sábado, 25 de febrero de 2017

HOY, KISS: ALEGRES MASCARITAS...

Caricatura de Fernando Buigues

Como fanático del rock, y hombre sincero, confieso que no terminan de atraerme esas personas que no se comprometen decididamente con la causa, aquellos tipos que no se sienten fascinados por la tapa de un disco, o esos otros que no se morirían por haber estado en el medio de una gira de Zeppelin –o cualquier otro grupo setentoso-, o por haber presenciado Woodstock. Desconfío de cualquier persona que dice ser “fanático de los Beatles” y no escuchó ni un solo disco solista entero de John, Macca, George o Ringo, tan sólo canciones aisladas como “Imagine”, “My Sweet Lord” o “la de los sapitos”. Porque, en verdad, el rock es un género que no acepta tibios ni grises, solamente blanco o negro. Las buenas bandas te gustan muchísimo o, directamente, las odias; no hay término medio. Por lo menos para mí, eso es ser fana del rock, eso es sentir esta música a pleno.

Y eso es lo que sucede con grupos como Kiss, con ellos no hay medias tintas. Son espectáculo grotesco, show bussiness, histeria, diversión, estribillos que se te quedan grabados en la mente, cultura roquera... Kiss es uno de esos grupos que pueden fanatizarte o darte ganas de vomitar, pero nunca generarán indiferencia. Por eso nunca me gustaron aquellos tipos a los que le daba igual todo, esos que nunca se sabían bien que estilo de música o de grupos les gustaba y te decían: "Ay, no me digas que te gusta Kiss. ¡Esos salvajes! Pisan pollitos...”  

No, no; mejor no hablar de todas esas historias falsas vinculadas con la matanza de aves de corral o el supuesto satanismo del grupo. Total, ¿para qué? Por suerte, mucha más gente nunca hizo demasiado caso a esas idioteces y siguió deleitándose con todo lo que tuviera que ver con Kiss. Ya sea mirando las tapas de sus vinilos, leyendo sus escasas notas traducidas –que llegaban tarde, mal y nunca- en revistas como la Pelo o Roll, coleccionando sus figuritas, o jugando “a que éramos Kiss”, como cantó alguna vez Ariel Minimal. Es muy difícil hacerle entender a alguien, en esta era actual de YouTube, lo que era ver un vídeo clip de Kiss en la TV abierta argentina a principios de los 80, un sábado al mediodía, en un programa como Música Total. Aquella era una época en que no había Internet, ni cable, ni MTV. No había nada... Quizás le debamos a eso la excitación producida al ver los clips de “Beth” (con la inolvidable toalla al cuello de Peter Criss, y sus rosas...), “Shandi”, “I Love Loud” o “I Was Made for Loving You”. ¡Gene Simmons daba miedo! Todavía puedo recordar la primera vez que vi “Lick it Up”, el primer clip en el que aparecieron sin maquillaje, y esa sorpresa de ver a los ídolos al descubierto, que sin embargo no hizo disminuir la mística del grupo ante mis infantiles ojos. 

Y es que Kiss era un cómic, era una factoría del rock, lanzaban fuego, hacían explosiones, jugaban a que eran superhéroes. No eran como cualquier otro grupo, inventaron una nueva forma de hacer del rock un espectáculo para toda la familia. ¡Hasta terminaron haciendo una película de dibujos animados junto a Scooby Doo y todo! Por eso creo, sin temor a equivocarme, que deben haber sido –luego de los Beatles- uno de los principales grupos que fueron “la primera banda de rock” en la vida de mucha gente que ama esta música. Porque además, más allá de cualquier payasada promocional, los Kiss eran una gran banda. Su música contaba con un ingrediente extra que era el de ponerte de muy buen ánimo. Por eso, luego de escuchar un disco de Kiss, te daban ganas de enfrentarte con cualquier bravucón de la escuela, pasar un examen, decirle algo a aquella chica que te gustaba o, simplemente, levantarte de tu cama para salir con ganas de comerte el mundo, caminando las mismas cuadras de siempre que te llevaban al colegio –esas tan parecidas a las que hoy te llevan a ese hastío casi siempre llamado trabajo. Kiss tenía eso, y si leés la historia de esos flacos te das cuenta que toda esa potencia que tenía su música, y ese fanatismo que generaba, venía de sus propias infancias, porque ellos hacían lo mismo que nosotros. Como el propio Gene Simmons, fanático de los Beatles, quien luego de verlos en el histórico show televisivo de Ed Sullivan, en 1964, alucinó con que él quería hacer lo mismo: ser estrella de rock and roll para tener fama, dinero... y poder arremeter contra todas esas groupies que en la tribuna gritaban “¡Cogeme!”. Por su parte, Paul Stanley, de pibe, también hacía lo mismo que vos, tocando la guitarra con una escoba que gastó en el medio; mientras que Ace Frehley era un vago con dos zapatillas de diferente color al que se le caía la baba mientras miraba los amplificadores de The Who, soñando con ese rock teatral patentado por Pete Townshend y Cia. Eran hijos de familias proletarias como cualquier otro, viviendo en los suburbios de New York. Porque si bien fue votado como el actor pornográfico que muchos querían ver en una condicionada, el pobre Gene (antes) era un callado inmigrante israelí, que apenas si tenía amigos cuando emigró a EEUU y quién sabe a que edad la puso por primera vez. Pero sería ese carisma innato, y su testarudez, lo que lo llevaría a edificar –junto a su socio y paisano Stanley- una de las megas corporaciones rockeras más grandes del mundo. Así nomás: ese gran icono sexual de la lengua símil vaca, al principio, era un pibito aracnofóbico que tuvo que sobreponerse al susto de encontrarse una enorme araña en su kipá, haciéndose amigo de ese miedo, fanatizándose por la estética de los cómics, las películas de terror y, obvio, de las arañas... “Lo que no me destruye, me fortalece”; en el caso de un ego maníaco como Simmons, esta frase del Ecce Homo de Nietzche fue real. Luego, sería el propio monstruo fabricado por Gene el que nos daría miedo a nosotros, y por eso muchos elegíamos ser como Paul Stanley, “el niño estrella”, el frontman del grupo; un tipo pintón y un verdadero showman que cantaba muy bien, saltaba y movía el culo sin vergüenza. Se ponían plataformas y disfraces inauditos, pero, a diferencia del resto de la movida glam, desdeñaron el color, inclinándose por la estética del blanco y negro. Por su parte, Ace y Peter Criss, menos carismáticos pero buenos instrumentistas, completaban la escena con soltura e intención. Era el combo perfecto, un grupo formado por cuatro tipos nacidos para ser famosos. 

¿Que no tocaban bien? Eso no importaba demasiado, porque al principio lo compensaban dando shows explosivos y con el misterio de ese maquillaje intrigante que durante más de 10 años impidió que nadie los viera jamás a cara lavada, agrandando la leyenda. ¡Ni la CIA o el FBI difundieron jamás fotos de ellos sin maquillar! Hoy, en esta era de FB, esto sería insostenible, pero en esa época parecía lo más común del mundo. Sin embargo, esa fantasía del “uno para todos y todos para uno” duraría poco, y el tiempo terminaría demostrando que Simmons y Stanley eran dos jefes caretas que trataban a Ace y Peter como simples vagos drogones y alcohólicos, que no valían mucho la pena. Así comenzaría un desfile de músicos, cuasi empleados del tamdem Simmons-Stanley, nunca a la par de ellos -exceptuando, quizás, al finadito baterista Eric Carr, recordado siempre con mucho cariño por los dos líderes del grupo. Paulatinamente, Paul y Gene se convirtieron en jefes hinchapelotas y millonarios; hiper profesionales, y, quizás, ya ni siquiera sean amigos. Sin embargo, no tenemos nada para cuestionarles, ¿o sí? Como dijo Gene en un documental que vi una vez: “Con él (Paul) tenemos un montón de opiniones diferentes, y discutimos por cientos de cosas, pero cuando enchufamos la guitarra y el bajo a los amplificadores, y les damos caña, todo se olvida...” Eso es también la esencia del rock, de la que hablábamos antes, esa pasión que siempre está presente a pesar de los billetes, el tiempo y las obligaciones. 

Para los que estamos en esta trinchera de los pequeños medios del periodismo de rock en Internet, y que hacemos esto por mero placer melómano, eso no es poco, ya que luchamos día a día por no convertirnos en uno de esos colegas que ya no escuchan música a todo volumen, que viven perdidos de disco en disco, de show en show, sin recordar cuál era su gusto musical primigenio, ni sus grupos favoritos, y que llenaron su mundo de palabras y más palabras, frases hechas, y adjetivos automáticos que encastran sin problemas como si fueran piezas de un mecano maléfico... 

Ok, volvamos... Kiss. ¿Qué otras cosas recuerdo siempre cuando pienso en ellos? 

1. Su inmensa discografía, en donde Destroyer sigue siendo el mejor, lejos; aunque haya un montón de discos buenísimos que valen la pena como Love Gun, los Alive, Creatures of the Night o Revenge. En resumen, a pesar de sus altibajos, todos los discos de Kiss tienen algo para rescatar. 
2. Perdonarles lo veletas que fueron a lo largo de estos 44 años de carrera, por haberse subido a cualquier bondi que era moda, el haber coqueteando –con suerte dispar- con variopintos estilos como la disco music (Dynasty), el pop AOR (Unmasked), los discos conceptuales y “épicos” (Music from the Elder), el glam californiano de los 80 (Crazy, Crazy Nights o Hot in the Shade), el metal de los 90 a lo Pantera o Alice in Chains (Carnival of Souls). O por haberse subido a la moda unplugged de MTV... 
3. Seguir encariñado con discos que hoy ya casi nadie escucha como Unmasked, Asylum o Carnival of Souls. Gemas ocultas indispensables. 
4. El primer pinball que vi de ellos, que estaba a una cuadra de mi actual domicilio en Lanús, antes de que asumiera nuevamente como intendente Manolo Quindimil, ya que una vez en el poder se encargaría de prohibir los “fichines” en esta localidad por ser antros de vagancia, perdición juvenil y delincuencia. 
5. El telefilme Kiss Contra los Fantasmas, una de aquellas películas tan pero tan malas que se volvían buenas por oposición. Un verdadero clásico que vi solamente una vez en mi vida, un viernes a la noche en la TV, alucinando que los Kiss venían al Italpark y luchaban contra los fantasmas del parque. 
6. Recuerdo todo el merchandising del grupo, desde los muñequitos originales, pasando por las mencionadas figuritas (que llevaba al jardín y con las que “decoré” mi bicicleta Dazzan azul), los reviposters, las remeras... Un delirio que en EEUU llegaría a producir desde preservativos hasta un ataúd súper lujoso, que los propios Kiss le regalarían a los deudos del desafortunado ex guitarrista de Pantera, Dimebag Darrell, para que lo enterraran luego de ser asesinado por un demente en pleno show. Dimebag era fan confeso de Kiss...
7. El inolvidable dibujo rítmico del bajo de Simmons en “Detroit Rock City”. 
8. El solo de guitarra de Ace en “Love Gun” o su impresionante versión de “2000 Man”, de los Stones
9. Todos los trucos y elementos típicos de sus conciertos: Las explosiones, las escaleras a los costados, ver a Gene volando o escupiendo fuego y/o sangre, la batería/tanque de guerra de Eric Carr, la guitarra embrujada de Ace que volaba y tiraba cohetes, las sirenas en “Firehouse”, o como Paul rompía una guitarra de utilería que le alcanzaba un plomo desde el costado mientras caía una lluvia de serpentinas en “Rock n´Roll All Nite”... 
10. Todas y cada una de las bellísimas modelos, groupies o similares que aparecían en sus videos, posters, fotos, documentales... 
11. Las tapas de Love Gun (aunque fuera casi un afano de It´s Only Rock and Roll de los Stones), Dynasty (¡maquillaje perfecto!), la de los trajes en Dressed to Kill o la original de Creatures of the Night... Y, por supuesto, también la de Psycho Circus, “animada” como aquellas reglas del colegio en las que cambiaban los dibujos cuando las movías. 
12. Los discos solistas. Una idea genial, aunque el de Peter fuera malísimo o el de Gene un descocado muestrario bizarro de temas que iban desde afanos a melodías de los Beatles a un cover de la canción del Pinocho de Walt Disney. Sin dudas, los mejores eran los de Ace y Paul, en ese orden; dos álbumes de sonido clásico setentoso. 
13. Los bizarrísimos clips de los 80, el período sin maquillaje, cuando Gene dejó de dar miedo para convertirse en un señor que parecía un folklorista que se vestía tan ridículamente que te hacía acordar a una tía obesa... 
14. ...y hablando de Gene, me saco el sombrero ante su increíble bajo hacha ¡El instrumento ideal para el God of Thunder
15. ...y hablando de Gene prefiero recordar -en lugar de sus malísimos programas de TV, el de su familia, el de la escuela de rock, aburridos y banales- sus cameos por la pantalla grande, haciendo siempre de malo. Cómo ese memorable papel como terrorista del Medio Oriente (¡Otra qué Bin Laden!) en una película Buscado Vivo o Muerto en la que Rutger Hauer se venga de él, luego de que le matara a la novia y su amigo, detonando la granada que Simmons llevaba en su boca. Seguramente, uno de los finales preferidos para todos los que odian al gordo Gene y/o Kiss
Dibujo: Manolo García
16. ¿Cuántos fans se animarían a decir que tanto Eric Carr como Eric Singer eran (son) mucho mejores bateristas que Peter Criss, o cuántos que Bruce Kulick la rompe más en la viola que Ace Frehley? Sí, polémica... Sin embargo, a la hora de la estampita siempre serán Ace y Peter los que aparecerán junto a Paul y Gene
17. La emoción de verlos de vuelta con la formación original y el maquillaje puesto en los premios MTV ´96. 
18. La locura morbosa hecha promoción cuando mezclaron muestras de su propia sangre con la tinta roja con la que se imprimía su primera historieta. 
19. El maravilloso, legendario y nunca realizado show de la Bombonera, en 1983 –el que hubiese sido el último de la primera etapa con maquillaje-, suspendido por “amenaza de bomba” (?) 
20. A Vinnie Vincent, un tipo talentoso, gran violero y compositor; y a su maquillaje de mago egipcio. Lamentablemente, desequilibrado, no le alcanzaría la nafta para seguir en el grupo, al que abandonaría “para ir a contemplar sus errores” (Gene, dixit) 
21. ¡Las baladas! Desde la mencionada e inmortal “Beth” a “I Still Love You” o “Every Time I Look at You”. Sin olvidarnos, claro, de esa joya llamada “Forever”, compuesta junto a.... ¡Michael Bolton! 
22. Obvio, ese grito inicial del “You wanted the best, you got the best. The hottest band in the world: ¡Kiss!

Ahora Frehley gira como solista, y hasta viene a tocar a la Argentina. Sin embargo recuerdo, en una entrevista allá por el año 1976, cuando dijo: “Mi meta, y la meta del grupo, no es quedarnos en la música para siempre. No somos John McLaughlin, así que es seguro que a los cincuenta años estaremos muy lejos de los escenarios...” Por lo pronto, tanto Gene como Paul, se ve que cambiaron de opinión; pero, al fin y al cabo, aunque ya no sean los mismos de antes, gordos y con la voz rota, ¿qué carajo importa?

Emiliano Acevedo


jueves, 23 de febrero de 2017

BILLY SHERWOOD: "Chris Squire tenía un estilo como no hay otro..."



Billy Sherwood trabajó muchos años en Yes, a veces como músico sesionista (vocalista, guitarrista ritmico o vocalista) a sueldo -también en las giras- hasta llegó a ser miembro estable del grupo y compositor. Sin embargo, nada lo preparó para el difícil trance que debió afrontar en el año 2015, cuando falleció su amigo Chris Squire, bajista y líder de esta leyenda del rock sinfónico. Justamente a Sherwood le correspondió el rol –si eso es posible- de reemplazar a Chris como bajista en Yes. Y desde entonces lo ha venido haciendo, en las diferentes giras de la banda, sorprendiendo con su solvencia a propios y ajenos.

Años antes del fallecimiento de Squire, cuando Sherwood no se encontraba trabajando con Yes, tuvimos la oportunidad de entrevistarlo. Transcurría 2011 y Billy nos contaba cómo había sido su carrera musical hasta ahí…

Para los que no lo conozcan, William "Billy" Wyman Sherwood (nacido el 14 de marzo de 1965 en Las Vegas, Nevada) es un músico, multi instrumentista, productor e ingeniero de sonido. Luego de haber crecido en el seno de una familia con tradición musical, la carrera de Billy comienza –en plena adolescencia- cuando forma Lodgic junto a su hermano Michael. En esa banda Billy tocaba el bajo y cantaba mientras que Michael se dedicaba a los teclados y hacer coros. A mediados de los 80, luego de la ruptura de Lodgic, Sherwood se une a World Trade, grupo con el cual graba un disco en 1989; en donde Billy se encargaba –además de cantar y ser el bajista- de ser el productor, ingeniero de sonido y hacer la mezcla de la producción. Para esa época entra como colaborador en Yes, banda con la que trabajará (en forma intermitente) durante casi una década; hasta que en 1997 pasa a formar parte de la agrupación como integrante fijo, tocando guitarra rítmica y teclados. A pesar de retirarse de Yes (en 2000), Billy continuó trabajando con su bajista Chris Squire, en un proyecto conjunto llamado Conspiracy, que dio como fruto la edición de dos álbumes. En 2007, Sherwood se junta con sus amigos Alan White, Tony Kaye y Jimmy Haun para dar vida a un nuevo proyecto grupal llamado Circa. Esta banda debuta con la edición de un disco llamado Circa 2007 y un DVD en vivo. Desde entonces, en paralelo a su labor como productor, músico solista y compositor, el siempre inquieto Sherwood ha continuado trabajando con Circa, además de dar vida a otra agrupación llamada Yoso junto a Bobby Kimball, Tony Kaye y Jimmy Haun

ENTREVISTA: ¿Cómo fueron tus inicios en la música? 
Mis padres, Bobby y Phyliss Sherwood, fueron ambos músicos y artistas. De manera que la música fue un pilar en nuestra casa y llegó a ser influjo que se volvió en la guía de mi futuro. Ya sabés, la música parecía ser un destino natural en mi vida... Tengo un profundo amor por ella desde siempre, ha sido mi pasión y lo continúa siendo…

¿Qué músicos fueron los que más te han influenciado?
Entre los bajistas, Jaco Pastorious, por supuesto (Chris) Squire, McCartney, Geddy (Lee) y otros pero en la cima de mi lista permanece Jaco. En la guitarra, Jeff Beck, Stevie Ray (Vaughan) y (Dave) Gilmour. Como bateristas, Alan White, Lenny White, Phil Collins, Chester Thompson, Omar Hakim y muchos más... Y mis tecladistas preferidos son Zawinul, Tony Kaye, (Keith) Emerson y… ¡¡¡Oscar (Peterson)!!! Éstos son los músicos que siempre me cautivaron. Hay muchos más, pero la lista se volvería interminable…

¿Y cuáles son tus grupos favoritos? ¿Por qué?
Yes fue mi mayor influencia y el destino quiso que me terminara uniendo a la banda. Me encantan un montón de grupos: Genesis, Pink Floyd, Gentle Giant, XTC, Weather Report y varios más... Tiendo a escuchar cosas del pasado, principalmente porque no encuentro en la música moderna ese tipo de desarrollo y empuje. Saco inspiración de aquella música.

UNA LABOR DE AMOR…

Hablando de tu paso por Yes, al principio (antes del álbum Union, de 1991) vos comenzaste trabajando junto al grupo en calidad de sesionista. ¿Cómo llegás a realizar esto?
Chris Squire me buscó durante el período en el que no tenían vocalista, porque Jon Anderson estaba haciendo el proyecto de ABWH (Anderson, Bruford, Wakeman, Howe) en ese momento.
La idea era que yo me uniera a la banda en calidad de nuevo vocalista. Desde ese encuentro inicial, una cosa fue llevando a la otra y al final permanecí en el seno del grupo realizando varias labores para Yes, desde que me invitaron… He escrito, producido, tocado, participando en giras, como músico acompañante; hasta que finalmente me uní en calidad de integrante estable del grupo. Fue una labor que comenzó a principios de 1989 y continuó desde entonces… El resto es historia.

En 1994, 1998 y 1999, viniste con Yes a tocar a la Argentina. ¿Qué recuerdos tenés de aquellas visitas?
Lo que más recuerdo es su maravillosa gente y la grata hospitalidad de todas las personas que conocí. Tuve la oportunidad de recorrer la ciudad un poco y disfruté del país y su cultura. Los conciertos estuvieron buenísimos y recibimos una cálida recepción de los fans, que son geniales. No tengo más que afectuosos recuerdos y me encantaría poder volver a tocar allí otra vez… Quizás se pueda dar ahora con CIRCA.

Como integrante de Yes, participaste de la grabación de The Ladder (1999). ¿Nos podés contar algo acerca de esa experiencia?
The Ladder fue compuesto íntegramente en una habitación, alquilamos una vieja iglesia en Vancouver, Canadá; y vivíamos allí. Nunca me olvidaré de esa experiencia, había un montón de ideas musicales fluyendo... y, como a la mayoría de las bandas les pasa, también algunas discusiones acerca de que tocar o usar de las sesiones… Sin dudas, fue un momento memorable de mi carrera y algo que dudo que vuelva ocurrir otra vez. Yo normalmente escribo música solo o con una o dos personas, componer estando dentro de un grupo de seis integrantes (como era Yes en ese momento) es todo un desafío…

UN NUEVO LENGUAJE

¿Cuál es tu opinión acerca de la actualidad del rock progresivo? ¿Encontrás alguna similitud o diferencias el pasado de este estilo?
Para mí, el progresivo está asociado a una progresión, significa desarrollarse musicalmente hablando... Yo no soy de aquellos tipos que buscan recrear sonidos y texturas que ya han sido usadas con anterioridad. Por supuesto que ciertos instrumentos, como la batería, el bajo, etc., siempre van a sonar de la misma forma... Pero los sintetizadores, los teclados, traen incorporados una gran variedad de sonidos con los que se pueden explorar nuevos terrenos. Por eso, no suelo utilizar los sonidos clásicos de sintetizadores como el Moog, etc... Cuando estoy trabajando en el estudio de grabación prefiero siempre encontrar nuevos sonidos. Evolucionar el sonido y la música… Eso es lo que el progresivo significa para mí.

¿Has escuchado alguna banda nueva que te haya gustado en el último año? ¿Qué te gusta y que te disgusta de los grupos actuales?
Escucho la nueva música en la radio y en Internet. Si bien hay bandas actuales que me gustan, la mayor parte de música que me llega emocionalmente proviene de mi pasado. Seguro que en medio, entre la música de aquellas épocas y lo que pasa ahora, aparecen cosas que capturan mi atención, pero honestamente es raro que ocurra eso.

¿Cuál es tu opinión acerca de la situación actual del rock? Nos referimos a lo que tiene que ver con la industria discográfica y la descarga de discos online.
Me parece que es una espada de doble filo... El hecho de que Internet sirva para dar conocer grupos, que de otra forma nunca hubiesen visto la luz, es una gran cosa en lo que se refiere a difundir e impulsar nuevos valores. (Sin embargo) La llamada piratería tiene que ver con socavar los esfuerzos de un montón de músicos que tratan de ganarse la vida. Para mí es muy importante apoyar las artes, cualquiera sea su rama. Por ejemplo, yo soy fanático de los videos games para PC y éstos requieren un montón de tiempo y trabajo para ser desarrollados. El tema es que, al final de cuentas, si un video game es pirateado no habrá un apoyo económico para aquellos que lo diseñaron, y esto hará que esta gente, en poco tiempo, ya no podrá permitirse el lujo de seguir produciendo nuevos juegos. Por eso yo compro videos games originales para apoyar la labor de los diseñadores y que así puedan continuar desarrollando más y mejores juegos. Esta misma teoría se podría aplicar a la música y en como apoyarla. La música es una forma de arte y los artistas deberían ser compensados por el tiempo que pasan creándola. No es copado robar música, video juegos, películas o cualquier cosa por el estilo. El uso de Internet hace que cuando un chico ve la palabra “download” (descargar) nunca piensa en estas cuestiones que están por detrás… Esta es una cuestión de causa y efecto.

A lo largo de tu labor como productor has trabajado con artistas variados como Motörhead, Dangerous Toys, John Wetton y Paul Rodgers. ¿Podrías comentarnos algunos conceptos acerca de esto?
Amo producir discos y por eso me encargo de realizar variados trabajos con diferentes artistas y géneros musicales. En cada uno de los casos incorporás algo diferente y aprendés nuevas cosas acerca de la música. Por ejemplo, con esos artistas que nombrás, fue un honor y un placer para mí encarar cada uno de esos trabajos.

¿Cómo fue trabajar con Chris Squire en la realización de Conspiracy?
Siempre disfruto trabajar con Chris. Hemos hecho un montón de música juntos y quizás, en algún momento, podemos llegar a hacerlo otra vez. Los dos discos de Conspiracy constituyen un muy buen registro de nuestro trabajo. Chris tiene un estilo como no hay otro.

¿Cómo pensás tus discos? ¿Cómo se te ocurrió grabar The Big Peace, tocando vos solo todos los instrumentos?
Disfruto mucho hacer mis álbumes solistas porque tengo un total control creativo. Por el contrario, en las bandas siempre existe un compromiso de un tomar y dar. Trabajar en música solo me permite dejar de ser cauteloso y sacar afuera todo mi material mucho más de lo que es posible estando dentro de un grupo…

(Entrevista realizada en julio de 2011)

Emiliano Acevedo


martes, 21 de febrero de 2017

EN SU ELEMENTO, entrevista a Claudio Cardone

Hoy tenemos el privilegio de acércales esta entrevista con Claudio Cardone (Rosario, 1962), uno de los más talentosos tecladistas, pianistas y arregladores argentinos, un músico de dilatada trayectoria profesional. Desde sus comienzos integrando la Trova Rosarina, en donde acompañó a Juan Carlos Baglietto, Adrián Abonizio, Silvina Garré, Fabián Gallardo, Jorge Fandermole, Rubén Goldín y Lalo de los Santos; y, luego, por sus trabajos para A-Tirador Laser, Javier Malosetti o Gonzalo Aloras, entre varios etcéteras. 

Sin dudas, Cardone es un tipo que tiene opiniones muy directas, sin casete, y que no tiene ningún problema en decir lo que piensa acerca de la actualidad de la música rock y la industria discográfica, así como de contarnos varias de sus apreciaciones acerca de su carrera, sus experiencias musicales pasadas, y cuales son sus proyectos actuales. Por supuesto, no podíamos dejar de recordar la entrañable figura de Luis Alberto Spinetta, en una de las partes más emotivas de la nota, donde Claudio nombró, simplemente, aquellas pequeñas cosas que extraña de su devenir cotidiano mientras acompañaba musicalmente al más grande artista del rock argentino de la historia…

ENTREVISTA> ¿Cómo fueron tus inicios en la música? ¿Cómo te formaste como músico?
Tuve una formación académica, digamos, desde  los 4 a los 13 años, más o menos. Luego, siempre autodidacta....

¿Por qué te decidiste por tocar piano, teclados?
En principio, mis padres me mandaron a estudiar piano, aunque a mi no me entusiasmaba. Luego, ya para la época de fines de la secundaria, me enganché mucho... ¿Por qué? La verdad, bien no lo sé. Pero sentí que eso era lo que me gustaba hacer, realmente. También me gustaba la guitarra, pero jamás aprendí a tocarla bien...

¿Qué artistas y discos eran tus preferidos de chico?
Escuchaba bastante rock sinfónico, Piazzolla, Chick Corea, Ravel, Beethoven, Beatles, Bee Gees, Carpenters, Charly García, etc... Bastante variado, digamos...

¿Qué tecladistas colegas admiras, de la música argentina e internacional?
Bueno, son muchos... De aquí, el Mono Fontana y el Negro Aguirre, son mis dos preferidos; aunque me gustan y respeto a muchos otros. De afuera: Joe Zawinul, Herbie Hancock, Ryuichi Sakamoto, Jan Hammer, Egberto Gismonti, Aziza Mustafa Zadeh, etc...

¿Te gustan los tecladistas exhibicionistas, preferís la sutileza, o una mixtura entre ambos mundos?
Me gusta el contraste en todos los aspectos de la música. No me va el circo en la música, en ninguna de sus formas.

¿Cómo definirías el hecho de ser músico? ¿Qué significa esta profesión en tu vida?
En principio, es una profesión más. Pero es una profesión que tiene el plus de alimentar y hasta quizás curar el alma de la gente, para mí. Por otra parte, la música es un lenguaje universal que cualquiera puede sentir y emocionarse. Siempre y cuando uno hable de música en serio, y no de la basura que en su gran mayoría hoy se suele difundir por la TV, la radio, etc...

¿Qué músicas y estilos te gustan e inspiran?
Escucho muchos estilos siempre. No suelo escuchar nada relacionado con lo heavy, o lo que llaman dark. La ópera me entusiasma poco...

¿Hubo algún libro, canción o film que vos crees que te haya impulsado a escribir canciones, o que te hayan inspirado?
No creo que nada puntual en verdad. Quizás, una mezcla de vivencias cotidianas, entre las que pueden estar alguna película, o algún libro también...

¿Cuáles son las diferencias y similitudes de trabajar con artistas tan disimiles como Illya Kuryaki, Fito Páez, David Lebón o Roque Narvaja? ¿Cómo realizas tu trabajo para componer arreglos orquestales?
Han sido diferentes roles, quizás. Con David, toqué un par de veces nomás, solamente me remití a tocar. Por el contrario, con IKV, tocaba pero también contribuía en arreglos, armonía, audios, etc... Desde el vamos, era algo bastante más profundo. Los arreglos orquestales los hago de manera intuitiva.... Me suena algo en la cabeza, y lo paso a MIDI en la compu. Luego ahí voy dándole a cada cosa un color con la ayuda de los teclados y la compu también.

¿Tenés alguna marca de teclados y equipos preferidos?
No.

Y cuando estás componiendo (o interpretando) tu música, ¿utilizas cifrados o partituras?
Ambas cosas, depende la ocasión.

HOMBRE DE LUZ


¿Cuándo lo conocés a Spinetta? ¿Cómo era trabajar con él en los shows, y en el estudio?
Al principio con Luis, me remitía más que nada a darle como una base al Mono, para que él pudiera arriba de eso tocar las ideas que  había volcado en discos como Don Lucero (1989). Luego, con el tiempo, y depende de cada época, fui quizás cumpliendo una función diferente. Y en el estudio, también ha sido diferente la forma de trabajar, dependiendo de cada disco.

¿Cuál de todos los discos en los que colaboraste con él es tu preferido?
Los Ojos (1999).

¿Cómo fue el proceso de grabación de Un Mañana (2008)? ¿Tus pasajes instrumentales, incluidos en el disco, fueron compuestos antes, al mismo tiempo, o recién a partir de una idea que te tiró Luis, como, por ejemplo, cuando él ya tenía compuesta “Canción de Amor para Olga”?
Primero, Luis hizo las 2 primeras canciones, y me pidió un interludio para unirlas. Yo ya tenía una idea, y medio que la adapté a la circunstancia. Luego, Luis hizo la tercera canción, y me pidió un segundo interludio. Ese lo hice de cero, y en verdad, es una variación de la segunda canción si le prestás atención.

¿Cómo recordás tu participación en el show de Las Bandas Eternas?
Sin dudas, fue el evento más importante en el que haya podido participar en mi vida... Porque para mí, quizás haya sido también el evento más importante de la música rock en la Argentina. Una enorme responsabilidad, y un privilegio a su vez...del cual estaré eternamente agradecido.

¿Tenés alguna anécdota puntual que hayas vivido junto a Luis que recuerdes siempre?
Algo puntual, no sé.... Quizás recuerdo y extraño a diario, más lo cotidiano. Charlar, escuchar música juntos, verlo componer con su acústica, juntarnos a cenar, descubrir algún disco piola nuevo, escuchar a Tangalanga, estar pasando sus canciones en la sala de ensayo, etc...

EL LENGUAJE DEL CIELO


¿Qué canción de otro músico te hubiese gustado componer a vos?
No soy compositor de canciones en realidad. Pero si lo fuese, hay muchas canciones que me marcaron... Mis autores preferidos de canciones son Spinetta, acá; y de afuera los Beatles. Así que si tuviese que elegir una, elegiría algo de ellos.

Contanos acerca de algún show que hayas presenciado como espectador y que haya quedado en tu recuerdo.
Me impresionaron mucho shows, como el que vi de Me´Shell Ndegeocello en Los Angeles en los 90, con el genial Federico González Peña. Varios de (Joe) Zawinul en Buenos Aires. El que dio Björk la penúltima vez que vino a Argentina. Pat Metheny en Obras en los 80. El de Astor Piazzolla en el Teatro La Comedia de Rosario en los 80, o los de McCartney, etc....

¿Cómo ves el mundo de la industria discográfica hoy en día, con el advenimiento de las descargas online?
Bueno, es un tema complejo. Por el lado de encontrar algo que legalmente sea equitativo para todos los países. Estoy totalmente en desacuerdo en que Estados Unidos -siguiendo siempre su política internacional atropelladora y dictadora- saque esa Ley SOPA, o lo que se les ocurra, y decidan el destino de otros países. Creo que para entender esto, hay que escuchar lo que decía Joni Mitchell hace muchos años: en un principio las discográficas eran manejadas por gente ligada al arte.
En los 80 vieron el negocio los buitres, y se metieron en esto tipos que son agentes de la Bolsa, en verdad, y/o gente que lava dinero. El músico pasa a ser entonces un número nada más. Y a su vez, un cd que de costo les sale 2 dólares, lo ponen en la calle a 18, y al autor le llegan 50 centavos....
Radiohead sentó un ejemplo clarificador, hace dos discos atrás. Se deshizo de la discográfica, puso un disco en la red y quien quería pagaba, y quien no, no pagaba. Y el que pagaba, pagaba lo que se le ocurría. El resultado fue, que ya sin intermediarios ni discográficas, ganaron mucho más dinero que con el cd anterior. También Prince dijo que las discográficas deberían ya remitirse a ser como un Federal Express nomás.... Lo demás, lo puede hacer el músico hoy en su propia casa: grabar, mezclar, el arte de tapa, etc., etc... No hay que depender de esta gente sin códigos. Por eso digo que la piratería, para mí, es un tema complejo. Pero mientras estén estos buitres rondando, va a ser difícil un acuerdo. Acá en la Argentina, hay gente enquistada en las discográficas que es, directamente, mafiosa; y en varias asociaciones ligadas a la música y el arte, les hacen contratos a los grupos o solistas, que más que contratos son como chantajes o pasajes a la esclavitud eterna. Eso es mucho menos ético, que bajarte una o 20 canciones de la red, ¿no?

LO QUE HAY, NO ME ALCANZA…


¿Estás al tanto de lo que pasa en el rock nacional? ¿Hay alguna banda nueva que te atraiga de forma particular?
No estoy muy al tanto, la verdad. Cuando estaba (el programa de Juan Alberto) Badía, era un placer sentarse a ver música en la tele, por ejemplo, o escuchar sus programas de radio. Ahora, tenés que sentarte a presenciar el "amiguismo" y a gente funcional a las multinacionales....Y que un tipo que sabe de música menos que yo de ingeniería nuclear, te hable de una banda de cuarta, como si hubiesen aparecido los nuevos Beatles.
No es para mí... Igual, ya no sé qué sería ya rock hoy en día.... Habría que preguntarle a Capusotto, je. Porque ya cualquier cosa es rock para los medios.... Un tema de Franco Simone, ¿o una cumbia vestida de pijamas? Esas cosas están, exactamente, en la vereda de enfrente del espíritu del rock. Del panorama más o menos actual me gustan cosas de Lisandro Aristimuño, Amel, Rosal, Aca Seca, Nahuel Pennisi, etc... Y celebro que exista nuevamente IKV, por supuesto, ya que fue para mí la mejor banda de estos últimos tiempos en la Argentina.

Y a nivel general, ¿qué tipo de música y artistas te gusta escuchar? ¿Cuál es tu opinión del presente de la música rock y pop internacional?
Escucho un poco de todo, aunque me inclino siempre más por lo cantado que por lo instrumental. El rock y pop internacional actual es muy pobre en calidad y oferta, en comparación con los 60 y 70, sobre todo. Se ha perdido mucho la originalidad, el desarrollo, los lindos arreglos, las armonías y melodías interesantes, etc... En el jazz no escucho gente original últimamente, tampoco. Aunque hay una camada de gente -afuera-, como Kimbra, St. Vincent, Chairlift, Olga Bell, Clare and the Reasons, Jesca Hoop, etc.; que están retomando la buena canción, para mí. Y gente en Japón, por ejemplo, haciendo cosas también espectaculares, con estilos más ligados a lo experimental, a los nuevos audios surgidos desde las computadoras, etc... Kotringo, por ejemplo, es la mejor artista que he descubierto, lejos, en los últimos tiempos. Con una sensibilidad superior, es una cantante, pianista y arregladora extraordinaria. Que abarca muchos estilos, además...

¿Cuáles son tus proyectos actuales y en un futuro inmediato?
Estoy produciendo y arreglando los discos de dos cantantes, Melania Montalto y Gaby Conte. También estoy grabando teclados en el disco solista de un guitarrista rosarino fabuloso, que se llama Luis Fuster. Y estoy terminando mi primer disco, un álbum doble que comencé a hacer, hace unos 5 o 6 años, y que por distintas circunstancias lo tuve que posponer. Son más de 20 músicas, compuestas en diferentes épocas. Muy probablemente, se edite a principios del año que viene.

(Entrevista realizada en septiembre de 2012)

Emiliano Acevedo


lunes, 13 de febrero de 2017

PETER GABRIEL ( I ): Libertad plena sin concesiones...



Peter Gabriel cuenta porque se fue de Genesis en  "Solsbury Hill", el hermoso tema acústico que anunció cuales iban a ser las intenciones artísticas de este músico de aquí en más. Esta canción muestra el talento de Gabriel al natural, así como su poesía y fineza musical. Además, sin dudas, su primer álbum solista (editado el 25 de febrero de 1977, y producido por el gran Bob Ezrin) es una obra de arte sublime, atractiva, seductora, delicada y compleja. 
 
Para empezar, esta es una producción que no guarda ninguna relación con el material compuesto por Gabriel en su ex grupo. Esto demuestra la capacidad de este artista para reinventarse, alejándose de cualquier posibilidad mínima de anquilosamiento. A su vez, la música incluida en esta ópera prima es densa y vibrante. Seamos claros, lo que consigue Gabriel a partir de este disco es comenzar a hacer todo lo que siempre quiso (musicalmente hablando). Eso significaría menos desarrollos instrumentales que los incluidos en Genesis -cuando la mayor parte del sonido descansaba en la figura omnipresente del tecladista Tony Banks-, además de incluir arreglos musicales bastantes extravagantes -a veces minimalistas, a veces pomposos- en algunas composiciones (como los de la apertura de "Morbund the Burgermeister"). 

Además, Gabriel suena atractivo, seductor o "sexy"; como sucede con su actitud "rocker" puesta en juego en "Modern Love". Pero su abanico estilístico no se agota ahí, como podemos apreciar en la atractiva "Excuse Me", casi una pieza de estilo "doo wop"; incluso, cercana a un estilo clásico de "cabaret"; y también en "Waiting for the Big One", donde hay finísimos arreglos jazzísticos. Muchos de los momentos más enérgicos del disco los podemos apreciar en temas como "Slowburn" o en esa monumental mezcla de orquesta con música disco de "Down the Dolce Vita"; así como en el gran cierre del disco con la emotiva "Here Comes the Flood", uno de los temas paradigmáticos de toda la trayectoria de Gabriel

Quizás escapando de la rígida dirección impositiva británica, y de las expectativas que acarreaba su figura luego de irse de Genesis, Peter Gabriel fue grabado en los estudios Soundstage en Toronto, Canadá. Allí, Gabriel y Bob Ezrin trabajaron a sus anchas, sin prisas, entre julio de 1976 y enero del 77; aunque a esta altura ya habían vuelto a Londres, en donde completaron el disco, en los históricos estudios Morgan y los Olympic.
Gabriel y  Ezrin utilizaron durante la grabación a prestigiosos músicos invitados, como Robert Fripp (guitarra), que venía de desarmar King Crimson dos años antes; Tony Levin (bajo), por supuesto, luego también integrante de Crimson y colaborador full time de Gabriel de aquí en más; el baterista Allan Schawartzberg, el percusionista Jimmy Maelen, el guitarrista Steve Hunter; y los tecladistas Jozef Chirowski y Larry Fast, quienes se ocuparon de los efectos sonoros y los sintetizadores.

Finalmente, luego de la edición del álbum, Gabriel armaría una banda para tocar en vivo que incluiría al díscolo Fripp (quien utilizaría el seudónimo “Dusty Rhodes”), Hunter en guitarra, Levin en bajo, Fast en sintetizadores, Schwartzberg en batería, Phil Aaberg en teclados y  Jimmy Maelen en percusión. 

En resumen, Gabriel hizo casi todo bien en este disco: primero, exorcizó cualquier fantasma "genesiano" que podría haberlo molestado -recordemos que, en esa misma época, Genesis (ya sin él) comenzaba a despegar y a tener un inédito éxito comercial-, y por el otro lado, con esta obra sentaría los cimientos de una trayectoria propia, a años luz de cualquier preconcepto, que, a la postre, lo mostraría como uno de los artistas más coherentes y respetados de la música rock de los últimos 40 años.

E. A.