martes, 21 de marzo de 2017

VAGABUNDEAR: Inicios, caída y auge de Supertramp...



El álbum debut homónimo  de Supertramp (editado en agosto de 1970), fue claramente un disco en la onda de rock progresivo, pero no sería exitoso en términos comerciales, más allá de su idealismo musical. En sí, porque también éste fue el disco de “otra banda”, ya que Supertramp, más allá de contar con la presencia de los dos líderes creativos indiscutidos del grupo: Richard Davies (órgano, armónica, piano, piano eléctrico y voz) y Roger Hogdson (guitarra acústica, bajo, cello, fagot, teclados y voz); también sería la única producción de la banda que contaría con la participación de Bob Miller (batería) y Richard Palmer (guitarras eléctrica y acústica, balalaica y voz); luego remplazados por Kevin Currie y Frank Farrell, en Indelibly Stamped, el segundo disco del grupo, editado en junio de 1971. Curiosamente, Palmer reaparecería luego como letrista de King Crimson, en discos memorables como Red o Larks´ Tongues in Aspic.

Volviendo a Supertramp, este álbum debut contaba con un trabajo instrumental pretencioso, de alta factura, con mucho énfasis en las performances de teclados y guitarras. Tenía un par de momentos musicales muy atractivos en temas como “Maybe I´m a Beggar”, “Shadow Song”,  "Words Unspoken", el leit motiv "Surely" (que abre y cierra el disco) o "Nothing to Show", además de la impresionante suite de fusión de doce minutos de duración, "Try Again", sin dudas, uno de los momentos más extravagantes y elaborados de todo el álbum. Una canción en la que Roger Hodgson cumplía una gran labor ejecutando el cello, el fagot y la guitarra acústica, y en donde se podían empezar a apreciar los primeros indicios musicales de como éste fundará luego, junto a Rick Davies, esa alianza musical que sería de importancia capital en la historia futura del grupo.


Como decíamos, a pesar del fracaso comercial de este disco debut, el dueto HodgsonDavies (ayudados por un misterioso mecenas holandés, que financió los primeros tiempos del grupo) insistirían rápidamente con Indelibly Stamped, otro disco sin suerte (a pesar de su impresionante tapa, con la foto en primer plano de los pectorales al desnudo de una mujer tatuada...); y estaban a punto de ser despedidos del sello A&M, cuando en 1974 se destaparon con Crime of the Century, el primer disco de la nueva etapa del grupo, en donde la suerte de Supertramp cambió drásticamente debido a la apoteosis comercial obtenida por este nuevo disco, y el comienzo de la era dorada del grupo. Pero, ¿por qué fue así?

Lo dicho. Transcurría 1974 y a Supertramp se le presentó la oportunidad de su vida y no la desaprovechó. Luego de realizar dos discos bastantes buenos pero sin éxito comercial, necesitaban imperiosamente realizar un álbum que cambiara el destino del grupo. El resultado final sería una obra, excelente en calidad y complejidad musical, que además sentaría las bases para fundar el clásico "sonido Supertramp", fácilmente dramatizable y reconocible, y que se convertiría en un auténtico clásico de los 70. Pop sinfónico o “Psycho-Rock”, como lo llamaban los propios integrantes del grupo.

Para entender este golpe de suerte, hay que volver atrás, hasta los meses finales de 1973. En esa época parecía que se le acababa la suerte (y el tiempo...) al conjunto formado por Rick Davies (armónica, teclados, voces) y Roger Hogdson (guitarra, piano, teclados, voces). El problema era grave: la compañía grabadora A&M amenazaba con despedirlos si no conseguían que el próximo disco tuviera éxito. Era un momento angustiante para el dúo, a esa altura, únicos integrantes fijos del grupo desde sus comienzos; pero Davies y Hogdson se jugaron el pellejo por un sueño y el éxito les sonrió. De movida, las cosas ya empezaban a mejorar cuando Supertramp pasó a tener una nueva y más sólida formación con músicos que parecían mejor sintonizados con la onda que querían Rick y Roger: John Helliwell (clarinete, saxo, voces y maestro de ceremonia especializado en chistes), Dougie Thompson (bajo) y Bob Siebenberg (batería). Pero el cambio más significativo sería, sin dudas, el haber contratado a un productor inteligente y con oficio como Ken Scott, que venía de trabajar con David Bowie.

Sería Scott quien les daría una mano grande en lo que a ideas y efectos especiales se refiere, para que el grupo encontrara el, a posteriori, clásico "sonido Supertramp": "Esa rara mezcla de Genesis, Pink Floyd y Beach Boys", como tituló un periodista o "Psycho-Rock" como se auto denominaban ellos mismos… Crime of the Century (grabado entre fines de 1973 y principios de 1974, y editado a mediados del 74) alcanzaría finalmente el puesto número 4 en Inglaterra, suponiendo el primer éxito masivo del grupo.

CANCION POR CANCION…

- SCHOOL (Davies/Hodgson): Espectacular tema, es uno de los mayores clásicos de toda la historia del grupo. Desde su sutil apertura, con la interpretación de Davies en armónica, pasando por sus cortes instrumentales –con potentes solos de Hodgson en guitarra eléctrica- "School" es casi una "mini suite", en donde el grupo tiró toda la carne al asador. Una composición que también tuvo éxito, en mayor parte, debido a la interpretación vocal de Hodgson, quien ideo un carácter dramático y épico, con el contrapunto acertado de Davies en coros.

- BLOODY WELL RIGHT (Davies/Hodgson): Una canción fina e interesante, cantada por Davies. El tema contiene un carácter jazzy y cool, que eran los estilos que más le interesaban a Davies, además de su esencia blusera.

- HIDE IN YOUR SHELL (Davies/Hodgson): Una muy buena canción que, al igual que la anterior, cuenta con buenas melodías y elegantes arreglos. Como curiosidad, cabe destacar la participación en coros de la mujer del saxofonista Helliwell (Christine) así como la mujer y el cuñado del baterista Bob Siebenberg (Vicky y Bob Gorham, éste último más tarde formaría parte de Thin Lizzy.)

- ASYLUM (Davies/Hodgson): Un muy atractivo tema con un gran desarrollo instrumental. Empieza con Davies haciendo una simple interpretación al piano –al estilo de Elton John o Harry Nilsson- hasta que entra el grupo, acompañado por una orquesta. En resumen, una canción muy emotiva, a la que Davies canta en forma casi "neurótica", y que termina desvaneciéndose en fade.

- DREAMER (Davies/Hodgson): Una inefable, recordada e ineludible canción, a la hora de hablar de Supertramp. Alguna vez, Charly García comentó que siempre le pareció que cuando compusieron "Dreamer" fue como si Supertramp hubiese encontrado "la gallina de los huevos de oro". ¿Por qué? Según García, aquí se dieron cuenta de cómo tenían que armar la estructura melódica de los temas de ahí en más. Como si hubieran dicho: "Che, loco, ¿se dieron cuenta que lindo es poner voces en falsete, escalas y tonos mayores por todos lados...?". También comentaba Charly que -para él- a partir de Crime Of The Century la banda puso un 'Dreamer', o varios, en cada disco... Sin ser tan extremistas podemos decir que, a pesar de todo, "Dreamer" es un buen tema que cumple el propósito de entretener, sin demasiadas pretensiones, pero con muy buen gusto musical, eso sí.

- RUDY (Davies/Hodgson): Otro épico y soberbio tema, emparentado con la línea dramática de "School". Cuenta con varios cambios de estilo y rítmica, como si fuera de lo oscuro a la claridad y de lo rápido a lo lento, en un auténtico viaje "en tren". A propósito de esto, Scott elaboró un complicado trabajo de preproducción en la canción, registrando sonido ambiente, para realizar efectos sonoros, en una estación de trenes en Leicester Square, durante ocho horas, grabando de paso a la gente que salía de un cine cercano. También fue acertada su labor en lo que tiene que ver con la inclusión de los cortes instrumentales de la orquesta que acompaña al grupo, lo que da a esta canción momentos musicales frenéticos.

- IF EVERYONE WAS LISTENING (Davies/Hodgson): Una canción simple y melancólica -casi salida de un tugurio de mala muerte- cantada por Hogdson. Este tema sería el ideal para cerrar el disco y "bajar la cortina" si no contáramos con...

- CRIME OF THE CENTURY (Davies/Hodgson): Otra canción superlativa que se transformaría en otro de los grandes clásicos del grupo. Empieza cantando Davies, el cual parece ir lentamente preparando "el crimen del siglo" para que luego el grupo –acompañados por una orquesta- pongan un soberbio, sofisticado y dramático final al disco.

Resumiendo, Crime Of The Century sería el álbum que Supertramp necesitaba para despegar. Lo que pasó después es otra historia, casi casi un cuento de hadas...


…que incluiría varios discos exitosos más, como Crisis? What Crisis? (1975), el superlativo Even in the Quietest Moments (1977), el híper comercial  Breakfast in America (1979) y el doble en vivo Paris (1980); antes que Hogdson y Davies comenzaran a tirarse los platos por la cabeza durante la grabación de Famous Last Words (1982), el álbum que pondría punto final a esta etapa dorada de Supertramp, con de la partida definitiva de Roger. Pero, claro, esa ya es otra historia…

Emiliano Acevedo



miércoles, 15 de marzo de 2017

THE WHO, The Kids Are Alright: La banda sonora de una vida plena de rock


Dibujo: Ariel Tenorio (www.ccelrock.blogspot.com.ar)

Fue una de las bandas más espectaculares de la historia. La crítica lo sabía, el público también; si hasta ellos mismos se lo creían y por eso eran insoportables, aplastantes en vivo, irónicos, graciosos, sardónicos y soberbios. En una palabra, adorables. Eran, son y serán The Who: un grupo como los que ya no hay. Grabaron una docena larga de discos, algunos mejores, otros peores; ninguno en verdad malo; muchos de ellos clásicos –en especial, las óperas rock Tommy y Quadrophenia, además de otros celebérrimos álbumes como Sell Out, A Quick One, The Who by Numbers, Who are You y Who´s Next; este último su obra cumbre-. Violentos y rockeros, a veces hasta se ponían tiernos cuando componían baladas o canciones sentimentales.

Hablar de The Who también es referirse a Pete Townshend con su brazo haciendo el movimiento del molino para aporrear su guitarra, sus saltos alocados y sus inolvidables canciones –sin dudas, uno de los mejores compositores de la historia del rock-; Roger Daltrey, un cantante carismático, camorrero e impresionante; el gigantesco John Entwistle, un bajista increíble; y la locura desatada e imparable de Keith Moon, el demonio hecho baterista. Un grupo que, cual dream team, siempre se comía a los chicos crudos, noqueando a propios y extraños. Será por eso, quizás, que su propio fuego se los devoró, y que nunca se pudieron recuperar del todo de la irreparable muerte de Moon en 1978, por más que siguieran adelante reemplazándolo con el ex Small Faces Kenny Jones.


Dibujo: Ariel Tenorio (www.ccelrock.blogspot.com.ar)
Justamente, el documental The Kids are Alright (1979) fue estrenado poco después del fallecimiento del mítico batero y funciona como una auténtica biografía musical de la banda. Está compuesto por material en vivo del periodo 1965 – 1978, además de muchos extras desopilantes que recorren los derroteros de los integrantes del grupo, adentro y fuera de los estudios de grabación, en presentaciones televisivas o en su vida privada –es imperdible la escena en que Entwistle practica tiro al blanco disparando con una escopeta a sus discos de oro, por ejemplo; o la algarabía de Moon mientras ensayaban un cover descocado de “Barbara Ann”, el clásico de sus adorados Beach Boys.

Todo eso, y mucho más, encontramos también en esta banda sonora; aunque, lamentablemente, no esté aquí esa oda a la masturbación que es “Pictures of Lily”, si incluida en el documental, o la mencionada “Barbara Ann”, así como tampoco “Who Are You”. Sin embargo, estas ausencias no hacen mella en este racconto que retrata la evolución musical del grupo, desde su época primigenia hasta su llegada al estrellato y en donde no faltan temazos como el destructivo “My Generation” (sacado de una presentación del grupo en 1967 en el show televisivo de los Smothers Brothers); “I Can See for Miles”, de su época psicodélica y hippie; o varias rarezas en vivo, así como presentaciones históricas como la del paso del grupo por el Festival de Woodstock (presentando la opera Tommy con el instrumental “Sparks”, “Pinball Wizard” y “See Me, Feel Me”), además de varias interpretaciones incendiarias –grabadas en distintas épocas- de "Magic Bus", "Anyway, Anyhow, Anywhere” y "Young Man Blues”, por no hablar de la que quizás sea su mejor performance de "A Quick One, While He's Away," incluida en el especial de los Rolling Stones Rock & Roll Circus (1968), un hito del rock que pasó a la historia porque permaneció inédito mucho tiempo, según la leyenda, en buena medida porque los Stones habrían sentido que The Who les habían pasado el trapo en vivo, robándose su show, y obligando a Jagger y Cia a cajonear ese material por 27 años. 

También encontramos en esta banda sonora a los inmortales "My Wife" (irónico numero compuesto por Entwistle), "Baba O'Riley” y "Won't Get Fooled Again", este último uno de los más grandes himnos rockeros de la historia; así como un medley con "Join Together/Roadrunner/My Generation Blues", grabado en 1975; y esa declaración de principios hecha canción que se llama "Long Live Rock". En resumen, una antología imprescindible para descubrir y/o seguir maravillándonos con esta inmortal banda.

Emiliano Acevedo


miércoles, 8 de marzo de 2017

CHARLY GARCÍA, Random: No es cualquiera...



En Random, su decimotercera producción en carácter de solista, Charly García da forma a un álbum alegre, autorreferencial y adolescente. Ni más ni menos. Un disco nuevo luego de casi una década, porque Kill Gil, editado en 2010, en su mayor parte, contenía grabaciones realizadas en 2007, que habían permanecido sin editar en medio del conflicto del músico con EMI.

El título de este disco no es casual. Hace referencia  a su propia frase “Random is not whatever”, que obsesiona a García desde los 90. Como explica el periodista Sergio Marchi en su biografía No digas nada. Una vida de Charly García: “El random es un proceso aleatorio, en el que el azar o la casualidad son la variable principal. Pero como bien dice el propio García, el random no es cualquier cosa, sino una operación que generalmente llevan a cabo maquinas que establecen, por un sistema algorítmico, distintos órdenes, otorgan parámetros determinados casi por capricho o toman por idéntico procedimiento determinadas decisiones. Para ejemplificar, si se pulsa la tecla ´random´ o ´shuffle´ en una compactera, la máquina elegirá un tema del CD al azar. El random, en manos humanas, equivale a encomendarse a la Divina Providencia, o en el mundo de Charly, ´buscar una cosa y encontrar otra´”. Justamente, este Random es una de las tantas sorpresas que el azar le deparó a García, y a sus fans, por carácter transitivo.

¿Y cómo suena este nuevo disco? Simplemente, es un álbum que en los albores de su nueva y sorprendente nueva vida artística se transforma en una clara opinión de sus obsesiones acerca de la realidad que lo rodea. Sin dudas, el disco más cancionero en su discografía de los últimos veinticinco años. Músicas en estado natural, sonidos puros sin esa patina ruidosa que fue todo el periodo Say No More de los 90 y 2000. Con canciones que contienen referencias a los geniales Phil Spector y Stanley Kubrick, con audios originales de la película Lolita, dirigida por este último. Girones del mundo privado y público de este nuevo (y viejo) Charly García, entrelazados en una urdimbre de sonidos, que dan cuenta de sus obsesiones. Con canciones, siempre con letras autorreferenciales, que mezclan un espectro amplio de melodías pegajosas como chicle con algo de caos organizado, pero sin parecerse a ninguno de sus álbumes anteriores. Letras que recorren la vida del artista, desde su infancia hasta la actualidad, pasando por sus días de exceso.

En función a esta situación, García entrega su primer disco en veinte años, con un repertorio compuesto totalmente con temas propios. El último había sido el discutido Say no more, de 1996, venerado por los fans más acérrimos, y vituperado por el resto debido al carácter experimental de su propuesta, quienes no alcanzaban a reconocer a su ídolo detrás de esas paredes de disonancias que él mismo había edificado a su alrededor.

Pero esa ya es historia pasada y pisada, porque en Random la música del Bicolor toma recursos simples y conocidos de su repertorio histórico y cancionero para expresar en forma lo más fiel y directamente posible esta nueva etapa artística de este prócer del rock argentino. Como se puede apreciar directamente en la apertura del disco, con “La máquina de ser feliz”, una canción con vocación de hit y una melodía pegadiza que no vas a poder dejar de cantar debajo de la ducha. Con sutiles referencias melódicas a “Juntos a la par”, el tema de Yulie Ruth que popularizó Pappo. Este nuevo “himno” de García es la certificada deconstrucción total del muro say no more, y aunque su voz cascada aparezca supertrackeada, emparchada, lo escuchamos cantar con una legibilidad como hace años (¿décadas?) no ocurría. Charly tenía ganas de cantar y tocar este repertorio, y eso se nota en el producto final, nos guste o no.

El positivismo ideológico de los textos también es fielmente reflejado en canciones como “Primavera”, cándida crítica a la tecnología, con su tono festivo y simpleza estructural, y esa intro inocente de banjo, a partir de la cual se desarrolla una melodía símil adolescente, a la Sui Generis 2.0, en la que Charly (a la manera de Bob Dylan) se siente “hoy más joven que ayer”, demarcando amigos y enemigos, como cuando canta: “ahora que estoy rehabilitado saldré de gira otra vez, me encerraran cuando se acabe y roben lo que yo gané”.

Este nuevo disco de García también se centra en la prolijidad de la producción y el sonido, algo que –como sabemos- hace rato que no quería conseguir en su obra, sumergido en la maraña de sus últimos álbumes, desde La Hija de la Lagrima en adelante. Y Random contiene un trabajo de base muy rico en matices. Empezando con las bases simples y contundentes de Fernando Samalea, en batería y percusiones; además del depurado trabajo de sus músicos chilenos, Kiuge Hayashida (guitarra eléctrica) y Antonio Toño Silva (batería en “Believe”). Un punto aparte merece la labor de Rosario Ortega, en quien se apoya la cascada voz de García a lo largo de la mayor parte del álbum, como también lo viene haciendo en el vivo de sus últimos shows. Si bien la voz de la corista es correcta, está a años luz de la expresividad de Hilda Lizarazu y Fabiana Cantilo, las históricas acompañantes de Charly.

“Ella es tan Kubrick” es un rocanrol ligero, un poco flojo, pero simpático que repasa la filmografía del gran cineasta norteamericano, uno de los preferidos de García, aunque su melodía sinuosa hubiese turbado más que nunca a la música Wendy Carlos y a su jefe, el megalómano Stanley, por supuesto. La siguiente parada de este viaje se llama “Rivalidad”, una canción deliciosa que viaja sobre la melodía del “Locomotion” de Goffin-King, y aunque no paga boleto, pase o abono, llega a buen destino, sorprendiendo a propios y ajenos, cuando Charly se pone su smoking de fiesta, invitándonos a su Disco-Baby-Disco personal. Buen tema, sin dudas.

“Otro” es una canción con vocación de rock clásico y provocador, sintetizando obsesiones propias de García.  Una enumeración de vicios varios, papeles, pelitos y papelazos; drogas, placebos y sesiones de dementes psicoterapias, que van edificando un rockazo en la tradición del clásico “No Toquen” o el más reciente “No importa”, de Kill Gil.

Sin dudas, “Lluvia” es una gran canción, con reminiscencias al García de Filosofía Barata y Zapatos de Goma, que retoma la fascinación de Charly por la estética cinematográfica. Después llega “Believe”, cantada  en inglés; otro muy buen tema, bien pop sesentoso y garagero, con mucho ritmo, en el que el músico da cuenta de sus influencias musicales primigenias.

¡Bienvenido de vuelta! ¡Qué bueno es volver a encontrarse con ese Charly García irónico, irreverente y gracioso de otras épocas, al que habíamos extrañado tanto! Y es que “Amigos de Dios” está en la misma tónica de “José Mercado” y otros clásicos, con el Bicolor metiendo el dedo en la llaga, ironizando acerca de los pastores evangelistas de La Iglesia Universal: “Es medianoche en la televisión, cuando uno quiere algo de diversión, con maquillaje y sin disfraz, aparecen los amigos de Dios. Son brasileiros, son de otro país, todos se esconden debajo de un tapiz. Esto con Hitler, ya pasó, el milagro de una mala actuación (…) Loco, cambio de canal, pero sigue el recital, ¿con qué mierda drogan a la gente?”  Y hasta se da el gusto de tirarle una patadita al pasar al inefable Marcelingui, el capo mayor de la televisión “basura”: “Toda esta mierda sucedió, el día que Tinelli nació…”

Luego es el turno de cabalgar sobre “Be my baby” (como ya lo había hecho en su cover incluido en Sinfonía para Adolescentes), Charly vuelve a homenajear a otro de sus ídolos en “Spector”, canción dedicada al productor norteamericano, inventor del inmortal Wall of Sound. Curiosamente (o no tanto), otro perfeccionista de la obra artística, como Kubrick.

El cierre de Random llega con “Mundo B”, que arranca con una cruda melodía en el piano, en la misma tónica de “Kill my mother”, su tema en inglés incluido en El Aguante. Luego, en la mitad de la canción, sorpresivamente, se desliza a una cuidada cadena de acordes beatlescos, hasta desembocar en un hermoso final que recuerda mucho a la melodía instrumental de “Total interferencia”, el temazo compuesto por García y Spinetta, que cerraba Piano Bar. Mientras tanto, Charly se va, cantando los estribillos de “I Want to Hold Your Hand” y “She Loves You”.

En resumen. ¿Un disco milagroso? Sí, no hay dudas, porque hasta hace no mucho tiempo ni siquiera el fan más optimista podría haber predicho  que íbamos a tener nuevas canciones de Charly. Obviamente que temas como “Lluvia”, “Mundo B” o “Los amigos de Dios” son verdaderas obritas de arte, dentro del famélico rock argentino del mainstream de hoy. Pero el resto del álbum se relaciona más con el espíritu de un Kill Gil, o sobre todo con la energía de Rock and Roll Yo, que con discos clásicos como Yendo de la cama al Living o Parte de la religión. Incluso, ciertas partes instrumentales remiten a los mejores pasajes de Influencia, por su espontaneidad y fuerza melódica. Gran parte de lo mejor del álbum se encuentra en la producción del mismo, hecha por el propio García, mucho más enfocado, y a años luz del caos sónico de la época Say No More. Aquí el artista no intentó sepultar las canciones en cientos de canales de sobre grabaciones, y eso es bienvenido, porque le otorga al disco una amplísima gama de texturas y sonidos, sobre todo en guitarras y teclados, haciendo también que la voz de García suene como hace años no la escuchábamos, apenas con algún eco mínimo, pero absolutamente discernible. Todo eso hace que este sea un disco “amable” y que se presta a que el oyente lo cante al unísono. Canciones bien pop y más comerciales y digeribles que casi todo el periodo experimental reciente de este artista, salvo algún hit circunstancial perdido en sus últimos álbumes.

Pero lo comercial no siempre es sinónimo de pobre, sino que a veces se transforma en símbolo de algo accesible y disfrutable. Y eso es Ramdon: un disco para disfrutar una vez que uno reconoce que es inútil pedirle a Charly que vuelva a realizar una obra maestra como Clics Modernos o Piano Bar. Ya lo hizo y nos quedan las grabaciones para seguir disfrutándolas de por vida. Está en uno agradecer que siga ofreciendo nuevas producciones o sufrir por lo que ya no es. Por supuesto, no solo por propia voluntad sino por inexorable paso del tiempo y el océano de excesos al que lo llevó el vivir siempre al borde, siendo fusible e icono máximo del rock más visceral.

Random es la prueba de que Charly está vivo y eso es motivo suficiente para disfrutar esta alegría y compartirla.

Nacho Melgarejo