer ese show, fue porque estaba claro que era ese Vélez, y chau. Fueron conscientes de esa idea y no se hizo ningún show más de Las Bandas Eternas, a pesar de que le llovían las propuestas millonarias luego del éxito de este concierto”

Sin embargo, fue inevitable que poco tiempo después, y más luego de la muerte de Luis, en febrero de 2012, este concierto de las Bandas Eternas haya quedado en la mente de muchas personas casi como la despedida del Flaco, más que una celebración de su carrera y vida. Como si el músico, desde una sensibilidad intuitiva, lo hubiese organizado porque sabía que no le quedaba mucho tiempo más. Apreciación que, que no obstante, desmiente su hermano Gustavo: “Yo sé que ahora, visto a través del tiempo, ese proyecto parece una despedida. Pero es que muchas de las últimas cosas que hizo Luis parecen eso. Incluso en algunas composiciones –como, por ejemplo, el tema ´Canción de amor para Olga´, de su disco Un Mañana- hay una temática sobre la muerte en sí. Como que Luis intuía algo con respecto a eso… Por eso parece que se hubiera despedido… (Se emociona) Pero él no quería eso ni en pedo. Luis tenía un problema en el pulmón, y lo sabía, pero no era de esa gravedad aún”

A pesar de la tristeza por la ausencia del Flaco, quedará para siempre, en el corazón de todos los que tuvieron la fortuna de asistir a este concierto histórico, una emoción inenarrable. Por suerte, para el resto, hubo una caja (editada por primera vez en 2010) que incluye tres DVD y tres CD, con los 50 temas tocados esa noche, más un libro de fotos, que retratan a los 40 músicos que pisaron el escenario, y que se agotó al poco tiempo. Afortunadamente, en 2012 se relanzó, incluyendo una edición completamente rediseñada por el propio artista antes de su muerte. Esta reedición contiene un libro de fotos y los tres CD con más de cinco horas del concierto.

Sin duda leer lo que pasó esa noche no se asemeja en nada a la experiencia vivida, pero valga esta retrospectiva como homenaje a esas bandas que por surgidas de la escena nacional nos dan la pauta, más allá de cualquier nostalgia, de lo necesaria que es su pervivencia e inmortalidad.

Innegablemente, el universo spinetteano siempre será, porque “mañana es mejor”, una galaxia inmensa de inspiración para los viajes musicales de varias generaciones de hacedores y amantes del rock argentino pasado, presente y futuro.


Emiliano Acevedo






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