martes, 17 de enero de 2017

COLIN BASS: "Todo el mundo tendría que leer ´1984´, cada vez se vuelve más relevante"

Más allá del divismo de algunas estrellas de rock, existen en este género musical personajes como el británico Colin Bass (Londres, 04/05/1951), un talentoso bajista, cantante, y compositor; que, a fines de los 70, se convertiría en uno de los integrantes fundamentales de Camel, grupo legendario del rock progresivo.
También, Colin ha realizado en su larga carrera varias incursiones en la música de otras regiones del mundo. Personaje inquieto, músico visionario; la suya es una apasionada trayectoria que ya suma más de 45 años.
Por eso nos complace poderles presentar a este gran artista en nuestro blog. Aunque haya sido, casi siempre, un cultor del bajo perfil, y un hombre de pocas palabras, aquí Bass se copó y nos habló de todo. Desde su niñez, en la que se apasionó por los sonidos de unos viejos discos de pasta, hasta su labor como productor, además de su incursión en los sonidos de la llamada World Music, en especial la música del sudeste asiático. Esta es, simplemente, la palabra de un incansable explorador musical...

ENTREVISTA>¿Cómo fueron tus primeros acercamientos a la música?
Cuando yo tenía 4 años, mi padre trajo a casa un tocadiscos que había comprado de segunda mano. Con este artefacto también vino incluida una colección bastante grande de discos de 78 RPM, todos ellos de estilos musicales variados. Si bien prefería los que tenían que ver con el rock n´roll –especialmente Elvis Presley –, los escuché a todos y me volvieron loco. Ya fuera música clásica, opera ligera, Frank Sinatra o el country. Por supuesto, a medida que uno crece va siendo cada vez más importante identificarse con un estilo particular de música, y eso también te identifica socialmente. Por eso, ya en los 60, dejé de escuchar música clásica, o el country, así como cualquier otro género que no pensara que estuviera de onda con lo que sonaba por esos años. Afortunadamente, ahora puedo escuchar todo tipo de música sin ponerme a pensar si está o no de onda o si tiene que ver o no con el tipo de música que hasta ahí pensaba que me gustaba.

¿Y por qué elegiste al bajo como instrumento?
Creo que siempre estuve fascinado por el sonido inspirador, tanto del bajo como la batería, que escuchaba en estos discos de rock n' roll en el tocadiscos de mi familia, así como del tono profundo que tienen los instrumentos de bajo en las orquestas de la música clásica. En verdad, empecé como músico tocando la guitarra, pero me pasé al bajo para conseguir un trabajo en la Velvet Opera (en 1970), y realmente lo disfruté mucho. ¡Es genial poder controlar todas esas poderosas frecuencias bajas!

¿Cuál es tu opinión acerca de la actualidad del rock progresivo? 
¿Qué cosas parecidas y diferentes encontrás con su época dorada en los 70?
En verdad, no estoy muy al tanto de los últimos tiempos del rock progresivo, o de cualquier otra clase de música, porque no tengo suficiente tiempo para escuchar todo lo que se está haciendo. Creo que lo que hoy conocemos como rock progresivo está vinculado con una música realizada en una época determinada, a partir de fines de los 60 y durante la década del 70. Me acuerdo de cuando fui a ver (en julio de 1969) el concierto al aire libre que dieron los Rolling Stones (en homenaje a Brian Jones) en el Hyde Park de Londres, en donde también estuvo King Crimson como numero de apertura. Yo estaba fanatizado con su primer disco, el ahora clásico In the Court of the Crimson King. En esa época, yo tocaba la guitarra en una banda que se llamaba  The Krisis e hicimos un montón de conciertos así como también estuvimos de teloneros de grandes grupos y solistas de esa época como The Who, Pink Floyd, Jeff Beck, y muchos más. Yo también solía ir al famoso club Marquee en Wardour Street. Allí vi tocar varias veces a la primera formación de Yes (con Peter Banks en guitarra y Tony Kaye en teclados), y también los vi en vivo a Jimi Hendrix y Cream. Sí, ya sé: ¡Soy viejo! (risas) En esos tiempos era muy común ver un montón de conciertos buenísimos en lugares chicos, pero vos tenías que estar metido en ese mundillo para enterarte de todo lo que estaba pasando en la movida ya que no tenía nada que ver con el mainstream. Actualmente, la tecnología hace posible que tengamos acceso a un montón de música e información, pero lamentablemente nos terminamos perdiendo entre tanto material disponible. En sí, lo que estoy escuchando ahora tiene que ver con la música hecha por artistas a los que yo debo producir, o por el placer que me da el escuchar algo de música mientras estoy en mi casa en las noches, cocinando o comiendo. En esos momentos trato de escuchar algunos de mis viejos discos favoritos, así como picar un poquito algunas cosas nuevas que me han enviado. Eso es todo, el resto del tiempo me la paso haciendo mi propia música en mi estudio. Cuando era más joven me pasaba un montón de tiempo escuchando música pero ahora siento que necesito ese tiempo vital para realizar otro tipo de cosas. Por esa misma razón, tampoco tengo un aparato de televisión. Creo que la TV es la manera más grande de desperdiciar el tiempo que se haya inventado jamás. Por eso, cuando ocasionalmente prendo un televisor en alguna habitación de hotel, siempre me quedo shockeado por como la gente permite que le laven así el cerebro, y los paralicen con esas despiadadas cortinas de humo devenidas en triviales programas estereotipados y repetitivos. “La ciénaga del vídeo”, como (Frank) Zappa dijo, alguna vez.

Y dentro de esa música que te gusta, ¿cuáles son tus discos y artistas favoritos?
Son muchísimos. ¿Querés saber? Ok, anotá algunos: Chuck Berry, Buddy Holly, Elvis Presley, Jaco Pastorious, Joni Mitchell, Bob Dylan, The Blue Nile, Willie Weeks, Donny Hathaway, James Jameson, Stevie Wonder, Ralph Vaughan Williams, Sandy Denny, Viv Stanshall, Captain Beefheart, Frank Zappa, The Beatles, Otis Redding, The Who, Pink Floyd, James Brown, Aretha Franklin, Blind Willie Johnson, Charles Mingus, Andy Latimer, Jim Cuomo, Miles Davis, Rolling Stones, Igor Stravinsky, John Cage, Little Feat, The Band, Van Morrison, Bukka White, Jacques Brel, Carlos GardelY Podría seguir hasta mañana….

¿Has escuchado alguna nueva banda, en el último año?
Justo ahora estoy disfrutando mucho de Mid Air, el nuevo álbum del excantante y compositor de The Blue Nile, Paul Buchanan. Me gusta porque el tipo pone su corazón en este material, y se nota que hace solo lo que le gusta. Es un disco suave e intenso, al mismo tiempo. ¡Y no recomendable para personas a las que les hayan roto el corazón!

En su momento trabajaste con Steve Hillage, ¿cómo lo conociste?
Yo me uní a su grupo (The Steve Hillage Band) en 1976.  Se debió a un golpe de suerte. Justo, Steve había tenido un sorprendente éxito con su disco “L”, qué se ubicó dentro de las listas de los charts británicos, y precisó armar rápidamente una banda para salir a tocar. Por eso, como su manager sabía que Clancy (el grupo en el que estuvo Colin entre 1973 y 1976) recién se había separado, me llamó. Así que, fui, lo conocí a Steve, zapamos, y conseguí el trabajo.

¿Cómo es tu entrada en Camel?
Bueno, eso fue obra de su manager -y gran amigo mío- Laurie Small. Él también había sido el tour manager en algunas de las giras de The Steve Hillage Band, y por eso me recomendó. En ese momento, Camel estaba realizando un par de ensayos sin bajista, a la vez que hacían un montón de audiciones de bajistas para ver si conseguían alguno que los satisficiera. No sé porque, pero creo que a Andy (Latimer) le gustó mi forma de tocar, y como yo siempre tuve facilidad para aprender rápidamente el material que me daban se ve que esto les vino bárbaro ¡porque también tenían que grabar un álbum a la brevedad!


¿Vos conocías los discos anteriores del grupo?
Para serte sincero, yo realmente no estaba muy al tanto de ellos hasta entonces. Sin embargo, estoy muy orgulloso de mi participación posterior en el grupo, y realmente creo que los álbumes de la última época – de Dust and Dreams (1991) en adelante – son trabajos muy bien logrados.

Alguna vez, tocaste con Camel en Argentina. ¿Qué recuerdos o anécdotas te quedaron de tu paso por nuestro país?
Estuvo muy bueno tocar en Argentina. El público argentino es fantástico. En verdad, no recuerdo ninguna anécdota en especial, ¡lo siento! Pero lo que te puedo decir es que disfruté mucho de conocer Buenos Aries, gracias a mi amigo Andrés Valle (el dueño de la disquería especializada en rock progresivo, Discover), quien me mostró algunos lugares típicos de allí. Ciertamente, me encantaría poder volver algún día.

En tu disco An Outcast of the Islands (1998) tocaste con Andrew Latimer, Dave Stewart, y varios músicos polacos, ¿cómo fue esa experiencia?
Eso estuvo buenísimo. En sí, ese proyecto pudo llevarse a cabo gracias a mi amigo Witold Andree, quien me sugirió que lo grabara en su ciudad natal, Poznan, en Polonia. Allí, él me presentó a varios músicos polacos, y así, en poco más de cinco semanas, grabamos el álbum. Me acuerdo que, en medio de todo eso, yo tuve que realizar un viaje de avión para llevarle a Andy las cintas de grabación de 24 canales. ¿Te acordás de ellas? ¡Eran muy pesadas! Él estaba viviendo en California en esa época, y nos divertimos mucho durante esa semana mientras grababa su parte de guitarra en el álbum.

¿Y cómo fue la grabación de In The Meantime (2003)?
Difícil. Lo llamo mi álbum deprimente. Fue influenciado por la ruptura de una relación.

Quizás muchos no lo sepan, pero vos sos un experto en el pop de Indonesia. ¿De donde surge esto?
Me enganché con esta música la primera vez que fui a Bali, en 1988. Yo había escuchado un poco de la música que se hacía en el oeste de Java, y regresé a visitar ese lugar. Fue tan hermoso. Es una música melancólica, y con mucha alma. Y, accidentalmente, escribí una canción (“Denpasar Moon”) que tuvo mucho éxito en esa región. Es más, aun hoy trabajo ocasionalmente con mis amigos de Bandung, los fabulosos Sambasunda Group. A propósito, su nombre no tiene nada que ver con la samba, ya que no es esa la música que hacen. Sunda es el nombre que le dan a la región del oeste de Java y samba en su idioma significa “movimiento”. Resumiendo, he grabado tres álbumes (Denpasar Moon, 1994; Jalan Kopo, 1998; y So La Li, 1999) en Indonesia bajo el nombre de Sabah Habas Mustapha –un sobrenombre que tengo desde que formé parte del maravilloso grupo 3 Mustaphas 3 en los 80-. Estoy muy orgulloso de ellos y me encantaría que toda la gente se acerque a este material, lo compre, ¡y pueda disfrutarlo!

También sabemos que sos un fanático de la lectura, ¿qué libros y autores preferís?
¿Y quien no es un gran fan de la lectura? Ah sí, me olvidé, un montón de gente... (risas)  Bueno, en este momento estoy leyendo una antología de poemas de Pablo Neruda –¡cuanta imaginería que te deja sin aliento hay en su trabajo!– La biografía del maestro zen Shunryu Suzuki llamada Crooked Cucumber, y también estoy releyendo 1984 de George Orwell, un libro que escalofriantemente cada vez se vuelve más relevante en esta avanzada era actual, que incluye la manipulación de los medios y el crecimiento de las maquinarias de control estatal en todo el mundo. ¡Todo el mundo debería leer este libro de Orwell!

¿Cuál es tu opinión acerca de la situación actual del rock, con respecto a la industria musical y la descarga online de álbumes en la web?
Esto cambiará la manera de producir música así como actualmente ya no es fácil ganarse la vida produciendo discos. Y la gente está acostumbrándose a hacer su propia música, acostumbrándose a escuchar música en una calidad inferior de sonido con los mp3. La música ahora es más inmediata. No estoy diciendo que eso esté mal, es sólo la forma en que está cambiando todo.

Contanos algo acerca de tu faceta como productor de otros artistas.
Realmente disfruto mucho producir a otros artistas en el estudio, además de que (haciendo esto) aprendí acerca la tecnología de los estudios de grabación, y me fasciné con lo relacionado al proceso de mezcla de los álbumes. En los últimos años he trabajado con algunos artistas muy buenos de diferentes partes del mundo: The Krar Collective (Etiopía), Etran Finatawa (Nigeria), Daniel Kahn & the Painted Bird (Estados Unidos), y el Sambasunda Quartet (Java) y este año estuve mezclando y compilando tres álbumes de mi amigo Prince Robinson, quien murió en Berlín en diciembre de 2011, luego de una larga lucha contra el cáncer. Él fue un notable guitarrista y una persona única. Yo toqué con él en un álbum llamado Almost From Sunrise, una colección de clásicos del blues que él arregló de forma maravillosa. También, he hecho varias giras junto a Prince en su banda, además de haber formado parte, nosotros dos junto a Denis Clement, del trío RBC. En los últimos años de su vida él estuvo grabando un montón de material en el estudio de su casa. Cosas sinfónicas, material de fusión, que a veces incluían poemas de Edgar Allen Poe o Charles Bukowski que el propio Prince recitaba con su profunda y rica voz; piezas de los compositores clásicos –por ejemplo, trabajos corales de Bach que él arreglaba para grabarlos con guitarras multitrackeadas-, o adaptando piezas tradicionales del compositor y laudista inglés John Dowland así como algunas misas de (Antón) Brückner, y mucho más. Además, acabo de terminar una colección de estándars de jazz llamada Some Other Time, que creo debe ser uno de los más hermosos álbumes en los que he trabajado en toda mi carrera. En breve, estos álbumes se podrán descargar de los principales sitios de Internet. Estoy seguro que a los melómanos de mente abierta les interesará mucho este material.

Hablando de esto, ¿qué proyectos te gustaría hacer en un futuro cercano?
Actualmente estoy trabajando en el Bamboo Pearl Orchestra, proyecto que engloba al sudeste asiático y que será presentado en el festival BT River of Music que tendrá lugar el 21 de julio en Londres, como parte de los eventos culturales en el marco de los Juegos Olímpicos. Este evento reúne artistas de Indonesia, Camboya, Laos, Tailandia, Malasia y Brunei. 

(Entrevista realizada en junio de 2012)

Emiliano Acevedo



lunes, 16 de enero de 2017

SIEMPRE INNOVANDO EN EL MALDITO DESIERTO, entrevista a Michel Peyronel


Sábado a la mañana. Sin dudas, un día y horario inusuales como para entrevistar a un músico. Sin embargo, estoy acá, en el bello barrio de Acassuso, en el partido de San Isidro, tratando de localizar el domicilio en donde tengo pautada la nota. Llego a destino, toco el timbre, alguien abre una puerta e, inmediatamente, me salta encima un simpático schnauzer. Detrás de éste, aparece la figura de su dueño: Michel Peyronel.

Sí, el legendario baterista de Riff. Como sabrán, Michel siempre fue uno de los mayores gentleman del rock argentino. ¿Qué duda cabe? No por nada, fue uno de los primeros rockeros que le empezó a dar importancia al tema de la vestimenta y el look, cuando nadie (o casi nadie) reparaba en cuestiones estéticas: “Les daba igual salir a tocar en camiseta…”, nos dirá. También fue Peyronel el que bautizó como Palermo Hollywood a ese sector ahora tan cotizado del viejo barrio porteño. Bueno, estas son, apenas, algunas de las muchas anécdotas de su vida de novela, que incluye un paso por Liceo Naval, debido a que su abuela le había prometido una guitarra eléctrica si ingresaba a esa institución, pero, a pesar de su excelente desempeño académico, lo terminaron echando por mala conducta en cuarto año. Cuando cumplió quince años, como no la pegaba con la eléctrica,  le regalaron una batería, y más tarde, viviría casi una década en Europa, en donde estudió economía en la universidad y hasta pensó en largar la música.

Sin embargo, gracias al encuentro motivador con Pappo en Londres, emprende otro recorrido por el rock que lo lleva a convertirse en el baterista en una banda punk en Francia. En 1980, Peyronel vuelve al país y funda Riff, junto al Carpo, Vitico y Boff; y finales de la década será el factótum de FM Tango, una emisora de música ciudadana que rompió ratings y preconceptos, innovando en un género que parecía inmovil. Algunas de las facetas de este hombre de mundo que sigue a full, con un flamante disco nuevo bajo el brazo, impulsando la fusión del tango con el rock, con el que empezamos esta charla...

ENTREVISTA> El primer instrumento que estudiaste fue el piano, ¿no?
Sí, porque a mi viejo, que era marino, le había quedado la añoranza por aprender música, debido a que él –a diferencia de sus hermanos mayores- no había podido aprender a tocar ningún instrumento. Justo al lado de mi casa había un profesor de piano clásico con el que empecé a estudiar. En ese momento iba a un colegio bilingüe, mañana y tarde, y luego iba a mis clases de piano. Era una cosa media sacrificada, pero me sirvió para tener una primera formación musical…

¿Te enganchaste con el piano?
No, tampoco era que me volvía loco. Yo era chico y todavía no había ocurrido esa explosión de los Beatles, los Rolling Stones, etc. Cuando ocurrió eso me pareció práctico estar estudiando piano. De cualquier forma, no era tan evidente la relación con eso porque en esas bandas tampoco había un integrante fijo que se dedicara a tocar piano. Sin embargo, actualmente me viene fenómeno que mi viejo me haya mandado a aprender piano, porque los temas que escribo los pasó rápidamente en ese instrumento. No soy un virtuoso del piano, pero me puedo sentar a tocar y sé donde están los sonidos, las armonías. Por eso, siempre que se me ocurre alguna melodía, voy al piano y la encuentro ahí…

¿Y el amor por la batería, cuando surge?
Bueno, tampoco tanto amor… (risas) No es que tenga algún prurito por tocar la batería, lo que pasa es que siempre me interesó la música desde otro lado. Me interesa la música entera como arte. Por eso también escribo, soy productor de discos…

¿De pibe, te gustaba algún baterista de acá?
En la época en que iba al colegio me gustaba mucho (Luis) Gambolini. Me impactó su forma de tocar, pero luego desapareció. No sé qué carajo hizo después. Creo que se fue a vivir a Europa, a Suecia… Ese tipo tenía una pegada bárbara…

Sí, tocaba con La Pesada y también en la primera formación de Color Humano, cuando el grupo aún se llamaba Viento…
Creo que sí. Yo estaba flasheado con su estilo. Ojo, mí no me gustaban los bateristas argentinos, porque me parecía que estaban a años luz de los bateros europeos, los ingleses, y los americanos. También esa es una de las razones por las que me fui. Yo quería tener otra formación…

¿Cómo puliste tu estilo como baterista?
Bueno, en Francia estudié un poquito con un baterista norteamericano de jazz. Pero tampoco me interesó demasiado, porque la forma en que yo quería tocar la batería no requería tanta técnica. Evidentemente, yo soy un baterista de rock pesado, porque toco fuerte, pero -quizás por vivir en los 70 en Europa- mi forma de tocar la batería viene más del punk y la new wave. Es que yo fui parte de toda esa movida de fines de los 70. Por eso, cuando volví a Argentina, producir a Los Violadores fue algo natural para mí. A ellos yo les produje el primero y el tercer álbum. Aun hoy me llevo muy bien con Stuka.

LA DÉCADA DEL ROCK


¿Cómo ves, a la distancia, esos álbumes históricos que produjiste, para Los Violadores y Virus?
Me siguen gustando mucho. Esos deben ser los discos más importantes que hice en mi vida. Justamente, el otro día me encontré en una fiesta a Cachorro López, quien me contó lo bien que siempre hablan Julio y Marcelo Moura de mí. Eso es muy bueno, que bandas como Virus o Los Violadores, que hicieron propuestas artísticas tan interesantes, me tengan dentro de su historia como algo bueno que les pasó. Incluso, Attaque 77, a quienes les hice su primer disco. En este último caso, no fue nada fácil hacerlo, porque hubo momentos de mucha tensión.

Ahí te tuviste que poner firme con los pibes, para fueran más profesionales, ¿no?
No, era una cosa densa porque ellos tenían otra idea con respecto a algunas cosas, y yo me planté en la mía. Rara vez me pasa eso, porque siempre llegó a un acuerdo con las bandas que produzco. Bueno, al ser productor, es común que tengas momentos de choque con los músicos. Lo que pasa es que el productor es un elemento extraño que se mete dentro de la música del grupo.

¿Haciendo el primer disco de Los Violadores, rápidamente te diste cuenta de la trascendencia que iba a tener ese material?
Sí, por la calidad de las canciones. Bueno, de hecho, escribí muchos temas con ellos. Después, en mi disco solista también escribí varias canciones con Stuka. En Los Violadores era muy buena la forma que ellos tenían para escribir. Había buena pasta de composición. Eso para mí es esencial, y también pasaba en Riff o en Virus. Incluso en Attaque. Más adelante también produje a Pier, en un disco muy bueno de ellos.

Recién hablabas de tu primer disco solista (A Toda Mákina, 1984) ¿Qué recuerdos tenés de él?
Estuvo bien. Es más, me gustaría reeditarlo. Lo que pasó es que yo lo hice y rápidamente me fui a España, para que lo editaran allá. Acá solo hice una presentación de prensa y me fui a la mierda. Por eso la compañía de discos me quería comer el hígado… Después, como ya estaba enganchado con el proyecto de Tarzen, no me interesó darle más pelota al disco solista, porque era algo que ya había pasado. Sin embargo, aun hoy mucha gente lo recuerda…

Sos un hombre muy viajado, y que tiene intereses culturales no muy usuales en el mundo del rock. ¿Nunca te sentiste un bicho medio raro en ese ambiente?
No, porque siempre hice lo que se me cantó y nunca me importó lo que pudieran opinar de mí los demás. Puede ser que acá yo parecía un bicho raro, pero no era así en ámbito del rock en general. Porque a mí siempre me inspiraron tipos como Iggy Pop, Tom Verlaine, David Bowie, Jagger, Leonard Cohen, o Dylan. Todos artistas que –aunque puedan venir de una poesía distinta, como Cohen o Dylan-, indudablemente, son del palo del rock. Es más, si te tengo que sintetizar quien es para mí el mejor compositor de rock, ese es Iggy. Por ejemplo, cada vez que escucho temas como “The Passenger”, “Fall in Love With Me” o “Lust for Life”, no puedo creer como ese tipo compuso semejantes letras… Bueno, volviendo al tema de porque tengo tan poca afinidad con el rock de acá, pensá que yo vengo de otro palo, además de que me fui de la Argentina a los 21 años, y viví hasta los 28, 29 en Francia; viajando todo el tiempo a Londres y a otros lugares de Europa. A mí me chupaba un huevo todo lo que había pasado acá. Por eso, cuando volví tuve esa actitud tan renegada hacia la música que se había hecho en el país, porque no entendía como le llamaban “rock” a eso. Y Pappo coincidía conmigo. Por eso en Riff nosotros nos propusimos diferenciarnos de todo los demás, y decir que lo nuestro era el rock…

EL PESO DE LA LEYENDA


¿Qué es para vos Riff?
Mirá, algunos pseudos periodistas la definen como “una banda más de Pappo”, cuando no tiene nada que ver con eso. Riff fue una banda muy grande, un grupo con un peso específico grosísimo, que trascendía mucho más allá de lo que hacía Pappo solo. Era una cosa distinta: Riff fue una banda, no “el grupo de Pappo”. Fue un grupo en donde se encontraron cuatro tipos muy distintos -que, quizás, no se hubiesen encontrado nunca en otras circunstancias- y terminaron creando algo nuevo. Ocurrió porque tenía que ocurrir. Simplemente, porque teníamos algo en común: la música. Y eso también es lo hermoso del rock: derribar cualquier clase social. Porque Pappo era de la Paternal, mientras que Vitico y yo éramos de Barrio Norte, y, sin embargo, nos juntamos y escribimos tantos temas juntos. Fíjate una muy buena frase que dijo Vitico: “No sé si somos los mejores amigos, pero nacimos para tocar juntos”. Mira que lindo eso. Sin dudas, fue una unión en un proyecto común que nunca tuvo nada de forzado.

¿Cómo te inspirabas para componer esos temas del grupo que ahora ya son clásicos del rock?
No sé. De alguna manera los temas están por ahí y te llegan…

De cualquier forma, temas como “Pantalla de un mundo nuevo” tienen letras bien futuristas, que recuerdan la trama de la novela 1984, ¿no?
Sí, tiene mucho de eso. Es que hace muchos años leo ciencia ficción. Desde la época en que estaba en el Liceo Naval, un lugar muy denso y estricto, cuando me interesé mucho por la literatura, como una forma de escaparme de ese ambiente. Allí, un profesor de Literatura me hizo descubrir a Bradbury, Philip K. Dick, y un montón de escritores más. Esas lecturas fueron mi refugio en ese momento, porque todo el tiempo me ponían preso por hacer quilombo. Sin embargo, a pesar de mi amor por la ciencia ficción, también leía otras cosas como las obras de Ionesco o Jean Paul Sartre. Aun hoy sigo leyendo un montón de cosas. Por ejemplo, a John Irving, Kurt Vonnegut Jr., y, últimamente, a Stefano Benni. Bueno, de esa fascinación por la ciencia ficción me vino la inspiración para “Pantalla de un mundo nuevo”, es decir, la posibilidad de escribir sobre otros mundos posibles. Ese tema empecé a escribirlo en Francia y lo terminé un día, viajando en un bondi, yendo a producir el primer disco de Los Violadores. Me acuerdo muy bien de ese momento, sentado en el último asiento, cuando redondee toda la historia de la letra. Más tarde se lo mostré a Pappo, y como era muy larga la letra, le dije que sacáramos algo, pero él me convenció de que no sacara nada porque le pareció buenísima así. Hoy la veo muy actual, de alguna manera. Pero, aun no sé cómo me viene a la cabeza la inspiración para esas historias…

Lo mismo que "Macadam"...
Claro. Esa le encantaba a Pappo, quien siempre me decía: "Qué carajo es el macadam?" Bueno, yo recordaba esa palabra, mágica para mí, desde muy chiquito, ya que mi vieja siempre nos decía, a mi hermano y a mí: "No crucen el macadam..." Porque macadam era otra forma de decir asfalto. Bueno, lo mismo, siempre hacía temas de ciencia ficción, ¿no? Canciones que hablaban de tribus imaginarias del futuro...

¿Cómo era la escena rock de los 80 en la que estaban metidos, había tanto descontrol como parece?

Mira, no sé si era tan así. Por ejemplo, (en Riff) no tomábamos merca ni nada por el estilo. De hecho, nuestra gran joda pasaba por ir a comer después de tocar. Eran tan intensos nuestros shows que terminábamos sin espíritu de nada, ni siquiera de romper hoteles durante las giras… (risas) Sin embargo, el público quedaba tan excitado, que después del concierto terminaban armando unos quilombos de aquellos. Claro, eran los años 81, 82 –cuando todavía estaban los militares-, y nuestros shows funcionaban como una válvula de escape para la gente que nos iba a ver. Recordá que, en esa época, mientras todos los demás grupos cantaban cancioncitas de paz, nosotros fuimos los que más nos plantamos en contra de la situación reinante, y por eso todas las personas que estaban con los huevos llenos venían a ver nuestros shows. Lo nuestro era la esencia del rock convertida en un grito de rebelión.

¿Y cómo se llevaban con el hecho de ser catalogados por la prensa como un grupo que promovía la violencia?
No tenía nada que ver con eso, porque nosotros nunca incitamos a la violencia. Incluso, yo lo he visto varias veces a Pappo diciéndole al público que por favor no rompiera nada. Lamentablemente, las cosas se nos iban de las manos y la gente, muchas veces, terminaba haciendo bardo, tirando las sillas al escenario, y demás. De hecho, cuando quisimos corregir esta situación violenta del público, organizando el concierto Riff, termina el año sin cadenas; a fines de 1983, en la cancha de Ferro, terminó para el orto, porque la gente hizo mierda todo, hasta se afanaron los fuegos artificiales.

¿Por qué se separa Riff en el 84?
Por desgaste. Habían pasado cuatro años muy intensos. En el grupo convivían tres personalidades muy fuertes –Pappo, Vitico y yo-, y eso desgasta mucho. Además, ya habíamos hecho tres discos -como Contenidos (1982), que para mí es el mejor de todos-, y era como que no sabíamos para dónde ir, como seguir evolucionando. Bueno, después volvimos varias veces, a través de los años.

¿Cómo era trabajar con Pappo?
A veces era más tratable, a veces menos. Qué sé yo. Hay cosas que son difíciles de explicar, en esa incoherencia que siempre fue el grupo, porque Pappo era mucho de apretar el Panic Button (el botón del pánico), apenas parecía que a Riff le iba a ir bárbaro. A veces creo que hasta tenía celos de sí mismo, como si no pudiera hacer esa música que él quería porque no era blues, y por eso uno siempre tenía que andar recordándole que ésta también era su banda… De cualquier forma, era un tipo muy divertido. Siempre tuvimos una relación cálida. Recuerdo la época cuando, poco antes de morir, venía mucho a verme a un campito que yo tenía en Baradero. Justo estábamos empezando a vislumbrar la posibilidad de grabar otro disco de Riff, cuando se mató. No sé si éramos amigos, porque es muy difícil de definir el tema de las relaciones, ya que en un punto era un amistad y en otro no tenía nada que ver con eso.

¿Pappo era una especie de nene grande, siempre sorprendiéndote con algo nuevo?
Tal cual, siempre sorprendiéndote con algún delirio, y también con alguna cosa fea. Era un pibe bravo.

MALDITO DESIERTO


¿Cómo ves el panorama del rock internacional actual?
Parecería que no hay gran cosa. Es duro decirlo, pero es como que el concepto “rock” ya fue. Si vos comparas al rock actual con lo que se hacía en los 70 –cuando había bandas impresionantes como Led Zeppelin y millones más-, no tiene nada que ver. Me pregunto: ¿Qué hay ahora? ¿Qué es ser una estrella de rock? La verdad, no tengo ni idea de porque pasa esto. Quizás por eso, fui mutando mi centro de atención hacía otras músicas, más allá del rock. Por ejemplo, la fusión. Que en mi caso se da con esta mixtura con el tango que estoy haciendo ahora.

¿Y del rock nacional actual, que opinas? Vos siempre fuiste muy crítico con el género…
Lo que pasa es que la palabra “rock” no pega con “nacional”. Porque siempre lo más lindo que tuvo el rock es esa cosa internacional que le es propio. Para mí los países son barrios. Creo que la división geográfica es una antigüedad, porque el pensamiento debería ser universal.

¿Pero qué opinas de la movida actual del rock acá?
Creo que es muy bueno para el país que se haga mucha música. Sin embargo, con Héroes del Asfalto –la banda que formé junto a mi hijo-, me di cuenta que hoy se hace muy duro mostrar lo tuyo cuando sos un grupo nuevo que empieza de cero.

APOCALIPTICO E INTEGRADO


¿Te gusta el tango electrónico?
Me encanta. Es más, tengo un compilado de tango electrónico que escucho todo el tiempo.

¿El futuro del tango lo ves por ese lado?
Sí, totalmente. El nu tango. Si no, pregúntale a Gotan Proyect. ¿Acaso no vendió cinco millones de copias en todo el mundo? Se ve que es una música que aún le interesa a un montón de gente.

Aunque haya algunos puristas a los que eso no les parece tango…
Bah, me cago en los puristas, nunca les di bola a ninguno. Además, ¿a quién carajo le importa algo lo que digan esos tipos? Fueron también los puristas los que en su momento criticaban a Piazzolla. Sin dudas, Astor fue nuestro Gershwin. Porque fue un tipo que se formó acá e hizo una música increíblemente maravillosa. Sin embargo, los llamados “puristas” lo vivían criticando…
Creo que el tango es una música única en el mundo, y por eso es un orgullo que se haya originado en nuestro país. También me gustaría que con el tango pasase lo mismo que ocurre con la bosanova en Brasil, que se pudiera mezclar con otras músicas. Con respecto a lo de Gotan Proyect, la suya es una música nueva basada en el tango. A mí me chupa un huevo que me vengan a decir si eso es tango o no. Porque, quiérase o no, es algo fantástico y nació acá. Luego, se mezcló con otro barrio, el de la música electrónica de los franceses, y salió algo maravilloso.

Contanos algo sobre este nuevo disco que acabas de lanzar.
Se llama Club Atlético de Mutantes, y es un álbum en el que estoy tratando de cantar de una manera distinta a la que lo hice hasta ahora. Por eso lo siento como si fuera mi primer disco solista, porque es un trabajo mucho más intenso que el que hice en 1984. Como siempre está presente mi pasión por la ciencia ficción en estos temas extraños que fusionan rock y tango, en medio de una situación medio apocalíptica, de la que hablan las letras –como pasaba en “Pantalla de un mundo nuevo”. Es un álbum en el que estuve escribiendo mucho sobre esa temática del fin del mundo. Por ejemplo, un tema del disco se llama “Bailando el Apocalypso”, y otro “Apocalipsis sin final”. En total son 16 temas, con 5 cantados en francés. Es un disco en el que hay lugar para la exploración y fusionar múltiples estilos. También, una de las razones por las que hice este disco es homenajear a un entrañable amigo mío, Jean Robert Jovenet, fallecido en 2011, quien –junto a Pappo- fue uno de mis mayores maestros en la música. Con él toqué en los 70 en la banda punk francesa Extrabelle. Jean Robert es el responsable que yo haya empezado a escribir música de la forma en que lo hago ahora.

¿Quiénes te acompañan en este nuevo álbum?
En este álbum me acompaña una banda muy grosa de tango fusión, llamada La 303, que ya han venido tocando en varios países de Europa. La conforman Hernán Valencia (piano y teclado), Jerry Solnie (batería). Todos unos músicos del carajo, excelentes. Otro músico muy importante en el álbum es Pablo Mainetti, quien es uno de los cinco mejores bandoneonístas del mundo. También participó, mi hijo, Jean-Jacques Peyronel, quien toca guitarra y bajo; y el Tano Marciello, guitarrista de Almafuerte, quien tocó en una versión hip hop de “Pantalla del mundo nuevo”, y en “Club Atlético de Mutantes”, donde se manda un solo re complejo de guitarra, que se parece a Steely Dan. El Tano es un músico increíble.

¿De dónde sale el nombre Club Atlético de Mutantes?
Es una metáfora de como yo veo a toda la clase política argentina. Me parece increíble todo lo que ocurre con la política en el país, y me sorprende que la gente le crea tanto a los políticos, porque ¡son de terror!

¿Cómo sigue este proyecto?
Estamos a full con el desarrollo de Club Atlético de Mutantes. Tenemos un equipo que nos está vendiendo en todo el interior y también vamos a hacer algunos lugares chicos pero refinados en Capital. Estoy convencido que el tango-rock es una opción muy rica con algo nuevo y diferente para proponer al mundo entero. Es mucho más que una fusión, es una evolución, una mutación del rock y del tango que va camino a ser una bisagra en la música nacional con pretensiones globales. Siento que encontramos un sonido sensual y moderno que puede aspirar a un público muy amplio sin perder por ello un ápice de autenticidad. Estoy incluso escribiendo los temas del próximo CD y adaptando unos temas a éste nuevo estilo. Creo que hay un gran futuro con el tango-rock que proponemos, y la gente nos lo hizo saber en el show que dimos en el Samsung Studio el 31 de mayo pasado. Es una propuesta que cae bien y suena muy natural, como algo que hace rato debería haber existido.

(Entrevista realizada en enero de 2013)

Emiliano Acevedo



viernes, 30 de diciembre de 2016

CHARLY GARCÍA, Yendo de la cama al living: La genial presentación del Bicolor solista...

Aún con el diario del lunes, y con el libro de historia bajo el brazo, es muy difícil imaginar lo que fue ese momento, y más si no lo vivimos, o éramos muy chicos cuando eso ocurrió. Pero, casi 35 años después, sigue sorprendiendo la forma en que Charly García se reinventó como solista luego de sus pasos por Sui Generis, Porsuigiego, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán. Pero así fue, y con Yendo de la Cama al Living -editado en octubre de 1982- comienza una nueva y exitosa etapa en la historia musical del Bicolor, que luego sería redondeada con los posteriores Clics Modernos (1983) y, especialmente, Tango Bar (1984).

Volviendo a ese afiebrado 82, la sociedad argentina presenciaba el descalabro y últimos estertores de la dictadura más sangrienta de su historia, luego de la derrota militar en la Guerra de Malvinas. Tras ese final absurdo, el Gobierno Militar –inevitablemente- entró en retirada, y ya se divisaban en el horizonte los primeros síntomas de la primavera democrática. También, durante esta época de paulatina renovación artística y cultural, empezaban a surgir en el revitalizado rock nacional post-Malvinas, nuevos grupos tan disímiles como Virus, Suéter, Los Violadores o los nuevos Abuelos de la Nada. A éstos se irían sumando otras bandas aun under como Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, Sumo y, más tarde, Soda Stereo-; además de la movida heavy liderada por Riff, La Torre y V-8, quienes daban un nuevo impulso a un género musical que parecía anquilosado.

Y dentro de este nuevo panorama musical del rock argento, el primer opus solista de Charly demarcaría claramente un tiempo y un espacio, con sus canciones repletas de alusiones a una de las épocas más controversiales de la historia argentina reciente. Porque este limbo de transición, situado entre junio del 82 y diciembre del 83, será una época llena de ilusiones, en la que –aunque no parezca- pasó de todo.

En sí, la génesis de Yendo de la Cama al Living se ubica en los últimos tiempos de Serú Giran, poco antes de que separaran “los Beatles Argentinos”, ya que varias de sus canciones tranquilamente podrían haber formado parte de un hipotético sexto álbum de Serú, si el grupo no se hubiese desmembrado a principios del 82, cuando Pedro Aznar decide irse a estudiar música a Boston en la Berklee College of Music. Temas como “Yo No Quiero Volverme Tan Loco” -al principio intitulado “Pena en mi Corazón”- o “Inconsciente Colectivo” formaban parte del repertorio de Serú en sus últimos shows de 1981. Sin embargo, luego de la partida de Aznar, y con la plena seguridad de que el grupo no podría continuar sin él, García, Lebón y Moro deciden poner un stand by indefinido en el grupo, que se terminaría convirtiendo en un final cuasi definitivo en la historia de la banda, que recién se volvería a juntar en 1992.

Es por eso que, puesto en la disyuntiva sobre “qué hacer ahora”, Charly decide lanzarse como solista -luego de la edición, a principios de 1982, de la banda sonora de la película Pubis Angelical, dirigida por Raúl De La Torre- apoyándose en esas canciones que ya tenía escritas, y a las que sumaría un par de nuevas inspiradas en la realidad social argentina. Así, luego de grabar este nuevo disco en agosto de 1982, en los estudios ION y Panda, se lanza “verdaderamente” como solista.

Sin dudas, García se encontraba en el momento cumbre de su labor como compositor y por eso varias de las acertadas pinceladas realistas (y con algo de humor) de su material previo serían continuadas en este Yendo de la Cama al Living, en el que, además, modernizaba su sonido con la paulatina inclusión de las baterías electrónicas -la máquina de ritmo Roland TR-808, la popular “rucci” que luego sería clave en el tema “Transas”- tan en boga en esos tiempos, además de usar nuevos sintetizadores (como la guitarra sintetizada Roland GR-300), y contar con varios músicos invitados, como Willy Iturri (batería), Nito Mestre (voz en “Superhéroes”), León Gieco (con el seudónimo Ricardo Gómez, voz en “Yo no Quiero Volverme Tan Loco”), Pedro Aznar (bajo y voz) y, nada menos que, Luis Alberto Spinetta (solo de guitarra en “Canción de dos por tres” y guitarra y voz en “Peluca Telefónica”).

Yendo de la Cama al Living comenzaba con el tema homónimo, un ejercicio compositivo inspirado a partir de una sugerencia que Charly recibió de su hijo Miguel, que tenía tan sólo 5 años en ese momento. Migue le había dicho que “no podía escuchar las canciones de Serú de un saque porque cambiaban de ritmo”. Por eso, a partir de la caja de ritmo Roland, y ese ritmo de bajo tan marcado, García comenzó a componer la canción, por partes, algo que no había hecho antes, componiendo una canción “sin saber qué iba a pasar después”, empezando por la base. Un experimento “minimalista” redondeado por un peculiar videoclip en el que Charly va pasando una serie de hojas pintarrajeadas con palabras clave de la letra de “Yendo…”, como había hecho Dylan en los 60 en el proto-clip de “Subterranean Homesick Blues”.

Luego, en “Superhéroes” se produce el rencuentro del dúo vocal García-Mestre, quiénes reviven la vieja magia de Sui Generis, pero con un sonido aggiornado a los 80. Justamente, García venía de colaborar en el exitoso disco 20/10 (1981) de Nito, y aquí su viejo amigo le devolvía el favor. En lo que respecta a su letra, “Superhéroes” hablaba, en forma tangencial, del mundillo rockero argentino de la época, y de la actividad musical relacionada a las giras, los managers, groupies y demás allegados. “No Bombardeen Buenos Aires” era otra historia: una acertada pincelada acerca de la paranoia que acosó a Charly durante la Guerra de Malvinas, dando cuenta también de la frivolidad de ciertos sectores sociales durante esos meses tan dolorosos –como en esa parte que decía: “yo no quiero el mundo de Cinzano…”, en referencia a las publicidades de esa bebida- además de referencias a su gusto por la música de The Clash, y a las marchas de protesta de los obreros a la Plaza de Mayo (como la acontecida un par de días antes de la invasión a Puerto Stanley del 2 de abril), y al famoso “estamos ganando”, frase tristemente célebre por aparecer en la tapa de Gente o por los dichos de polémicos comunicadores colaboracionistas como José Gómez Fuentes, conductor del noticiero 60 Minutos en ATC. Seguramente, ninguna canción del rock nacional describió de forma tan sarcásticamente acertada cómo era la sociedad porteña durante la guerra. A propósito de esta canción, en una entrevista dada en septiembre del 82 a Gloria Guerrero en la Revista Humor, Charly comentaba: “Cuando empezó la Guerra de Malvinas, me encerré en el estudio un mes, y de la guerra me enteraba cuando iba al bar de al lado… Entonces rogué que no bombardearan Buenos Aires y seguí haciendo mi trabajo, aunque se cayera el mundo a pedazos al lado mío. Porque es lo único que me interesa hacer, y lo único que me salva. Si me enganchara con lo que pasa afuera, me volvería loco…”

Llegando a Ferro en Cadillac, con Cachorro López...
Por su parte, “Vos También estabas Verde” era cuasi una historia de amor, una historia tanguera con reminiscencia de Serú Girán. Como habíamos dicho, “Yo No Quiero Volverme Tan Loco” antes había tenido otra forma y título, porque cuando se llamaba “Pena en mi Corazón” era un potente rock, en la onda new wave, parecido al material incluido por Billy Joel en su álbum Glass Houses (1980) –ésta versión rock es la que aparecerá en el disco homónimo en vivo de Serú Girán, grabado en el Teatro Coliseo a fines de 1981, pero recién editado en 2000. Luego, García le bajó el ritmo, dando lugar a esta versión final incluida en Yendo de la Cama al Living, que, además, contó con la acertada colaboración de León Giego, haciendo un contrapunto vocal notable.

La melancólica balada “Canción de Dos Por Tres” era una inspirada letanía, redondeada por el punzante solo guitarrero del Flaco Spinetta. Justamente, Spinetta, junto a Pedro Aznar, colaboraría en el descocado “Peluca Telefónica”, otro de los temas más recordados de este disco. Un álbum que concluía con “Inconsciente Colectivo”, una de las canciones más recordadas de Charly de toda su carrera, luego versionada exitosamente por Mercedes Sosa. Sin dudas, un emotivo encuentro lírico musical de excepción en el que –metafóricamente- Charly graficaba mucho del horror social y político vivido durante los años de plomo del Proceso, además de pintar un horizonte lleno de esperanza hacia el porvenir. Un poco, o mucho, de lo que él mismo hizo varias veces, reinventándose continuamente, a lo largo de sus 45 años de carrera ininterrumpida.

Luego de ser editado, Yendo de la Cama al Living sería presentado en un inolvidable show en la cancha de Ferro, el 26 de diciembre de 1982, un concierto en el que Charly llegó al escenario a borde de un Cadillac rosa, acompañado por una banda de lujo que incluía a los Abuelos de la Nada Gustavo Bazterrica (guitarra), Andrés Calamaro (teclado y voz), Cachorro López (bajo), sumados al gran Willy Iturri (batería); además contar, a lo largo de la noche, con la presencia de importantes músicos invitados como Mercedes Sosa, Pedro Aznar y Nito Mestre. Esa fue la primera vez que un artista de rock nacional llenó, en calidad de solista, un estadio de fútbol, convocando –nada menos- que a 25.000 espectadores. Ese concierto también sería muy recordado por su final, cuando una lluvia de proyectiles de utilería destruyó la ciudad futurista que conformaba el decorado diseñado por Renata Schussheim, mientras sonaban los últimos acordes de "No Bombardeen Buenos Aires". Sin dudas, la mejor manera de coronar uno de los momentos más destacados de la carrera del gran Charly García.


Emiliano Acevedo


miércoles, 28 de diciembre de 2016

EL TIEMPO MARCADO, entrevista a Rodolfo García


Decir que Rodolfo García es uno de los mejores bateristas del rock argentino, no es novedad para casi nadie. Todos conocen su trayectoria, que incluye a algunas de las más renombradas bandas de la historia, desde esa leyenda que fue Almendra, pasando por Aquelarre y Tantor; entre varios etcéteras. Sin embargo, su valía como músico no se agota allí, ya que García se desenvolvió con soltura en otros géneros, como el folklore y junto a artistas como Víctor Heredia, Pedro Conde (en La Barraca), Alejandro del Prado, León Gieco, Peteco Carabajal y Jorge Cumbo. De todo eso hablamos en esta nota: el pasado, presente y futuro de un músico que no olvida sus raíces y está en contacto con todo lo que ocurre en el devenir de la música popular argentina. Aquí tenemos su voz, la visión de un protagonista de la historia y palabra autorizada a la hora de analizar lo que está pasando y pasará.

ENTREVISTA> ¿Cómo fue tu acercamiento de chico al acordeón a piano, antes de tocar la batería?
Desde muy chico me gustó la música aunque no tenía un instrumento preferido. Me incliné por el acordeón posiblemente porque mi viejo también lo tocaba en forma autodidacta y quizá eso haya influido.

¿Y cuándo te empezás a interesar por el rock?
Siempre escuché música de todo tipo por radio pero cuando apareció el primer rocanrol (el de Elvis, Bill Halley, Little Richard, Fats Domino, etc.) enloquecí y sentí que eso marcaría mi vida.

¿Cuáles eran tus influencias musicales en esa época?
Originalmente los que nombré antes más otros, y más adelante Beatles, Kinks, Byrds, Hollies, Spencer Davis Group, Shakers, Los Gatos Salvajes, etcétera…

¿Cuál era el clima de esos primeros tiempos del rock nacional?
Eran los 60, mucha ebullición cultural, social y política. Sentíamos que la suma de todo eso cambiaría al mundo de un momento a otro. En ese clima nos desarrollamos.

¿Cómo llegan a grabar el primer simple con Almendra en el año 1968?
Conocimos a Ricardo Kleiman, hacedor del programa de radio Modart en la Noche, el más escuchado por aquellos tiempos, y lo invitamos a que venga a un ensayo. Vino, nos escuchó e inmediatamente nos dijo que grabaríamos en la RCA. Así comenzó todo.

¿Por qué tomaron la decisión de no incluir los simples en el primer disco, algo en que la compañía no estaba de acuerdo?
Pensábamos con criterios no comerciales. Lo habitual era grabar un simple y recién si la propuesta gustaba se encaraba la grabación del LP. Por costumbre se incluía como banda 1 del LP, el tema principal del simple. Nosotros lo veíamos de otra manera. Pensábamos que nuestros seguidores ya tenían el simple y por lo tanto era redundante volver a ponerlo en el LP. Durante toda nuestra carrera utilizamos ese criterio.

¿Cómo se elaboraban los temas de Almendra?
Muy simple. Alguien del grupo proponía un tema compuesto por él y luego a lo largo de extensos ensayos diarios íbamos sugiriendo arreglos instrumentales, vocales, efectos, texturas, en fin, grupalmente las canciones iban tomando forma.

Muchas encuestas consideran al primer disco de Almendra es el mejor de la historia del rock nacional. ¿Coincidís?
No soy el más indicado para decirlo. Sí creo que es un gran disco.

¿Por qué el segundo disco del grupo no tuvo el mismo impacto que el primero?
Con el segundo disco ocurrió que el grupo se separó casi en forma simultánea a su edición. Es decir que no tuvimos tiempo para mostrarlo suficientemente en vivo. En cambio el material del primero venía siendo tocado por nosotros antes de la edición y siguió tocándose después de editado en shows, conciertos, giras, televisión, etc.

AVES RAPACES

¿Es verdad que cuando se originó Aquelarre la idea era completar la banda con algún músico de viento?
Sí; pensábamos incorporar un saxofonista y un trompetista. Lo intentamos pero no dimos con el tipo de músicos que buscábamos.

¿Cuáles eran las diferencias en la parte creativa entre Almendra y Aquelarre?
La manera de encarar los arreglos y demás cuestiones en Aquelarre surge del aprovechamiento de nuestra experiencia en Almendra. Aquello de los ensayos intensivos y plantearnos casi siempre propuestas riesgosas artísticamente hablando. Creo que ese espíritu fue común a ambas bandas. En cuanto a las diferencias creo que básicamente están relacionadas con la diferente constitución de ambos grupos. Distintos músicos aportan variedad estilística a cada uno de ellos.

¿Cómo fue la experiencia junto a Aquelarre en España?
Riquísima desde todo punto de vista. Fuimos la primera banda que llevó el Rock Argentino a España, recorrimos toda la península ibérica a lo largo de casi dos años y medio y dejamos una imagen de nuestra música que aún hoy se recuerda.

Aquelarre es etiquetado por muchos como un grupo que encajaba con el estilo de rock sinfónico, debido a sus complejas estructuras y vuelo musical. ¿Coincidís? ¿Qué opinas de este estilo de rock?
No soy muy amante de los rótulos pero creo que el de rock sinfónico o el de rock progresivo no están tan desacertados. Pienso que éramos más progresivos que sinfónicos pero algo de lo otro también teníamos.

¿Cómo ves, a la distancia, a tu participación en Nebbia´s Band y en Tantor?
Fueron dos proyectos muy importantes para mí. El primero con Litto Nebbia fue un verdadero placer, ya que, fue quien primero nos indicó el camino a quienes iniciamos esta aventura del rock argentino. Allí nos juntamos con músicos importantes provenientes del jazz; base roquera e instrumentos de viento. Una mezcla poco vista. Tantor fue una apuesta diferente; quisimos armar una banda que pudiera desarrollarse más en el plano instrumental sin dejar de lado los temas cantados. Como por aquella época no había antecedentes de grupos de estas características por estos lares, se nos hizo muy difícil poder trascender.

¿Cómo se produce el reencuentro de Almendra en 1979 y la grabación del álbum El Valle Interior? ¿Crees que éste fue un disco sub valorado, a pesar del excelente nuevo material que traía?
Fue algo muy gratificante. Primero la reunión en Obras, luego el Buenos Aires Lawn Tennis, más la gira por todo el país y la grabación de los discos en vivo. Luego lo de El Valle Interior con los temas nuevos grabados en Los Angeles. Con este disco pasó también lo mismo que comenté antes respecto del doble de Almendra de la primera época y también con Siesta, de Aquelarre. No hubo tiempo suficiente de “rodarlo” en shows, conciertos, giras etc. No obstante creo que es un gran disco.

¿Cómo se produce tu participación en el unplugged de Luis en 1997?
Cuando MTV le propone a Luis hacer ese programa especial, él me invita para que hagamos aquel tema de Almendra que nunca habíamos tocado en vivo. Tuve que volver a agarrar el acordeón después de muchísimos años, pero fue una experiencia fantástica.

¿Cómo fue el regreso de Aquelarre en 1998? ¿Por qué no pudieron seguir juntos o grabar un nuevo disco, a pesar del excelente nivel exhibido en esta reunión?
Solo nos propusimos tocar aquellos temas y dejar plasmado en disco el “vivo” de Aquelarre que creo fue siempre nuestro fuerte y nunca antes habíamos podido hacer.

¿Qué te pareció el regreso de Los Gatos, en el cual estuviste como invitado?
Para mí fue algo muy potente porque cuando ellos estaban en su apogeo yo era apenas un fan del grupo. Imaginate la sensación que se experimenta cuando más de 40 años después te toca subir a un escenario a tocar con ellos.

¿Cómo viviste la reunión de Almendra para el show de Las Bandas Eternas?
No tengo palabras. Si tengo que mencionar una diría Emoción. Me costó varios días “bajar de ese viaje”. Un homenaje muy merecido para el Flaco y su obra. Y de paso, para todo el rock argentino y quienes lo generaron.

SILENCIO MARGINAL

¿Crees que el rock nacional está en una etapa con poco vuelo musical y poético comparado a lo que fue la década del setenta?
Si tu pregunta se refiere a lo que comúnmente se difunde por los medios creo que sí, con las debidas excepciones, que las hay.

¿Qué artistas de la actualidad (rock nacional e internacional) te gustan?
Me siguen gustando los mismos clásicos que me gustaban cuando era pibe, pero además se han ido sumando infinidad de otras cosas no siempre relacionadas con el rock; es más, desde hace bastante tiempo escucho menos rock y más de otros géneros. Esto para nada indica una negación ni cosa por el estilo sino que he descubierto nuevas sensaciones escuchando otro tipo de cosa. Jazz, flamenco, celta, la llamada World Music. Pero sigo siendo muy optimista respecto del rock argentino sobre todo del que se viene gestando desde abajo, desde la gente nueva.

¿Cómo ves el recambio dentro del rock nacional? ¿Por qué crees que figuras como Spinetta y Charly García siguen tan vigentes a pesar del paso del tiempo?
Por un lado son figuras únicas por su talento y originalidad y por otro, más allá de que hayan surgido otras figuras de generaciones posteriores, pienso que no han alcanzado el nivel artístico de ellos dos.

¿Cuál es tu opinión acerca del panorama de la música actual, con el tema de las descargas online y la caída de las discográficas?
Creo que debe encontrarse una formula justa por la cual podamos incorporar las nuevas tecnologías a nuestra vida cotidiana pero sin que esto signifique esquilmar a los creadores. Veo en mucha gente una tendencia peligrosa. Posan de revolucionarios en contra de las multinacionales para ocultar cínicamente el diario saqueo a mansalva que les infligen a los verdaderos creadores de arte y cultura.

¿Qué proyectos musicales tenés a futuro?
Hace más de dos años nos estamos juntando con el Flaco y un amigo bajista (Daniel Ferrón) un día a la semana para tocar cosas nuevas, pero sin ponernos por delante ningún proyecto concreto. Nos da placer hacerlo así y no es mucho más lo que puedo decir. (Nota: Por supuesto, este proyecto luego se convertiría en el disco póstumo de Spinetta, Los Amigo, editado a fines de 2015…)

(Entrevista realizada en junio de 2011)


Emiliano Acevedo y Leandro Ruano