miércoles, 20 de septiembre de 2017

SAXO ITINERANTE, entrevista a Sergio Dawi



Nada pareciera ser casual, a la hora de develar su devoción por la música, razón por la cual esta pasión lo llevó a estudiar piano y flauta a muy corta edad. Será por eso que Sergio Dawi plasma en cada uno de sus trabajos el sello intacto de un apasionado por el arte. Transcurrió su niñez y adolescencia en un hogar en donde quienes   lo trajeron al mundo  pasaban sus días vinculados a la música y el cine. Su padre  fue el director de cine Enrique Dawi y su madre, María Teresa Corral, compositora e intérprete de canciones infantiles. Por lo tanto, el niño Sergio siempre ha tenido una relación muy cercana con la diversidad artística. 

Tenía tan solo veinte años cuando trabajaba de cadete en la productora de su madre, donde vivió los avatares de los años 70: "Mi madre tuvo un  sello discográfico que se llamaba La Cornamusa, donde sacaba como productora  independiente sus discos y había editado, entre otros, a Daniel Viglietti. Resultaba riesgoso en esa época tal elección, y fue por eso que, ante la imposibilidad de sacarle el centro identificatorio al vinilo, no nos quedó otra que llevarlos a la dársena porteña y arrojarlos por cientos al agua".   

Los humores de esos años lo llevaron a cruzar  al viejo continente, y allí, el que luego sería el  saxofonista de los Redonditos de Ricota, se nutrió, durante una década, de una diversidad musical que aun  recrea. Haber estudiado y  tocado con músicos jamaiquinos, españoles o africanos, es una  experiencia que  plasma en cada disco  y propuesta que lleva adelante.  

En su retorno al país en los  80, junto a Damián Nisenson -que luego pasó a ser saxofonista de Los Twist- participó del mítico Parakultural, desde su inauguración hasta su cierre, en la calle Venezuela. En esa época, ambos músicos se subían  al escenario del legendario sótano con 2 Saxos 2, donde hacían  breves performances: "La música era lo central, pero el lenguaje que desarrollamos tenía una cuota de juego, de dialogo e improvisación, que junto a una  actitud corporal, vestuario, iluminación y escenografía le dio un carácter a  nuestro  camino. Todo se desarrolló en un contexto histórico, dentro de una primavera democrática, donde era frecuente  en esos camarines cruzarte  con   gente de teatro, músicos, poetas, curiosos con una impronta libertaria. Se destapaba una olla que había quedado comprimida  durante muchos años. Pérez CelisFernando Noy, Las Gambas Al Ajillo, Los Melli, (Alejandro) Urdapilleta y tantos otros fueron de la partida.”  

Dentro de ese contexto, una noche, la Negra Poli y Skay Beilinson, buscando espacios para que los Redonditos de Ricota realizaran  unas  fechas, invitaron al dúo de saxofonistas a participar en los intervalos de la banda. De ahí comenzó un vínculo muy estrecho, que tuvo como resultado formar parte del staff ricotero, cuando Willy Crook se alejó para integrar Los Abuelos de la Nada, en 1987. El resto es la historia que todos conocemos, la participación de Dawi en siete discos  de  la banda de La Plata, sin dejar de lados sus proyectos paralelos.

Luego de la separación de los Redondos, el dúo siguió presentando nuevos espectáculos y, en paralelo, junto al ex bajista de los Redondos Semilla Bucciarelli, Sergio formó parte de SemiDawi, otro proyecto audiovisual  que ha  recorrido el  país y que tiene como propuesta  el  cruce  entre la plástica y la música  con un tratamiento digital, donde el saxo, vía procesadores y  samplers, dialoga con la pintura y el dibujo digitalizado, en  un espectáculo experimental y performatico llamado Ambos a la vez.
Actualmente, Sergio Dawi está abocado en la presentación de Jaqueados, su tercer  trabajo discográfico, junto a  Dawi y los Estrellados.

ENTREVISTA: ¿Cuál es la propuesta que llevás adelante con Estrellados? ¿Continuar con la temática de un espectáculo que vaya más allá de lo musical? 
Dawi y los Estrellados tiene un formato más de banda donde aparece la palabra. Cuando presentamos este tercer disco y elegimos el formato de teatro ciego, de alguna manera era poder convidar a nuestro público a tener una experiencia donde la imaginación tome rienda suelta. También creo que la oscuridad es un buen disparador. 

¿Jaqueados es un trabajo conceptual, apunta a una determinada idea? 
Son nueve temas que están enmarcados no solo en lo musical, sino también en la lírica y en la gráfica. El disco tiene una unidad tal que, entre tema y tema, no hay silencio, es todo un continuo. El espectáculo está presentado como una banda de sonido de una obra teatral. Cuando lo escuchás en las plataformas, podes traquear tema por tema. La idea que terminó pulsando el disco, está guiada por el título que lleva: Jaqueados es una palabra que sintetiza una sensación de un estado de las cosas y de la condición humana. El mundo está muy difícil, es una sensación de que  el futuro no nos lleva por buen camino y donde siento que realmente se está jaqueado. Por eso en la tapa del disco hay una ilustración en donde una niña levanta su brazo como diciendo “paren la mano”.   La lírica tiene un  carácter   ficcional, y cada canción relata  historias  en donde los personajes están jaqueados en el amor, en la suerte, en la esperanza, en la vida misma. 

¿Cómo te llevás con el hecho de tener que ser el líder de una banda? 
En esta formación, donde me vuelco a escribir y también a realizar la producción general, tengo que meter el cuerpo para llevar la historia adelante, pero este   proyecto creo que no hubiese salido a luz si no fuese por la sumatoria  y el aporte de cada uno de los que conformamos Dawi y Los Estrellados.  Tengo la fortuna de contar con un equipo de notables músicos y colaboradores.  Con  el DJ Roco Collado y el guitarrista Juan  Benítez, compusimos la música. Luego se sumaron Alejo Trinelli  en el contrabajo y Nicolás Daniluk en batería. Tuvimos colaboraciones  musicales  diversas, que también fueron fundamentales. Creo en el trabajo grupal.

¿Cuáles han sido tus referentes a la hora de llevar adelante tu propuesta musical? 
Uno es la sumatoria de experiencias y de vivencias. Es innegable que hay un poco de todo, y tiene que ver con lo que escuche desde mi infancia y adolescencia hasta el presente. Uno va haciendo como síntesis en cada momento y regenerándose.

¿Cómo definirías tu propuesta artística en pocas palabras, Sergio?
Soy un curioso que tiene canales abiertos. Que no se limita solo a lo musical, y que rescata la posibilidad de utilizar la palabra como modo de expresión. 

Con esta autodefinición, Dawi cierra la charla, dejando la sensación de que hay un sinfín de proyectos por venir, solo resta esperar y disfrutar de su último trabajo en banda. Un músico desprejuiciado como pocos.

Patricio Fernández Abregu

miércoles, 13 de septiembre de 2017

SONIDOS Y PALABRAS PARA GENTE (NO TAN) COMÚN...: Entrevista a Ariel Tenorio



Ahí está Ariel Tenorio: brazos delgados, una remera rockera negra y una campera de jean, dedos delicados de dibujante y pintor, en busca de una taza de café. Un pálido sol de invierno se derrama sobre la ventana de un bar de Caballito. Y ahora Ariel Tenorio habla con su voz juvenil, y vuelve a ser aquel pibe inquieto que en los 90 recorría los reductos under de su barrio, Lanús, mientras el tintineo perforante del Nuevo Rock Argentino se metía en la sesera de una generación. Ahora a los 40 años, y peinando canas en sus sienes onduladas, está entrando en la plenitud de su madurez como hombre y artista multifacético.

Y es que Ariel es dibujante, caricaturista, docente de arte, diseñador de remeras… Hasta alguna vez, no hace mucho, se dedicó a la actuación. Lo que se dice un hombre renacentista. Dentro de esta urdimbre de intereses artísticos también se encuentra la música, a la que se dedica vocacionalmente y con la misma pasión con la que dibuja esas impresionantes caricaturas de músicos, que más de una vez han engalanado las notas de nuestro blog Intersticio.

Justamente, de música versa esta entrevista. En ella conoceremos los dos proyectos musicales que impulsa este artista: el pop multi genérico y ecléctico de Los Tenders y los experimentos sonoros avantgarde de Offside. Más que nada, canciones, más que nada sonidos y palabras. Y la música es hermosa: llena de invención, ternura, riesgo. Quizás, intentos autobiográficos de narrar las experiencias vitales, propias y ajenas. Como si fuera un testigo impertérrito, presto a captar el gesto mínimo, la señal. Las palabras y sonidos de una persona que trata de entender gran parte de su vida y del bendito país que le toca habitar.

Lo que sigue es el resultado de una larga charla con Ariel Tenorio. Un hombre, un artista integral, que vale la pena conocer…

ENTREVISTA: ¿Desde cuándo sos músico? ¿Cuándo empezaste a tocar?
Bueno, en verdad, no me considero músico. Pero sí alguien a quien le gusta mucho la música, y que trata de hacer algo con eso. Empecé a tocar el bajo a los 15 años, en un grupo que se llamaba Las Cacatúas. Conocí dos chicos en el recital de EMF en Obras, en 1993. Ellos me invitaron a participar, sin que yo haya tocado el bajo nunca. Solo había intentado cantar en Morgue 4, una banda punk. (https://www.youtube.com/watch?v=DsRjm1TAUvI)

¿Y cómo fueron tus primeros acercamientos a la música de chico? ¿Qué escuchabas?
Tengo dos tíos, Dani y Sonia, que escuchaban rock, sobre todo nacional. Ellos fueron importantes en la motivación. Dani nos grababa de muy chicos cantando temas de Charly García y otros artistas.
También en mi casa se escuchaba mucha música, en un Winco.  Mi viejo escuchaba folclore y tango; y mi vieja, Sandro, Roberto Carlos, El Trío San Javier y Sergio Denis. Unos simples que podía escuchar toda la tarde mientras limpiaba la casa.
Con mis hermanos compramos nuestro primer disco Rockas Vivas, de Zas. Por insistencia de mi hermano mayor Matías, a quien debo mucha de esa educación musical. También le debo mucho a mi primo Leandro, quien nos pasó mucha música, sobre todo, punk y postpunk.

¿Y cómo nacen y se desarrollan tus proyectos musicales actuales?
Los Tenders, surge de una necesidad de hacer algo escénico. Como me aleje del teatro en el año 2009, extrañaba actuar. Además, quería hacer algo para complementar mis muestras de pintura. Ya había tenido otros proyectos con mi hermano Hernán, que no prosperaron como Frecuencia, Cabaret y Delay (https://www.youtube.com/watch?v=xCd8t6PJTHA). Así fue que retomamos la senda musical con un tema que hacíamos en Frecuencia: “Sin pedir perdón”, que grabamos con Silvana Reitano, mi mujer y cómplice en este proyecto. Luego grabamos “La Mexicana”. Empezamos a tocar con un baterista, Emiliano, y fueron saliendo temas. Así, terminamos grabando otros seis temas para poder completar un disco.
Mi otro proyecto musical, Offside, nace de la experimentación, en solitario. Tenía varias ideas, que venía probando solo. Por ejemplo, pasajes sonoros que duraban entre 10 y 20 minutos. Todo el material de este proyecto está grabado en vivo, en una sola toma. Son improvisaciones con guitarra y un teclado. Luego se me ocurrió invitar a un ex alumno mío, Ezequiel Garibaldi, a sumarse. Él había remixado “El eterno”, para Los Tenders. Sabe mucho de sonido y podía darle una mejor sonoridad a estos experimentos sonoros. Lo interesante es que ahora soy yo quien aprendo de él.

¿Cómo podrías definir tus proyectos, en que se diferencian?
Los Tenders (https://lostenders.bandcamp.com), es algo más relacionado con la canción, la melodía es algo que siempre me fascino. Siempre me gusto cantar y componer,  es algo que me moviliza mucho, como pintar un cuadro.
En cambio, Offside (https://offside.bandcamp.com/album/offside) es lo opuesto, es más un juego. No hay reglas.
Puede ser un solo acorde que se prolonga sin sentido. En la actuación siempre me fascino la improvisación. Es increíble lo que puede surgir si te entregás al juego. Es como entrar a un portal mágico, donde te transformás en otro. Después hay mucho de collage, cortar y pegar.

¿Cuáles son los músicos que más te influencian en tus proyectos musicales?
Muchísimos y de todos los estilos. No soy muy purista, escucho de todo. Pero, seguramente, lo más influyente sea el pop rock de los 80 y 90. Igualmente, creo que las influencias vienen de todos lados, no solo de la música.

¿Qué es ser un músico emergente en la actualidad, para vos? ¿Cuáles son tus objetivos?
No soy una persona que esté pensando mucho en objetivos. Me gusta que fluya. Me considero más un laburante del arte, que un artista. Por supuesto, tampoco me considero un músico, como dije antes, en el sentido estricto de la palabra. Disfruto mucho haciendo, el proceso es más importante que el resultado. Es algo hasta terapéutico.
Pero, quizás, sueño con grabar un buen disco, algo que la gente lo escuche y diga: “¡Que buen tema!” o que  lo emocione de alguna manera. Y lograr un buen sonido en vivo, por supuesto.

¿Pensás que el haber nacido en la Zona Sur del Gran Buenos Aires, con toda la impronta pop-rock que tuvo en los 90, te influenció en tu música?
Seguramente, y no solo en la música. Por ejemplo, podías ver a Babasónicos en Mala Milk, un reducto en Lanús, o en el colegio Piedrabuena. En ese momento, el público no éramos más de 20 personas. Así como, más tarde, tocar en Portofino, otro reducto lanusense, sobre la calle Pavón, y que entre el público estén los chicos de Juana La Loca. O      ver a Los Visitantes, en el Teatro de las Nobles Bestias, en Temperley, con esa formación de salud universal. Palo (Pandolfo) se prendía fuego, era genial. Toda esa movida sónica, realmente fue algo movilizador. Como aquel ciclo Vamos a ver lo nuevo, en Die Schule. En una noche podías cruzarte con Cerati, Melero, Zeta Bosio, Richard Coleman, Pettinato o Palo Pandolfo. Y en el medio del recital, venía Chabán y te mostraba un cortometraje experimental, con una canilla goteando y un ruido abrasador. La primera mitad de los 90, creo que fue una época gloriosa del rock, después todo se volvió todo más futbolero, con menos vuelo.

Sos artista gráfico, docente, músico, actor.  ¿Cómo articulás, si es posible, tantas actividades artísticas en una misma persona?
Bueno, yo y mis personalidades múltiples, convivimos muy bien con eso… (risas) No suelo separar lo artístico en categorías. Muchas veces me preguntaron: ¿Que te gusta más, dibujar o pintar?  La verdad es que nunca lo vi como algo separado, lo mismo me pasa con la música y la actuación. El arte es mi motor. Sueño; dormido y despierto, con el arte. Si es que vinimos para algo a este mundo, en mi caso, sin dudas, es para hacer algo artístico.
Es mi compromiso, mi religión y mi dios. Más allá, que a veces piense,  que todo lo que podamos hacer en este mundo no tiene ningún sentido. Por otro lado, siempre fui una persona inquieta. Me gusta buscar y conocer cosas nuevas. Probar diferentes maneras de expresarme.

Y en este punto, ¿cómo influyen otras artes en tu obra musical?
Todo puede influenciarte de alguna manera. Solo hay que tener la antena siempre encendida. Hay que ser receptivo, no hay que tener miedo; a la hora de crear, todo sirve. Desde una charla de desconocidos  en el colectivo, hasta una función de ópera, todo puede dispararte una idea para crear algo. Me considero un buen observador, eso es fundamental, después hay que ver que hacés con esa observación.

¿Dentro del rock argentino e internacional actual, con cuáles grupos y solistas te sentís emparentado?
No creo estar emparentado con nadie, pero puedo nombrar algunas cosas que me gustan. De acá: Los Espíritus, Bosques, Legüero, Bestia Bebé, Sombrero, Jackson Souvenirs, The Nocovers, Iguana Lovers.
De afuera: Cigarretes After Sex, Seapony, Verstärker, Belgrado, Real State, Low, Camila Moreno y Explosions in the Sky.
Ahora estoy escuchando mucho funk, algo a lo que nunca le di mucha bola: Funkadelic, Parliament… Tienen una cantidad de discos increíbles. También hay unos pibes de acá con una propuesta muy interesante: Del Valle.

¿Cómo componés? ¿A partir de una idea, un sonido, una letra?
Nunca es igual, pero, generalmente me sale de tocar la guitarra, un riff, un par de acordes. Luego surge algún balbuceo, un boceto de melodía. Puedo tararear o silbarlo por días, hasta que encuentro algunas palabras. Me ayuda mucho silbar, hago arreglos a partir de esos silbidos. Siempre me sirvió grabar y escuchar, eso es primordial para apropiarte del tema. Otras veces sale todo de una, letra y música, como en mi tema “La mexicana”. Salvo el estribillo, que se me vino a la cabeza yendo a la panadería, una mañana. Tenía la melodía sola. La veníamos tocando así, de hecho, la primera vez que la tocamos en vivo, no tenía el estribillo.

¿En qué estilo encasillarías a tu grupo Los Tenders, como craneaste su disco?
No podría encasillarlo en ningún estilo. “el peor enemigo del artista es el estilo”, decía Picasso, y creo en eso. El disco no estuvo muy pensado, se fue dando. Tenía muchos temas y quería que queden grabados. Me gusta la idea de dejar un registro. La idea de grabar un disco me perseguía desde la adolescencia. Muchas cosas que hacíamos eran realmente buenas, y a veces me da bronca que no hayan quedado grabadas. Por otro lado, ahora siento más confianza para tocar y cantar. Ahora es más fácil, todos pueden grabar, editar y publicar. Internet democratizó un poco el arte y la difusión. También, un pilar importante en este álbum fue el aporte de Norman Mc Loughlin, que produjo y toco en algunos temas, él ayudó mucho a mejorarlos.  Y los músicos invitados, por supuesto. La trompeta de Largui en “La mexicana”, las armónicas  de Ezequiel Taborda en “Lou York” y “Folky” y la batería de Gabriel Boccanfuso en “El eterno”.


¿Cómo procesás todo el background que traes, luego de escuchar tanta música en tu vida, y las influencias que ésta te fue dejando, a la hora de crear algo nuevo a partir de eso? ¿Es un trabajo mancomunado, a partir de tus gustos comunes con los otros autores del disco?
La verdad, no pensamos mucho en las influencias, pero, seguramente, hay cosas que están ahí. Pero no sé cómo llegan.
Con mi hermano Hernán compartimos muchos gustos musicales. Y eso se da naturalmente.
Silvana, mi compañera, en cambio, no escucha mucho rock, pero fue aportando muchas cosas melódicas en las voces, que sirvieron para mejorar los temas. Ella, además, estudió música y me ayuda mucho con cuestiones teóricas. Hoy está más comprometida con el proyecto, toca teclados, melódicas y sintetizadores, en los nuevos temas que estamos grabando, además de la voz, que es su instrumento principal. Por otro lado, Hernán dejó el proyecto un poco antes de presentar el disco en vivo, con Cristian Buera en percusión y Andrés Fuscheto en bajo. Luego ingresó Maximiliano Betti en guitarra. Con Andrés y Cristian tocamos unos meses el año pasado, pero ya no forman parte del proyecto. Con Maxi compartimos muchos gustos estéticos, música, cine. Es una persona muy comprometida, eso ayuda mucho a la hora de trabajar. Por eso, ahora estamos ensayando más, grabando maquetas en casa. Eso sirve para pulir los temas y el sonido. Todos aportamos algo al proyecto del grupo como podemos.

¿De dónde sale la frase “Canciones simples para gente común”, que le puso título al trabajo de Los Tenders?
Un día, soñando despierto, yendo a tomar el tren, venia pensando cómo ponerle al disco, y en Plaza Constitución, un evangelista dijo varias veces: “Algo simple para el hombre común”. Estaba dando testimonio. Creo que se refería a pedir perdón. Muchas cosas que escribo las escucho, o las leo en algún lado. A veces las anoto en un cuaderno que suelo llevar para dibujar. “Ruta Madre” fue un WhatsApp de mi hermano Hernán. Quiso decir que Echo and the Bunnymen estaban sonando de puta madre. El corrector del celular lo cambio y ¡Eureka!

¿De dónde se les surge el eclecticismo del álbum, y esas canciones cuyas letras parecen salidas de pequeñas historias de películas?
No me gustan mucho los discos donde todos los temas suenan igual.
El chiste era hacer como un “Grandes éxitos”. Quería que haya un poco de todo. Además algunos temas eran viejos, escritos con otra cabeza. Salen de muchos lados. “El eterno” está dedicado a Pablo, un amigo que ya no está en este plano físico. Hay ciertos guiños autorreferenciales, aunque vivo en mundos de cine, no hay señales de algo que vive en mí… (risas)

En el sonido del grupo hay mucho uso del slide, ¿en qué te basaste?
Es un recurso más. El slide es así, siempre ayuda. Es “el slide de la gente”, como dijo Norman.

¿Y  el proyecto sonoro de Offside, cómo lo craneaste?
No está muy pensado, es desde el disfrute de tocar y probar diferentes cosas. Pura experimentación.
La idea es: La no idea.
La única consigna, por ahora es la no-canción. Otra cosa es que no quería cantar, no estar pendiente de tener que decir algo. Sí hay voces, pero grabadas o de algún invitado.  Es un proyecto a distancia. Todavía no tocamos juntos nunca. Yo le paso algo por mail a Ezequiel, él lo trabaja, me lo pasa, yo sugiero algo, se lo paso y así. Una onda “The postal service”.

En el proyecto de Off Side se notan reminiscencias de la música de los Residents o Brian Eno, además de collages sonoros propios de la música electrónica ambient o incluso académica. ¿Coincidís?
Sí, totalmente. Me terminé de animar a hacerlo así, después de leer Océano de sonido, de David Toop. Empecé a grabar sonidos ambientes con un micrófono condenser. Y empecé a pensar cómo integrar esos sonidos con guitarras y teclados. Siempre me intereso la música electrónica e instrumental, pero no sé mucho, sobre todo de programación de beats, por eso, de a poco voy aprendiendo. Lo próximo será grabar más profesionalmente, con mejores equipos.

¿Cómo y porqué se te ocurrió incluir fragmentos del álbum Brian Jones Presents The Pipes of Pan at Joujouka en el tema "El Monte de Chingolo"?
Es un disco que me encanta y servía para lo que buscaba, me gusta escucharlo mientras pinto o dibujo, me transporta. Quería algo tribal. Tenía la voz de mi abuelo cantando “La hija de Juan Simón”, una canción española, pero no pegaba mucho, así que se me ocurrió ponerla al revés y cerraba perfecto. Agregué su frase de cabecera: “Dale Pajarraco”, un grito de mi abuela llamando a mi mamá y el canto de unos chingolitos.

En “Globos Vacíos” hay una toma de posición muy clara en cuanto a la actualidad político-social de nuestro país, ¿cómo se te ocurrió hacerlo así?
Fue la primera vez que hice algo con teclado, pasé la batería y el teclado por un delay. Tenía un texto escrito, pensaba leerlo o que alguien lo haga, como en “El año de los dos inviernos”, donde invité a una amiga a leer una poesía en francés. Se lo mostré a Ezequiel y le comenté la idea, ya que pensaba en poner una voz distorsionada, y meter alguna frase de Macri en el medio. Finalmente quedó así, una especie de decálogo de la mentira Macrista. Eze se tomó el trabajo de escuchar y seleccionar esos discursos que usamos en el tema. Un trabajo chino, una tortura, realmente. Cada vez que lo escucho, se me hace insoportable. La idea básicamente es esa: que moleste.
Sin dudas, este será recordado como uno de los peores gobiernos de nuestra historia. Un presidente que lee y de tres palabras se equivoca dos. Triste y surrealista al mismo tiempo. Lo más loco es que lo hayan votado. (
https://www.youtube.com/watch?v=1-SvXyqr69E)

¿Qué discos y artistas les recomendás a nuestros lectores que no pueden dejar de escuchar?
. All That Noise, (The Darkside, 1990)
. The Perfect Prescription
(Spacemen 3, 1987)
. Meets the Space Invaders
(Scientist, 1981)
. Space
(KLF, 1990)
. Heaven and Heart (Jah Wobble, 1995)
. Obraz (Belgrado, 2016)
. El Centro del Vacío (Bosques, 2014)
. La Jungla de Metal 2 (Bestia Bebé, 2015)
. Las Ligas Menores (Las Ligas Menores, 2014)

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?
Esperamos poder tocar con Los Tenders este año. Estoy planeando una muestra para fin de año. Mientras tanto seguimos grabando nuestro segundo disco. Con Offside puede salir algo en vivo, también. Los discos se pueden descargar gratuitamente desde Bandcamp.

Emiliano Acevedo